Me doy cuenta de que hace casi un mes que no escribo en mi blog. ¡Qué abandono!
Ha sido un mes intenso, muy intenso, lleno de experiencias nuevas y estimulantes. Entre ellas, la animación de unos talleres bíblicos para junioras y juniores en unas jornadas formativas organizadas por los claretianos. En otra ocasión, os hablaré de ellas.
En estos días estoy participando, junto a otras tres hermanas y a una joven amiga, en la XXXVII Semana Nacional de Vida Consagrada. El tema: "En la Escuela de la Palabra". Mañana seguiré contándoos, que ya no son horas... Sobre todo, porque anoche estuve recibiendo unas lecciones aceleradas del programita windows movie maker para preparar la siguiente felicitación pascual (y otros trabajillos pendientes), y terminé a las cuatro de la madrugada... En realidad, no es tanto una felicitación cuanto una "minicrónica" visual de la Pascua de mi comunidad de Toledo, tal y como la vivimos en la parroquia de Santa Teresa. Celebraciones intensas y muy cuidadas en todos sus detalles.
¡Que la disfrutéis! ¡Hasta mañana!
Nota para "piratas": Lo hemos colgado también en youtoube. Permite ver la imagen con un tamaño mayor y bajarse videos con un programa adecuado (ares toube).
http://www.youtube.com/watch?v=W9oH5l8B35o
martes, 25 de marzo de 2008
lunes, 24 de marzo de 2008
¡Alegraos! ¡No tengáis miedo!
Lunes, I Semana de Pascua
En oración con Mateo 28,8-15
Y Oración inicial, para disponer el corazón: Miro que me miras
Miro que me miras, con tus ojos abiertos,
los que son diez mil veces más luminosos que el sol (Eclo 23,19),
los que saben mirar porque saben amar,
los que miraron a Leví, haciéndole nacer de nuevo (cf. Mc 2,14),
los que miraron a la mujer encorvada
y pusieron en pie su vida (cf. Lc 13,12),
los que, compadecidos, sanaron las enfermedades de la multitud
y su falta de sentido y de esperanza (cf. Mt 14,14; Mc 6,34)...
Miro que me miras,
tan necesitada de luz como estoy,
tan cansada y desorientada, como una oveja sin pastor (cf. Mc 6,34),
y te doy gracias de corazón por poder estar aquí, ante Ti, Señor Jesús,
Re-creador de todos los seres,
Vivificador de todos los desalentados,
Sanador de todos los heridos,
Maestro de todos los que ansían escuchar Palabras de Vida Eterna (cf. Jn 6, 68).
W Leo atentamente y con actitud de escucha orante Mt 28,8-15
Y Medito...
¡Alegraos! ¡No tengáis miedo!
Quizá es el miedo la única causa de todas nuestras desdichas:
miedo a no ser aceptados y amados como somos,
miedo a ser abandonados y a encontrarnos solos,
miedo al fracaso, al paro, a la penuria económica,
miedo al propio futuro, al de nuestros hijos o al de aquellos a quienes amamos,
miedo a la enfermedad, a la jubilación, al envejecimiento y, en definitiva, a la muerte.
No he conocido a nadie libre de miedos. Incluso las personas más libres y valientes se ven sacudidas por el miedo al sufrimiento de aquellos a quienes aman.
Pero el Resucitado nos sale hoy al encuentro, como a María Magdalena y a la otra María, y nos dice:
"¡Alegraos! ¡No tengáis miedo!
¡La muerte está vencida y también su aguijón, que son todas las cosas, pequeñas o grandes, que te afligen y ensombrecen tu vida!
¡No tengas miedo! ¡Puedes vencer en tus luchas contra el pecado y las sombras porque yo he vencido a la muerte y estoy contigo, todos los días, hasta el fin de los tiempos!
Cuando sientas que las sombras te envuelven o te presentan batalla, cógete de mi mano y lucha conmigo, vence conmigo, silencia tus miedos conmigo, somete, bajo tus pies, a todos tus enemigos, puesto que yo he sometido a la muerte, el mayor de los enemigos.
¡Y alégrate! Tienes razones para la alegría.
La resurrección es la Buena Noticia que despierta, para siempre, la esperanza".
