miércoles, 15 de octubre de 2008

"Id y anunciad lo que habéis visto y oído"

Ya sé que han pasado algunos días desde la clausura de nuestro curso en Benalúa de las Villas y que, como dice nuestro sabio refranero popular, agua pasada no mueve molino, pero permitidme volver a ello porque, sin duda, en lo pasado también está en germen el futuro.
Conchi, creadora de este blog e infatigable compañera de camino, en diversas ocasiones me ha pedido que escribiera unas líneas y yo, como “novata insegura” que se abruma ante los encargos apresurados y “un poco flojilla” - según la que me dio a luz-, hasta ahora había hecho caso omiso a su invitación de adentrarme en este mágico mundo de los literatos y las musas, donde lo que no existía es creado; mas hoy, después del rotundo éxito y tan laureados comentarios que no cesan, me veo casi en la obligación de ser yo la que le pide un huequito en este espacio.
¡¡Qué rápido se ha pasado la semana!! Y qué penilla...
Creo que éstas no son sólo las palabras que yo le decía a Conchi, bien entrada la noche, mientras ella preparaba su equipaje, para marchar el domingo por la mañana temprano, sino el sentir de todas las asistentes al curso, aun con el fastidio de perderse la telenovela.

Es pena, sí, pero también alegría...
Pena por la vuelta a la monotonía y alegría por el soplo de aire fresco que nos ha dado respiro.
Pena por la soledad y alegría por la comunión.
Pena por las inconsolables horas oscuras y alegría por la luz que enciende la noche.
Pena por el anhelo y alegría por la esperanza derramada.
Pena por la ausencia y alegría por los encuentros venideros.
A ti, Conchi, paisana y tocaya de la discípula, te ha sabido a poco y Dios se te ha hecho más cercano y tú, Enrique, te has quedado admirado de la profundidad tan sencilla, que deja huella. Paquita, mi tía y peluquera de profesión, ansiosa lee la Sagrada Escritura entre permanente y permanente, y Juani, “la chozuela”, insiste en que no encuentra esas historias en su Biblia. Mari da gracias por “tan buena discípula y por las cinco tardes tan maravillosas” mientras José Luis, el párroco, se despide pidiendo oración. Pepi se lamenta ante la ausencia de jóvenes y Paquita no cesa de exclamar: ¡nos habéis dado vida! Toñi, ansiosa, pregunta para cuándo el regreso y Cipri quiere firmar para Semana Santa. Mari, “de la Eulalia”, se despide con los ojos vidriosos como quien ve marchar a una hija y así, una a una, podría mencionar los más de cien nombres de todas las asistentes. Nombres, con historias propias que te buscan, Señor. “Tu pueblo tiene hambre y sed de la Palabra de Dios” (cf. Amós 8,11).
Por supuesto, y como en todos sitios, también las hay –escasas, pero haberlas, haylas- que van a disgusto, como si alguien las obligara, de ésas que "te limpian la chaqueta" tan rápido como se la cambian, cuyo rasgo característico es el ceño fruncido con una mirada que fulmina a todo lo viviente simpatizante que haya a la redonda, a menos que se trate de "don salchichón, el señor serrano o revilla", únicos con poder incuestionable de transformar la murmuración en carantoñas y palmaditas en la espalda. En fin, en esta especie -sin peligro de extinción- no me pienso detener, porque ya se sabe que beneficiar a un ingrato es como perfumar a un muerto.
Males menores y exageración andaluza aparte, yo también estoy contenta porque Dios “nos ha hecho mirarnos”. Estoy convencida de que las amistades no las escogemos nosotros sino que es Dios quien mira a los amigos y les dice: “no os habéis elegido vosotros; os he elegido yo, el uno para el otro”. Hace más de un año que el Señor me dio a Conchi como amiga, hermana y compañera de camino y soy feliz de ver que esta amistad está trayendo mucha fecundidad, no sólo para nosotras sino para muchas personas.
Quiero terminar dándole gracias a Dios y orando nuestra disponibilidad de ser siempre sus discipulas y apóstoles:


Aquí estamos, Señor, como tus discípulos en Galilea.
Aquí estamos, Señor, respondiendo a tu llamada.
Aquí estamos, Señor, porque nuestro gozo eres tú.
Aquí estamos, Señor, queremos ser anunciadores de tu Reino.
Aquí estamos, Señor, con la confianza puesta en ti.

