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miércoles, 30 de octubre de 2013

Zaqueo, hoy a llegado la salvación a tu casa...

LEEMOS Sabiduría 11,22-12,2 y LUCAS 19,1-9

Sabiduría (11,22–12,2)

Tú te compadeces de todos, porque todo lo puedes y no te fijas en los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. ¿Cómo podrían existir los seres, si tú no lo hubieras querido? ¿Cómo podrían conservarse, si tú no lo ordenaras? Tú tienes compasión de todos, porque todos, Señor, te pertenecen y amas todo lo que tiene vida, porque en todos los seres está tu espíritu inmortal. Por eso, a los que pecan los corriges y reprendes poco a poco, y les haces reconocer sus faltas, para que apartándose del mal crean en ti, Señor.

Lucas (19,1-10)

1Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. 2Vivía en ella un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico. 3 Buscaba ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. 4 Así que se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. 
5 Al llegar allí, Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja en seguida porque hoy he de quedarme en tu casa.» 
6 Zaqueo bajó aprisa, y con alegría recibió a Jesús. 7Al ver esto comenzaron todos a criticar a Jesús, diciendo que había ido a quedarse en casa de un pecador. 
8 Pero Zaqueo, levantándose entonces, dijo al Señor: «Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes; y si he robado algo a alguien, le devolveré cuatro veces más.» 9 Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque este hombre también es descendiente de Abraham. 10 Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido.»


Sobre el texto de Lucas

- Lucas sitúa el relato de Zaqueo al final del viaje de Galilea a Jerusalén (9,51-19,27), en una sección que T.W. Manson ha titulado “el evangelio de los excluidos”, y que abarca los capítulos 15 al 29.
-  Jericó. Jesús va subiendo a Jerusalén y atraviesa Jericó, conocida en el evangelio por el famoso relato de la curación del ciego Bartimeo quien, en el evangelio de Marcos, se convierte en prototipo del buen discípulo (Mc 10,52).
Jesús encuentra a este ciego (sin nombre en Lc) a la entrada de la ciudad. Atravesando la ciudad, otro hombre saldrá  a su encuentro y encontrará en Jesús la respuesta a todas sus búsquedas.
- Zaqueo es nombre semítico y su portador debía de ser judío. El v. 2 lo caracteriza por su oficio (jefe de publicanos) y su posición social (rico). Este hombre “buscaba” ver a Jesús. Dos verbos importantes. El verbo “buscar” en Lucas designa la búsqueda de la verdad, la salud, el sentido de la vida o la salvación. En 11,9, Jesús dice: “Buscad y hallaréis”, y en 9,9, Herodes “buscaba” ver a Jesús, un deseo que cumple durante su proceso (Lc 23,8).
En todos los evangelios, Jesús es buscado por todo el mundo: Pedro y los demás (Mc 1,35); los judíos (Jn 6,26; 7,11; 11,56); los griegos (12,20-21)… Todos quieren verlo, tocarlo, estar cerca… Muchos, buscando recibir de él la vida. Otros, buscando quitársela…
Zaqueo busca ver quién es Jesús. No lo conoce, pero ha oído hablar de él. A pesar de su riqueza, su vida no está satisfecha y su inquietud lo lleva a acercarse a Jesús. Lucas usa el verbo ver una metáfora del conocimiento, del amor y de la fe (Recordemos el hombre de la mano seca, en Lc 6,6 o la mujer que sufría flujos de sangre, Lc 8,43)