En oración con Mateo 28,8-15
Y Oración inicial, para disponer el corazón: Miro que me miras
Miro que me miras, con tus ojos abiertos,
los que son diez mil veces más luminosos que el sol (Eclo 23,19),
los que saben mirar porque saben amar,
los que miraron a Leví, haciéndole nacer de nuevo (cf. Mc 2,14),
los que miraron a la mujer encorvada
y pusieron en pie su vida (cf. Lc 13,12),
los que, compadecidos, sanaron las enfermedades de la multitud
y su falta de sentido y de esperanza (cf. Mt 14,14; Mc 6,34)...
Miro que me miras,
tan necesitada de luz como estoy,
tan cansada y desorientada, como una oveja sin pastor (cf. Mc 6,34),
y te doy gracias de corazón por poder estar aquí, ante Ti, Señor Jesús,
Re-creador de todos los seres,
Vivificador de todos los desalentados,
Sanador de todos los heridos,
Maestro de todos los que ansían escuchar Palabras de Vida Eterna (cf. Jn 6, 68).
W Leo atentamente y con actitud de escucha orante Mt 28,8-15
Y Medito...
¡Alegraos! ¡No tengáis miedo!
Quizá es el miedo la única causa de todas nuestras desdichas:
miedo a no ser aceptados y amados como somos,
miedo a ser abandonados y a encontrarnos solos,
miedo al fracaso, al paro, a la penuria económica,
miedo al propio futuro, al de nuestros hijos o al de aquellos a quienes amamos,
miedo a la enfermedad, a la jubilación, al envejecimiento y, en definitiva, a la muerte.
No he conocido a nadie libre de miedos. Incluso las personas más libres y valientes se ven sacudidas por el miedo al sufrimiento de aquellos a quienes aman.
Pero el Resucitado nos sale hoy al encuentro, como a María Magdalena y a la otra María, y nos dice:
"¡Alegraos! ¡No tengáis miedo!
¡La muerte está vencida y también su aguijón, que son todas las cosas, pequeñas o grandes, que te afligen y ensombrecen tu vida!
¡No tengas miedo! ¡Puedes vencer en tus luchas contra el pecado y las sombras porque yo he vencido a la muerte y estoy contigo, todos los días, hasta el fin de los tiempos!
Cuando sientas que las sombras te envuelven o te presentan batalla, cógete de mi mano y lucha conmigo, vence conmigo, silencia tus miedos conmigo, somete, bajo tus pies, a todos tus enemigos, puesto que yo he sometido a la muerte, el mayor de los enemigos.
¡Y alégrate! Tienes razones para la alegría.
La resurrección es la Buena Noticia que despierta, para siempre, la esperanza".
miércoles, 27 de febrero de 2008
"Saber perdonarse y perdonar"
Me pregunta una amiga por los post de estos días:
- ¿Es que te ha absorvido el triángulo de las Bermudas, o qué? ¿Dónde te metes? ¡Ya decía yo que era demasiado escribir un post cuaresmal todos los días!
- ¿Es que te ha absorvido el triángulo de las Bermudas, o qué? ¿Dónde te metes? ¡Ya decía yo que era demasiado escribir un post cuaresmal todos los días!
Pues sí, realmente lleva su tiempo meditar y orar por escrito. Pero lo que estos días nos ha apartado del blog a mi compañera orante y a mí ha sido la participación en un taller de oración el fin de semana pasado.
El taller estuvo animado por Emma Martínez Ocaña y llevaba por título "Saber perdonarse y perdonar".
Emma es una de las mujeres más importantes de mi vida. Me explico: en el año 1999 (ha llovido desde entonces...), andaba yo cansada de hombres, de hacer retiros, cursos y ejercicios siempre con hombres... Así es que me puse a buscar una animadora de ejercicios. Me hablaron de Emma. Ella era entonces profesora en Comillas. Sus asignaturas eran más que sugerentes (Espiritualidad ecofeminista y Espiritualidad de la vida en el mundo). Y me decidí a hacer los ejercicios espirituales con ella. El curso bien podría haberse titulado: "El seguimiento de Jesús en el cuerpo". Fue esa integración de la corporalidad en la espiritualidad lo que me encantó del método de Emma.
A partir de entonces, comencé un proceso de integración espiritual y de crecimiento personal que dura hasta hoy, más o menos "a zaga de su huella"... Anualmente participaba en dos o tres cursos a los que ella llama "Encuentros de integración" y, en el verano, buscaba sus ejercicios espirituales.
