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miércoles, 23 de octubre de 2013

La parábola del fariseo y el publicano

Oramos el evangelio de Lucas 18,9-14
Canto: Espíritu de Dios (Glenda)
Espíritu, Espíritu de Dios,
Espíritu, Espíritu de Dios,
en tu amor, en tu amor quiero vivir,
en tu amor, en tu amor quiero vivir.

En tu paz, en tu paz quiero estar.
En tu paz, en tu paz quiero estar.
Hazme vivir en ti y en tu bondad,
Hazme vivir en alegría,
en mansedumbre y dominio de mí.

En libertad, en libertad, hazme andar.
En fortaleza, en fidelidad, hazme andar.
En libertad, en libertad, hazme andar.
En fortaleza, en fidelidad, hazme andar.

Quiero dejarte ser, quiero dejarte actuar,
Quiero que habites tú mi vida,
Quiero, quiero que vivas en mí.
Quiero, quiero que vivas en mí.

Espíritu, Espíritu de Dios
Espíritu, Espíritu de Dios,
Espíritu, Espíritu de Dios,
Espíritu, Espíritu de Dios.


 LEEMOS LUCAS 18, 9-14

9 Dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola:
10 Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano.
11 El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: "¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. 12 Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias."
13 En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!"
14 Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»
……………………………………..

ð La parábola del fariseo y el publicano, exclusiva de Lucas como tantas otras parábolas (cf. Lázaro y el rico, Lc 16,19-31; El hijo pródigo, Lc 15,11-32; El buen samaritano, Lc 10,29-37…) sirve de complemento a la del juez injusto y la viuda insistente (Lc 18,1-8). Las dos enseñan algo sobre el tema de la oración y las dos hablan de la justicia. Respecto a la oración, la parábola del juez injusto pretende mostrar la necesidad de orar insistentemente, con constancia y sin desfallecer. La parábola de hoy enseña que hay que orar con humildad ante Dios.
Respecto a la justicia, Lc 18,9-14 expone, en forma de parábola, lo que Pablo enseña una y otra vez en sus cartas, sobre todo en las cartas a los Gálatas y a los Romanos: que la persona no se hace justa a sí misma por cumplir las obras de la ley, sino que todos somos hechos justos por la gracia, por el amor gratuito de Dios que nos perdona y nos recrea.
La parábola enseña también que el ser humano deja de ser justo por el orgullo y es justificado por Dios en la humildad.

ð La parábola tiene cuatro partes:

1. Introducción (vv.9-10): Destinatarios de la parábola y ambientación.

a) Destinatarios, v.9: Jesús dirige la parábola a “algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás”. No va dirigida al grupo de los fariseos en su totalidad, porque no todos los fariseos se tenían por justos y despreciaban a su prójimo. Va dirigida a algunos fariseos orgullosos que presumían de sus logros y sus méritos ante Dios, creyéndose mejores que los demás.
El desprecio a los otros viene expresado, en griego, por el verbo esoudeno, que significa, etimológicamente, “tener en nada”, despreciar con un desprecio mortal. Lucas emplea este verbo en el relato de la pasión: el rey Herodes desprecia a Jesús de esta misma manera (Hch 23,11).
No es la primera vez que Jesús les dedica una parábola a este grupo de personas. Las parábolas de la misericordia también van dirigidas a ellos principalmente. La situación es la misma: los fariseos y escribas murmuran despectivamente contra Jesús porque “acoge a los pecadores y come con ellos” (cf. Lc 15,1-3). Fariseos y escribas son hombres escrupulosamente cumplidores de la ley de Moisés y de las tradiciones judías. Pero no han comprendido lo que significa “misericordia quiero y no sacrificio” (cf. Mt 12,7; Os 6,6).