- Zaqueo es pequeño de estatura y la gente, que aparece aquí por primera vez, es un obstáculo para que él pueda acceder a Jesús. Sin embargo, Zaqueo se pone en movimiento. Vence los obstáculos. Sube a un árbol y espera que Jesús pase. Sin embargo, las expectativas de este hombre quedan ampliamente superadas por Jesús, que no solo pasa cerca, sino que se detiene, mira a Zaqueo y le dirige la palabra: “Zaqueo, baja en seguida porque hoy he de quedarme en tu casa.” Jesús conoce a Zaqueo por su nombre. El adverbio “hoy” sugiere que Dios va a intervenir salvando, en el presente, a este hombre por medio de Jesús. En Jesús está actuando todo el poder salvador de Dios (cf. Lc 2,11; 4, 21; 5, 26; 11,3; 23, 43).
Zaqueo recibe la disposición de Jesús con alegría y lo acoge en su casa según la hospitalidad judía habitual. Para Lucas, la presencia de Dios en la vida de las personas no puede sino producir alegría. Hay un contraste entre Zaqueo un hombre rico que rechazó la propuesta de Jesús y se alejó lleno de tristeza (cf. Lc 18,23).
- La alegría de Zaqueo provoca la reacción negativa y crítica de la gente. Lucas nos ha acostumbrado a recriminaciones envidiosas situadas cerca de episodios de perdón, reconciliación, curación o liberación (cf. Lc 5,30; 15,2).
Entonces, y como consecuencia del encuentro con Jesús, en Zaqueo se produce una transformación profunda que le lleva a tomar una decisión ética: repartir la mitad de sus bienes a los pobres y dar cuatro veces lo robado a aquellos a quienes había defraudado. Es verdad que Zaqueo no vende todos sus bienes (cf. 12,33; 14, 33; 18,22), pero el episodio pone el acento en la amplitud del don y en el valor del gesto. El gesto de dar el cuádruplo pudo estar inspirado en un mandato aislado de la ley de Moisés (el caso aislado de la restitución de cuatro corderos por uno robado, Éx 22,1; 2 Sam 12,6), pero más probablemente por una regla del derecho romano, vigente en la provincia de Judea.
- Ahora Zaqueo es verdadero hijo de Abrahán porque no se ha contentado con decirse en su interior, de forma vacía y autocomplaciente: “tengo por padre a Abrahán”, sino porque ha dado frutos dignos de conversión (cf. 3,8).
El que buscaba ver a Jesús ha sido buscado, mirado y encontrado por él. La frase del v. 10 resume la esencia del evangelio de Lucas: Jesús ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido porque ese es el deseo del Padre, tal y como reflejan las parábolas de la misericordia (Lc 15) y textos veterotestamentarios como el de Ez 34,15-16.

(cf. François Bobon, El evangelio según San Lucas, Vol IV, Sígueme 2002)

CUANDO MEDITES

Trata de descubrir lo que ambos textos quieren comunicarnos en torno a la imagen de Dios: Amigo de la vida. Imagen provocativa, escandalosa que denuncia nuestras falsas imágenes de Dios, que no son cristianas: “a todos perdonas, porque son tuyos” (v.26).
Toma conciencia de cómo Dios quiere la conversión del pecador “poco a poco” (v.2), dándonos el tiempo necesario para que podamos creer en El y acercarnos a Él, como Zaqueo.
Detecta lo que te impide acoger esta imagen de Dios; los obstáculos para ver a Jesús, como a Zaqueo… Pregúntate: ¿Soy yo un obstáculo o soy una ayuda y un cauce para que los demás se encuentren con Jesús? ¿Soy transparencia de Jesús o soy opacidad que impide que los demás lo vean a Él?
Contempla cómo se va construyendo el Reino. Porque Dios reina precisamente perdonando y salvando a los que andan perdidos. Y solamente quien acoge en su casa esta misericordia tan inmerecida puede de verdad experimentar la alegría de la conversión.

CUANDO ORES

- Alaba la grandeza de Dios, su amor creador que nos llama a la existencia.
- Agradece la compasión, el perdón recibido. Siéntete criatura: “todos llevan tu soplo incorruptible” (12,1). El Espíritu del Señor nos habita. “Todo concurre al bien...” dirá Pablo en Rm 8, 28.  Renueva los sentimientos de confianza en un amor de tal totalidad.

- Gusta la cercanía de Dios que se nos hace presente en la iniciativa de Jesús. Lo puedes contemplar en Zaqueo como en tu propia historia personal. Saborea  cómo el Señor puede sacar del pecador lo mejor de sí mismo, la generosidad, entrega: “Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres...” (v. 8).

- Termina la oración ofreciéndote a ser instrumento de perdón y misericordia para otros.   

- Textos que pueden ayudarte a orar:

Salmo 144,1-2.8-9.10-11.13cd-14

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; 
bendeciré tu nombre por siempre jamás. 
Día tras día, te bendeciré 
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
El Señor es clemente y misericordioso, 
lento a la cólera y rico en piedad; 
el Señor es bueno con todos, 
es cariñoso con todas sus criaturas.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, 
que te bendigan tus fieles; 
que proclamen la gloria de tu reinado, 
que hablen de tus hazañas. 
El Señor es fiel a sus palabras, 
bondadoso en todas sus acciones. 
El Señor sostiene a los que van a caer, 
endereza a los que ya se doblan. 