Hace cuatro años que no los hago con ella, pero ya estoy apuntada para su curso de julio, en Galapagar, en la casa de Espiritualidad "Santa María", de la institución javeriana. Según nos ha dicho, si tiene tiempo, preparará los ejercicios teniendo a María, discípula, como icono de seguimiento de Jesús. ¡Ojalá! Todas la alentamos a hacerlo así.
De Emma quiero recomendar una publicación reciente, en ed. Narcea: Cuando la Palabra se hace cuerpo... en cuerpo de mujer", libro en el que propone unos iconos bíblicos que han encarnado la Palabra en el corazón, los ojos, la boca, el oído, las manos y los pies.
Otro libro muy recomendable, de la colección Aletheia de Verbo Divino, es He visto al que me ve. Se trata de una obra escrita por varias mujeres, miembros todas ellas de la ATE, en el que Emma tiene un capítulo: El cuerpo y el encuentro con Dios.
Como vemos, su línea es siempre la de la "encarnación" de la Palabra en la corporalidad, "una espiritualidad unificada en torno al cuerpo que somos, alejándonos de los dualismos milenarios que han configurado gran parte de la espiritualidad cristiana".
- Muy interesante... Me haré con esos libros. Pero, y el curso del fin de semana, ¿de qué ha ido?
Pues el curso del fin de semana ha sido muy "cuaresmal": "Saber perdonarse y perdonar".
La primera parte de los encuentros de Emma siempre tienen un carácter más antropológico y psicológico. En este caso, nos habló de la importancia del perdón en nuestras vidas, de lo que es y lo que no es perdonar y del proceso largo y no fácil del perdón. La charla que orienta el día es seguida por diversos momentos de oración guiada.
El segundo día, la charla orientadora es más teológica. En esta ocasión, contemplamos la experiencia del perdón in
condicional de Dios a partir del texto de Lucas 7,36-50, la mujer pecadora que ungió los pies a Jesús en casa de Simón el fariseo. Emma la llama "la mujer que amó mucho" porque ese fue el nombre que le puso el mismo Jesús.
condicional de Dios a partir del texto de Lucas 7,36-50, la mujer pecadora que ungió los pies a Jesús en casa de Simón el fariseo. Emma la llama "la mujer que amó mucho" porque ese fue el nombre que le puso el mismo Jesús.
El fin de semana ha sido encantador. No sólo por Emma, sino por el ambiente sumamente acogedor de la casa, la solicitud tan amable de las hermanas javerianas, y el grupo de participantes en el que siempre se encuentran buenas compañeras de camino.
En la casa de Navalonguilla, cada rincón invita a la interioridad.
Os invitamos a conocerla: http://www.javerianas.net/galapagar/default2.asp?enlace=infor.htm
Os dejamos con imágenes del encuentro y con una oración de mi compañera orante, fruto de uno de esos momentos de interioridad en los que hemos gustado la "sabiduría de saberse perdonado y de perdonar".
Momentos en el comedor
Momentos de oración
Y Barro y aliento divino...
Barro y aliento divino,
hija amada e hija pródiga,
riqueza y pobreza,
objeto de tu misericordia, mi Señor,
y de la de los otros.
Eso es lo que soy,
sólo eso, no soy más.
No puedo dar lo que no tengo...
Hoy me perdonas: “Tus pecados están perdonados”,
me siento perdonada, digna de tu perdón
e hija de tu amor incondicional:“Tu fe te ha salvado; vete en paz”...Me abandono a tu abrazo de misericordia.
Sé que no me salvan mis méritos sino tu misericordia entrañable,
porque no soy fruto del azar sino de tu amor.
“Ve y haz tú lo mismo”, me interpelas.
Sólo experimentado el perdón se puede perdonar.
Haz que haga con los otros lo que tu haces conmigo.
Reconozco mis heridas y mi deseo de disfrutar
de lo que me es regalado.
Concédeme la gracia del perdón y del abrazo vivificador.
Otórgame el don liberador del perdón.
Hagamos fiesta, mi Señor, celebrando tu misericordia.
hija amada e hija pródiga,
riqueza y pobreza,
objeto de tu misericordia, mi Señor,
y de la de los otros.
Eso es lo que soy,
sólo eso, no soy más.
No puedo dar lo que no tengo...
