jueves, 11 de septiembre de 2008

Leyendo el Ciclo de Abrahán (I)

Leemos juntos la Biblia
Génesis 12-25

La familia de Abrahán y Sara


27 Esta es la descendencia de Téraj:
Téraj fue padre de Abrám, Najor y Harán.
Harán fue padre de Lot, 28 y murió en Ur de los caldeos, su país natal, mientras Téraj, su padre, aún vivía. 29 Abrám y Najor se casaron. La esposa de Abrám se llamaba Saray, y la de Najor, Milcá. Esta era hija de Harán, el padre de Milcá y de Iscá.
30 Saray era estéril y no tenía hijos.
31 Téraj reunió a su hijo Abrám, a su nieto Lot, el hijo de Harán, y a su nuera Saray, la esposa de su hijo Abrám, y salieron todos juntos de Ur de los caldeos para dirigirse a Canaán. Pero cuando llegaron a Jarán, se establecieron allí. 32 Téraj vivió doscientos años, y murió en Jarán.


a En primer lugar, es interesante notar que la genealogía de Teraj es, como todas las de la Biblia, patriarcal, es decir, tiene en cuenta la descendencia por vía paterna. Ni siquiera se nos menciona el nombre de la madre de Abrahán ni el de la madre de Lot. Tampoco se nos dan noticias sobre ellas, por lo que hay que suponer que Teraj y Harán fueran viudos.
En segundo lugar, para poder seguir con la imaginación este relato, nos vendría muy bien tener delante un mapa donde situar a los personajes.
Decimos que Téraj y sus hijos procedían de la ciudad de Ur, en Caldea, más o menos donde está el actual Irak. Ur quedaría hacia el centro de Irak, cerca del río Eúfrates.
Esta familia era nómada, una familia de pastores, que se dispone a marchar desde Ur hasta Canaán, posiblemente en busca de mejores pastos para sus ganados. ¿Dónde encontramos Canaán? Se correspondería con la zona de Israel, Líbano, y la parte oeste de Siria y de Jordania.


¿Quiénes emprenden el camino? El cabeza de familia, Téraj, su hijo Abram, su nuera Saray, y su nieto Lot, que era huérfano de padre, como nos dice el relato.
En estos últimos versículos del capítulo 11 nos interesa resaltar lo siguiente: en ellos el narrador nos presenta a los protagonistas de la película que vamos a ver después: Abram, Saray y Lot. De estos protagonistas es curioso el único dato que subraya el narrador: “ Saray era estéril, sin hijos”
. Para la mujer israelita, no tener hijos era la mayor pobreza. Los hijos eran signo de la bendición de Dios. La esterilidad suponía una maldición. Y, para una sociedad que no cree aún en la vida eterna, la supervivencia o la perpetuación en la historia, en el futuro, o sea, el modo de no morir, era perpetuarse en los hijos. Una mujer sin hijos estaba abocada a desaparecer en la historia y a que no quedara rastro de ella.

¿Por qué el narrador tiene tanto interés en que los que escuchamos o leemos sepamos este dato de la esterilidad de Saray? Porque precisamente por esa carencia de Saray va a entrar Dios en la historia haciendo posible lo imposible, haciendo fecundo lo estéril y dando vida allí donde parece que sólo hay un vientre yermo.
En la Biblia aparecen muchas mujeres estériles a las que Dios va a elegir precisamente para ser madres de personajes importantes de la historia de Israel.
¿Qué significa esta esterilidad? Precisamente la incapacidad humana de generar cauces de salvación y el hecho de que sólo Dios puede hacerlo.


La llamada a salir y la bendición
Pero dejábamos a Abram, Saray y Lot en Jarán. Allí murió su padre, Teraj, y fue entonces cuando Abrahán escuchó de Dios la siguiente llamada y la siguiente bendición:

1 Yahveh dijo a Abram: "Sal de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré.
2 De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición. 3 Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra."
4 Salió, pues, Abram, como se lo había dicho Yahveh, y con él Salió Lot. Tenía Abram 75 años cuando salió de Jarán.

