Hemos rezado Laudes y nos hemos dispuesto a orar una hora con el evangelio del próximo domingo (Mt 22,1-14), pero hace más de treinta minutos que han llegado un arquitecto, su ayudante y el párroco, y no dejan de hablar y hacer ruido continuamente, probablemente proyectando futuras obras en el templo.
Mientras tanto, hubiera querido presentar ante el Señor a todos y cada uno de los asistentes al curso: ayer fueron unos noventa los presentes. En los cinco años que llevo dedicándome plenamente a la pastoral bíblica, nunca había visto una respuesta tan entusiasta. Te buscan, Señor. Tu pueblo tiene hambre y sed de tu Palabra. Para mí, esto es un signo que me habla a voces. Signos como éste deberían interpelar a toda la Iglesia y a sus "pastores" (obispos, sacerdotes, religiosos/as y agentes de pastoral).
Desde el día 5 al 18 de este mes se está celebrando el Sínodo de Obispos sobre la "Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia". Es providencial la coincidencia de este sínodo con nuestro curso. Me dice que lo que estamos haciendo es cosa de Dios, que Él lo quiere, y quiere que sigamos por este camino, que es el camino de la Iglesia.

Han pasado diez años, y lo que voy viendo con asombro es que aquello no era una imaginación mía, sino que, sin que yo sepa cómo, se va haciendo. En esta ocasión, Dios me ha traído aquí a través de la mediación de una amistad que también surgió "por casualidad" (= clarísimo deseo expreso de Dios y Providencia suya), y que está trayendo muchas cosas buenas, como la de este curso. Se trata de la amistad de Lidia y de su familia, que siempre me ha acogido con alegría y generosidad, como si fuera la mía, y que ha posibilitado que se realice este curso, en el que participa gente de cuatro pueblos (Benalúa de las Villas, Montillana, Campotejar y Colomera). Doy gracias al Señor por esta Providencia suya.
En las zonas rurales hay muy poca gente formada que quiera "perderse" por esos caminos para llevar la Palabra. Pero yo, que tengo vocación de "monja callejera" estilo Santa Teresa (salvando, claro está, el abismo de santidad que nos separa), iría con nuestro viejo citroén-saxo "hasta los confines del mundo"... Sé que estoy hecha para eso. Y me compensa ver, con asombro, lo que Dios hace en las personas más humildes.
A veces temo que la Palabra sea de difícil comprensión para hombres y mujeres sencillos. Pero Dios me demuestra que es verdad lo que dijo Jesús: que Él revela sus cosas a la gente humilde, mientras que los sabios, entendidos y altaneros permanecen impermeables a su Palabra.

En el grupo hay nueras y suegras, matrimonios, gente que ha experimentado grandes sufrimientos como Job, gente que se siente incapaz y débil... pero dichosa por sentirse predilecta de Dios. Irremediablemente, sentimos que la historia de esos personajes es nuestra historia, y que Dios quiere hacer con nosotros algo parecido a lo que hace con ellos.
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