viernes, 27 de mayo de 2011

"Verán su Rostro y llevarán su nombre en la frente"


Lectio divina de Apocalipsis 22,1-21

1 Luego (el ángel) me mostró el río de agua de Vida, brillante como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero. 2En medio de la plaza, a una y otra margen del río, hay árboles de Vida, que dan fruto doce veces, una vez cada mes; y sus hojas sirven de medicina para los gentiles. 3 Y no habrá ya maldición alguna; el trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad y los siervos de Dios le darán culto. 4 Verán su rostro y llevarán su nombre en la frente. 5 Noche ya no habrá ; no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios los alumbrará y reinarán por los siglos de los siglos.

 6Luego me dijo: “Estas palabras son ciertas y verdaderas; el Señor Dios, que inspira a los profetas, ha enviado a su Ángel para manifestar a sus siervos lo que ha de suceder pronto. 7Mira, vengo pronto. Dichoso el que guarde las palabras proféticas de este libro”. 8Yo, Juan, fui el que vi y oí esto. Y cuando lo oí y vi, caí a los pies del Ángel que me había mostrado todo esto, para adorarle. 9Pero él me dijo: “No, cuidado; yo soy un siervo como tú y tus hermanos los profetas y los que guardan las palabras de este libro. A Dios tienes que adorar”. 10 Y me dijo: “No selles las palabras proféticas de este libro, porque el tiempo está cerca.

11 Que el injusto siga cometiendo injusticias y el manchado siga manchándose; que el justo siga practicando la justicia y el santo siga santificándose. 12Mira, vengo pronto y traigo mi recompensa conmigo para pagar a cada uno según su obras. 13Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin. 14Dichosos los que laven sus vestiduras, así podrán disponer del árbol de la Vida y entrarán por las puertas en la Ciudad. 15 ¡Fuera los perros, los hechiceros, los impuros, los asesinos, los idólatras, y todo el que ame y practique la mentira!”

16 Yo, Jesús, he enviado a mi Ángel para daros testimonio de lo referente a las Iglesias. Yo soy el Retoño y el descendiente de David, el Lucero radiante del alba. 17 El Espíritu y la Esposa dicen: “¡Ven!” y el que oiga, diga: “¡Ven!” Y el que tenga sed, que se acerque, y el que quiera, reciba gratis agua de vida. 18Yo advierto a todo el que escuche las palabras proféticas de este libro: “Si alguno añade algo sobre esto, Dios echará sobre él las plagas que se describen en este libro. 19 Y si alguno quita algo a las palabras de este libro profético, Dios le quitará su parte en el árbol de la Vida y en la Ciudad Santa, que se describen en este libro”. 20Dice el que da testimonio de todo esto: “Sí, vengo pronto”. ¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!
 21Que la gracia del Señor Jesús sea con todos. ¡Amén!

CUANDO LEAS

En la lectura del texto, sigo a G. Biguzzi, Apocalisse, Milano 2005, 366-380. Este capítulo que cierra el libro del Apocalipsis lo podemos dividir en 4 partes:

Ap 22,1-5: Finaliza la descripción de la Nueva Jerusalén que había comenzado en el capítulo anterior. Añade a esta ciudad con sus calles de oro puro, sus murallas de jaspe y sus puertas de perlas, algunos aspectos naturales. Esta ciudad, nuevo paraíso, nos recuerda el jardín del Edén. Pero, en vez del río que regaba el paraíso, tenemos un río que brota del trono de Dios y del cordero; en vez del árbol del bien y del mal, tenemos árboles de vida con sus hojas medicinales y frutos todo el año; y en vez Dios paseándose a la hora de la brisa, el Señor Dios que  alumbra y que es la luz de la ciudad.

Ap 22,6-10: En esta estrofa se trata de legitimar la veracidad de las palabras dichas en todo el libro pues han sido inspiradas por Dios. La cadena de la inspiración ha sido: Dios que habla al Ángel y éste a Juan que tiene la visión. Proclama dichoso a todo el que  guarde las palabras como ya había dicho en la introducción (Ap 1,3). Para animar al cumplimiento de las profecías muestra la cercanía de la venida de Cristo con la expresión: Mira, vengo pronto. No se trata, pues, de un libro para sellar y guardar sino que sus palabras han de preparar a la Iglesia a la venida de Cristo que está próxima.

Ap 22,11-15: Puesto que la venida de Cristo está cercana, Juan hace una llamada a responder éticamente. Puede parecer que este fragmento anima a cometer injusticias, sin embargo, es una llamada a los cristianos a no mirar con envidia a los que las cometen. Visto desde la perspectiva de la venida escatológica ya próxima, proclama dichosos a los que lavan sus vestidos, es decir, son martirizados, pues su recompensa es la entrada en la ciudad celeste. En cambio, no podrán entrar los pecadores, expresados con 7 nombres que incluye la totalidad de los mismos.

Ap 22,16-21: En esta parte Jesús habla de sí mismo. Él reconoce haber enviado su Ángel para dar testimonio a las Iglesias. Se define a sí mismo como retoño y descendiente de David y como Lucero radiante del alba que recuerda el resucitado la mañana de Pascua (Mc 16,2.9).
Por otro lado, intervienen el Espíritu y la Esposa que representan toda la Iglesia, que animada por el Espíritu Santo, invoca la venida de Jesús diciendo: ¡Ven!. Finaliza el libro con una bendición y una maldición: el que tenga sed, recibirá gratis el agua de la Vida y el que añada algo al libro caerán sobre él las plagas descritas. La expresión de despedida es muy querida también  por S. Pablo en sus cartas: 21Que la gracia del Señor Jesús sea con todos.

CUANDO MEDITES

Algunas preguntas nos servirán de guía:
- ¿Qué árboles de vida necesita nuestro mundo?, ¿qué hojas medicinales ha de tener para curar nuestras enfermedades y las de los demás?
- ¿A los pies de qué ángeles, mediadores de Dios pero que no son Dios, nos postramos y adoramos?
- ¿Con qué actitudes y comportamientos me visto para entrar en la Ciudad Santa?

CUANDO ORES

Encontramos en esto texto resonancias de los salmos que nos pueden ayudar en la oración:
- En la nueva Jerusalén los siervos verán el  rostro de Dios :
Oigo en mi corazón: buscad mi rostro, tu rostro buscaré Señor, no me escondas tu rostro (Salm 27,8-9)
- En la nueva Jerusalén no habrá necesidad de luz porque el Señor Dios los alumbrará pues El es el Lucero radiante del alba:
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?... (Salm 27,1 )
El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros… (Salm 66,2)
¡Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve! (Salm 80,4.8.20)
- La sed de Dios será saciada pues el que tenga sed, que se acerque:
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo, ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? (Salm 42,3 )
Oh Dios, tu eres mi Dios, yo te busco, mi alma está sedienta de ti, mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua (Salm 62,2).

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Autora: Azucena Fernández. Equipo de Lectio Divina de la UPComillas.

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