Nos encontramos en los primeros versículos del capítulo 12. Fijémonos en la llamada que Dios le hace a Abrahán: “Sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré”.

“¡Sal!”. La propia tierra, el propio país, el círculo familiar, los amigos, las raíces de la infancia, los recuerdos, las costumbres, los lugares conocidos... constituyen a menudo toda nuestra seguridad. Y lo que Dios le pide a Abrahán es un éxodo de todo lo conocido hacia una tierra que aún no ha visto, sin ninguna garantía de éxito en esa empresa, o con la única garantía que da el fiarse de alguien que nos parece merecedor de tal confianza. Abrahán no ha visto su futura tierra, pero sale fiándose de la palabra del Señor. Sale como un ciego que camina a tiendas.
En un momento de oración que tuvimos hace años un grupo de compañeros de la universidad, una de nuestras compañeras, Mariola, hoy profesora de Biblia y escritora, compartió con nosotros una imagen muy bonita para decirnos cómo entendía ella la fe: la fe es como un bastón de ciego que no te permite asegurar más espacio delante de tus pies que el del próximo paso. Con el bastón, un ciego no puede apreciar dónde está el final de la calle, pero tampoco lo necesita. Sólo necesita saber dónde ha de dar el próximo paso. Así es la fe: nos conduce paso a paso a la espera de que Dios nos muestre gradualmente el camino.

El fundador de la Familia Paulina, el beato Santiago Alberione, decía que Dios enciende las luces poco a poco, no de golpe, y eso nos permite saber qué tenemos que hacer y adónde tenemos que ir hoy con una absoluta confianza, sin pretender que Dios nos desvele todo su proyecto cuando nosotros queremos, dejando el mañana en sus manos.
Pues eso es lo que sucede en la vida de Abrahán y Sara cuando Dios les pide que salgan de su tierra sin saber adónde habían de ir.

El versículo 2 contiene una bendición que a este matrimonio ya anciano y estéril le debía sonar un poco surrealista:
“De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición”.
Para los semitas, se notaba que una persona había sido bendecida por Dios cuando vivía una larga vida, es decir, cuando moría anciano; cuando tenía riquezas y posesiones y cuando tenía muchos hijos. Desde ese punto de vista, la esterilidad era un signo de maldición o de olvido de Dios, y ahora resulta que a Abrahán se le hace la promesa de que será “una nación grande”, es decir, hay que tener esperanza en aún llegará una descendencia numerosa.

Por otra parte, es importante notar que esa bendición de Abrahán tiene una dimensión universal, es decir, la bendición no se le ha dado sólo a él y a su descendencia sino para que, en él, serán benditas todas las naciones de la tierra. En esto se apoyará san Pablo para decir que la promesa de la fe no fue sólo para el pueblo escogido sino para todos, judíos y paganos, los de cerca y los de lejos.
Así pues, Abrahán hace lo que Dios le dice: sale con toda su familia y sus posesiones y en todas las paradas que va haciendo, a medida que se desplaza del norte al sur del país, va erigiendo altares a Yahveh e invocando su nombre. Es decir, va sustituyendo el culto pagano de Canaán por el culto a Yahveh. En los versículos 4 al 9 se mencionan distintos lugares sagrados, como “la encina de Moré”, que debía de ser un antiguo santuario cananeo, tal y como se describe en el libro del Deuteronomio. Precisamente allí se produce un encuentro entre Dios y Abrahán en el que Dios ratifica su promesa de la tierra y la descendencia: “A tu descendencia he de dar esta tierra”.

