lunes, 5 de noviembre de 2007

En el día de los difuntos (II)

Os confieso que, a menudo, pienso en la muerte.
Sin miedo. Sin obsesión. Como un ingrediente más de la vida.
Bueno, no. Como uno más no, sino como el horizonte último y definitivo al que, en apariencia, está abocada nuestra existencia.
El hombre es un "ser-para-la-muerte", decía Heidegger en "Ser y tiempo". Y yo aprendí esto a la edad de cuatro años y medio.

Era un once de mayo, primavera, cuando la muerte se acercó rozándome la espalda y cercenó la vida de mi compañero de juegos, sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo. Ni siquiera me dio la oportunidad de enfrentarla, mirándola a la cara. Hasta entonces, yo creía que sólo se morían los viejos, pero aquel día la vida hizo añicos mis fantasías infantiles y me enseñó, con implacable dureza y crueldad, que "apenas un hombre viene a la vida, ya es bastante viejo para morir" (Heidegger).
El segundo golpe de gracia de este aguijón del pecado que es la muerte a destiempo (1) llegó años más tarde, un veinticinco de agosto, llevándose las primicias del amor de mis padres: a mi hermano mayor, al fuerte, al silencioso que lo llenaba todo con su vitalidad, su energía, su belleza y su radiante felicidad recién estrenada. El de los ojos verdes, "verdes como la albahaca"...

Y puesto que mis dos hermanos amados se fueron de modo inesperado y prematuro, no puedo evitar pensar, de vez en cuando, en que la muerte me podría sorprender también a mí de igual manera y, en ese caso, me pregunto cómo querría vivir el tiempo que me resta. Si supiera que moriré mañana con certeza, ¿qué les diría a las personas que habitan mi vida?
Sin duda: "¡Gracias!" y "¡Recordad que os quiero!"
Les diría que no temo a la muerte porque creo en Jesús, nuestra Resurrección y nuestra Vida. Y les pediría que no se entristezcan por mí, puesto que mi vida ha sido hermosa y sólo siento gratitud por el tiempo que he vivido.

En este mes de noviembre "escatológico", quizá a alguno os pueda parecer cursi, o demasiado "pastelosa" (como diría mi amiga Cristina), pero querría aprovechar para decirles a todos mis seres amados cuánto les quiero, cuánto me importan.
Sí, quiero hacerlo... mientras aún estoy a tiempo.




(1) 1 Cor 15,56
......................................................................................................................................

8 comentarios:

ana dijo...

Dios,que escalofrío cuando he visto su foto,no se porqué si tengo por toda la casa.Es más lo llevo siempre en mi cabeza por mucho tiempo que pase.Solo quería decirte que nosotros también a tí(me doy por aludida).BESOS

Anónimo dijo...

Mi querida Ana:

Anoche, cuando estuve haciendo ese montaje con las fotografías... me pasó lo mismo. Escalofrío, y un nudo, no sólo en la garganta, sino que toda yo era un nudo. Porque, al borrar los contornos de sus rostros, ampliándolos para perfilar bien los bordes, parecía que los iba acariciando poco a poco y que los tenía nuevamente aquí conmigo. Hacía mucho que no me detenía a mirarles así, tan cerca. Después estuve llorando mucho tiempo (perdón por la confidencia aquí, en plena red de transeúntes cibernautas). Lloré, más que nada, porque duele su ausencia, no porque no confíe en que están en BUENAS MANOS, las mejores MANOS. Duele, como si se hubieran ido ayer.

Pensé en mis padres... Y pensé mucho en ti, Ana.
Algún día te dedicaré un post.
Merecerías un libro entero. Pero quizá sería mejor que lo escribieras tú misma.

Y, sí, claro que te quiero y que te estoy muy agradecida por permanecer con nosotros aunque él no esté (al menos en presencia tangible; la otra, la invisible, la noto muchas veces...). Te he dicho muchas veces que me pareces una gran persona, y que me siento feliz de formes parte de nuestra familia.

Un beso

ana dijo...

Ya me has hecho llorar otra vez,de vez en cuado viene bien.A mi también me gusta pertenecer a tu familia(bueno ya lo hablaremos en privado).Me gusta mucho como escribes,que cuñadas tengo...

Anónimo dijo...

Leyendo sobre tus hermanos fallecidos me he acordado de tus padres, sobre todo de tu madre. Debe de ser una mujer con mucha fortaleza porque sobrevivir a los hijos es algo durísimo para una madre.
Que Dios la siga manteniendo así.

Mónica

Anónimo dijo...

Sí, mi querida Yentl.
Mi madre siempre dice que "nadie se muere por nadie", puesto que ella no se murió cuando se le fueron esos dos frutos de sus entrañas.
Es una mujer fuerte.
Una mujer que ha sobrevivido porque sabe amar y tuvo que cuidar de los que casi naufragamos con ellos en la desdicha...
En fin, cada familia tiene su historia, sus gozos y dolores. Nuestra pena ha sido ésta. Nuestros gozos, los diremos.
Un abrazo
Lehitraot!

PD: Le dije al p. Esteban la situación de Radio María en Alicante... De momento, no saben muy bien qué hacer.

Quique Fernández dijo...

A veces tienes la sensación de estar pisando terreno sagrado, otras veces te percatas que no tienes más palabras de las que se han dicho. Entonces tan sólo queda la presencia que habla por sí sola, sólo queda la amistad que, naturalmente, es el mejor ecosistema para el Amigo.
No tengo palabras y ya estoy hablando (digo, escribiendo) demasiado.
Un abrazo Conchi.
Saludos a todos.
Quique (Barcelona)

Anónimo dijo...

Gracias, Quique.
Abrazos

Anónimo dijo...

genial la hermana muerte es la ultima entrega del amorde dios esty en un grupomisionero y cuando reflexiono sobre la muerte le pido a Dios me de la gracia de poder servirlo por mucho tiempo para poder hacer en mi familia lo que el hizo en mi corazon para poder regalarles vida eterna la pmimadre noesta conmigo pero mi ser la tiene simpre pues el amor que dejo no se borraraJamas besos nidia