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martes, 27 de mayo de 2014

"Me buscaréis y no me encontraréis"

Lectio divina de Juan 7,25-36

ESCUCHA-LEE LA PALABRA

25Decían algunos de los de Jerusalén: “¿No es a ése a quien quieren matar? 26Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades  que este es el Cristo? 27Pero éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es”. 28Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: “Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta, sino que es veraz el que me ha enviado,  pero vosotros no le conocéis. 29Yo le conozco, porque vengo de él y él es el que me ha enviado”.

30Querían pues detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora. 31Y muchos entre la gente creyeron en él y decían: “Cuando venga el Cristo, ¿hará más signos de los que ha hecho éste? 32Se enteraron los fariseos que la gente hacía estos  comentarios acerca de él y enviaron guardias para detenerle. 33Entonces les dijo: “Todavía un poco de tiempo estaré con vosotros,  y me voy al que me ha enviado. 34Me buscaréis y no me encontraréis; y  adónde yo esté, vosotros no podéis venir".
35 Se decían entre sí los judíos: ¿A dónde se irá éste que nosotros no le podemos encontrar¿ ¿Se irá a los que viven dispersos entre los griegos para enseñar a los griegos? 36¿Qué es eso que ha dicho: “Me buscaréis y no me encontraréis, y adonde yo esté vosotros no podéis venir?”

MEDITA LA PALABRA

Sobre el origen de Jesús (vv. 25-31)

Los vv- 25-30: Sobre si Jesús es el Mesías, ellos mismos rechazan tal posibilidad ya que su aparición sería una sorpresa y el cambio sería inmediato. Jesús toma la palabra en el Templo y habla de las dudas que tienen respecto a su origen, aclara que su venida no es por propia decisión sino que hay uno que le ha enviado.
Jesús reacciona ante las creencias de sus contemporáneos que les impiden reconocerle. Esas creencias fueron al principio intentos de entender o explicar el plan de Dios y que ahora se vuelven inamovibles; en nombre de una doctrina, de una tradición dictan a Dios su modo de proceder, su modo de actuar, le planean el futuro. Se elimina la espontaneidad del Espíritu, no se reconoce su voz (3,8). El Espíritu se presenta como don libre de vida fuera de la red tejida por el hombre.
El verdadero Moisés según Jesús no ha de ser reconocido por su lugar de procedencia, como ellos piensan; su autenticidad depende de que sea enviado por Dios,  el portador del Espíritu cuya actitud se reconoce en sus obras: dar libertad al oprimido (5,36; 7,18). Esta es la única condición que puede requerirse, si ellos no lo reconocen en Jesús es por haber subordinado la realidad de Dios y de su plan a los propios prejuicios.  Jesús le conoce porque procede de él, ese es el fundamento de su misión y actividad, expresa su propia experiencia de vivir como el Padre.
vv. 30-31: La multitud está dividida con respecto a Jesús: Unos dicen “extravía a la gente”. Otros dicen “es una persona buena” y lo reconocen como Mesías.
Ante esta doble actitud de la multitud, los sumos sacerdotes y los fariseos mandan guardias a prenderlo.
La aceptación de Jesús como Mesías alarma a las personas pues eso derribaría el sistema legal en que se apoyaban (8,17; 7,19). Tanto los fariseos, como los Sumo Sacerdotes, se alían contra él ya que pone en peligro las bases del poder de ambos. Envían guardas a prenderlo, el pueblo debe someterse a su autoridad.

Anuncio de su partida y llamada a la Sabiduría (Sensatez) (vv. 32-36)

Jesús sabe que no ha llegado su hora; conoce las intenciones de matarlo que abrigan los dirigentes. Mientras están en el mundo se puede optar, la salvación está presente, invita a aprovechar la oportunidad. “Poco tiempo” se opone a “mucho tiempo” que el pueblo lleva oprimido. Jesús puede curar. Invita a tomar una decisión ya que la salvación está a su alcance quizá otro día le busquen y no le encuentren.
El lugar donde está Jesús es la esfera del Padre, ahí estarán también los discípulos (12,26; 14,3; 17,24) con su Muerte y Resurrección reciben el Espíritu Santo. Para estar donde está Jesús hay que dar un paso que los oyentes no quieren dar. Tendrán que cambiar de actitud.
Los dirigentes no han comprendido las palabras de Jesús, Jesús ha hablado del que lo ha enviado, ellos no prestan fe a su misión.  No tienen conciencia del estado crítico de la situación en la que se encuentran, no han prestado atención a la Sabiduría, están tan seguros de sus instituciones que no se enteran.

