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jueves, 7 de febrero de 2013

Una llamada junto al lago


Oración con Lucas 5,1-11 y otros textos en torno a Pedro



Canto: Ven, Espíritu de Dios (Ain Karem, C1)


Música del canto...

1. FASCINACIÓN Y LLAMADA

Lucas 5,1-11

1 Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, 2 cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes.
3 Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.
4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar”.
5 Simón le respondió: “Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.”

6 Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. 7 Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. 8 Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: “Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.”
9 Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. 10 Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: “No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.” 
11 Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.

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“La gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios…” ¿Cómo es tu deseo, tu hambre y tu sed de escuchar a Jesús?... ¿cómo le buscas?... ¿cómo cuidas los espacios en los que resuena su voz?... ¿Es Él el verdadero Maestro de tu vida?... ¿A quién acudes para aprender lo que has de hacer?....

“Rema mar adentro…” Jesús siempre invita a expandir la vida, a arriesgar caminos inexplorados, a remar más allá, más adentro, más profundo, hacia lugares donde no has estado antes en ti y fuera de ti… 

“Hemos estado bregando toda la noche…” En la noche, la brega resulta inútil… Él lo da a sus amigos mientras duermen… Todos nuestros afanes, sin Él, no sirven… El más mínimo acto de obediencia a su Palabra, con Él, obra milagros y multiplica los frutos inesperados…

“Por tu Palabra, echaré las redes…” Pedro no tenía confianza en poder pescar nada. Tenía experiencia de fracaso, de esfuerzos estériles… Pero actúa fiándose de Otro. Actúa con la fe de Jesús y con la fe en Jesús…”

“Llenaron tanto las dos barcas…” Sobreabundancia. Donde está Jesús, abunda la vida, abundan los frutos, abunda el sentido… Como abundó el vino en las bodas de Caná, como abundaron los panes y los peces a orillas del mar de Galilea, como abundó la alabanza en la boca de la mujer enderezada y curada, como abundó la luz en los ojos del ciego Bartimeo, como abundó la gracia en la vida de Pablo y de los que se dejaron amar por Jesús… ¿En qué abunda tu vida cuando estás con Jesús?...

“Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador…” Ante Jesús, nos sentimos pequeños… El asombro se apodera de nosotros ante el más bello de los seres humanos…, ante el Hijo de Dios, nacido de María… Es bueno tomar conciencia de nuestra verdad ante Él: limitados frente al Ilimitado, mezquinos frente al absoluto Amor, pecadores frente al único Santo… Es bueno saber quiénes somos para pegarnos a Él y dejarnos sostener por el único consistente…

“No tengas miedo… desde ahora serás…” ¿Qué nombre nuevo pronuncia Jesús para ti?... ¿Qué identidad te desvela?... Abraza, sin miedo, lo que Él ha pensando y deseado para ti…


Canto: El nombre de Jesús



ORACIÓN: Señor, sé tú mi vida…

Sé que no arriesgo mi vida si confío en Ti, Señor,
que no pierdo la suerte si me entrego a Ti.
Sé que no me engaño si en Ti creo,
que no me evado si te invoco.

Sé, Señor, que tú me esperas y me amas,
que tú me quieres y perdonas,
que tú me llamas y me envías,
que tú me miras y me entrañas.

Sé que no me pierdo si voy por tu camino,
que no yerro si a tu puerta llamo,
que no es inútil la entrega ni vana la esperanza.
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2. MIEDO

Mateo 14,23-33

23 Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí. 24 La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. 25 Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar. 26 Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a  gritar. 27 Pero al instante les habló Jesús diciendo: «¡Animo!, que soy yo; no temáis.»

28 Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas.» 29 «¡Ven!», le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. 30 Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: «¡Señor, sálvame!» 31 Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» 32 Subieron a la barca y amainó el viento. 33 Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios.»
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“Le entró miedo y comenzó a hundirse…” El miedo de Pedro, su poca fe… es como nuestro miedo, como nuestra poca fe… Pero hay una mano que nos agarra y tira de nosotros sacándonos de las aguas, cuando nos llegan al cuello. Una mano fuerte y sólida. Una mano amorosa… ¿Has tenido experiencia de ser salvada, sacada de las aguas, agarrada, sostenida…?