b) Ambientación, v.10: Jesús presenta a los dos protagonistas de la parábola: dos hombres que van al templo a orar. Uno fariseo y otro, publicano. El contraste es llamativo. Religiosamente, los fariseos son los perfectos, mientras que los publicanos son los prototipos de la gente moralmente reprobable. Publicano era, en tiempo de Jesús, un judío que se dedicaba a cobrar los impuestos que la potencia ocupante exigía. Parece que la palabra telonés hacía referencia a los que tenían su puesto en las entradas de las ciudades o en las fronteras para cobrar las tasas establecidas. Eran considerados pecadores públicos por dos razones. Primero, porque colaboraban con el imperio romano, y ningún judío podía reconocer otra autoridad que no fuera la de Dios. Segundo, porque se veían obligadas a cobrar más de lo establecido porque no tenían otra retribución.
2. Oración del fariseo, vv.11-12: El fariseo ora “erguido”. Salvo para las inclinaciones prescritas, la costumbre judía era rezar de pie. La oración denominada las “Dieciocho bendiciones” es llamada también Amidah, es decir, oración para rezar de pie. Sin embargo, podemos preguntarnos si al indicar esta posición, en contraste con la postura del publicano, no pretende sugerir Lucas, polemizando, que el fariseo ora con una actitud altanera. Por otra parte, ora “vuelto hacia sí mismo”, extasiado ante su propia santidad, pues se consideraba justo por mérito propio. Aunque su oración es de gratitud, los motivos de esa gratitud no son buenos. Su gratitud no está centrada en Dios, sino en sí mismo. En su acción de gracias presume de sí, a la vez que juzga y descalifica a los demás hombres, que son, según él, “ladrones, injustos y adúlteros”, y se considera mejor que ellos.
Alardea, además, de sus obras: ayuna dos veces por semana y da el diezmo de todas sus ganancias. El ayuno del Yom Kippur, y los mencionados en Zac 8,18-19, así como el del día 9 del mes Av, que conmemoraba la destrucción del primer y del segundo Templo eran un deber nacional. El texto lucano, junto con la Didaché (8,1) es uno de los testimonios más antiguos sobre el ayuno de los lunes y los jueves, facultativo para los judíos. (Para diferenciarse de ellos, los cristianos escogieron para ayunar los miércoles y viernes). Este judío fariseo hacía más de lo obligatorio, por tanto. Respecto al diezmo, Jesús reprocha a los fariseos, en 11,42, el olvido de los grandes mandamientos, de las obras de amor, mientras se observa escrupulosamente el diezmo.
Oración, limosna y ayuno eran las tres obras de justicia de todo buen judío (cf. Mt 6,1-6; 16-18). Y Jesús previene a sus discípulos en el sermón del monte de no practicar esa justicia “nuestra” para ser vistos por los demás sino en el secreto de Dios y por amor a Él.
Las obras y sacrificios de este fariseo se han convertido en injusticia, pues están llenas de orgullo y vacías de misericordia.
3. Oración del publicano, v.13: Conocemos a dos publicanos con nombre, en el evangelio. Uno es Mateo, llamado por el Señor mientras estaba sentado en el mostrador de los impuestos (cf. Mt 9,9), y otro es Zaqueo, que aparece solo en el evangelio de Lucas (19,1-10). El paso de Jesús por sus vidas las cambió completamente y, en el caso de Zaqueo (“hombre pecador”, según la gente que murmuraba cuando Jesús decide hospedarse en su casa), hizo que repartiera la mitad de sus bienes a los pobres y devolviera cuatro veces más de lo robado…
No todos los publicanos, sin embargo, se arrepintieron de su vida injusta y se convirtieron de este modo. Pero el publicano de la parábola parece que ha tomado plena conciencia de su pecado, se pone en camino hacia el templo, para orar, se muestra arrepentido y pide a Dios que se reconcilie con él. El imperativo que utiliza, “reconcíliate conmigo”, no equivale exactamente a “ten compasión de mí” (Lc 18,38-39), pues hace más hincapié en el restablecimiento de una relación que en la compasión.
La oración del publicano denota confianza en el Dios que “perdona todas las culpas”, que “no está siempre acusando”, que es “compasivo y misericordioso, rico en amor y en fidelidad”.
4. Conclusión: La parábola termina con una frase que Jesús repetía con frecuencia: “El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”. Dios pone del revés nuestra forma de pensar y de juzgar. Dios mira con ojos distintos la realidad, como podemos comprobar al leer, con atención, el Magníficat de María.