VIVE LA PALABRA

- Jesús invita a prestar atención a sus palabras, a ser sensatos… ¿qué valor tiene realmente las palabras de Jesús en mi vida? …
- ¿Qué es para mí la fe? Adhesión a la persona de Cristo,  a unos principios, a unas leyes…

- ¿Me aferro a lo ya sabido, a lo ya conocido? ¿Me siento llamado a romper con antiguas costumbres, tradiciones y dejó que el Espíritu del Resucitado me lleve por caminos nuevos, no conocidos? 

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Lectio divina preparada por Conchi Alonso (Equipo de animación de San Francisco de Borja, Madrid)
Foto: Javier Barquilla Sánchez

lunes, 19 de mayo de 2014

Ni siquiera sus hermanos creían en él...

Lectio divina de Juan 7, 1-24

ESCUCHA-LEE  LA PALABRA:

“A Dios le escuchamos cuando leemos la Sagrada Escritura” (LG). Escuchar viene de la palabra "obediencia": ob-audientia que significa "escuchar lo que está debajo"; escuchar  la voz de Dios en sentido bíblico significará obedecerle y realizar su voluntad. Los maestros espirituales nos aconsejan que lo más importante de la oración es  la ESCUCHA y efectivamente la Palabra de Dios insiste continuamente sobre la ESCUCHA:
“Escucha Israel amarás al Señor tú Dios…” (Dt 6,4)
Escuchar la palabra es recibir más que palabras,  aunque sean  las palabras que salen de la boca de Jesús, es escucharle a Él que es la Palabra: “la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,4). 
Escuchemos y acojamos lo que Jesús nos quiere decir  a través de este texto de Jn 7, 1-24

7 1Después de esto, Jesús andaba por Galilea; y es que no podía andar por Judea, pues los judíos trataban de matarle. 2Al acercarse la fiesta judía de las Tiendas, 3le dijeron sus hermanos: “Sal de aquí y vete  a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces, 4pues nadie actúa en secreto cuando quiere ser conocido. Si haces  estas cosas, muéstrate al mundo.” 5Es que ni siquiera sus hermanos creían en él. Jesús le replicó: “Todavía no ha llegado mi tiempo; en cambio vuestro tiempo siempre está a mano. 7El mundo no puede odiaros; a mí, sin embargo, me aborrece, porque doy testimonio de que sus obras son perversas. 8Subid vosotros a la fiesta. Yo no subo, pues aún no se ha cumplido mi tiempo. 9Dicho esto se quedó en Galilea. 10Pero después, que sus hermanos subieron a la fiesta, él también subió, aunque no manifiestamente, sino de incógnito. 11Los judíos, durante la fiesta, andaban buscándole, y se preguntaban: “¿Dónde estará ése?”. 12Entre la gente había muchos comentarios acerca de él. Unos decían: “Es bueno”. Otros decían: “Nada de eso; lo que hace  es engañar a la gente.”. 13Pero nadie hablaba de él abiertamente por miedo a los judíos.
Mediada ya la fiesta, subió Jesús al Templo y se puso a enseñar. 15Los judíos decían extrañados: “¿Cómo entiende de letras sin haber estudiado?” 17Jesús les respondió: “Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado. 17Si alguno quiere cumplir su voluntad, verá si mi doctrina es de Dios o hablo yo por mi cuenta. 18El que habla por su cuenta busca su propia gloria; pero el que busca la gloria del que le ha enviado, ése es veraz; y no hay impostura en él. 19¿No es Moisés el que os dio la Ley? Y ninguno de vosotros cumple la Ley. ¿Por qué tratáis de matarme?”. 20 Respondió la gente: “Tienes un demonio. ¿Quién trata de matarte?”. 21Jesús les respondió: “Una sola obra he hecho y todos os maravilláis. 22Moisés os dio la circuncisión (no que provenga de Moisés, sino de los patriarcas), y vosotros circuncidáis a la gente en sábado. 23Si se circuncida un hombre en sábado, para no quebrantar la Ley de Moisés, ¿os irritáis contra mí porque he devuelto la salud plena a un hombre en sábado? 24No juzguéis por apariencias, juzgad con criterio justo”.