Tu sabiduría

Tu sabiduría es sorpresa para el niño,
desafío para el que busca
y promesa para el que sueña.

Tu sabiduría es necia
para quien quiere ser Dios,
pero cierta para quien se sabe
humano,
finito y frágil.

Tu sabiduría es cruz donde se alza
el que ofrece un brazo amigo,
una palabra cierta,
un encuentro liberador.

Tu sabiduría es llave que abre
portones largo tiempo cerrados
y trae a nuestras estancias
un aire de libertad y gozo,
de comunión y fiesta.

Haznos sabios, señor,
con esa sabiduría tuya
de evangelio y reino,
de camino y mesa.


José Mª Rodríguez Olaizola, sj


domingo, 27 de octubre de 2013

Lectio Divina de los evangelios dominicales - Ciclo C

Calendario de Lectio Divina de los evangelios dominicales del Ciclo C, diciembre de 2012 a noviembre de 2013:

Hijo pródigo, Sieger Köger

I Adviento: Lucas 21,25-28.34-36
II Adviento: Lucas 3,1-6
III Adviento: Lucas 3,10-18  - Otra propuesta de lectura orante en www.discipulasdm.es
IV Adviento: Lucas 1,39-45

Solemnidad de la Inmaculada: Lucas 1,26-38
Navidad: Juan 1,1-18
Fiesta de la Sagrada Familia: Lc 2, 41-52
Solemnidad de Santa María, Madre de Dios: Lc 2,16-21
Solemnidad de la Epifanía: Mt 2,1-12

Bautismo del Señor: Lc 3,15-16.21-22
II Tiempo Ordinario: Jn 2,1-11
III Tiempo Ordinario: Lc 1,1-4; 4, 14-21
IV Tiempo Ordinario: Lc 4,21-30
V Tiempo Ordinario: Lc 5,1-11

I Cuaresma: Lc 4,1-13
II Cuaresma: Lc 9,28b-36
III Cuaresma: Lc 13,1-9; Primera lectura: Éxodo 3,1-13
IV Cuaresma: Lc 15,1-3.11-32
V Cuaresma: Jn 8,1-11
Domingo de Ramos: Lc 19,28-40

Vigilia Pascual: Lc 24,1-12
I Domingo de Pascua: Jn 20,1-9
II Domingo de Pascua: Jn 20,19-31
III Domingo de Pascua: Jn 21,1-19
IV Domingo de Pascua: Jn 10,27-30
V Domingo de Pascua: Jn 13,31-33a.34-35
VI Domingo de Pascua: Jn 14,23-29
Ascensión del Señor: Lc 24,46-53
Solemnidad de Pentecostés: Jn 14,15-16.23b-26
Solemnidad de la Santísima Trinidad: Jn 16,12-15
Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo: Lc 9,11b-17

X Tiempo Ordinario: Lc 7,11-17
XI Tiempo Ordinario: Lc 7,36-8,3
XII Tiempo Ordinario: Lc 9,18-24
XIII Tiempo Ordinario: Lc 9,51-62
XIV Tiempo Ordinario: Lc 10,1-12.17-20
XV Tiempo Ordinario: Lc 10,25-37
XVI Tiempo Ordinario: Lc 10,38-42
XVII Tiempo Ordinario: Lc 11,1-13
XVIII Tiempo Ordinario: Lc 12,13-21
XIX Tiempo Ordinario: Lc 12,32-48

XX Tiempo Ordinario: Lc 12,49-53
XXI Tiempo Ordinario: Lc 13,22-30
XXII Tiempo Ordinario: Lc 14,1.7-14
XXIII Tiempo Ordinario: Lc 14,25-33
XXIV Tiempo Ordinario: Lc 15,1-32; Lc 15,11-32
XXV Tiempo Ordinario: Lc 16,1-13
XXVI Tiempo Ordinario: Lc 16,19-31
XXVII Tiempo Ordinario: Lc 17,5-10
XXVIII Tiempo Ordinario: Lc 17,11-19; propuesta de oración de rezandovoy
XXIX Tiempo Ordinario: Lc 18,1-8

XXX Tiempo Ordinario: Lc 18,9-14
XXXI Tiempo Ordinario: Lc 19,1-10
XXXII Tiempo Ordinario: Lc 20,27-38
XXXIII Tiempo Ordinario: Lc 21,5-19
Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo: Lc 23,35-43

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miércoles, 23 de octubre de 2013

La parábola del fariseo y el publicano

Oramos el evangelio de Lucas 18,9-14
™
Canto: Espíritu de Dios (Glenda)
Espíritu, Espíritu de Dios,
Espíritu, Espíritu de Dios,
en tu amor, en tu amor quiero vivir,
en tu amor, en tu amor quiero vivir.