Canto: Sé mi luz


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3. NEGACIÓN

Lc 22,55-62

55 Habían encendido una hoguera en medio del patio y estaban sentados alrededor; Pedro se sentó entre ellos. 56 Una criada, al verle sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y dijo: «Este también estaba con él.» 57 Pero él lo negó: «¡Mujer, no le conozco!»
58 Poco después, otro, viéndole, dijo: «Tú también eres uno de ellos.» Pedro dijo: «Hombre, no lo soy!» 59 Pasada como una hora, otro aseguraba: «Cierto que éste también estaba con él, pues además es galileo.» 60 Le dijo Pedro: «¡Hombre, no sé de qué hablas!» 
Y en aquel momento, estando aún hablando, cantó un gallo, 61 y el Señor se volvió y miró a Pedro, y recordó Pedro las palabras del Señor, cuando le dijo: «Antes que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces.» 
62 Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.
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“Estabas con él… eres uno de ellos… estabas con él… No le conozco… no lo soy…” Es siempre estremecedor el relato de las negaciones de Pedro. Negar al amigo… negar al ser amado… negar a aquel que te afirma y te da vida… es negar la propia identidad… 
Jesús nos mira con amor, con compasión cuando le negamos, negamos a otros o nos negamos… Déjate alcanzar por esa mirada compasiva… Así lo hizo Pedro. Se dejó perdonar y alcanzar por un amor más grande que todo su pecado.

Canto: Sé mi luz

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4. VUELTA AL AMOR PRIMERO

Juan 21, 14-19

14 Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.
15 Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos.»
16 Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.»
17 Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. 18 En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras.»
19 Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme.»
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“¿Me amas?... ¿me amas?... ¿me quieres?...” Ser cristiano es cuestión de amor. Amar a Jesús, amar al Padre, dejarse guiar por el Espíritu… amar a un pueblo… cuidar de gente… 
responsabilizarse de la vida de otros… Y, en todo, extender las manos y dejar que alguien te ciña y te lleve incluso donde no quieras… como Isaac con Abrahán, como Jesús, por coherencia con su mensaje revelador del Reino, como los santos que han dado su vida por otros… Con amor, han tendido sus manos y se han dejado llevar adonde su ego no quería ir… Ése es el amor más grande: dar la vida como Jesús.




ORACIÓN: Irrumpe, Señor, en mi historia…

Irrumpe, Señor, una vez más, en mi historia oscura,
atraviesa mi noche, con la luz del alba.
Que la espera pueda más que el miedo
y el cansancio de la brega ceda en el almuerzo.
Quisiera acogerte y guardar muy dentro
el destello de luz que avanza el día,
conservar guardada en la memoria,
la hora de tu paso en el límite del riesgo.
¡Soy tan torpe que el presente oscuro
desplaza la certeza del alba prometida,
por más que, como amigo me aconsejas
que desplace el temor y la sospecha!

Doy fe, pasada la tormenta
de que no sucedió la quiebra
anticipada por la mente débil
anclada en la memoria adversa.
Al final de la vela, rindo el pensamiento,
adoro, enamorado, tu presencia,
hecha luz, alivio, confianza,
perdón desbordante, envuelto de ternura.
Deja que te diga, ya muy quedo,
sin más seguridad, por mi torpeza,
al menos el deseo limpio
de amarte ya, sin tiempo.

Jesús, tres veces te negó Simón aquella noche,
por no decir que tu apóstol te negó cien veces.
Cada día el justo peca siete
y el humano convive con su quiebra siempre.
Si el número señala tanta huida
de lo que debería ser fidelidad constante,
podría interpretarse mal sin cura,
enfermedad crónica, incurable.
Tú mismo anticipaste la traición
de quienes eran tus amigos íntimos.
Conoces bien el corazón humano,
la fluctuante relación amiga.
Si aventuraste tanto sinsentido,
¿por qué fijaste los ojos en aquellos pescadores?,
¿por qué depositaste tu testigo en gentes inconstantes?