ORA LA PALABRA

Jesús se halla en Galilea, los dirigentes judíos le buscan para matarle… y la causa de su muerte es haber dado la vida plena a un hombre.
Desde el inicio su vida está en riesgo, pero él no ha venido para morir sino para realizar la misión que el Padre le ha encomendado, por ello actúa con prudencia.
Jesús no acude a la fiesta de los Tabernáculos con sus hermanos, representan un mesianismo con el que Jesús no está de acuerdo, no tienen ninguna intención de adherirse a las palabras de Jesús,  más bien le ven como un fracasado, en Jn 6,66 muchos le han abandonado y quieren que haga una demostración pública para recuperar su fama. Ante esta situación Jesús no retrocede, es consciente de que el mundo (dirigentes judíos) le odia,  porque con su palabra y su vida denuncia el comportamiento de los dirigentes.
Aparece posteriormente enseñando en el Templo hablando no en nombre propio sino en nombre de Dios, no por su cuenta, por su “propia gloria”; la propia gloria es exterior, constatable, por ello su búsqueda o la renuncia a ella puede servir de criterio para juzgar la procedencia de una doctrina. La búsqueda del propio prestigio delata que la doctrina que se propone no procede de Dios sino del hombre. En definitiva las palabras revelan la actitud del que la enseña, son expresión de su persona.
Las palabras de Jesús llevan detrás su propia vida, y denuncian la forma de interpretar la Ley  y cuestionan la forma de actuar de los dirigentes, por eso buscan a Jesús para matarlo. El texto acaba con una paradoja: vosotros circuncidáis a un hombre en sábado (circuncisión es curación de un miembro), y queréis  matar a Aquel que no ha curado un miembro sino que ha  dado la vida plena a un hombre  revelando el verdadero sentido de las palabras y de la vida de Jesús “dar la vida al hombre”. “He venido para que tengan vida y vida abundante”. 

ASIMILA LA PALABRA

Jesús no propone una doctrina abstracta, pues él es la verdad, las palabras y obras de Jesús expresan lo que él es. Sus obras dan sentido a sus palabras y sus palabras se comprenden en relación con sus obras.
La Palabra comunica la presencia de Dios y su acción por ello “son espíritu y vida” (Jn 6,63) Quien con su palabra no pretende comunicar vida sino su propio prestigio, ese no conoce a Dios ni tiene experiencia de Él. Más aún falsifica a Dios. No se puede hablar de Dios distanciándose de él, porque no es una fórmula, sino una persona.
De Dios solo podemos hablar cuando lo hemos experimentado, cuando vivimos con él, cuando le escuchamos y tratamos de obedecer las palabras que él nos comunica. Cuando salimos de esta relación, la palabra se torna vacía, hueca, no tiene sonido, no trasmite nada.
El que no busca su gloria, trasmite y manifiesta la gloria de Dios, su amor leal al hombre, es de fiar. No manipula la ley, ni explota al hombre. Sus palabras son creíbles, es digno de fe.

VIVE LA PALABRA

La vida de Jesús está en peligro porque es coherente con las palabras que escucha del Padre y las vive con toda la radicalidad aún a sabiendas de que caerán mal, e indignarán a sus oyentes. Él es consciente que solo así el hombre recibe la vida divina.
¿Cuido que mi oración esté fundamentada en la Palabra,  sabiendo que solo de ella procede la vida divina?
¿En qué medida trato de ser  coherente con lo que escucho de Dios y mi vida cotidiana?

¿Hasta dónde estoy dispuesto a arriesgar, no de mis cosas, sino de mi persona por ser fiel a las intuiciones que despierta la Palabra de Dios en mí?

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Lectio divina preparada por Conchi Alonso (Equipo de animación de San Francisco de Borja, Madrid)