En tu paz, en tu paz quiero estar.
En tu paz, en tu paz quiero estar.
Hazme vivir en ti y en tu bondad,
Hazme vivir en alegría,
en mansedumbre y dominio de mí.

En libertad, en libertad, hazme andar.
En fortaleza, en fidelidad, hazme andar.
En libertad, en libertad, hazme andar.
En fortaleza, en fidelidad, hazme andar.

Quiero dejarte ser, quiero dejarte actuar,
Quiero que habites tú mi vida,
Quiero, quiero que vivas en mí.
Quiero, quiero que vivas en mí.

Espíritu, Espíritu de Dios
Espíritu, Espíritu de Dios,
Espíritu, Espíritu de Dios,
Espíritu, Espíritu de Dios.


 LEEMOS LUCAS 18, 9-14

9 Dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola:
10 Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano.
11 El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: "¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. 12 Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias."
13 En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!"
14 Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»
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ð La parábola del fariseo y el publicano, exclusiva de Lucas como tantas otras parábolas (cf. Lázaro y el rico, Lc 16,19-31; El hijo pródigo, Lc 15,11-32; El buen samaritano, Lc 10,29-37…) sirve de complemento a la del juez injusto y la viuda insistente (Lc 18,1-8). Las dos enseñan algo sobre el tema de la oración y las dos hablan de la justicia. Respecto a la oración, la parábola del juez injusto pretende mostrar la necesidad de orar insistentemente, con constancia y sin desfallecer. La parábola de hoy enseña que hay que orar con humildad ante Dios.
Respecto a la justicia, Lc 18,9-14 expone, en forma de parábola, lo que Pablo enseña una y otra vez en sus cartas, sobre todo en las cartas a los Gálatas y a los Romanos: que la persona no se hace justa a sí misma por cumplir las obras de la ley, sino que todos somos hechos justos por la gracia, por el amor gratuito de Dios que nos perdona y nos recrea.
La parábola enseña también que el ser humano deja de ser justo por el orgullo y es justificado por Dios en la humildad.

ð La parábola tiene cuatro partes:

1. Introducción (vv.9-10): Destinatarios de la parábola y ambientación.

a) Destinatarios, v.9: Jesús dirige la parábola a “algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás”. No va dirigida al grupo de los fariseos en su totalidad, porque no todos los fariseos se tenían por justos y despreciaban a su prójimo. Va dirigida a algunos fariseos orgullosos que presumían de sus logros y sus méritos ante Dios, creyéndose mejores que los demás.
El desprecio a los otros viene expresado, en griego, por el verbo esoudeno, que significa, etimológicamente, “tener en nada”, despreciar con un desprecio mortal. Lucas emplea este verbo en el relato de la pasión: el rey Herodes desprecia a Jesús de esta misma manera (Hch 23,11).
No es la primera vez que Jesús les dedica una parábola a este grupo de personas. Las parábolas de la misericordia también van dirigidas a ellos principalmente. La situación es la misma: los fariseos y escribas murmuran despectivamente contra Jesús porque “acoge a los pecadores y come con ellos” (cf. Lc 15,1-3). Fariseos y escribas son hombres escrupulosamente cumplidores de la ley de Moisés y de las tradiciones judías. Pero no han comprendido lo que significa “misericordia quiero y no sacrificio” (cf. Mt 12,7; Os 6,6).