Hoy me perdonas: “Tus pecados están perdonados”,
me siento perdonada, digna de tu perdón
e hija de tu amor incondicional:“Tu fe te ha salvado; vete en paz”...Me abandono a tu abrazo de misericordia.
Sé que no me salvan mis méritos sino tu misericordia entrañable,
porque no soy fruto del azar sino de tu amor.
“Ve y haz tú lo mismo”, me interpelas.
Sólo experimentado el perdón se puede perdonar.
Haz que haga con los otros lo que tu haces conmigo.
Reconozco mis heridas y mi deseo de disfrutar
de lo que me es regalado.
Concédeme la gracia del perdón y del abrazo vivificador.
Otórgame el don liberador del perdón.
Hagamos fiesta, mi Señor, celebrando tu misericordia.
viernes, 22 de febrero de 2008
¡Dichosos nosotros, que creemos en Jesús!
Fiesta de la cátedra del apóstol San Pedro
1 Pedro 5,1-4; Salmo 22; Mateo 16,13-19
a En el umbral de la oración
- "Respira" estas palabras inspiradas en el Salmo 91:
Dios Altísimo, quiero morar en tu secreto,
pasar la noche a tu sombra,
porque Tú eres mi refugio y fortaleza,
mi Dios, en quien confío.
Bajo tus alas, no temeré.
a Meditamos el evangelio de Mateo 16,13-19
En un mismo momento, Pedro recibe de Jesús palabras de bienaventuranza y palabras de reprobación:
"¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado nadie de carne y hueso sino mi Padre que está en el cielo!" (Mt 16,17)
"¡Apártate de mí, Satanás! ¡Eres escándalo para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios sino los de los hombres!" (Mt 16,23)
Para convertirse en "modelo del rebaño", Pedro tuvo que aprender a entrar en la sintonía del Padre, a tener "la mente de Cristo" (1 Cor 2,16), a pensar como Dios y no como los hombres, movidos por las búsqueda de grandezas humanas, de honor y de importancia.
Sólo cuando Pedro entendió y acogió que Jesús no era un Mesías de poder sino un Siervo que se entregó hasta el extremo de morir en cruz, sólo entonces, pudo oír de los labios del Señor:
"Apacienta mis ovejas" (Jn 21,16-17).
Sólo el testigo y partícipe de los sufrimientos de Cristo (1 Pe 5,1) puede pastorear a otros según el corazón de Dios, porque lo hará desde "abajo", desde el amor abnegado, desde el cuidado y la compasión, no desde "arriba", desde la tiranía y el autoritarismo.
a Oramos a partir de la Palabra
Y Gracias, Señor, por la bienaventuranza pronunciada sobre nosotros hoy:
"¡Dichosos vosotros que creéis en mí, porque eso es un regalo de mi Padre del cielo!"
Gracias por la fe.
Gracias por el Espíritu que nos da la certeza de que tú eres Señor.
Gracias por ayudarnos, como a Pedro, a tener tus pensamientos y sentimientos.
Sé nuestro único Pastor y guíanos siempre.
1 Pedro 5,1-4; Salmo 22; Mateo 16,13-19
a En el umbral de la oración
- "Respira" estas palabras inspiradas en el Salmo 91:
Dios Altísimo, quiero morar en tu secreto,
pasar la noche a tu sombra,
porque Tú eres mi refugio y fortaleza,
mi Dios, en quien confío.
Bajo tus alas, no temeré.
a Meditamos el evangelio de Mateo 16,13-19
En un mismo momento, Pedro recibe de Jesús palabras de bienaventuranza y palabras de reprobación:
"¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado nadie de carne y hueso sino mi Padre que está en el cielo!" (Mt 16,17)
"¡Apártate de mí, Satanás! ¡Eres escándalo para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios sino los de los hombres!" (Mt 16,23)
Para convertirse en "modelo del rebaño", Pedro tuvo que aprender a entrar en la sintonía del Padre, a tener "la mente de Cristo" (1 Cor 2,16), a pensar como Dios y no como los hombres, movidos por las búsqueda de grandezas humanas, de honor y de importancia.
Sólo cuando Pedro entendió y acogió que Jesús no era un Mesías de poder sino un Siervo que se entregó hasta el extremo de morir en cruz, sólo entonces, pudo oír de los labios del Señor:
"Apacienta mis ovejas" (Jn 21,16-17).