jueves, 15 de mayo de 2014

Señor, tú tienes palabras de vida eterna

Lectura orante de Juan 6,60-71

60Muchos de sus discípulos, al oírlo, dijeron: «Esto que dice es inadmisible. ¿Quién puede admitirlo?» 61Jesús, conociendo que sus discípulos le hacían esas críticas, les dijo: «¿Esto os escandaliza? 62¡Pues si vierais al hijo del hombre subir adonde estaba antes! 63El espíritu es el que da vida. La carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. 64Pero entre vosotros hay algunos que no creen» (Jesús ya sabía desde el principio quienes eran los que no creían y lo iban a traicionar.) 65Y añadió: «Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no le es dado por el Padre». 66Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y no andaban con él.
67Jesús preguntó a los doce: “¿También vosotros queréis iros?” 68Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69Nosotros creemos y sabemos que tú eres el santo de Dios». 70Jesús le respondió: «¿No os elegí yo a los doce? Y, sin embargo, uno de vosotros es un diablo». 71Hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote; pues éste lo iba a traicionar, y era uno de los doce. 
CUANDO LEAS
Estamos ante uno de esos momentos de crisis por los que cualquier persona y cualquier comunidad pasa en algún momento de su existencia. La crisis, en sí misma, no es mala; puede ayudarnos a crecer. Aunque en la mayoría de las ocasiones, pueda parecer lo contrario, y tiramos la toalla.
En el pasaje evangélico que nos ocupa observamos cómo Jesús acaba de poner ante sus discípulos una serie de condiciones (Jn 6,41-59) a las que muchos no son capaces de hacer frente o no quieren. Jesús no nos propone ser los primeros ministros de un reino, ni acabar con aquellos que nos hacen sombra o nos caen mal. La propuesta de Jesús es renunciar a toda ambición de poder y dar la vida por los otros; seguir a Jesús no consiste únicamente en dar los bienes, sino que, aquel que quiera ir tras de él tiene que darse a sí mismo. Ésta es una condición indispensable para ser discípulo de Jesús. Ni a nosotros, ni a sus contemporáneos nos convence esto mucho. ¿Verdad?
Pero, Jesús quiere hacernos entender que dar la vida no significa conclusión, no significa muerte; al contrario, esta máxima expresión del amor genera vida.

Para entender esto es indispensable que acojamos la acción del Espíritu Santo, el único capaz de comunicarnos la Vida. Es necesario pensar, sentir y actuar como Jesús. Es indispensable que nos dejemos formar por el Espíritu, que Él nos transforme según la forma del hombre ideal: Jesús.
Si no nos dejamos hacer por el Espíritu, las palabras de Jesús nos resultarán escandalosas y entraremos en crisis. Incluso si nos dejamos llevar por nuestros propios intereses o por los de la sociedad que nos rodea podemos llegar a traicionar a Jesús. La llamada no nos hace invulnerables.
En esta difícil situación, Jesús se dirige a los más cercanos a él, a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?» Él no está dispuesto a renunciar a su misión. ¿Y ellos? Simón Pedro, reacciona: «¿A quién vamos a ir?... Tú eres el Santo de Dios». Pero la adhesión de Pedro no garantiza la unión de todos los demás a Jesús. Simón Pedro se opone a Judas, hijo de Simón Iscariote. Existen dos clases de discípulos: el que está dispuesto a afrontar la crisis, aunque le niegue, como Pedro y el que tira la toalla, porque el programa de Jesús es inadmisible, como Judas.
Solo aquel que esté dispuesto a luchar y entregar su vida por los demás puede contarse entre los discípulos de Jesús. 

CUANDO MEDITES

- ¿Cómo afronto yo los momentos de crisis que pueden llegar a mi vida? Sobre todo, los momentos de crisis espiritual o de mi propia existencia como discípulo de Jesús.
- ¿Estoy dispuesto/a a asumir las condiciones del seguimiento de Jesús?
- ¿Estoy dispuesto/a a aceptar que entregar la vida como máxima expresión del amor es generar vida?
- ¿Acojo la llamada de Jesús y asumo el dejarme transformar por el Espíritu Santo?
- ¿Recibo a Jesús como mi Mesías, como «el Santo de Dios»? 

CUANDO ORES
La oración de Abandono de Carlos de Foucauld nos puede ayudar para afrontar los momentos de crisis, te invito a que oremos juntos con ella.

Padre mío,
me abandono a Ti.
Haz de mí lo que quieras.
Lo que hagas de mí te lo agradezco,
estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo.
Con tal que Tu voluntad se haga en mí
y en todas tus criaturas,
no deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi vida en Tus manos. 
Te la doy, Dios mío,
con todo el amor de mi corazón,
porque te amo,
y porque para mí amarte es darme,
entregarme en Tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre.