b) Ambientación, v.10: Jesús presenta a los dos protagonistas de la parábola: dos hombres que van al templo a orar. Uno fariseo y otro, publicano. El contraste es llamativo. Religiosamente, los fariseos son los perfectos, mientras que los publicanos son los prototipos de la gente moralmente reprobable. Publicano era, en tiempo de Jesús, un judío que se dedicaba a cobrar los impuestos que la potencia ocupante exigía. Parece que la palabra telonés hacía referencia a los que tenían su puesto en las entradas de las ciudades o en las fronteras para cobrar las tasas establecidas. Eran considerados pecadores públicos por dos razones. Primero, porque colaboraban con el imperio romano, y ningún judío podía reconocer otra autoridad que no fuera la de Dios. Segundo, porque se veían obligadas a cobrar más de lo establecido porque no tenían otra retribución.
2. Oración del fariseo, vv.11-12: El fariseo ora “erguido”. Salvo para las inclinaciones prescritas, la costumbre judía era rezar de pie. La oración denominada las “Dieciocho bendiciones” es llamada también Amidah, es decir, oración para rezar de pie. Sin embargo, podemos preguntarnos si al indicar esta posición, en contraste con la postura del publicano, no pretende sugerir Lucas, polemizando, que el fariseo ora con una actitud altanera. Por otra parte, ora “vuelto hacia sí mismo”, extasiado ante su propia santidad, pues se consideraba justo por mérito propio. Aunque su oración es de gratitud, los motivos de esa gratitud no son buenos. Su gratitud no está centrada en Dios, sino en sí mismo. En su acción de gracias presume de sí, a la vez que juzga y descalifica a los demás hombres, que son, según él, “ladrones, injustos y adúlteros”, y se considera mejor que ellos.
Alardea, además, de sus obras: ayuna dos veces por semana y da el diezmo de todas sus ganancias. El ayuno del Yom Kippur, y los mencionados en Zac 8,18-19, así como el del día 9 del mes Av, que conmemoraba la destrucción del primer y del segundo Templo eran un deber nacional. El texto lucano, junto con la Didaché (8,1) es uno de los testimonios más antiguos sobre el ayuno de los lunes y los jueves, facultativo para los judíos. (Para diferenciarse de ellos, los cristianos escogieron para ayunar los miércoles y viernes). Este judío fariseo hacía más de lo obligatorio, por tanto. Respecto al diezmo, Jesús reprocha a los fariseos, en 11,42, el olvido de los grandes mandamientos, de las obras de amor, mientras se observa escrupulosamente el diezmo.
Oración, limosna y ayuno eran las tres obras de justicia de todo buen judío (cf. Mt 6,1-6; 16-18). Y Jesús previene a sus discípulos en el sermón del monte de no practicar esa justicia “nuestra” para ser vistos por los demás sino en el secreto de Dios y por amor a Él.
Las obras y sacrificios de este fariseo se han convertido en injusticia, pues están llenas de orgullo y vacías de misericordia.
3. Oración del publicano, v.13: Conocemos a dos publicanos con nombre, en el evangelio. Uno es Mateo, llamado por el Señor mientras estaba sentado en el mostrador de los impuestos (cf. Mt 9,9), y otro es Zaqueo, que aparece solo en el evangelio de Lucas (19,1-10). El paso de Jesús por sus vidas las cambió completamente y, en el caso de Zaqueo (“hombre pecador”, según la gente que murmuraba cuando Jesús decide hospedarse en su casa), hizo que repartiera la mitad de sus bienes a los pobres y devolviera cuatro veces más de lo robado…
No todos los publicanos, sin embargo, se arrepintieron de su vida injusta y se convirtieron de este modo. Pero el publicano de la parábola parece que ha tomado plena conciencia de su pecado, se pone en camino hacia el templo, para orar, se muestra arrepentido y pide a Dios que se reconcilie con él. El imperativo que utiliza, “reconcíliate conmigo”, no equivale exactamente a “ten compasión de mí” (Lc 18,38-39), pues hace más hincapié en el restablecimiento de una relación que en la compasión.
La oración del publicano denota confianza en el Dios que “perdona todas las culpas”, que “no está siempre acusando”, que es “compasivo y misericordioso, rico en amor y en fidelidad”.
4. Conclusión: La parábola termina con una frase que Jesús repetía con frecuencia: “El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”. Dios pone del revés nuestra forma de pensar y de juzgar. Dios mira con ojos distintos la realidad, como podemos comprobar al leer, con atención, el Magníficat de María.