Mil soles espléndidos

Mi amiga y colaboradora en Radio María, Mª Ángeles, me ha prestado un libro que ha leído este verano y que le ha impresionado profundamente. Se trata de la novela de Khaled Hosseini "Mil soles espléndidos". Ella me la ha recomendado vivamente aunque, eso sí "necesitarás tomarte un respiro de vez en cuando, porque en ocasiones resulta agobiante...", me ha dicho.
Anoche comencé su lectura. Sólo tres páginas, porque caí rendida. Pero el argumento es atrayente y prometedor:
"Hija ilegítima de un rico hombre de negocios, Mariam se cría con su madre en una modesta vivienda a las afueras de Herat. A los quince años, su vida cambia drásticamente cuando su padre la envía a Kabul a casarse con Rashid, un hosco zapatero treinta años mayor que ella. Casi dos décadas más tarde, Rashid encuentra en las calles de Kabul a Laila, una joven de quince años sin hogar. Cuando el zapatero le ofrece cobijo en su casa, que deberá compartir con Mariam, entre las dos mujeres se inicia una relación que acabará siendo tan profunda como la de dos hermanas, tan fuerte como la de madre e hija. Pese a la diferencia de edad y las distintas experiencias que la vida les ha deparado, la necesidad de afrontar las terribles circunstancias que las rodean -tanto de puertas adentro como en la calle, donde la violencia política asola el país-, hará que Mariam y Laila vayan forjando un vínculo indestructible que les otorgará la fuerza necesaria para superar el miedo y dar cabida a la esperanza.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Hoy he visto un milagro (II)

La vivencia con que el Señor nos agració el día de la Natividad de María ha suscitado en mí una reflexión y una oración continua durante estos dos días. Oración de acción de gracias y de petición, que hoy se ha plasmado en el salmo que sigue, con sabor a la experiencia religiosa de Israel y de muchos creyentes que confían en Dios:

Ya lo sabía,
me lo habían contado desde niña,
lo conocía de oídas,
pero hoy han visto mis ojos
que los que esperan en Ti
no quedan nunca defraudados,
y que lo que parece difícil para nosotros
no es imposible para Ti.

A Ti llega el clamor de los pobres,
y miras con compasión sus lágrimas.
Sientes con ellos,
sufres con ellos,
y haces todo lo que está en tu mano
para librarles de sus angustias.
Así lo dicen los salmos:
"El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos",
"como siente una madre ternura por sus hijos,
así Tú sientes ternura
por cuantos confían en tu Bondad".

Tú eres Bueno y Fuente de la Vida,
tu Nombre es Amor.

Si alguien me lo preguntara,
no sabría decir cómo actúas.
Pero cuando los increyentes
me preguntan burlonamente
"¿dónde está tu Dios?",
yo sé dónde estás, Dios mío,
y les respondo que estás
donde estaba Jesús:
del lado de la vida.
Allí te he encontrado hoy.

Hoy te he visto rescatar
a una hija tuya de la desesperación
y limpiar las lágrimas de sus ojos.
Hoy te he visto cambiar
su luto en danza
y su tristeza en alegría.
Hoy te he visto Compañero de camino,
Emmanuel y Salvador.

Llena de estremecimiento, asombro y gratitud,
me pongo ante ti
para suplicarte confianza.
Que, cuando dude, recuerde
lo que han visto mis ojos,
y sepa esperar contra toda esperanza,
con la serena certeza de que, para tu Amor,
nada hay imposible.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Hoy he visto un milagro (I)

Hoy he visto un pequeño milagro.
Mi amiga y hermana de Congregación, Úrszula Szymanska, está pasando diez días de vacaciones en España y la estoy acompañando a visitar algunas ciudades monumentales, entre ellas (¡cómo no!), mi bella Toledo.
Esta mañana hemos salido pronto, tras la Eucaristía, a ver el museo sefardí, situado en la sinagoga del Tránsito. Mi despiste y mi poca costumbre de visitar han hecho que no cayese en la cuenta de que los museos suelen permanecer cerrados los lunes. Así es que hemos continuado nuestro recorrido hacia la catedral, pasando por la iglesia de Santo Tomé y la contemplación del famoso cuadro del entierro del conde de Orgaz.