Sólo el testigo y partícipe de los sufrimientos de Cristo (1 Pe 5,1) puede pastorear a otros según el corazón de Dios, porque lo hará desde "abajo", desde el amor abnegado, desde el cuidado y la compasión, no desde "arriba", desde la tiranía y el autoritarismo.
a Oramos a partir de la Palabra
Y Gracias, Señor, por la bienaventuranza pronunciada sobre nosotros hoy:
"¡Dichosos vosotros que creéis en mí, porque eso es un regalo de mi Padre del cielo!"
Gracias por la fe.
Gracias por el Espíritu que nos da la certeza de que tú eres Señor.
Gracias por ayudarnos, como a Pedro, a tener tus pensamientos y sentimientos.
Sé nuestro único Pastor y guíanos siempre.
jueves, 21 de febrero de 2008
¿Qué he hecho yo para merecer esto?
Jueves de la segunda semana de Cuaresma
Jeremías 17,5-10; Salmo 1; Lucas 16,19-31
"¿Que he hecho yo para merecer esto?"
No sé por qué, hoy me he levantado con esta cantinela en la cabeza. ¿Que qué me ha pasado? Nada especial.
Simplemente me pregunto qué he hecho yo para pertenecer al reducido y privilegiado número de personas agraciadas con
- ropa para vestir,
- pan diario en mi mesa,
- una vivienda más que digna,
- cultura que me permite leer, escribir, disfrutar del conocimiento de la historia, el arte, la geografía, la filosofía, la religión, la política...,
- compañía y afectos que son apoyo, ayuda y gozo,
- fe y una vocación que llena mi vida de sentido,
- una tarea que me entusiasma y apasiona...
En definitiva, me pregunto qué he hecho yo para ser tan rica, para no ser uno de tantos "lázaros" más de los que encontramos en algunas esquinas de nuestras ciudades, o en países enteros del tercer mundo.
Conocer la e
xistencia de millones de "lázaros" que mendigan unas migajas de nuestra mesa me hace caer en la cuenta de lo agradecida que debería sentirme por disfrutar de una vida mejor que la suya, agraciada, en la que no carezco de nada necesario para ser modestamente feliz. Y me pregunto hoy qué puedo compartir de lo mío.
xistencia de millones de "lázaros" que mendigan unas migajas de nuestra mesa me hace caer en la cuenta de lo agradecida que debería sentirme por disfrutar de una vida mejor que la suya, agraciada, en la que no carezco de nada necesario para ser modestamente feliz. Y me pregunto hoy qué puedo compartir de lo mío.La página http://www.marianistas.org/~justiciaypaz/cuaresma/ nos pone en contacto con los cuarenta países más pobres del mundo, "echados en el portal" de nuestra sociedad opulenta, que "banquetea espléndidamente" cada día, esperando unas migajas de lo que nos sobra.
Quizá hoy, movidos por el evangelio de Lucas, sea un buen día para acercarse a conocerlos y para preguntarse qué podemos hacer, qué debemos hacer por ellos... y por nosotros. Y es que nuestra felicidad nunca será completa mientras no haya pan en la mesa de todos.
miércoles, 20 de febrero de 2008
En este camino, bajar es subir
Miércoles de la segunda semana de Cuaresma
Jeremías 18,18-20; Salmo 30; Mateo 20,17-28
- En el umbral de la oración...
Me hago consciente de que estoy en la presencia de Dios,
de que vengo a Él necesitada de su descanso.
"Venid a mí los que estáis cansados y agobiados
y yo os aliviaré" (Mt 11,28)
"La Palabra del Señor es descanso del alma" (cf. Sal 19,8)
Todo se redimensiona desde el Ser de Dios.
La vida cambia cuando te haces consciente de que no eres tú quien la lleva sino Él. Los agobios y la preocupación afanosa por controlarlo, conducirlo y asegurarlo todo desaparecen. Él te lleva.
Somos como el pueblo de Israel al que Dios...
"... encontró en una tierra desierta,
en una soledad poblada de aullidos.
Lo rodeó, cuidando de él,
lo guardó, como a las niñas de sus ojos.
Como un águila...
lo tomó y lo llevó sobre sus plumas.
El Señor solo los condujo.
No hubo dioses extraños con Él" (Dt 32, 10-13).
- Leemos y meditamos el evangelio de Mateo 20,17-28
En la carta a los Filipenses, Pablo dice: "Tened entre vosotros los mismos sentimentos de Cristo. Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de DIos. Al contrario, se despojó de sí mismo y tomó la condición de esclavo...".