MEDITAMOS

à De los dos personajes del evangelio, inmediatamente sentimos rechazo hacia la actitud del fariseo y nos parece que nosotros no somos así. Sin embargo, ¿Cuántas veces no nos sorprendemos a nosotros mismos criticando, juzgando y descalificando a aquellos que son distintos a nosotros?¿Cuántas veces no criticamos a algunos cristianos porque son demasiado “conservadores”, demasiado “progres”, demasiado “cerrados”, demasiado “abiertos”…?¿Cuántas veces no nos consideramos, en el fondo, mejores que los demás?
àLa verdadera humildad es lo único que permite el crecimiento personal. Cuando la persona humilde contempla la interioridad de su vida descubre siempre dos cosas: aquellas de las cuales debe convertirse y aquellas en las cuales debe aceptarse. En definitiva ser humilde es ser sabio. Cuando nos hemos dado cuenta de eso, nuestro corazón está ya abierto a Dios y presto a participar de su ternura. Éste fue el camino del publicano. ¿Qué descubro en mí que debo cambiar o en lo que debo convertirme? ¿Qué descubro en mí que debo aceptar?...
à Medita estas palabras de Simone Weill: "Hay quienes tratan de elevar su alma como quien se dedica a saltar continuamente, con la esperanza de que, a fuerza de saltar cada vez más alto, llegue el día en que alcance el cielo para no volver a caer. Pero si miramos largamente al cielo, Dios desciende y nos toma fácilmente. Como dice Esquelo: 'Lo divino es ajeno al esfuerzo'. Hay en la salvación una facilidad más difícil para nosotros que todos los esfuerzos."

ORAMOS

à Date cuenta de que ya estás en presencia del Dios de la misericordia. Siente que te busca, como a la oveja perdida; sale a tu encuentro, como el Padre del hijo pródigo; te acoge como eres, como al publicano. Preséntale tu realidad, tus logros, tus retos en el camino de la verdadera humildad.
à Siéntete humilde y sabio en las entrañas del Dios de la misericordia. Recuerda las palabras de Jesús: "… aprended de mí que soy sencillo y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras vidas" (Mt 11,29). Déjate descansar en Dios. Pide también el descanso para otros.
à María es el modelo de humildad ante el Señor. Ella, mejor que nadie, nos ha mostrado la realidad de un corazón abierto ante Dios; un corazón humilde, pobre y sabio. Oramos el Magnificat.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora todas las generaciones me llamarán dichosa,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. 
..........................

(cf. Nuria Calduch, Misa Dominical, CPL)

sábado, 1 de junio de 2013

Esto es mi Cuerpo, que se entrega por vosotros

Para orar con Lucas 9,11b-17

Canto: El Señor es mi Pastor

El Señor es mi Pastor,
con Él nada me falta,
en verdes praderas
Él me hace recostar.

1. Me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por sendero justo,
por el honor de su nombre.

2. Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo porque Tú, Tú vas conmigo,
tu vara y tu cayado
me sosiegan.

3. Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos
me unges la cabeza con perfume
y mi copa rebosa.

4. Tu bondad y misericordia me acompañan
todos los días de mi vida.
Y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.


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Oración para disponer el corazón

 1. Te doy gracias, buen Pastor. A tu lado, nada me falta.
Me alimentas y me das todo lo necesario para vivir.
Me conduces hacia fuentes tranquilas y reparas mis fuerzas.

2. Te doy gracias, Pastor y Guardián de nuestras vidas,
que velas siempre por nosotros, nos proteges y nos cuidas.
Aunque camine por cañadas oscuras no tengo miedo a nada
porque Tú estás conmigo.

3. Te doy gracias, Pan de la Vida. Tú calmas mi hambre
de sentido, de felicidad, de Dios.
Tú eres mi Dios vivo, y me llamas a vivir en abundancia.

4. Te doy gracias, Maestro y Señor nuestro,
que lavas los pies de tus discípulos,
enseñándoles un nuevo modo de vivir, de pensar,
de actuar y de amar, sirviendo desde la humildad y sencillez.

5. Que yo me parezca a Ti, Señor Eucarístico,
en la entrega, en la compasión,
en la solidaridad y el compartir,
en el amor al Padre y a la humanidad entera,
con tus mismas entrañas y tu mismo corazón.
Amén.