Y, al contemplar relato tan extraño
de lo que parecería coherente,
se descubre dónde se encuentra la clave,
la razón de todo seguimiento.
No tanto en la respuesta adelantada y valiente,
que después resulta perjurio lamentable,
sino en tu constante decisión amiga
de elegir sin cuentas a tus compañeros.
Es tu opción de amor inquebrantable,
sostenida en los momentos más oscuros,
lo que saca a los tuyos del abismo,
de perecer en sus noches e increencias.
Es por tu declaración de amor incontenible,
envuelta en tres últimas preguntas
lo que libera al discípulo del mal
y le da posibilidad del seguimiento.

No radica en mi respuesta a la amistad contigo
mi identidad de ser discípulo,
ni se define por mi opción determinada.
Eres Tú quien sostiene la mirada.
Sigue, Señor, llamando, preguntando,
para arrancar de mis labios la respuesta.
Por frágil y débil que yo pueda
siempre declarar, de nuevo, que te quiero.

Ya no ostento mi título primero
de que Tú me llamabas a seguirte,
me define tu amor, tu perdonanza,
tu constante pregunta (si te amo).
Dame valor para no justificar exilio.
Que siempre que Tú me llames, yo responda,
humilde, sin sumar las veces que lo haces.

Hoy, aquí, ahora, en Galilea,
deseo decirte palabra limpia, sin memoria:
“Señor, tú sabes que te quiero”.
Permíteme que llegue un día a profesar,
sincero, “Tú sabes que te amo”.
Silencio meditativo


* COMPARTIMOS NUESTRA ORACIÓN…

* DANZA CONTEMPLATIVA

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Nota: Las oraciones están tomadas de Ángel Moreno de Buenafuente.


miércoles, 14 de noviembre de 2012

Él está cerca, a la puerta

Lectura orante de Marcos 13,24-32

Para disponer el corazón

Canto: Ven, Señor Jesús (Glenda)

Ven, Señor Jesús, porque sin Ti ya no hay paisaje.
Ven, Señor Jesús, porque sin Ti no hay melodías.
Ven, Señor Jesús, porque sin Ti  no encuentro paz, nada.
Sin Ti, mis ojos no brillan.
La vida es poca cosa, sin Ti, sin Ti, sin Ti, sin Ti, la vida es poca cosa.
Ven, Señor Jesús, ven pronto a mi vida,
ven pronto, Señor, ven pronto.
Porque sin ti yo no quiero la vida, ya no canto con alma,
ya mis manos no sirven, ya no escucho latidos,
ya no abrazo con fuerza, mi corazón no se ensancha,
mi sonrisa no es plena, y todo sin ti.
Nada vale la pena. Porque sin Ti ya no me llena nada,
porque sin ti todo suena vacío.
Sin Ti todo me deja tristeza.

Porque sin Ti yo no respiro hondo, porque sin Ti todo me cansa.
Porque sin Ti me falta todo y me sobra todo, todo sin Ti, sin Ti.
Ven, Señor Jesús, ven pronto a mi vida,
ven pronto, Señor, ven pronto.
Porque, sin Ti, no me importa mi hermano, no me importa el que sufre.
Porque sin Ti mi corazón es de piedra a quien todo resbala,
acostumbrada a los pobres, acomodada en su casa,
sin jugarse la vida, sin gastarla por nada, sin gastarla por nada.
Ven, Señor Jesús…

………………………..
Del libro de Daniel (12,1-3)
Por aquel tiempo se levantará Miguel, el arcángel que se ocupa de tu pueblo: serán tiempos difíciles, como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora. Entonces se salvará tu pueblo: todos los inscritos en el libro. Muchos de los que duermen en el polvo despertarán: unos para la vida eterna, otros para ignominia perpetua. Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, para toda la eternidad.
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Marcos 13,24-32
24 En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, 25 las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.
26 Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; 27 enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
28 Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; 29 pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. 30 Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. 31 El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, 32 aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.