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Lectio divina preparada por Pepe Pedregosa, ssp (Equipo de animación de San Francisco de Borja, Madrid)

miércoles, 26 de marzo de 2014

"El que me come vivirá por mí"

Lectio divina de Juan 6,41-59

41Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo
42Y decían: «¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo
43 Jesús les respondió: «No murmuréis entre vosotros.
44«Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día.
45Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.
46No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre.
47En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna.
48Yo soy el pan de la vida.
49Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; 50 este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera.
51aYo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre;
51by el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.»
52Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

53Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.
55 Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.
56 El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí,  y yo en él.
57 Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí.
58 Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.»         
59Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.
CUANDO LEAS

- Haz memoria del contexto pascual en el que se encuentra nuestro evangelio: Juan 6, con los relatos de la multiplicación de los panes, Jesús caminando por el mar, y el diálogo de Jesús con la gente, a orillas del mar, sobre el maná del desierto, a partir del salmo 78,24: “Les dio a comer pan del cielo”.
Jesús hace, entonces, una relectura de ese versículo y se aplica a sí mismo las tres características del maná: Lo da el Padre, ha bajado del cielo y da la vida al mundo (v.33).
A partir de aquí, comienza el discurso de Jesús en el que se revela a sí mismo como “Yo soy el pan de vida… he bajado del cielo” (vv.35.38). Y la voluntad de Dios es que creamos en su Hijo y tengamos vida eterna (v.40). Es la finalidad del evangelio de Juan, según su primer epílogo: el evangelio ha sido escrito “para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su  nombre” (Jn 21,30).
- En nuestro evangelio de hoy, retomamos el discurso en el v.41. La reacción de los judíos ante las palabras de Jesús es la murmuración, el escándalo, la incredulidad; una murmuración que, en contexto pascual, evoca la murmuración del pueblo en el desierto por la falta de alimento (Éx 16,2.7.8.12). En esta ocasión murmuran porque no pueden aceptar la encarnación. ¿Cómo puede decir que desciende del cielo aquel galileo cuyo padre y madre conocemos? Los sinópticos refieren también este escándalo, referido a los paisanos de Jesús en Nazaret: “¿No es éste el carpintero, el hijo de María…?” (Mc 6,1-6). Y dice Marcos que no pudo hacer allí ningún milagro por su falta de fe.
- Jesús les pide que no murmuren. La actitud ante Jesús ha de ser venir a él y creer en él (vv. 44.45.47), expresiones que son equivalentes. Podemos venir a Jesús porque el Padre nos atrae a él. Citando a Is 54,13, Dios mismo nos enseña a ir a Jesús. Quien escucha a Dios y aprende de Él, va a Jesús, imagen de Dios invisible (Jn 12,45; 14,7-9; Col 1,15). Como apunta el relato de la transfiguración, el Padre tira de nosotros hacia Jesús, a escucharlo y creer en él: “Éste es mi Hijo amado, escuchadlo” (Mc 9,7).
- El que cree, tiene vida eterna (v.47), una vida abundante que comienza ya en el presente y que se prolongará en la vida de resucitados. La vida eterna, según Jn 17,3, es conocer al Padre y a su enviado, Jesucristo. Conocer al Padre y al Hijo es amar  (1 Jn 4,7), permanecer en él por el amor (1 Jn 4,12.16), vivir como vivió Jesús (1Jn 2,6), vivir nuestra filiación divina, que es nuestra identidad más profunda (1Jn 3,1).
- En esta primera parte del discurso, Jesús como pan de vida (vv.35.48) que sacia el hambre y la sed de quien cree en él (v.35) evoca la Sabiduría del A.T. Allí se habla de comer el banquete de la Sabiduría (Prov 9,5s; Sir 24,18-25; Is 55,1-5), el pan de inteligencia (Eclo 15,3). E incluso se habla de comer el rollo de la Palabra (Ez 3,3). Jesús es la Palabra-Sabiduría del Padre hecha carne para que comamos-creamos en ella.
- En la segunda parte del discurso (vv.51b-58), los términos claves son dar (entregar), carne, comer (masticar) y beber. Hay una clara alusión a la Eucaristía y a la muerte de Jesús, a Jesús que se entrega a sí mismo por la vida del mundo (1 Cor 11,24; Lc 22,19 y paralelos).
- La invitación de Jesús a comer su “carne” (sarx, no soma-cuerpo, para subrayar la verdadera encarnación) provoca, no solo la murmuración de los judíos, sino una discusión en torno a cómo puede ser esto. Jesús responde, hablando con autoridad (“amén, amén”): hay que comer (masticar) su carne y beber su sangre para tener vida en nosotros; hay que entrar en comunión con su persona, hacerse uno con él, como él es uno con el Padre. Al participar de la eucaristía, permanecemos en él como el sarmiento está unido a la vid (Jn 15,4-7). Lo mismo que Jesús vive por el Padre, al que Juan llama “el que vive”, “el que tiene la vida”, la fuente de la vida (cf.5,26), así también quien “come” a Jesús tendrá su misma vida (v.57)