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Lucas 9,11b-17

11 En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar a la gente del Reino de Dios y curó a los que lo necesitaban.
12 Pero caía la tarde y los Doce se acercaron a decirle: «Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos a descampado».
13 El les dijo: «Dadles vosotros de comer.» Pero ellos respondieron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces;  a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente.»
14 Pues había como 5.000 hombres.
El dijo a sus discípulos: «Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta.»
15 Lo hicieron así, e hicieron acomodarse a todos.
16 Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente.
17 Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos.
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PARA MEDITAR

Cuerpo y Sangre de Cristo

Para celebrar la eucaristía dominical no basta con seguir las normas prescritas o pronunciar las palabras obligadas. No basta tampoco cantar, santiguarse o darnos la paz en el momento adecuado. Es muy fácil asistir a misa y no celebrar nada en el corazón; oír las lecturas correspondientes y no escuchar la voz de Dios; comulgar piadosamente sin comulgar con Cristo; darnos la paz sin reconciliarnos con nadie. ¿Cómo vivir la misa del domingo como una experiencia que renueve y fortalezca nuestra fe?

Para empezar, es necesario escuchar desde dentro con atención y alegría la Palabra de Dios y, en concreto, el evangelio de Jesús. Durante la semana hemos visto la televisión, hemos escuchado la radio y hemos leído la prensa. Vivimos aturdidos por toda clase de mensajes, voces, ruidos, noticias, información y publicidad. Necesitamos escuchar otra voz diferente que nos cure por dentro.
Es un respiro escuchar las palabras directas y sencillas de Jesús. Traen verdad a nuestra vida. Nos liberan de engaños, miedos y egoísmos que nos hacen daño. Nos enseñan a vivir con más sencillez y dignidad, con más sentido y esperanza. Es una suerte hacer el recorrido de la vida guiados cada domingo por la luz del evangelio.

La plegaria eucarística constituye el momento central. No nos podemos distraer. «Levantamos el corazón» para dar gracias a Dios. Es bueno, es justo y necesario agradecer a Dios por la vida, por la creación entera, por el regalo que es Jesucristo. La vida no es sólo trabajo, esfuerzo y agitación. Es también celebración, acción de gracias y alabanza a Dios. Es un respiro reunirnos cada domingo para sentir la vida como regalo y dar gracias al Creador.

La comunión con Cristo es decisiva. Es el momento de acoger a Jesús en nuestra vida para experimentarlo en nosotros, para identificarnos con él y para dejarnos trabajar, consolar y fortalecer por su Espíritu.

Todo esto no lo vivimos encerrados en nuestro pequeño mundo. Cantamos juntos el Padrenuestro sintiéndonos hermanos de todos. Le pedimos que a nadie le falte el pan ni el perdón. Nos damos la paz y la buscamos para todos.
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El episodio de la multiplicación de los panes gozó de gran popularidad entre los seguidores de Jesús. Todos los evangelistas lo recuerdan. Seguramente, les conmovía pensar que aquel hombre de Dios se había preocupado de alimentar a una muchedumbre que se había quedado sin lo necesario para comer.

Según la versión de Juan, el primero que piensa en el hambre de aquel gentío que ha acudido a escucharlo es Jesús. Esta gente necesita comer; hay que hacer algo por ellos. Así era Jesús. Vivía pensando en las necesidades básicas del ser humano.

Felipe le hace ver que no tienen dinero. Entre los discípulos, todos son pobres: no pueden comprar pan para tantos. Jesús lo sabe. Los que tienen dinero no resolverán nunca el problema del hambre en el mundo. Se necesita algo más que dinero.

Jesús les va a ayudar a vislumbrar un camino diferente. Antes que nada, es necesario que nadie acapare lo suyo para sí mismo si hay otros que pasan hambre. Sus discípulos tendrán que aprender a poner a disposición de los hambrientos lo que tengan, aunque sólo sea «cinco panes de cebada y un par de peces».
La actitud de Jesús es la más sencilla y humana que podemos imaginar. Pero, ¿quién nos va enseñar a nosotros a compartir, si solo sabemos comprar? ¿quién nos va a liberar de nuestra indiferencia ante los que mueren de hambre? ¿hay algo que nos pueda hacer más humanos? ¿se producirá algún día ese “milagro” de la solidaridad real entre todos?