PROPUESTAS DE LECTURA
1. Nos acercamos al final del año litúrgico y, cada año, en estas semanas, la Iglesia nos acerca a las realidades últimas de la vida humana y de nuestra fe: la realidad de la muerte, la esperanza en la resurrección y la esperanza en la parusía o segunda venida del Señor, al final de los tiempos.
2. La primera lectura de este domingo está tomada del libro de Daniel, un libro que, más que profético es apocalíptico. El género apocalíptico se desarrolló en los últimos siglos del A.T. y los primeros del cristianismo (s.IV a.C.-II d.C.). Estos escritos apocalípticos tienen una doble finalidad: ofrecen a los creyentes claves para interpretar, desde la fe, situaciones existenciales difíciles, e intentan motivarles para que no abandonen la fe recibida, por dramáticas que sean las circunstancias (persecución, muerte…). Son escritos de resistencia y resiliencia.
El libro de Daniel, a pesar de sus referencias al exilio de Babilonia, fue escrito durante el levantamiento de Macabeo (167-164 a.C.) para alentar la fe y la esperanza de los judíos perseguidos por el rey Antíoco IV.
A nuestro texto de hoy podríamos ponerle el título: “Tiempos de angustia y promesa de resurrección”. En el v.1, el mundo divino (el arcángel Miguel) irrumpe en la historia para salvar al pueblo. A pesar de los sufrimientos, los elegidos se salvarán. El v. 2 habla de la resurrección como de un “despertar” para la vida eterna o para la “ignominia” eterna. Y en el v.3 se promete esa vida eterna en la luz para los guías espirituales del pueblo (“los sabios”), que sostuvieron su fe en medio de la persecución y el martirio.

3. El evangelio forma parte del “discurso escatológico” de Marcos, llamado también “discurso sobre la parusía” o “apocalipsis sinóptico” (13,1-37). Su estilo literario es apocalíptico y está lleno de simbolismos. Su objetivo es animar la fe de la comunidad desconcertada y asustada por los acontecimientos sucedidos en Judea durante los años 70 d.C. (opresión romana, destrucción del templo y persecución de la comunidad cristiana).
- El tema central de nuestro pasaje es la venida del Hijo del hombre, es decir, de Jesús. Los vv. 24-25 presentan una escena de conmoción del universo ante la venida del Señor. “No es que el Hijo del hombre llegue a través de la calamidad, sino que su llegada trastorna el mundo viejo. Su esplendor lo anula; ya no hay astros que iluminen ante su luz. En los Apocalipsis judíos llegaba el juez a condenar. Aquí no hay juicio de condenación, sino la aparición de la salvación, el inicio del mundo nuevo. El texto no pretende atemorizar sino dar esperanza” (F. Riera).
En efecto, esa conmoción cósmica era presentada ya en oráculos proféticos (Is 13,10; Ez 31,19) como un recurso literario para anunciar el nacimiento de un mundo nuevo. “Lo viejo ha pasado; todo es nuevo” (2 Cor 5,17), “He aquí que yo hago nuevas todas las cosas” (Ap 21,5).
- La venida de Jesús es presentada, en los vv. 26-27 al estilo como la describe Daniel 7,13-14, con imágenes de la apocalíptica judía de la época. En esencia, lo que se nos quiere decir que es, en la parusía del Señor (la palabra griega parusía significa venida), el mundo viejo pasará y Dios salvará a sus elegidos, sus hijos amados, por medio de su Hijo Jesús.
- Con parábola de la higuera, vv. 28-29, se nos quiere enseñar a mirar los acontecimientos que se mencionan anteriormente como un signo de que el Señor está cerca, a la puerta. La expresión “está cerca, a la puerta” hace alusión al juicio, a la salvación y al juez. En el mismo contexto aparece en otros textos neotestamentarios:
“Tened, pues, paciencia, hermanos, hasta la Venida del Señor. Mirad: el labrador espera el fruto precioso de la tierra aguardándolo con paciencia… Tened también vosotros paciencia; fortaleced vuestros corazones, porque la Venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos de otros para no ser juzgados; mirad que el Juez está a las puertas…” (San 5,7-9)
“… Yo, a los que amo, los reprendo y los corrijo. Sé, pues, ferviente y arrepiéntete. Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3,19-20)
- En nuestro pasaje, siguen tres dichos: sobre cuándo sucederá todo eso (v.30), sobre el valor permanente de la palabra de Cristo (v.31) y sobre el secreto del momento de la venida de Jesús (v.32). Este último dicho “habría nacido en una situación de apasionada e inminente espera de la parusía y habría pretendido servir de corrección de tal espera” (J. Gnilka). Por otra parte, la idea de que sólo Dios conoce el tiempo definitivo es típica en el judaísmo (Zac 14,7, “Será un día único, conocido sólo de Yahveh…”).
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(Notas tomadas de Nuria Calduch Benages, Misa Dominical 2012 (14); Secundino Castro, El sorprendente Jesús de Marcos, UPComillas 2005; J. Gnilka, El evangelio según San Marcos, vol II, Sígueme 1997).