CUANDO MEDITES

1. Los judíos murmuraban… Se escandalizaban de Jesús… Discutían cómo puede darnos a comer su carne… Jesús pide que creamos en Él, que nos alimentemos de él, que permanezcamos en él, que vivamos como vivió él, con sus actitudes, sus preferencias, su fe en el Padre… ¿Puedes decir que permaneces en Jesús y que Él vive en ti (cf. Gál 2,20)?
2. Fíjate en las veces que aparece el término vida. ¿De qué vida habla Jesús? ¿Cómo sientes que participas tú, en el presente, de esa vida abundante de Dios?
3. Jesús es Palabra-Sabiduría. ¿Escuchas a Jesús? ¿Es él tu único Maestro?...  Jesús es Pan-Eucaristía. Es pan tomado, bendecido, partido y entregado para la vida del mundo… ¿Reconoces que tu vida es, como la suya, pan que se parte y se entrega a los demás? ¿Vives las celebraciones eucarísticas con el deseo de que Jesús te transforme en aquello que recibes?
CUANDO ORES

- Da gracias a Jesús por ser el pan que se entrega para la vida del mundo…, por ser tu alimento en  la Palabra, en la Eucaristía y en su continua presencia en los otros, en el mundo, en la historia…
- Pídele que te transforme en aquello que recibes para que puedas ser, también tú, pan para otros…
- Puedes terminar rezando el siguiente poema-oración de Pedro Casaldáliga: Eucaristía
Mis manos, esas manos y Tus manos
hacemos este gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
Las vidas en Tu Muerte y en Tu Vida.
Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de Dios, Ciudad de los Humanos.
Comiéndote sabremos ser comida.

El vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu Memoria,
marchamos hacia el Reino haciendo historia,

fraterna y subversiva Eucaristía. 
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Lectio divina preparada por Conchi López, pddm (Equipo de animación de San Francisco de Borja, Madrid)

martes, 18 de marzo de 2014

Danos siempre de ese pan

Lectio divina de Juan 6,22-40

22A la mañana siguiente la gente que se había quedado en la otra orilla vio que allí no había más que un bote, siendo así que los discípulos se habían ido solos y Jesús no se había ido con ellos. 23Desde Tiberíades llegaron otras barcas cerca del lugar donde el Señor dio gracias y ellos comieron el pan. 24Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron en los botes y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús. 25 Lo encontraron a la otra orilla del lago y le preguntaron: -Rabí, ¿cuándo llegaste aquí? 26Jesús les respondió: -Os aseguro que me buscáis, no por las señales que habéis visto, sino porque os habéis hartado de pan. 27Trabajad no por un sustento que perece, sino por un sustento que dura y da vida eterna; el que os dará este Hombre. En él Dios Padre ha puesto su sello.
28 Le preguntaron: -¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios? 29 Jesús les contestó: -La obra de Dios consiste en que creáis a aquél que él envió.
 30Le dijeron: -¿Qué señal haces para que veamos y creamos? ¿En qué trabajas? 31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo. 32 Les respondió Jesús: -Os lo aseguro, no fue Moisés quien os dio pan del cielo; es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo. 33 El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.
 34 Le dijeron: -Señor, danos siempre de ese pan. 35 Jesús les contestó: -Yo soy el pan de la vida: el que acude a mí no pasará hambre, el que cree en mí no pasará nunca sed. 36 Pero ya os dije que, aunque [me] habéis visto, no creéis. 37 Los que el Padre me ha confiado vendrán a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera; 38 porque no bajé del cielo para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 39 Y ésta es la voluntad del que me envió, que no pierda a ninguno de los que me confió, sino que los resucite [en] el último día. 40 Porque ésta es la voluntad de mi Padre, que todo el que contempla al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré [en] el último día.