Rara vez me he detenido a entrar en la iglesia, pero hoy he querido que Úrszula la viese por dentro. Hasta aquí, todo corriente, irrelevante, prosaico... Pero es aquí donde ha comenzado el milagro. Seguramente, Loli no leerá esto nunca, pero estoy convencida de que ella ha sido, hoy, agraciada por Dios de un modo especial, tierno, compasivo, efectivo y "eficaz".

Estábamos en la iglesia cuando una mujer joven, de unos treinta y tantos años, me ha preguntado si yo conocía a la hermana Rita.
-No, pero podemos preguntarle al sacerdote que está rezando.

En efecto, en una capilla lateral, un joven sacerdote elevaba su oración de rodillas.
-No quiero estorbar su oración -me ha respondido la joven, un poco azorada.
-No importa. No creo que esta pregunta le distraiga demasiado -he repuesto yo. Y he ido a preguntar resueltamente al sacerdote.
-¿Rita? Aquí no hay ninguna hermana Rita -me ha respondido, y ha continuado su oración, de rodillas y con las palmas manos unidas a la altura del mentón, en un gesto piadoso.

Cuando le he transmitido a la mujer las palabras del sacerdote, su rostro se ha entristecido.
-Mire, una pastora protestante me ha enviado aquí, a la calle Santo Tomé, a buscar a la hermana Rita, y no sé cómo encontrarla.
Y mientras me decía esto, me mostraba un cuaderno garabateado, con referencias imprecisas sobre una religiosa y una calle sin número, al tiempo que sus labios han comenzado a temblar, presos de desconsuelo y casi al borde del llanto. Entonces me he sentado con ella en el banco de la iglesia. Mientras tanto, Úrszula me esperaba y se había sentado a rezar.

-¿Para qué quieres a la hermana Rita?
-Para que me ayude. No tengo dónde estar, no sé adónde ir, y la asistente social ha dicho que hasta el miércoles no puede atenderme.
Dos gruesas lágrimas han comenzado a rodar por sus mejillas...
-¿De dónde eres?
-De Barcelona. Mi familia no quiere saber nada de mí, y desde hace un año y medio estoy en Toledo. Pero ahora no tengo trabajo ni un lugar para dormir. Busco, pero no es fácil encontrar...
-¿Cómo te llamas?
-Loli.
-No llores, Loli. ¡No llores, mujer! Vamos a buscar a Rita. O si no, buscaremos un albergue en Toledo. ¡Vamos!

Se ha secado las lágrimas y hemos salido fuera, con Úrszula. He llamado a una de mis hermanas de comunidad para que me buscara ciertos teléfonos útiles, pero no había manera de encontrarlos. Mientras ella buscaba, yo rezaba interiormente una oración al ángel custodio ("Ángel de Dios, que eres nuestro custodio, consíguele una casa a esta mujer..."). Al instante, cuando he colgado el teléfono, he visto venir entre la gente a una religiosa de María Inmaculada. Me he abalanzado sobre ella y le he dicho:
-Perdona, tengo que preguntarte algo, es una emergencia...

Para no asustarla, lo primero que he hecho ha sido identificarme... (religiosa, residente en Toledo, etc, etc...), y luego he pasado a referirle la historia de Loli, una mujer necesitada de cobijo.
-No tengo a mano el teléfono del albergue y desconozco también su ubicación. Quizá vosotras podáis ayudarme. Esta mujer busca a una tal hermana Rita pero...
-¿Rita? ¡Rita es de mi comunidad! Es la encargada de asuntos sociales. No te preocupes. Yo me quedo con la joven, y si no hay sitio con nosotras, la llevaremos al albergue...