PROPUESTAS DE MEDITACIÓN

Los textos “escatológicos” de los evangelios nos cuestionan sobre las razones de nuestra esperanza, sobre nuestras actitudes y nuestro modo de vivir el momento presente, y sobre nuestro modo de encarar el sufrimiento (lo que en los textos aparece como “tribulaciones”) y la muerte.

- “Él está cerca, a la puerta”

La razón de nuestra esperanza no es sólo ni principalmente que el Señor vendrá, que el Señor resucitó y nos resucitará, que hay vida eterna… La razón de nuestra esperanza no está en el futuro, sino en el presente. En realidad, sólo existe el presente, y Dios está en él. Dios está siempre cerca, viene siempre, está dentro, nos habita y, si consentimos, si le abrimos la puerta de nuestra casa, si tenemos fe, Él llena nuestro presente de Vida abundante, de sentido, de proyecto, de Presencia…
La razón de nuestra esperanza es que Dios es Amor. Se define como “Aquel que nos ama” (Ap 1,5; Rom 8,37); nada puede separarnos de su amor… Y eso es lo más real de nuestra existencia.
Los pasajes escatológicos pretenden despertarnos a esa verdad: vigilad, estad atentos, daos cuenta

- “Vosotros, hermanos, no vivís en la oscuridad… pues todos sois hijos de la luz e hijos del día. Nosotros no somos de la noche ni de las tinieblas. Así pues, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios… Revistamos la coraza de la fe y de la caridad, con el yelmo de la esperanza de salvación.
Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros…” (1 Tes 5, 4-8.16-18)
- “Mirad atentamente cómo vivís; no seáis necios, sino sabios” (Ef 5,15)
- “Despojados del hombre viejo, con sus obras, os habéis revestido del hombre nuevo… Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros, y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro… Y por encima de todo esto, revestíos del amor…” (Col 3,9-14)
Esta es la actitud cristiana: vivir en la luz, vivir en el amor, con intensidad, en comunión con Dios y con los otros… Vivir atentamente y con profundidad el tiempo… Vivir de un modo “espiritual”. “Espiritual” no es lo contrario de “material”, sino lo contrario de “superficial”. Es espiritual quien es consciente de su identidad más profunda y vive desde ella, en compromiso con las realidades del mundo. “La esperanza cristiana es una esperanza que ama la tierra”.
- “Entonces verán venir al Hijo del hombre… para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos…”
Nuestro “futuro” tras la muerte es “estar siempre con Él” (1 Tes 4,17). No sabemos cómo. Sabemos que será así. Pero en realidad, si comenzamos a vivir esa comunión aquí y ahora, no importa demasiado el “después”. Esa pregunta deja de tener sentido, así como el miedo a la muerte y a lo que pasará tras ella… Los santos han experimentado, mejor que nadie, esta verdad: “Para mí la vida es Cristo y la muerte, una ganancia… Mi deseo es partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho, lo mejor…” (Filp 1,21-23)