MEDITAMOS

à De los dos personajes del evangelio, inmediatamente sentimos rechazo hacia la actitud del fariseo y nos parece que nosotros no somos así. Sin embargo, ¿Cuántas veces no nos sorprendemos a nosotros mismos criticando, juzgando y descalificando a aquellos que son distintos a nosotros?¿Cuántas veces no criticamos a algunos cristianos porque son demasiado “conservadores”, demasiado “progres”, demasiado “cerrados”, demasiado “abiertos”…?¿Cuántas veces no nos consideramos, en el fondo, mejores que los demás?
àLa verdadera humildad es lo único que permite el crecimiento personal. Cuando la persona humilde contempla la interioridad de su vida descubre siempre dos cosas: aquellas de las cuales debe convertirse y aquellas en las cuales debe aceptarse. En definitiva ser humilde es ser sabio. Cuando nos hemos dado cuenta de eso, nuestro corazón está ya abierto a Dios y presto a participar de su ternura. Éste fue el camino del publicano. ¿Qué descubro en mí que debo cambiar o en lo que debo convertirme? ¿Qué descubro en mí que debo aceptar?...
à Medita estas palabras de Simone Weill: "Hay quienes tratan de elevar su alma como quien se dedica a saltar continuamente, con la esperanza de que, a fuerza de saltar cada vez más alto, llegue el día en que alcance el cielo para no volver a caer. Pero si miramos largamente al cielo, Dios desciende y nos toma fácilmente. Como dice Esquelo: 'Lo divino es ajeno al esfuerzo'. Hay en la salvación una facilidad más difícil para nosotros que todos los esfuerzos."

ORAMOS

à Date cuenta de que ya estás en presencia del Dios de la misericordia. Siente que te busca, como a la oveja perdida; sale a tu encuentro, como el Padre del hijo pródigo; te acoge como eres, como al publicano. Preséntale tu realidad, tus logros, tus retos en el camino de la verdadera humildad.
à Siéntete humilde y sabio en las entrañas del Dios de la misericordia. Recuerda las palabras de Jesús: "… aprended de mí que soy sencillo y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras vidas" (Mt 11,29). Déjate descansar en Dios. Pide también el descanso para otros.
à María es el modelo de humildad ante el Señor. Ella, mejor que nadie, nos ha mostrado la realidad de un corazón abierto ante Dios; un corazón humilde, pobre y sabio. Oramos el Magnificat.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora todas las generaciones me llamarán dichosa,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. 
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(cf. Nuria Calduch, Misa Dominical, CPL)

sábado, 1 de junio de 2013

Esto es mi Cuerpo, que se entrega por vosotros

Para orar con Lucas 9,11b-17

Canto: El Señor es mi Pastor

El Señor es mi Pastor,
con Él nada me falta,
en verdes praderas
Él me hace recostar.

1. Me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por sendero justo,
por el honor de su nombre.

2. Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo porque Tú, Tú vas conmigo,
tu vara y tu cayado
me sosiegan.

3. Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos
me unges la cabeza con perfume
y mi copa rebosa.

4. Tu bondad y misericordia me acompañan
todos los días de mi vida.
Y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.


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Oración para disponer el corazón

 1. Te doy gracias, buen Pastor. A tu lado, nada me falta.
Me alimentas y me das todo lo necesario para vivir.
Me conduces hacia fuentes tranquilas y reparas mis fuerzas.

2. Te doy gracias, Pastor y Guardián de nuestras vidas,
que velas siempre por nosotros, nos proteges y nos cuidas.
Aunque camine por cañadas oscuras no tengo miedo a nada
porque Tú estás conmigo.

