miércoles, 3 de octubre de 2007

Si te conozco

Dedicado a Lidia, esperando que susurre de nuevo: "lo entiendo"

En el 97 estuve en Roma para hacer, junto a hermanas pías discípulas venidas de diversas partes del mundo, un curso sobre el carisma de la Familia Paulina.

Rebuscando un día en la Biblioteca de casa Madre Escolástica, donde viví aquel año, encontré un libro de Tagore, a cuya lectura era aficionada desde los dieciséis años porque encontraba en ella el retrato perfecto de mi alma, y devoré sus poemas en una noche. De él, Gitanjali, rescaté una frase que me inspiró la meditación del día siguiente:

"... se conosco te,
nessuno mi sarà estraneo...
Il lontano hai fatto vicino,
l'estraneo, fratello."

Hoy he buscado de nuevo ese poema. Me parece que es el que sigue, esta vez, completo:

"Tú me has traído amigos que no me conocían. Tú me has hecho sitio en casas que me eran extrañas. Tú me has acercado lo distante y me has hermanado con lo desconocido. Mi corazón se me inquieta si tengo que dejar mi albergue acostumbrado. Olvido que lo antiguo está en lo nuevo, que en lo nuevo vives también tú. En el nacimiento y en la muerte, en este mundo o en otro, en cualquier sitio donde tú me lleves, tú eres tú mismo, el único compañero de mi vida infinita, tú que estás atando siempre mi corazón, con lazos de alegría, a lo ignorado. Pero cuando se te conoce, nadie es extranjero, ninguna puerta está cerrada. ¡Señor, concédeme esto que te pido: que yo no pierda nunca la felicidad de encontrar lo único en este juego de lo diverso!"

Se me ocurre que ésta puede ser la explicación razonable por la que dos almas pueden sentir que se conocen desde siempre, aunque se acaben de ver por primera vez.

La oración que me brotó a partir de "la frase rescatada" reza así:

Si Te conozco, nadie me resultará extraño.
Reconoceré en cada voz, en cada roce, en cada gesto,
en cada rostro,
tu Voz, tu Roce, tu Gesto, tu Rostro,
la huella de tu Presencia en todo y en todos.

Si Te conozco, si llego a conocerte
y a hacer de Ti mi casa,
tendré una casa allá donde vaya,
y tampoco yo seré extraña ni extranjera.

Si Te conozco,
andaré alegre y confiada
por los caminos del mundo,
ensuciaré mis pies con el polvo de la orilla,
creeré que ningún sueño es imposible,
y seré feliz, sabiéndome contigo.

Si Te conozco,
serviré sin tregua;
y, en cada hacer, me sabré unida a Ti,
divino Servidor;
miraré mis manos, semejantes a las tuyas, humanas,
y bendeciré en tu Nombre,
amaré en tu Nombre,
daré vida en tu Nombre.

Si Te conozco,
el mundo será mi casa;
no diré: "no soy del mundo", sino: "soy mundo",
porque Tú has querido asumirlo entero,
abrazarlo entero,
amarlo hasta el final.

Si Te conozco,
la liberación será mi lucha,
la felicidad de todo hermano, mi causa,
tu Padre y nuestro Padre, mi hogar eterno.








Con agradecimiento a Úrszula, Regine y Ludmila por ser, en aquellos meses, un pequeño hogar para mí.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No sé muy bien cuándo comencé a leer a Tagore, quizá en 7º u 8º de EGB. Había una religiosa que nos daba literatura y que cada día nos «deleitaba» con una poesia de este autor. Yo no sé si entendía mucho aquello, pero me llegaba a lo más hondo del corazón. Me reconocía en aquel hombre que se había encontrado con Dios, con el Dios de la VIDA, de lo real, aunque lo dijera en poesia.
Me ayudaba a encontrarme con ese Dios del cada día, de lo más hondo de mi ser, de todo lo que conocía (no conocía mucho más allá de mi familia, el cole y... nada más); pero, quizá en ensoñaciones, me hacía llegar más lejos, a más gente, a más lugares, a más «distintos».
Un día dejé de leer a Tagore, se me hacía cansino e intragable ¡qué pesadez!, pensaba; y lo dejaba pasar. Y un día dejé de buscar al Invisible que está en todo y en todos.
He de aclarar que él nunca me dejó (aquello de las dos pisadas en la arena y luego una y luego resulta que Dios te llevaba en brazos en los momentos difíciles de tu vida).
Fue un tiempo de vivir de «las rentas», de lo que había gustado y orado, de lo que había sido con Dios en mi vida.
Un Dios Madre, Padre, amor, esperanza, compartir, vivir... Sigo buscando y caminando; sigo intentando ser yo desde lo más hondo; he vuelto a leer... la BIBLIA (Tagore, ya no mucho). Espero volver a encontrar aquello que dejé en el camino.
Gracias Conchi por «recordarme» algo olvidado en un rincón de mi mente y de mi corazón.
Mª Luisa (Madrid)

Conchi dijo...

Para cuando te tomes un respiro entre libro y libro, entre archivo y archivo, quizá quieras descansarte con un poema del poeta-místico indio. Gitanjali está aquí:
http://www.poesiaspoemas.com/rabindranath-tagore/gitanjali-(otra-version)
... y en más sitios en la red.

¡Buena búsqueda de lo olvidado, y buen encuentro!
Un beso