PROPUESTAS DE ORACIÓN

1) Con el Salmo 15/16, puedes expresarle a Dios tu confianza en que, al final de la vida y al final de la historia, Él no nos dejará en la muerte  sino que nos seguirá llenando de vida y de dicha en su Presencia.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha, no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena:
porque no me entregarás a la muerte
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

2) Ora al Señor:
“¡Maranatha! ¡Ven, Señor Jesús!”

3) Él viene, viene siempre

¿No oíste sus pasos silenciosos?
El viene, viene, viene siempre.

En cada instante y en cada edad,
todos los días y todas las noches,
él viene, viene, viene siempre.

He cantado muchas canciones
y de mil maneras;
pero siempre decían sus notas:
"El viene, viene, viene siempre".

En los días fragantes del soleado abril,
por la vereda del bosque,
él viene, viene, viene siempre.

En la oscura angustia lluviosa
de las noches de julio,
sobre el carro atronador de las nubes,
él viene, viene, viene siempre.

De pena en pena mía,
son sus pasos los que estremecen mi corazón,
y el dorado roce de sus pies
es lo que hace brillar mi alegría.

 (Tagore)
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Canto: Poneos en pie 
(Grupo Ain Karem; Re# = Re C1)





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- Otra propuesta de lectura orante, en nuestra web: www.discipulasdm.es

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martes, 26 de junio de 2012

El poder de la mujer creyente


Lectio divina de Marcos 5,21-43

ORACIÓN INICIAL

Señor Jesús, concédenos la gracia de descansar en Ti,
de dejar, en la antesala de nuestra oración,
nuestras angustias, preocupaciones, “ruidos” interiores
y todas nuestras cargas.
Tú llevas nuestras cargas, y haces ligero lo que es pesado.
Tú llevas nuestras vidas.

Concédenos la gracia de estar ante Ti,
libres y vacíos de nosotros mismos.
Concédenos la gracia de escucharte con total atención,
de aprender de Ti todo lo que necesitamos saber hoy,
de acoger ese rayo de sabiduría que necesitamos
para vivir hoy.

Concédenos la gracia de estar ante Ti
como niños que no saben nada
y que necesitan aprenderlo todo del Maestro de la Vida.

Señor Jesús, ¿qué quieres enseñarme hoy?

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS

21 Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a él mucha gente; él estaba a la orilla del mar. 22 Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, 23 y le suplica con insistencia diciendo: “Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva.” 24 Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.

25 Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, 26 y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, 27 habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. 28 Pues decía: “Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré.”
29 Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal.
30 Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió entre la gente y decía: “¿Quién me ha tocado los vestidos?”
31 Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"»
32 Pero él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. 33 Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le contó toda la verdad.
34 El le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad.”

35 Mientras estaba hablando, llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: “Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?”
36 Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: “No temas; solamente ten fe.”
37 Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
38 Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. 39 Entra y les dice: “¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.”
40 Y se burlaban de él. Pero él, después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los  suyos, y entra donde estaba la niña.
41 Y tomando la mano de la niña, le dice: “Talitá kum”, que quiere decir: “Muchacha, a ti te digo, levántate.”
42 La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. 43 Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.