La religiosa era joven, muy delgada, de ojos negros chispeantes y sonrisa abierta. Cuando hemos llegado hasta Loli y le hemos contado todo, no ha podido contener las lágrimas de alegría y un suspiro de alivio, mezclado con una suerte de desconcertada incredulidad. Loli se ha quedado con la hermana Ana en muy buenas manos, y yo he recordado otros episodios semejantes que he experimentado durante mi vida.

Estoy convencida de que no existe la casualidad. Todo es Providencia. Todo tiene una razón, un sentido y una guía benevolente que lo dispone todo para nuestro bien: acontecimientos, personas que se cruzan en nuestra vida...

Por otra parte, hoy me he visto sobresaltada y me ha sorprendido ser, de nuevo, una mediación del cuidado de Dios hacia sus criaturas.
Hoy he visto que ha sido verdad, para Loli, lo que Dios nos dice por boca de Isaías:

"Yo, el Señor, les responderé.
Yo, el Dios de Israel, no los abandonaré" (Is 41,17).

Y también lo que dice el Deuteronomio:

"Es tu Dios el que camina contigo.
No te dejará ni te abandonará" (Dt 31,6).

miércoles, 27 de agosto de 2008

¿Leer la Biblia en un año?

Leemos juntos la Biblia
Génesis 1-12


El 9 de octubre de 2007, es decir, hace casi un año, proponía yo, en este mismo blog, leer la Biblia entera en un año, lo cual suponía leer una media de cuatro capítulos diarios.
Han ido transcurriendo los meses y, por mi parte, no he podido realizar mi deseo. Tan sólo he podido leer los textos diarios de la liturgia y algunos libros completos (pocos) que requería mi tarea lectiva.

Pero comenzamos nuevo curso y vuelvo a las andadas. ¡Otra vez la misma propuesta! ¿Alguien se apunta? Sólo que, en lugar de comenzar por los evangelios, vamos a comenzar por el principio, es decir, por el Génesis.
Para esta semana propongo leer los 12 primeros capítulos del Génesis, que abarcan la llamada historia de los orígenes (Génesis 1-11) y el comienzo de las historias de los patriarcas y matriarcas del pueblo de Israel.
Acompañando esa lectura, iré ofreciendo unas palabras de introducción general a las diversas secciones de los libros.

Al acercarnos a las figuras de Abrahán y Sara (Gn 11,27 y capítulos siguientes) os invito a contemplar a estos personajes como modelos de fe en el Dios de los imposibles. Si una imagen de Dios emana de esas páginas bíblicas es precisamente ésta.

___________________________________

Abrahán y Sara, modelos de creyente

El libro del Génesis, uno de los más conocidos del A.T., está formado por dos grandes partes:
- La primera está constituida por los 11 primeros capítulos y corresponde a la llamada “historia de los orígenes”.- Y la segunda, que va de los capítulos 12 al 50, abarca los ciclos de los patriarcas y matriarcas.

No vamos a hablar de los once primeros capítulos del Génesis, aunque sí podemos decir que introducen los relatos que siguen a continuación proporcionando un marco a los grandes protagonistas de estos relatos, que son Abrahán, Isaac, Jacob con sus respectivas mujeres, y José.
Si nos fijamos, el narrador de los primeros capítulos del Génesis es como un director de cine que coge su cámara y trata de preparar para nosotros un reportaje que abarque el universo entero y al ser humano en general. Es como si quisiera mostrarnos cómo está hecho el universo y cómo es el ser humano, cómo se comporta y cómo está llamado a vivir. Por supuesto, este director de cine es profundamente religioso y ve, en toda la creación, una huella de Dios y ve, en el ser humano, el sueño de Dios para la humanidad: cómo quería Dios que fuera nuestra vida y cómo la hacemos nosotros, desde nuestra libertad. Ahí entran los relatos de la creación, el paraíso, el pecado, la torre de Babel, el diluvio y Noé con sus hijos.
Pues bien, de este punto de partida universal, el enfoque de la cámara se va estrechando hasta centrarse en unos personajes particulares: en un clan cuyos antepasados fueron Noé y sus hijos, y del que va a nacer el primer gran padre del pueblo de Israel: Abrahán.