3. Te doy gracias, Pan de la Vida. calmas mi hambre
de sentido, de felicidad, de Dios.
Tú eres mi Dios vivo, y me llamas a vivir en abundancia.

4. Te doy gracias, Maestro y Señor nuestro,
que lavas los pies de tus discípulos,
enseñándoles un nuevo modo de vivir, de pensar,
de actuar y de amar, sirviendo desde la humildad y sencillez.

5. Que yo me parezca a Ti, Señor Eucarístico,
en la entrega, en la compasión,
en la solidaridad y el compartir,
en el amor al Padre y a la humanidad entera,
con tus mismas entrañas y tu mismo corazón.
Amén.


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Lucas 9,11b-17

11 En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar a la gente del Reino de Dios y curó a los que lo necesitaban.
12 Pero caía la tarde y los Doce se acercaron a decirle: «Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos a descampado».
13 El les dijo: «Dadles vosotros de comer.» Pero ellos respondieron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces;  a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente.»
14 Pues había como 5.000 hombres.
El dijo a sus discípulos: «Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta.»
15 Lo hicieron así, e hicieron acomodarse a todos.
16 Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente.
17 Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos.
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PARA MEDITAR

Cuerpo y Sangre de Cristo

Para celebrar la eucaristía dominical no basta con seguir las normas prescritas o pronunciar las palabras obligadas. No basta tampoco cantar, santiguarse o darnos la paz en el momento adecuado. Es muy fácil asistir a misa y no celebrar nada en el corazón; oír las lecturas correspondientes y no escuchar la voz de Dios; comulgar piadosamente sin comulgar con Cristo; darnos la paz sin reconciliarnos con nadie. ¿Cómo vivir la misa del domingo como una experiencia que renueve y fortalezca nuestra fe?

Para empezar, es necesario escuchar desde dentro con atención y alegría la Palabra de Dios y, en concreto, el evangelio de Jesús. Durante la semana hemos visto la televisión, hemos escuchado la radio y hemos leído la prensa. Vivimos aturdidos por toda clase de mensajes, voces, ruidos, noticias, información y publicidad. Necesitamos escuchar otra voz diferente que nos cure por dentro.
Es un respiro escuchar las palabras directas y sencillas de Jesús. Traen verdad a nuestra vida. Nos liberan de engaños, miedos y egoísmos que nos hacen daño. Nos enseñan a vivir con más sencillez y dignidad, con más sentido y esperanza. Es una suerte hacer el recorrido de la vida guiados cada domingo por la luz del evangelio.

La plegaria eucarística constituye el momento central. No nos podemos distraer. «Levantamos el corazón» para dar gracias a Dios. Es bueno, es justo y necesario agradecer a Dios por la vida, por la creación entera, por el regalo que es Jesucristo. La vida no es sólo trabajo, esfuerzo y agitación. Es también celebración, acción de gracias y alabanza a Dios. Es un respiro reunirnos cada domingo para sentir la vida como regalo y dar gracias al Creador.

La comunión con Cristo es decisiva. Es el momento de acoger a Jesús en nuestra vida para experimentarlo en nosotros, para identificarnos con él y para dejarnos trabajar, consolar y fortalecer por su Espíritu.

Todo esto no lo vivimos encerrados en nuestro pequeño mundo. Cantamos juntos el Padrenuestro sintiéndonos hermanos de todos. Le pedimos que a nadie le falte el pan ni el perdón. Nos damos la paz y la buscamos para todos.
…………….

El episodio de la multiplicación de los panes gozó de gran popularidad entre los seguidores de Jesús. Todos los evangelistas lo recuerdan. Seguramente, les conmovía pensar que aquel hombre de Dios se había preocupado de alimentar a una muchedumbre que se había quedado sin lo necesario para comer.

Según la versión de Juan, el primero que piensa en el hambre de aquel gentío que ha acudido a escucharlo es Jesús. Esta gente necesita comer; hay que hacer algo por ellos. Así era Jesús. Vivía pensando en las necesidades básicas del ser humano.