CUANDO LEAS

Lo central de este fragmento bíblico es el pan, a juzgar por las veces que se repite y por la profundidad con que el evangelista lo plantea. El tema sería el pan que Jesús da y que Él mismo es. Al igual que el pueblo de Israel en el desierto tuvo miedo a pasar hambre y sed y Dios lo alimentó con el maná, Dios mismo alimenta a sus discípulos con el pan de vida que es Jesús.
Si nos fijamos en la estructura dialogal del texto podemos dividirlo en 4 partes:
a)      Jn 6,22-27: Comienza con la sorpresa de la gente: -Rabí, ¿cuándo llegaste aquí? Están buscando a Jesús pero, incluso, cuando le encuentran siguen estando lejos pues mientras la gente busca el alimento que perece, Jesús les habla del que no perece. Al final acaba con una promesa: el Hijo del Hombre en quien el padre ha puesto su sello les dará el buen alimento.
b)  Jn 6,28-29: Abre el diálogo una nueva pregunta del pueblo: -¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios?. El pueblo pone en relación el trabajo con el alimento, el “ganarse el pan”. La respuesta de Jesús es que tienen que creer en Él pues Él es el pan y el alimento que les sacia.
c)    Jn 6,30-33: De nuevo, el pueblo pregunta con tono de reproche: -¿Qué señal haces para que veamos y creamos? ¿En qué trabajas?. Jesús responde con tres contraposiciones: (1)  no Moisés sino mi padre; (2) no dio sino da; (3) no el pan del cielo sino el verdadero pan del cielo. Estos contrastes realzan que no fue Moisés el que les entregó el pan del cielo sino que es Dios-Padre el que da ahora el verdadero pan del cielo que es Jesús.
d)     Jn 6,34-40: El pueblo dice: ¡Danos siempre de ese pan!. Jesús añade que Él mismo es el pan y el agua y que quien crea en Él no tendrá ni hambre ni sed.

Al final y a modo de conclusión Jesús entra en otra dimensión relacionada con la fe en su procedencia, la seguridad a través de su protección, la vida en la eternidad y la resurrección en el último día.

CUANDO MEDITES

.- El pueblo buscaba a Jesús porque se había hartado de pan. ¿Qué hambre o sed me ayuda a mí a buscar a Jesús?, ¿cuál es mi hambre y mi sed más profunda?
.- El trabajo en el ámbito de la fe es creer. ¿cómo es mi fe?, ¿en qué medida siento que ha crecido y en qué medida siento que necesita crecer?

CUANDO ORES

Puedes utilizar la oración del pueblo: Danos siempre de ese pan!  También te puede ayudar esta oración de José María Olaizola, sj: Pan

Pan para saciar
el hambre
de todos.
Amasado despacio,
cocido en el horno
de la verdad hiriente,
del amor auténtico,
del gesto delicado.

Pan partido,
multiplicado al romperse,
llegando a más manos,
a más bocas,
a más pueblos,
a más historias.

Pan bueno,
vida
para quien yace
en las cunetas,
y para quien dormita
ahíto de otros manjares,
si acaso tu aroma
despierta en él la nostalgia
de lo cierto.

Pan cercano,
en la casa que acoge
a quien quiera compartir
un relato,
un proyecto,
una promesa.

Pan vivo,
cuerpo de Dios,
alianza inmortal,
que no falte
en todas las mesas.

………….

Sigo a VAN TILBORG, S. Comentario al evangelio de Juan. Estella (Navarra), Verbo Divino, 2005. 13-36.
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Lectio divina preparada por Azucena Fernández (Equipo de animación de San Francisco de Borja, Madrid)

lunes, 3 de marzo de 2014

Jesús camina sobre el mar... 'Soy yo, no temáis'

Lectio divina de Juan 6,16-21

16 Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, 17 embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; 18 soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. 19 Habían remado unos veinticinco o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron. 20 Pero él les dijo:
–Soy yo, no temáis.
21 Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra enseguida, en el sitio a donde iban.