Una pregunta que solemos hacernos respecto a los patriarcas es si son personajes históricos o si sus historias son una serie de cuentos más o menos edificantes que un redactor ha coleccionado y unido en el libro del Génesis.

Lo primero que hay que decir es que no es fácil situar cronológicamente a Abrahán, pero hoy sabemos, por los datos de que disponemos, que podríamos situarlo en el período de la edad del Bronce Medio, entre el año 1900 y el 1600 a.C. ¿En qué se basan los estudiosos para fechar a estos personajes en este período? En datos como las fórmulas de los tratados y pactos o las leyes sobre herencias que tratan por igual a todos los hijos.
Es verdad que los materiales de esta época fueron reelaborados en tiempo de la monarquía, pero el sustrato antiguo de los relatos pertenece al siglo XX o XIX a. C.

Respecto a si son históricos o no estos relatos antiguos hay tres posturas entre los estudiosos:
- La primera defiende que todo lo que se nos cuenta en estas narraciones es histórico, incluso aunque haya contradicciones narrativas o cronológicas. Esta postura es la de quienes se empeñan en entender la Biblia literalmente.
- La segunda postura, que mantuvieron estudiosos de principios del siglo XX, es la de rechazar toda historicidad y sostener que los relatos son una simple ficción puesta al servicio de la teología de la historia. Es decir, los autores sagrados, recogiendo o creando leyendas y mitos tratarían de ofrecer, con ellos, un sentido de la historia y de la vida humana.
- Y la tercera postura, predominante hoy entre los estudiosos de la Biblia, es la que, sirviéndose de los descubrimientos arqueológicos de los últimos tiempos, reconoce un fondo histórico que trata de transmitirnos una verdad religiosa o teológica.
Que existe un fondo histórico es incuestionable, puesto que en miles de tablillas de arcilla que han ido apareciendo en lugares como Mari tenemos atestiguados los nombres de Abrahán, Sara y también costumbres semejantes a las que aparecen en el libro del Génesis.
Ahora bien, ¿fue todo tal y como nos cuentan estos relatos patriarcales? Probablemente, lo que tenemos ante nuestros ojos es una lectura idealizada de un antepasado en el que queremos resaltar una serie de cualidades. O quizá la historia de Abrahán y su familia sea la síntesis de la propia historia del pueblo, un pueblo al que le tocó salir para preservar su fe y su identidad y para ser portador de unas promesas para toda la humanidad.

En todo caso, sea Abrahán un personaje histórico en el sentido estricto de la palabra, o no, lo cierto es que es un modelo para los creyentes de todas las épocas y de tres de las grandes religiones monoteístas:- para el judaísmo ha sido “el padre” de la nación. Recordemos la discusión que tiene Jesús con los judíos en el capítulo 8 de Juan, cuando los judíos le dicen: “Nosotros tenemos por padre a Abrahán...”. El Dios en el que creen los judíos es el Dios de nuestros padres, Abrahán, Isaac y Jacob.
- para los musulmanes, es el “amigo de Dios”;
- para los cristianos, es el hombre de la fe por excelencia. De ello nos ha quedado un testimonio precioso en las cartas de San Pablo a los Gálatas y a los Romanos, y en la carta a los Hebreos.