Felipe le hace ver que no tienen dinero. Entre los discípulos, todos son pobres: no pueden comprar pan para tantos. Jesús lo sabe. Los que tienen dinero no resolverán nunca el problema del hambre en el mundo. Se necesita algo más que dinero.

Jesús les va a ayudar a vislumbrar un camino diferente. Antes que nada, es necesario que nadie acapare lo suyo para sí mismo si hay otros que pasan hambre. Sus discípulos tendrán que aprender a poner a disposición de los hambrientos lo que tengan, aunque sólo sea «cinco panes de cebada y un par de peces».
La actitud de Jesús es la más sencilla y humana que podemos imaginar. Pero, ¿quién nos va enseñar a nosotros a compartir, si solo sabemos comprar? ¿quién nos va a liberar de nuestra indiferencia ante los que mueren de hambre? ¿hay algo que nos pueda hacer más humanos? ¿se producirá algún día ese “milagro” de la solidaridad real entre todos?

Jesús piensa en Dios. No es posible creer en él como Padre de todos, y vivir dejando que sus hijos e hijas mueran de hambre. Por eso, toma los alimentos que han recogido en el grupo, «levanta los ojos al cielo y dice la acción de gracias». La Tierra y todo lo que nos alimenta lo hemos recibido de Dios. Es regalo del Padre destinado a todos sus hijos e hijas. Si vivimos privando a otros de lo que necesitan para vivir es que lo hemos olvidado. Es nuestro gran pecado aunque casi nunca lo confesemos.
Al compartir el pan de la eucaristía, los primeros cristianos se sentían alimentados por Cristo resucitado, pero, al mismo tiempo, recordaban el gesto de Jesús y compartían sus bienes con los más necesitados. Se sentían hermanos. No habían olvidado todavía el Espíritu de Jesús.

José Antonio Pagola

PARA ORAR

Oración: Nadie ni nada

Nadie estuvo más solo que tus manos
perdidas entre el hierro y la madera;
mas cuando el pan se convirtió en hoguera
nadie estuvo más lleno que tus manos.

Nadie estuvo más muerto que tus manos
cuando, llorando, las besó María;
mas cuando el vino ensangrentado ardía
nadie estuvo más vivo que tus manos.

Nadie estuvo más ciego que mis ojos
cuando creí mi corazón perdido
en un ancho desierto sin hermanos.

Nadie estaba más ciego que mis ojos.
Grité, Señor, ‘¿por qué te has ido?’
Y Tú estabas latiendo entre mis manos.
                                              
José Luis Martín Descalzo
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Oración: Mi Cuerpo es comida

Mis manos, esas manos y Tus manos
hacemos este Gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
Las vidas, en Tu muerte y en Tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.
Comiéndote sabremos ser comida.

EI vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu memoria,
marchamos hacia el Reino haciendo Historia,
fraterna y subversiva Eucaristía.   

(Pedro Casaldáliga)


Oración: a Dios, hecho pan, que sale a nuestro encuentro

1. El pan es un derecho, porque es vida,
el primero de todos los derechos.
Sin el pan, ¿de qué sirven los ideales,
declaraciones de principios bellos?
Sin el pan, los discursos no alimentan,
no le ofrezcas papeles al hambriento.
El pan es vida y libertad, es gracia,
y está llamando al compartir fraterno.

2. El pan es para todos, dice Dios.
El pan no es mío, el pan no es tuyo, es nuestro.
Pan de la tierra, vida del hombre,
pan de los campos y del viento,
pan del sol y del agua,
bendición del cielo.

1. Besa el pan que florece en tus manos,
parte el pan, como un sacramento.
Pan bendito, bendición continuada,
pan familiar y fraterno.

2. Pan de ángeles, maná generoso,
que se multiplica en tus dedos.
Es pan de mil sabores exquisitos,
es un pan que sabe a cielo.
Es el pan y la palabra,
pan de justicia y de derechos,
pan de solidaridad y empatía,
que se comparte por entero.
Se hacen pan los hermanos, que se parte.
¡Oh, qué sabroso alimento!