CUANDO LEAS

- Observa que nuestro pasaje de hoy se encuentra en el capítulo 6, que se podría titular como «Jesús y la Pascua» (mencionada en 6,4). El capítulo empieza con la multiplicación de los panes, al que sigue un largo discurso sobre el pan de vida, en cuyo trasfondo está el «pan del cielo» que es el maná (Ex 16,4).
- Fíjate en la situación de nuestro pasaje, precisamente entre la multiplicación de los panes y el discurso del pan de vida.
- Repara en el esquema del pasaje: los discípulos parten solos hacia Cafarnaún, pero surge un problema: las aguas se encrespan tras levantarse un fuerte viento, y siendo encima noche cerrada. El problema se resolverá cuando Jesús se encuentre con ellos: sin ni siquiera recogerlo en la barca, esta «tocó tierra enseguida, en el sitio a donde iban».
- Date cuenta de que el pasaje recuerda:
* por una parte, algunos textos del Antiguo Testamento, donde Dios aparece como Señor de los elementos: Ex 14-15; Sal 29; 77,17-21; 89,10-11, etc. Algunos de estos textos podrían contener restos de antiguas teogonías (luchas de dioses);
* por otra, el episodio de la tempestad calmada que cuentan los sinópticos: Mt 8,23-27; Mc 4,35-41; Lc 8,22-25, aunque en nuestro texto la narración resulta mucho menos «dramática»
- Observa algunas expresiones concretas del pasaje:
* las únicas palabras que se pronuncian en el texto están dichas por Jesús: «Soy yo, no temáis». Este «Yo soy» es característico de Juan. Indica la llegada de Jesús a los suyos como Señor, ya que recuerda el «Yo soy» del Éxodo (3,14)
* «Empezaron la travesía»: podría traducirse también como «intentaban atravesar el mar», lo cual subrayaría el esfuerzo humano (aunque estéril, porque la situación es difícil, ya que el mar se encrespa, el viento sopla, es de noche…)
* «Querían recogerlo a bordo». El verbo griego lambanein (recibir) ya ha sido utilizado por Jn antes: «A cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios» (1,12)
* «En el sitio a donde iban»: recuerda la expresión final del Salmo 107 donde también se describe una tormenta marina (vv. 23-30), «Se alegraron de aquella bonanza y él [Dios] los condujo al ansiado puerto» (v. 30).

CUANDO MEDITES

- Piensa en Jesús y la Pascua. Igual que Dios divide las aguas en el Éxodo para que su pueblo pueda entrar en la tierra prometida, también Jesús calma la tempestad en el lago de Genesaret para que sus discípulos lleguen a su destino, «el sitio a donde iban». ¿Cuál es ese sitio para nosotros? ¿Y el mar o la tormenta que el Señor tiene que domeñar?
- Reflexiona sobre el misterio de la relación entre Dios Padre y Jesús: el dominio de los elementos y las palabras que dirige a sus discípulos –«Yo soy»– le sitúan a la altura del Dios del Antiguo Testamento.
- Medita sobre los esfuerzos que solemos (o hemos solido) hacer los cristianos para tratar de «ganarnos» la salvación, olvidando que esa salvación es cosa de Dios, que la da gratuitamente con solo acoger a Jesús con confianza. 

CUANDO ORES

- Pide al Señor que calme la tormenta que se cierne una y otra vez sobre nuestra vida, que abra camino en el mar para que podamos pasar a la tierra que mana leche y miel. Pide también que sepamos acogerle y hacerle sitio en nuestra barca.
- Da gracias al Padre por Jesús, porque él es la imagen del Dios invisible y primogénito de toda la creación (Col 1,15). Así, gracias a él podemos ver a Dios, saber cómo es y conocer el camino que lleva a su casa.
- Alaba a Dios, cuyo mayor deseo es que seamos hijos suyos en su Hijo.
Acabamos la oración recitando todos juntos el fragmento del Salmo 107 citado, viéndonos a nosotros mismos en esa barca zarandeada por las olas y el viento, y por fin a salvo de la tormenta gracias a la acción del Señor.

Entraron en naves por el mar,
comerciando por las aguas inmensas.
Contemplaron las obras de Dios,
sus maravillas en el océano.

Él habló y levantó un viento tormentoso,
que alzaba las olas a lo alto:
subían al cielo, bajaban al abismo,
se sentían sin fuerzas en el peligro,
rodaban, se tambaleaban como borrachos,
y no les valía su pericia.

Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.
Apaciguó la tormenta en suave brisa,
y enmudecieron las olas del mar.
Se alegraron de aquella bonanza,
y él los condujo al ansiado puerto (vv. 23-30).

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Lectio divina preparada por Pedro Barrado (Equipo de animación de San Francisco de Borja, Madrid)