Subiendo a Jerusalén, estando cercana la hora de la entrega, pasión y muerte de su Señor, ni siquiera los discípulos más amados habían comprendido a Jesús ni habían penetrado en sus sentimentos. Y Santiago y Juan (dice Mateo que su madre, para no poner en evidencia la mezquindad de los hermanos) le piden a Jesús un puesto relevante en su Reino.
Los demás se indignan porque, claro, ellos no quieren ser menos en ese suculento reparto de puestos principales, a la derecha y a la izquierda del Maestro.
Y Él, como tantas otras veces, se pone a enseñarles con paciencia que, en su Reino, el primero ha de hacerse el último y el servidor de todos, y el grande ha de hacerse pequeño como un niño.
Así era Él.
Así desea que seamos nosotros.
Jeremías 18,18-20; Salmo 30; Mateo 20,17-28
- En el umbral de la oración...
Me hago consciente de que estoy en la presencia de Dios,
de que vengo a Él necesitada de su descanso.
"Venid a mí los que estáis cansados y agobiados
y yo os aliviaré" (Mt 11,28)
"La Palabra del Señor es descanso del alma" (cf. Sal 19,8)
Todo se redimensiona desde el Ser de Dios.
La vida cambia cuando te haces consciente de que no eres tú quien la lleva sino Él. Los agobios y la preocupación afanosa por controlarlo, conducirlo y asegurarlo todo desaparecen. Él te lleva.
Somos como el pueblo de Israel al que Dios...
"... encontró en una tierra desierta,
en una soledad poblada de aullidos.
Lo rodeó, cuidando de él,
lo guardó, como a las niñas de sus ojos.
Como un águila...
lo tomó y lo llevó sobre sus plumas.
El Señor solo los condujo.
No hubo dioses extraños con Él" (Dt 32, 10-13).
- Leemos y meditamos el evangelio de Mateo 20,17-28
En la carta a los Filipenses, Pablo dice: "Tened entre vosotros los mismos sentimentos de Cristo. Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de DIos. Al contrario, se despojó de sí mismo y tomó la condición de esclavo...".
Subiendo a Jerusalén, estando cercana la hora de la entrega, pasión y muerte de su Señor, ni siquiera los discípulos más amados habían comprendido a Jesús ni habían penetrado en sus sentimentos. Y Santiago y Juan (dice Mateo que su madre, para no poner en evidencia la mezquindad de los hermanos) le piden a Jesús un puesto relevante en su Reino.
Los demás se indignan porque, claro, ellos no quieren ser menos en ese suculento reparto de puestos principales, a la derecha y a la izquierda del Maestro.
Y Él, como tantas otras veces, se pone a enseñarles con paciencia que, en su Reino, el primero ha de hacerse el último y el servidor de todos, y el grande ha de hacerse pequeño como un niño.
Así era Él.
Así desea que seamos nosotros.
- De la meditación, brota nuestra oración...
Y En mi mente resuena el eco de esta frase de San Juan de la Cruz en Noche oscura: "... en este camino, el bajar es subir y el subir, bajar".
Y a propósito de nuestra tendencia a "subir", rumio interiormente el siguiente texto del místico carmelita:
Para venir a gustarlo todo
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a saberlo todo
no quieras saber algo en nada.
Para venir a poseerlo todo
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo
no quieras ser algo en nada.
Para venir a lo que no gustas
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes
has de ir por donde no sabes.
Para venir a poseer lo que no posees
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres
has de ir por donde no eres.
Cuando reparas en algo
dejas de arrojarte al todo.
Para venir del todo al todo
has de dejarte del todo en todo.
Y cuando lo vengas del todo a tener
has de tenerlo sin nada querer.
Porque si quieres tener algo en todo
no tienes puro en Dios tu tesoro.
En esta desnudez halla el espíritu su descanso,
porque, no codiciando nada,
nada le fatiga hacia arriba,
y nada le oprime hacia abajo,
porque está en el centro de su humildad.
Porque cuando algo codicia
en eso mismo se fatiga.
Y Mi compañera orante eleva a Dios la siguente oración:
¡Gracias, mi Señor!
Hoy mi plegaria es de inmensa dicha y profundo agradecimiento.
Has bebido la copa amarga, por el amor que me tienes.
