lunes, 8 de abril de 2013

Antes de que el gallo cante...

Lectura orante de Marcos 14,66-72

66 Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llega una criada del sumo sacerdote, 67 ve a Pedro calentándose, lo mira fijamente y dice:
–También tú estabas con el Nazareno, con Jesús.
68 Él lo negó diciendo:
–Ni sé ni entiendo lo que dices.
Salió fuera al zaguán y un gallo cantó. 69 La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:
–Este es uno de ellos.
70 Pero él de nuevo lo negaba. Al poco rato, también los presentes decían a Pedro:
–Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo.
71 Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:
No conozco a ese hombre del que habláis.
72 Y enseguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: «Antes de que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.

CUANDO LEAS

- Date cuenta de cómo la escena se imbrica en el relato evangélico haciendo referencia a pasajes anteriores narrados por el evangelista:
Es continuación de lo dicho en 14,53-54: «Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los escribas y los ancianos. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del patio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse».
En ella se cumple lo anunciado por Jesús en 14,30 (tras la cena y antes de llegar al huerto de los Olivos): «En verdad te digo que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres».
- Fíjate en cómo el evangelista plantea un doble interrogatorio y en la diversidad de respuestas y actitudes:
Jesús es interrogado por el sumo sacerdote, supuestamente en el piso de arriba, y su testimonio es afirmativo: «¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito… Yo soy…» (14,61-62);

Pedro es interrogado por los criados del sumo sacerdote «abajo, en el patio», y su testimonio es negativo.
- Repara en que se trata del «pecado» del primero de los discípulos en ser llamado (1,16) y del primero del grupo de los Doce (3,16), el que había confesado a Jesús en Cesarea como el Mesías (8,29), pero también el mismo del cual el evangelista dice durante la transfiguración: «No sabía lo que decía» (9,6) (aquí Pedro no dice lo que sabe).
- Observa la graduación in crescendo en la reacción de Pedro: primero se desentiende, luego niega y finalmente maldice y jura. (Jesús podría hacer suyos en este momento los sentimientos de Job: «Mis hermanos se alejan de mí, mis conocidos me abandonan», Job 19,13.) Pedro, que ha empezado la escena «abajo», efectivamente ha tocado fondo.
- Date cuenta de que, en este evangelio, la triple negación de Pedro no encuentra la correspondiente triple afirmación del amor de Pedro a Jesús (y el consiguiente triple encargo de la tarea de apacentar el rebaño, cf. Jn 21,15-18).
- Fíjate que, en la primera negación, Pedro niega a la criada que estuviera con Jesús. Pero es precisamente para eso para lo que Jesús llama a los Doce: «Instituyó a doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar» (Mc 3,14).
- «Los presentes» (vv. 69-70) son los criados de la casa del sumo sacerdote, que aparecen al final del episodio anterior (enlazando así con este). Deducen que Pedro es del grupo de
Jesús porque también es galileo, probablemente debido a diferencias entre el arameo hablado en Judea y en Galilea.
- Observa que, en la tercera negación, la respuesta de Pedro: «No conozco a ese hombre del que habláis», recuerda en cierto modo la que da Adán a Dios en el Edén: «La mujer que me diste por compañera me ofreció el fruto del árbol, y comí» (Gn 3,12): en ninguna de las dos hay mención de nombre propio (Jesús o Eva) y sí un intento de zafarse de la propia responsabilidad.

CUANDO MEDITES

- Piensa en el doble interrogatorio que plantea la escena. También a nosotros se nos ofrece muchas veces la oportunidad de dar testimonio de Jesús. ¿Qué decimos en esas ocasiones? ¿Sabemos decir con valentía (aunque sin prepotencia) que Jesús es el Mesías, el Hijo de Bendito, o, por el contrario, afirmamos no conocer a «ese hombre»? ¿De qué forma afirmamos o negamos?
- Medita en el hecho de que hasta el a veces llamado «príncipe de los apóstoles» es capaz de renegar de Jesús. Eso significa que todos nosotros, naturalmente, lo hacemos también (y aquí no vale consolarse con lo de «mal de muchos…»). Más bien habría que recapacitar en nuestra adhesión a Cristo y en los motivos y ocasiones de nuestras negaciones.
- Reflexiona sobre el hecho de que, como señala el evangelista Juan, Jesús resucitado confía precisamente a ese discípulo que le ha negado la tarea de apacentar su rebaño (porque el rebaño es y seguirá siendo siempre suyo). ¿Somos conscientes de que, en cierta medida, en Pedro estamos representados todos, que somos acogidos a pesar de nuestras negaciones?

CUANDO ORES

- Pide al Señor que no nos suelte de su mano y, tal como pedimos cuando rezamos el Padrenuestro, no nos deje caer en la tentación de negar a su Hijo (por comodidad, por cobardía…) y lleguemos así a lo más bajo que puede caer un discípulo de Jesús.
- Da gracias a Dios porque, al igual que a los Doce, el Señor Jesús nos ha elegido también a nosotros y nos sigue llamando para «estar con él». Y eso a pesar de todas nuestras debilidades y pecados.
- Alaba a Dios por Jesús, que ha venido para salvar al mundo, no a condenarlo, y cuya vida entregada por nosotros nos alcanza una vida abundante y plena.

El canto del gallo ha servido siempre como anunciador del día que viene, es decir, como despertador. Por eso vamos a terminar nuestra oración con la recitación del Salmo 51, verdadero despertador de nuestra conciencia de pecado y, por tanto, el primer paso de nuestra conversión (aunque estemos en Pascua).

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Autor: Pedro Barrado, equipo de Lectio Divina de la UPComillas

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