CANTO: Talita kum, del grupo Ain Karem

 

CUANDO LEAS

La actividad terapéutica de Jesús es una de las características más notables del evangelio de Marcos. Entre los muchos curados hay también mujeres: la suegra de Pedro que estaba en la cama con fiebre, la hija de Jairo, la hemorroísa y la hija de la sirofenicia.
La curación de la hija de Jairo y de la hemorroisa, que Marcos narra de forma entrelazada según la técnica de la “intercalación” o “interposición”, constituyen nuestra página evangélica. La relación entre las dos escenas es muy profunda: ambas presentan a dos mujeres en peligro, doce años tiene la adolescente muerta y doce años lleva la hemorroísa con su enfermedad, ambas aparecen como hijas, y ambas renacen a la vida gracias al encuentro con Jesús.
Mc 5,21-24 introduce la narración. La hija de un jefe de la sinagoga de Cafarnaún enferma gravemente y el padre, desesperado, pide ayuda a Jesús. En Mc 5,35-43, se retoma la narración que había sido interrumpida por la curación de la hermorroísa. Camino de casa, le dicen al padre que la niña ha muerto. Jesús lo oye y le pide que tenga fe. Rodeado de gritos y llantos, entra en la casa acompañado solo de Pedro, Santiago y Juan, además del padre y la madre de la niña. Jesús la coge de la mano y le dice sólo dos palabras: “Talita qumí”. Al instante, se durmió la niña y se levantó la mujer capaz de andar. Señala el narrador que tenía doce años, es decir, era una muchacha casadera.
Una niña que supuestamente lo tenía todo en la vida, en realidad no poseía nada. Llega Jesús y la devuelve a la vida, sin pedirle ni imponerle nada. Le ofrece un camino de vida, de autonomía, de libertad. Lo mismo hará con la hemorroísa. Dos mujeres liberadas por la fe en Jesús.
(Nuria Calduch Benages, Misa Dominical, Año XLIV, Núm 9)

CUANDO MEDITES

- Relee despacio el evangelio y rumia en tu corazón las palabras o frases que te resulten más significativas. Nosotras subrayamos hoy dos frases de Jesús referentes a la fe: “Hija, tu fe te ha curado”“No tengas miedo. Basta que tengas fe”.
- Rut es una niña de veinte meses con una seria minusvalía desde su nacimiento a causa de una insuficiencia renal grave. Pese a su enfermedad, que le causa no pocas molestias y dolores físicos, es una niña extremadamente dulce y pacífica. Sonríe siempre. Nunca llora ni se enrabieta. Es mimosa. No extraña los brazos de nadie y es básicamente feliz. Desde que nació, se ha sentido amada en extremo, mimada, cuidada con inmensa paciencia… y ha oído continuas palabras de bendición: “¡qué rica!”, “¡es preciosa!”, “¡qué buena que es!”, “¡qué graciosa!”…
Cuando la vida nos trata con dureza, lo que necesitaríamos para curar nuestras heridas sería un regazo que nos abrace sin prisas y con ternura, sentirnos cuidados y poder escuchar palabras consoladoras de bendición.
Es lo que le pasó a las dos mujeres del evangelio de hoy. El amor de Jesús, sus palabras y sus gestos, su contacto, las alcanzó y las curó. La hemorroísa, apartada de la vida social desde hacía doce años por su impureza, se ve tratada con respeto, con cariño, y ve reconocida su dignidad de hija de Dios.
- El evangelio de hoy nos muestra cómo podemos ser sanadas y cómo podemos sanar. ¿Quién está postrada necesitando nuestra mano y nuestras palabras que le devuelvan lo mejor de sí misma?

CUANDO ORES

Dios amor, que cambias nuestro luto en danzas
y pones vida allí donde sólo hay oscuridad,
pon vida en todas las situaciones de muerte que nos rodean:
en el agobio de los parados,
en las preocupación de las madres,
en el llanto de los pueblos en guerra,
en la avaricia de los poderosos,
en la frialdad de unas instituciones sin humanidad
y en tantos y tantas hijos e hijas tuyas
sedientos de justicia, de pan, de sentido,
de salud, de esperanza, de gozo…
y de todo lo Bueno, que viene de Ti, Señor, que amas la Vida. Amén.

CANTO FINAL: Abandónate, Romina González.


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Autora: Hna. Conchi López, pddm