1. Dios hecho pan, pan divino,
es Dios que viene a nuestro encuentro.
Pan dulce, en el cielo fermentado,
un pan fuerte y un pan tierno;
amasado en el seno de una Virgen,
pan entrañable, integral alimento,
cocido en el horno del Espíritu,
pan vivo y verdadero;
nacido en la casa-del-pan, y ofrecido
a los débiles y hambrientos.

TODOS: Pan de Dios, en cada partícula Cristo,
Anuncio de un festín eterno.
Cristo, pan generoso y vivo,
danos tu pan, Padre nuestro.
Pan en todas las mesas del mundo,
que coman los pobres y hambrientos.
Basta tener hambre, tener fe,
Y te saciarás de Dios sacramento.
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Canto: Pan de vida

Señor  Jesús, creemos en ti,
creemos que estás resucitado.
Que estás aquí, que vives en mí,
que permaneces siempre a nuestro lado.

Coro:

Y que tu vida se nos da
en este pan.
Y que tu vida se nos da
en el amor.

Cuando alguien parte su pan,
cuando alguien se comparte,
cuando alguien rompe su vida
por los demás…
Cuando alguien parte su pan,
cuando alguien se comparte,
cuando alguien rompe su vida
por los demás…

… nuestros ojos se abren,
te vemos, Señor.
Sigues siendo pan,
sigues siendo don
para todos.
 
Señor  Jesús, creemos en ti,
en tu Presencia en este pan de Vida.
Aquel que come de este Pan,
por él tendrá tu Vida para siempre.

Coro:

Y vivirá tu compasión, tu perdón.
Y, como tú, se entregará
por amor.


Estribillo


jueves, 9 de mayo de 2013

Subió al cielo para llenarlo todo

Lectura orante de Lucas 24,46-53

* Canto: El Espíritu del Señor 

(lam C 2)
- Para escuchar el canto en youtube: Kairoi, El Espíritu del Señor

Lucas 24,46-53

46 Jesús dijo a sus discípulos: “Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día 47 y se predicará en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.
48 Vosotros sois testigos de esto. 49 Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte, permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de la fuerza que viene de lo alto.”

50 Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo. 51 Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. 52 Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran alegría, 53 y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios.

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Hechos 1, 1-11

1 El primer libro lo escribí, Teófilo, sobre todo lo que Jesús hizo y enseñó desde un principio 2 hasta el día en que, después de haber dado instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había  elegido, fue llevado al cielo.
3 A estos mismos, después de su pasión, se les presentó dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca de lo referente al Reino de Dios.
4 Mientras estaba comiendo con ellos, les mandó que no se ausentasen de Jerusalén, sino que aguardasen la Promesa del Padre, «que oísteis de mí: 5 Que Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días».

6 Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?» 7 El les contestó: «A vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad, 8 sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.»

9 Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos. 10 Estando ellos mirando fijamente al cielo mientras se iba, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco 11 que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo.»
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Efesios 4,9-10

9 ¿Qué quiere decir «subió» sino que también bajó a las regiones inferiores de la tierra? 10 Este que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo.
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CUANDO LEAS
- Contemplamos, en nuestra oración de hoy, las dos narraciones que Lucas hace de la Ascensión del Señor, al final de su evangelio y en el comienzo del libro de los Hechos.
- El evangelio de Lucas termina con la despedida de Jesús en la que les explica las Escrituras, abriendo sus inteligencias para que pudieran comprender lo referente a Él en Moisés, los profetas y los salmos, es decir, en toda la Escritura hebrea (v.45), y con la promesa del Espíritu Santo, que les dará la fuerza necesaria para ser testigos de su Evangelio hasta los confines del mundo.
- Jesús asciende al Padre al tiempo que bendice a sus discípulos. La bendición es una palabra y un gesto de recreación. Quien te bendice te construye en lo mejor de ti mismo, en tu verdadera identidad.
Sabernos bendecidos nos hace personas que saben bendecir, a Dios, a los otros, y toda la realidad.
- Lucas comienza narrando el descenso del Verbo en la encarnación, en el vientre de María, y termina con el ascenso al Padre. Éste es el itinerario de todo discípulo: descender con Jesús a todos los lugares de su presencia (entre los pobres y necesitados, entre los últimos…) para ascender al Padre, al final de nuestro itinerario en este mundo.
- El libro de los Hechos narra el mismo acontecimiento pascual de la ascensión y añade que los discípulos se quedaron mirando al cielo, mientras que los hombres vestidos de blanco les alientan a bajar a la vida con la esperanza de que Jesús volverá. Invitación a la esperanza y al compromiso con la historia.
- La ascensión no es ausencia sino un nuevo modo de Presencia más plena: subió al cielo para llenarlo todo, dice la carta a los Efesios.