Has derramado tu preciosa sangre, para que brille tu luz en mis tinieblas.
Has entregado tu vida, para que tenga vida y la tenga en abundancia.
Te han golpeado y crucificado, por mi causa...
Mi Señor, Siervo doliente, muerto en cruz,
¿cómo no poner mi vida a tu servicio?,
¿cómo no entregarme por completo a lo que me pides?,
¿cómo no presentar batalla a mi tendencia a "subir", tan ajena a ti?
Sólo dispongo de un arma: la fe.
Fe que transforma mi sufrimiento en salvación,
fe que hace mío el dolor de los demás,
fe que engrandece mi existencia al servicio de todos.
Un arma que, en ocasiones, se ve debilitada por la tentación de la desconfianza,
del miedo o de la comodidad.
"Quien quiera ser grande que sirva a los demás..."
Sí, mi Señor, es dando como se recibe,
perdiendo como se gana,
bajando como se sube,
y, sirviendo, como se obtiene la verdadera realeza.
Sólo tú me puedes dar la fuerza para hacer el bien incondicionalmente.
Aumenta, Señor, mi fe.
martes, 19 de febrero de 2008
Vivir bajo la mirada del Padre
Martes de la segunda semana de Cuaresma
Isaías 1,10.16-20; Salmo 49; Mateo 23,1-12
Hoy mi compañera orante y yo comenzamos nuestra oración de la noche con una toma de consciencia, desde el agradecimiento, de la vida y de los dones que nos han sido dados. Y lo hacemos a través de un ejercicio que propone el jesuita Anthony de Mello en su libro El manantial:
Fingiendo que sufro una parálisis de hombros para abajo que me ha cambiado la vida totalmente...
"(... ) por la noche, dedico unos minutos a dar gracias:
Agradezco el don de la palabra, que me permite expresar mis necesidades y mis sentimientos, que me permite relacionarme con otros y hasta prestarles ayuda...
Y el don del oído, gracias al cual puedo escuchar el sonido de la música y el canto de las aves y las voces humanas...
Y el don de la vista, por el que puedo contemplar las flores, y los árboles, y las estrellas en la noche, y los rostros de mis amigos...
Agradezco el sentido del gusto, y del olfato, y la capacidad de pensar, y la memoria, y la imaginación, y la capacidad de sentir...
Y agradezco mi propia parálisis, me fijo en la bendición que ha traído consigo hasta que logro verla como un don... Si puedo conseguir esto, habré experimentado un momento del más puro misticismo: aceptarlo todo tal y como es.
Reflexiono ahora en algún aspecto de mi vida con el que no estoy conforme..., contra el que me resisto: un defecto físico, una enfermedad, una situación inevitable, una persona...
Y, poco a poco, procedo con ello del mismo modo que he procedido con mi "parálisis". De manera que, sin renunciar a mi deseo y a mis esfuerzos por liberarme de ello, si es posible, cobro suficientes ánimos para dar gracias por ello, por todo, por cada una de las cosas..."
- Leemos y meditamos el evangelio de Mateo 23,1-12
Isaías 1,10.16-20; Salmo 49; Mateo 23,1-12
Hoy mi compañera orante y yo comenzamos nuestra oración de la noche con una toma de consciencia, desde el agradecimiento, de la vida y de los dones que nos han sido dados. Y lo hacemos a través de un ejercicio que propone el jesuita Anthony de Mello en su libro El manantial:
Fingiendo que sufro una parálisis de hombros para abajo que me ha cambiado la vida totalmente...
"(... ) por la noche, dedico unos minutos a dar gracias:
Agradezco el don de la palabra, que me permite expresar mis necesidades y mis sentimientos, que me permite relacionarme con otros y hasta prestarles ayuda...
Y el don del oído, gracias al cual puedo escuchar el sonido de la música y el canto de las aves y las voces humanas...
Y el don de la vista, por el que puedo contemplar las flores, y los árboles, y las estrellas en la noche, y los rostros de mis amigos...
Agradezco el sentido del gusto, y del olfato, y la capacidad de pensar, y la memoria, y la imaginación, y la capacidad de sentir...
Y agradezco mi propia parálisis, me fijo en la bendición que ha traído consigo hasta que logro verla como un don... Si puedo conseguir esto, habré experimentado un momento del más puro misticismo: aceptarlo todo tal y como es.