Jesús piensa en Dios. No es posible creer en él como Padre de todos, y vivir dejando que sus hijos e hijas mueran de hambre. Por eso, toma los alimentos que han recogido en el grupo, «levanta los ojos al cielo y dice la acción de gracias». La Tierra y todo lo que nos alimenta lo hemos recibido de Dios. Es regalo del Padre destinado a todos sus hijos e hijas. Si vivimos privando a otros de lo que necesitan para vivir es que lo hemos olvidado. Es nuestro gran pecado aunque casi nunca lo confesemos.
Al compartir el pan de la eucaristía, los primeros cristianos se sentían alimentados por Cristo resucitado, pero, al mismo tiempo, recordaban el gesto de Jesús y compartían sus bienes con los más necesitados. Se sentían hermanos. No habían olvidado todavía el Espíritu de Jesús.

José Antonio Pagola

PARA ORAR

™ Oración: Nadie ni nada

Nadie estuvo más solo que tus manos
perdidas entre el hierro y la madera;
mas cuando el pan se convirtió en hoguera
nadie estuvo más lleno que tus manos.

Nadie estuvo más muerto que tus manos
cuando, llorando, las besó María;
mas cuando el vino ensangrentado ardía
nadie estuvo más vivo que tus manos.

Nadie estuvo más ciego que mis ojos
cuando creí mi corazón perdido
en un ancho desierto sin hermanos.

Nadie estaba más ciego que mis ojos.
Grité, Señor, ‘¿por qué te has ido?’
Y Tú estabas latiendo entre mis manos.
                                              
José Luis Martín Descalzo
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™Oración: Mi Cuerpo es comida

Mis manos, esas manos y Tus manos
hacemos este Gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
Las vidas, en Tu muerte y en Tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.
Comiéndote sabremos ser comida.

EI vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu memoria,
marchamos hacia el Reino haciendo Historia,
fraterna y subversiva Eucaristía.   

(Pedro Casaldáliga)


Oración: a Dios, hecho pan, que sale a nuestro encuentro

1. El pan es un derecho, porque es vida,
el primero de todos los derechos.
Sin el pan, ¿de qué sirven los ideales,
declaraciones de principios bellos?
Sin el pan, los discursos no alimentan,
no le ofrezcas papeles al hambriento.
El pan es vida y libertad, es gracia,
y está llamando al compartir fraterno.

2. El pan es para todos, dice Dios.
El pan no es mío, el pan no es tuyo, es nuestro.
Pan de la tierra, vida del hombre,
pan de los campos y del viento,
pan del sol y del agua,
bendición del cielo.

1. Besa el pan que florece en tus manos,
parte el pan, como un sacramento.
Pan bendito, bendición continuada,
pan familiar y fraterno.

2. Pan de ángeles, maná generoso,
que se multiplica en tus dedos.
Es pan de mil sabores exquisitos,
es un pan que sabe a cielo.
Es el pan y la palabra,
pan de justicia y de derechos,
pan de solidaridad y empatía,
que se comparte por entero.
Se hacen pan los hermanos, que se parte.
¡Oh, qué sabroso alimento!

1. Dios hecho pan, pan divino,
es Dios que viene a nuestro encuentro.
Pan dulce, en el cielo fermentado,
un pan fuerte y un pan tierno;
amasado en el seno de una Virgen,
pan entrañable, integral alimento,
cocido en el horno del Espíritu,
pan vivo y verdadero;
nacido en la casa-del-pan, y ofrecido
a los débiles y hambrientos.

TODOS: Pan de Dios, en cada partícula Cristo,
Anuncio de un festín eterno.
Cristo, pan generoso y vivo,
danos tu pan, Padre nuestro.
Pan en todas las mesas del mundo,
que coman los pobres y hambrientos.
Basta tener hambre, tener fe,
Y te saciarás de Dios sacramento.
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Canto: Pan de vida

Señor  Jesús, creemos en ti,
creemos que estás resucitado.
Que estás aquí, que vives en mí,
que permaneces siempre a nuestro lado.

Coro:

Y que tu vida se nos da
en este pan.
Y que tu vida se nos da
en el amor.

Cuando alguien parte su pan,
cuando alguien se comparte,
cuando alguien rompe su vida
por los demás…
Cuando alguien parte su pan,
cuando alguien se comparte,
cuando alguien rompe su vida
por los demás…

… nuestros ojos se abren,
te vemos, Señor.
Sigues siendo pan,
sigues siendo don
para todos.
 
Señor  Jesús, creemos en ti,
en tu Presencia en este pan de Vida.
Aquel que come de este Pan,
por él tendrá tu Vida para siempre.

Coro:

Y vivirá tu compasión, tu perdón.
Y, como tú, se entregará
por amor.


Estribillo