CUANDO MEDITES

- La Ascensión de Jesús supone el triunfo del amor. El que por amor había descendido a la miseria humana ahora, por la fuerza del amor, asciende hasta el corazón del Padre y recibe el nombre de Señor igual al Padre (cf. Filipenses 2, 1ss).
- La categoría de ascensión se puede traducir por “comunión”. No es que Cristo suba muy alto, sino que entra muy dentro. Penetra en el corazón de Dios, de la humanidad, de todas las cosas. Y será fermento de comunión hasta que todo y todos nos unamos en él.
- La ausencia física de Cristo es Presencia resucitada, una presencia viva y transformante. Cristo está presente por el don de su Espíritu, hasta el punto de que, estando habitados por Él, podemos decir “no soy yo quien vive sino que es Cristo quien vive en mí” (Jn 16,15; Gál 2,20). Cristo presente en su Palabra, luz para nuestro camino (Jn 14,23). Está presente en el Pan partido (Jn 6,56-57). Está presente en los hermanos (Mt 18,20; 10,40). Está presente en los pobres, en los pequeños y en quienes nos necesitan (Mt 25,35-45). Está presente en todo y en todos, más íntimamente y sin limitación de espacio y de tiempo…
¿Cómo vivo ese amor, esa comunión, esa Presencia?
……………………………..

De Teilhard de Chardin sobre la presencia de Cristo en todos

Cristo me agota por completo con su mirada. Con la misma presencia penetra a los que me rodean y a quienes amo. Gracias a Él, como en un Medio divino, me uno a los demás por dentro de ellos mismos; puedo obrar sobre ellos a través de todos los recursos de mi vida.

Cristo nos liga y nos manifiesta los unos a los otros.

Lo que mi boca no es capaz de hacer comprender a mi hermano o a mi hermana, Él se lo dirá mejor que yo. Lo que mi corazón desea para ellos, con inquieto e impotente ardor, Él se lo otorgará, si es bueno. Lo que los hombres no pueden escuchar de mi voz demasiado débil, o a la que cierran sus oídos para no escuchar, tengo yo el recurso de confiárselo a Cristo, que habrá de repetírselo, algún día, a su corazón. Si esto es así, yo puedo morir tranquilo con mi ideal, ser enterrado con la visión que yo quería hacer compartir a los demás.
Cristo recolecta, para la vida por venir, las ambiciones sofocadas, las claridades incompletas, los esfuerzos frustrados, o desafortunados, pero sinceros.

…………………………….