Reflexiono ahora en algún aspecto de mi vida con el que no estoy conforme..., contra el que me resisto: un defecto físico, una enfermedad, una situación inevitable, una persona...
Y, poco a poco, procedo con ello del mismo modo que he procedido con mi "parálisis". De manera que, sin renunciar a mi deseo y a mis esfuerzos por liberarme de ello, si es posible, cobro suficientes ánimos para dar gracias por ello, por todo, por cada una de las cosas..."
- Leemos y meditamos el evangelio de Mateo 23,1-12
Como Mt 6,1.5.16, el evangelio de hoy nos sacude con unos interrogantes: ¿ante quién vivo mi vida?, ¿bajo qué mirada tomo mis decisiones y actúo?, ¿para ser vista por quién, hago las cosas?...
La conducta farisea es hipócrita. Un "hipócrita" es el que lleva puesta una máscara para ocultar su verdadero rostro. Y los fariseos se ponían la máscara de la justicia para ocultar su búsqueda de vanagloria, la máscara de cumplidores de la ley, para ocultar su falta de compasión, la máscara de buscadores de la voluntad de Dios, para ocultar sus ansias de honor y fam
a: desean "que les hagan reverencias por la calle y que la gente les llame maestros", dice Jesús.
a: desean "que les hagan reverencias por la calle y que la gente les llame maestros", dice Jesús.Primeros puestos, reconocimiento, sumisión, adulación... Es la tentación del poder que veíamos en el relato de las tentaciones hace una semana.
Ninguno de nosotros estamos libres de esa tentación. Tampoco nuestra Iglesia, tan deseosa de poder, influencia y relevancia social. En nuestra Iglesia, los paternalismos y autoritarismos que en ocasiones se les escapan a algunos que deberían servir desde el ministerio de la comunión y la caridad se acercan alarmantemente a estas actitudes farisaicas denunciadas por Jesús.
Y, frente a esto, Él, el Único Señor, el Único Maestro, el Servidor de todos, el que pasó por la vida como uno de tantos, el que lavaba los pies de los discípulos, el que cargó con las cargas de muchos, el que decía y hacía con una coherencia libre de esfuerzo, el Verdadero, el Fiel, el despojado de todo...
Este evangelio es un retrato de los líderes religiosos de la época de Jesús y quizá también de nosotros mismos. Pero es, sobre todo, un retrato de Jesús, el Maestro que enseña sirviendo y amando, el que vive siempre ante la mirada del Padre, despreocupado del juicio de los demás e indiferente ante reconocimientos humanos.
* De la meditación, brotan nuestras plegarias:
- "El mirar de Dios es amar". Así lo cantaba San Juan de la Cruz.
Bajo esos ojos vívías Tú, Señor y Maestro mío,
enseñando, curando,
cargando con los pecados y dolores de todos.
Bajo esa mirada, no te importaba ser Siervo.
Es más, lo preferías,
porque así lo quería tu Padre del cielo.
Bajo esa mirada, "mi Pastor se hizo cordero,
Servidor se hizo mi Rey".
Te contemplo y te amo así:
en la Belleza de tu Amor despojado.
Bajo esa mirada, deseo también vivir.
- Aparentar, tener y poder...
"No te dejes engañar, tú, que has gustado la verdad",
me insistes martilleantemente...
Sí, mi Señor, sé del vacío
del prometedor y decepcionante mundo de las apariencias;
he saboreado la amargura de la búsqueda
del prestigio y la vanagloria,
me he agotado creyéndome jefa
y glorificando a otros maestros,
me he encontrado con la humillación
cuando perseguía ensalzarme.
Tú sabes, mi Señor, que ahora sólo ansío
vivir bajo tu mirada,
santificando tu Nombre...;
Mas hoy me siento farisea.
¡Ayúdame! Haz que hable y actúe sólo movida por tu Rostro,
preocupándome de lo que soy, únicamente, a tus ojos,
sin falsear la verdad por temor a desagradar a los demás.
______________________________________
* Sugerencias para vivir el día de hoy:
- Repite con frecuencia: "Uno sólo es mi Maestro, uno sólo es mi Señor".
- Date cuenta de tu deseo de ser reconocido, estimado, "reverenciado", y mira a Jesús...
- Si tienes tiempo, dedica unos minutos a leer la primera carta de Juan sobre el único mandamiento de Jesús: el amor. Verás que la carga de Jesús es suave y ligera...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