El autor de la carta a los Hebreos, tratando de animar y alentar la esperanza de los cristianos perseguidos, en el capítulo 11 presenta una gran nube de testigos de la fe, que han resistido y han mantenido la confianza en Dios y su apuesta por Él en situaciones límite de tribulación, persecución o martirio. Pues bien, entre esa nube de testigos se encuentran Abrahán y Sara, modelos de fe al salir de su tierra, al creer que podrían engendrar siendo ancianos, y al entregar, finalmente, a su hijo amado sin entender, en absoluto, el aparente absurdo proyecto de Dios. Un absurdo que lo que pretende es mostrarnos lo ilimitado de la confianza de este padre y de esta madre de la fe. Consideremos, con atención, lo que el autor de la carta a los Hebreos dice de Abrahán y de Sara:


“Por la fe, Abrahán, al ser llamado por Dios,
obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia,
y salió sin saber a dónde iba.
Por la fe, peregrinó por la Tierra Prometida como en tierra extraña,
habitando en tiendas, lo mismo que Isaac y Jacob,
coherederos de las mismas promesas,
pues esperaba la ciudad asentada sobre cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
Por la fe, también Sara recibió, incluso fuera de la edad apropiada,
vigor para ser madre, pues tuvo como digno de fe al que se lo prometía.
Por lo cual, también de uno solo y ya gastado,
nacieron hijos, numerosos como las estrellas del cielo,
incontables como las orillas del mar.
Por la fe, Abrahán, sometido a prueba, presentó a Isaac como ofrenda,
y el que había recibido las ofrendas,
ofrecía a su unigénito, respecto del cual se le había dicho:
Por Isaac tendrás descendencia.
Pensaba que poderoso era Dios aun para resucitar de entre los muertos.
Por eso lo recobró, para que Isaac fuera también figura.”

Con esta pequeña introducción sobre el significado de la figura de Abrahán para los creyentes, comenzamos su ciclo en el capítulo 11,27 del libro del Génesis, en donde encontramos la genealogía de su padre Téraj.

jueves, 7 de agosto de 2008

Actividades en el Monasterio

Parece que, en el último tiempo, todo me conduce a Buenafuente.
Hace días, de vacaciones en mi pueblo, me encontré por la calle a Carmen, vecina del lugar.

-Una amiga religiosa me ha invitado a hacer ejercicios espirituales con ella en un lugar del que no había oído hablar nunca. Se encuentra en Guadalajara. Son unas monjas cistercienses...

Mi cara se iba iluminando a medida que Carmen hablaba.
-¿Las conoces?
-¡Sí, claro que sí!

En seguida le conté la breve e intensa historia vivida en este monasterio de monjas contemplativas de Buenafuente del Sistal.

Y no sólo Carmen irá este verano a hacer ejercicios allí (ya los está haciendo ahora). También mi amiga Mónica (Yentl) se ha animado a conocerlo en vivo y en directo y a abandonarse, con disponibilidad, a una muy posible experiencia de Dios.
En mi deseo de que lo conozcáis, por fin he colgado en mis álbumes de picasa el reportaje sobre el Monasterio, que os invito a contemplar en la siguiente dirección:
http://picasaweb.google.es/conchipddm/BuenafuenteDelSistal

Y me atrevo a incluir aquí, en este post, el calendario de actividades del presente año, por si alguien necesita y busca un oasis de interioridad como remedio y cura de una vida en constante extroversión.
__________________________________


CALENDARIO DE ACTIVIDADES de Buenafuente del Sistal – 2008

Marzo, día 4: Encuentro de oración en Madrid
Día 19-23: Encuentro de Pascua

Abril, día 1: Encuentro de oración en Madrid

Mayo, días 1- 4: Curso sobre Santa Teresa
Día 6: Encuentro de oración en Madrid
Días 10-11: Romería a la ermita de la Virgen de los Santos, Vigilia y Pascua de Pentecostés

Junio, día 3: Encuentro de oración en Madrid
Días 13–21: 1ª Ejercicios Espirituales

Julio, días 4-12: 2ª Ejercicios Espirituales
Días 14 -19: Curso de Lectio Divina
Días 22-30: 3ª Ejercicios Espirituales

Agosto, días 4-12: 4ª Ejercicios Espirituales
Días 16 -24: 5ª Ejercicios Espirituales
Días 24-29: Ejercicios Espirituales para sacerdotes (Dirige Mons. D. Elías Yanes)
Días 24 -30: Camino de Santiago