Una pastoral de la bondad

(José Antonio Pagola)
Son los últimos momentos de Jesús con los suyos. Enseguida los dejará para entrar definitivamente en el misterio del Padre. Ya no los podrá acompañar por los caminos del mundo como lo ha hecho en Galilea. Su presencia no podrá ser sustituida por nadie. Jesús solo piensa en que llegue a todos los pueblos el anuncio del perdón y la misericordia de Dios. Que todos escuchen su llamada a la conversión. Nadie ha de sentirse perdido. Nadie ha de vivir sin esperanza.
Todos han de saber que Dios comprende y ama a sus hijos e hijas sin fin. ¿Quién podrá anunciar esta Buena Noticia?
Según el relato de Lucas, Jesús no piensa en sacerdotes ni obispos. Tampoco en doctores o teólogos. Quiere dejar en la tierra “testigos”. Esto es lo primero: “vosotros sois testigos de estas cosas”. Serán los testigos de Jesús los que comunicarán su experiencia de un Dios bueno y contagiarán su estilo de vida trabajando por un mundo más humano.
Pero Jesús conoce bien a sus discípulos. Son débiles y cobardes. ¿Dónde encontrarán la audacia para ser testigos de alguien que ha sido crucificado por el representante del Imperio y los dirigentes del Templo? Jesús los tranquiliza: “Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido”. No les va a faltar la “fuerza de lo alto”. El Espíritu de Dios los defenderá.
Para expresar gráficamente el deseo de Jesús, el evangelista Lucas describe su partida de este mundo de manera sorprendente: Jesús vuelve al Padre levantando sus manos y bendiciendo a sus discípulos. Es su último gesto. Jesús entra en el misterio insondable de Dios y sobre el mundo desciende su bendición.
A los cristianos se nos ha olvidado que somos portadores de la bendición de Jesús. Nuestra primera tarea es ser testigos de la Bondad de Dios. Mantener viva la esperanza. No rendirnos ante el mal. Este mundo que parece un “infierno maldito” no está perdido. Dios lo mira con ternura y compasión.
También hoy es posible buscar el bien, hacer el bien, difundir el bien. Es posible trabajar por un mundo más humano y un estilo de vida más sano. Podemos ser más solidarios y menos egoístas. Más austeros y menos esclavos del dinero. La misma crisis económica nos puede empujar a buscar una sociedad menos corrupta.
En la Iglesia de Jesús hemos olvidado que lo primero es promover una “pastoral de la bondad”. Nos hemos de sentir testigos y profetas de ese Jesús que pasó su vida sembrando gestos y palabras de bondad. Así despertó en las gentes de Galilea la esperanza en un Dios Salvador. Jesús es una bendición y la gente lo tiene que conocer.

CUANDO ORES

Oración: Como subiendo

Se arranca de los suyos, los bendice,
¡qué fuertes son sus manos protectoras!
Los últimos consejos y promesas,
¡qué riqueza de dones preparados!

La Ascensión del Señor, como subiendo
hasta la meta amada, el Corazón
de su Padre, en las alas del Espíritu;
la entrada en el misterio del Amor,
la comunión con Dios y con el Todo;
la plenitud de Cristo, Alfa y Omega,
la fuerza convergente, centro cósmico,
comunión con el mundo, con las cosas.

Haz que llueva tu Espíritu, Señor,
esa Nube sagrada en que te fuiste;
haznos testigos de tu nombre, Cristo,
encarnando tu amor y tu palabra,
hasta el día en que vuelvas a nosotros.

(Un manantial de amor inagotable. Cuaresma y Pascua, Caritas 1998)

Oración: Sigues aquí

Curiosa forma de quedarte, Señor,
sin imponer tu presencia,
sin apagar la sed,
sin convertir la fe en evidencia.
Y curiosa forma de irte
sin atarnos a la ausencia,
sin dejarnos solos,
sin forjar tristezas.

Y así, de ese modo,
ausencia y presencia
siembran en nosotros
hambre de respuestas.

Tú que eres Plenitud, lléname.
Tú que eres Centro, céntrame en ti.
Rebósame de Ti y muéstrame tu rostro.
Hazme capacidad.
Hazme silencio.
Hazme tú. Y eres espíritu,
aliento, fuerza.

Eres la palabra
que a veces aquieta
y a veces golpea.
Eres el silencio
poblado de historias,
eres la justicia
que llama a la puerta,
eres un profeta
pidiendo justicia,
eres el soldado
sin arma ni guerra.

Por eso te fuiste,
y así te nos quedas.

José Mª Rodríguez Olaizola, sj
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* Canto: Pequeñas aclaraciones



- Para escuchar el canto en youtube: Laura Yáñez
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