El final del año, que culmina con la fiesta de Jesucristo, Rey del universo, nos confronta con las "realidades últimas" de la existencia: nuestro fin personal y el final del cosmos y de la historia. Las lecturas de la misa diaría y de los domingos no suelen gustar mucho a nadie: parecen "cuentos para no dormir", plagados de avisos, advertencias y exigencias: "¡Vigilad! ¡Velad, pues no sabéis el día ni la hora! ¡Trabajad!...".
-¡Es que Dios es tan exigente -exclamaba una mujer en un grupo bíblico hace pocos días-, que casi me da miedo!
Esa imagen de un dios severo e inmisericorde me es tan lejana en el tiempo y me resulta tan ajena a mi experiencia y a mi fe que, al escuchar a esa mujer, sentí estremecimiento por ella y por cuantos, como ella, temen a Dios. [Líbranos, Señor, de pensarte y sentirte como un ser furibundo, resentido, mezquino y vengativo, cuya bondad es más raquítica que la de la mayoría de los seres humanos... ] ¿Cómo podemos creer en esa caricatura de Dios, tan diferente de Él?
A aquellos que sienten miedo o inquietud ansiosa ante las imágenes apocalípticas de los discursos escatológicos, les recomiendo que mediten, largo y tendido, estas palabras de Juan:
"En esto ha alcanzado el amor la plenitud en nosotros:
en que tengamos confianza en el día del juicio...
No cabe temor en el amor; antes bien, el amor pleno
expulsa el temor" (1 Jn 4,17-18).

Me gusta pensar mi futuro último día como reza un poema de Casaldáliga:
"Al final del camino me dirán:
¿Has vivido? ¿Has amado?
Y yo, sin decir nada,
abriré el corazón lleno de nombres".
2 comentarios:
Bella reflexión, hermana y mejor imagen de Dios...
GRACIAS
Gracias a ti, amiga anónima.
¡Buen camino de Adviento!
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