Septiembre, días 1–9: 6ª Ejercicios Espirituales
Días 13-14: Amigos de Buenafuente. Exaltación de la Cruz
Días 18-20: Peregrinación a Lourdes
Días 20 – 28: 7ª Ejercicios Espirituales

Octubre, día 7: Encuentro de oración en Madrid - Ejercicios de la Comunidad

Noviembre, día 4: Encuentro de oración en Madrid
Días 12-21: Peregrinación a Tierra Santa
Días 29-30: Encuentro de ADVIENTO

Diciembre, días 5–8: Retiro y VIGILIA DE LA INMACULADA
Día 23: Encuentro de oración en Madrid

Notas:
- Los encuentros en Madrid son en C/ Príncipe de Vergara 88; 7, tarde oración, 7,30, puntos de reflexión, 8, Vísperas y Eucaristía
- Teléfonos de Buenafuente:
Monasterio – Casa de oración.- 949 83 50 32
Casa de Acogida.- 949 83 50 44
- Para llegar a Buenafuente desde Madrid: Empresa SAMAR, estación de salida Méndez Álvaro, diario hasta Alcolea del Pinar. Consultad siempre los posibles cambios de horario. Los viernes, hasta Buenafuente (Tfno. Estación Méndez Álvaro: 91 468 42 36/91 468 48 39). Hay que ponerse en comunicación con la Casa de Acogida para llegar a Buenafuente.
Se recomienda llamar siempre por teléfono para cualquier problema de transporte o deseo de estancias.

- Esta información y más, la tenéis en la página de los claretianos:
http://www.ciudadredonda.org/

martes, 15 de julio de 2008

Más silencio (Buenafuente del Sistal)

De nuevo estoy aquí, en el lugar más silencioso que he conocido jamás.
Sólo el agua del manantial de Buenafuente pone música en medio del silencio. Música o, incluso, más silencio... Porque el fluir constante del agua derramándose en la fuente de piedra acalla el pensamiento bullicioso y aquieta la imaginación (ésa que Santa Teresa llamaba "la loca de la casa").
Durante esta semana, un grupo de más de 70 personas, seglares y religiosos/as, están haciendo un curso de lectio divina, dirigido por Ángel Moreno, sacerdote diocesano, y por Severiano Blanco, misionero claretiano.
Me hubiera gustado participar en este curso, pero no estoy aquí para eso, sino para visitar a las hermanas Cistercienses del Monasterio junto con Lidia, mi compañera orante del blog.
La Madre María, mujer cálida, sencilla, acogedora y maternal donde las haya, nos ha recibido con los brazos abiertos y ha dejado sus muchos quehaceres de la casa, el huerto y la hospedería, para atendernos. Le he pedido permiso para colgar en el blog el reportaje fotográfico del lugar, que hice el año pasado, y me ha dicho que cuelgue algunas fotillos, cosa que haré en cuanto pueda prepararlas.
Puesto que Buenafuente es un espacio para cultivar la oración, la interioridad, gozar del silencio y de la belleza de la creación, y encontrarse con uno mismo, con Dios y con los otros, deseo daroslo a conocer. Es uno de mis pocos lugares favoritos, adonde no me cansaría nunca de volver.
Estoy en la Iglesia del Monasterio. El agua de la fuente sigue cayendo y bañando el Santuario de manera interminable, acompañando mi respiro con el sonido de su danza delicada. El perfume del incienso llega hasta mí y el grupo se ha puesto a cantar un canto de adoración a la Eucaristía, solemnemente expuesta.

Es hora de detener las palabras.
Es hora de adorar.
Es hora de entrar en este silencio regalado y en la Presencia que nos envuelve y nos penetra a todos, como nos baña el agua fresca y cristalina del manantial de Buenafuente.