martes, 14 de octubre de 2008

Congreso anual de Pastoral Vocacional y Efeta, dos eventos esperanzadores

De la mano de la teóloga española Isabel Gómez Acebo, quiero daros a conocer dos encuentros, de muy distinto cariz, que han tenido lugar en Madrid y en Sevilla, en estos primeros días del mes de octubre. Encuentros en los que las mujeres de Iglesia, religiosas y laicas, han tenido un protagonismo especial. Como yo no he asistido (aunque me he quedado con las ganas), dejo que Isabel os lo cuente e incluso me permito tomar de ella el título de este post.
Por cierto, descubrí su blog hace días y me parece de lo más interesante. A la derecha he puesto un enlace para facilitaros su búsqueda.

YYYYYYYYYYYYYYYYYYYYY

Unos eventos esperanzadores

He asistido este fin de semana a dos eventos muy distintos pero que me han llenado de esperanza en un cristianismo que permanece vivo en nuestra sociedad a pesar de todos los profetas de calamidades que nos hablan de su extinción.

El primero tuvo lugar en Madrid y era la celebración del congreso que las religiosas/os (altero el orden convencional porque ellas eran más numerosas con lo que se merecen la precedencia) llaman de Pastoral Vocacional. Había más de 800 personas en el salón de actos del colegio El Recuerdo de los jesuitas. La mayoría era joven, lo que ya sorprende cuando en las iglesias esa presencia ha disminuido dramáticamente. Muchos también guapos, puesto que hoy cuidan su presencia los religiosos y no se meten en el convento los que “no se comen un rosco” en la vida social, sino los que quieren llevar el cristianismo a los niveles más altos.
Mayores y jóvenes, altos y bajos, rubios y morenos, españoles y extranjeros, un plantel variopinto de personas que gozan de un elemento común: llenos de ilusión siguen los caminos marcados por Jesús de Nazaret para los escogidos. Imagino que el verse y compartir experiencias y proyectos les servirá a todos para renovar sus deseos y volver a sus casas fortificados en su fe.
El otro acto en el que he participado tiene unas dimensiones más modestas pero hubiera sido impensable hace unos años. Cerca de 100 personas, la mayoría mujeres, asistió a las Conferencias Presenciales de EFETA en Sevilla, unas siglas que responden a un portal de internet que ofrece un título superior privado, con duración de dos años en teología feminista. Entre las asistentes se graduaban cinco mujeres que ya habían terminado todos sus créditos. Algunas que proceden de países de América del Sur mandaron a sus amigas para que las representaran y recogieran su titulación.
Todo el grupo manifestaba su ilusión por estar realizando unos estudios que siempre habían soñado hacer y que las fortalecía como mujeres cristianas. Algunas comentaban que sus compañeras en países sudamericanos, donde la mujer sigue muy subordinada, estaban entusiasmadas por escuchar que tanto Dios como Jesús luchaban por las causas de las mujeres, que querían y las impulsaban a llevar a lo más alto las aptitudes con las que habían nacido. Sorprende que tras más de 2000 años estas cosas no se hayan oído antes pero ¡era tan cómodo que las mujeres fueran las criadas de todos! En ese todos meto también a los varones eclesiásticos, a los que especialmente les está costando cambiar de modelo.

domingo, 12 de octubre de 2008

"Las mujeres al servicio del Evangelio"

Benedicto XVI
Audiencia del miércoles, 14 de febrero de 2007

Convendrán conmigo en que el papa Benedicto XVI es poco sospechoso de heterodoxia y de ignorar la teología, la exégesis y la tradición... Si algo tiene nuestro papa es que es un hombre tremendamente culto, ¿no es así? Pues dedico este post a quienes se obstinan en aferrarse a viejas y medias "verdades" y renuncian a su razón que, como bien dice nuestro papa, siempre debe ir unida a la fe. Por supuesto, a él no se le ocurre repetir lo que siempre se dijo si la exégesis actual lo desmiente unánimemente.

YYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYY

Queridos hermanos y hermanas:
Llegamos hoy al final de nuestro recorrido entre los testigos del cristianismo naciente, mencionados en los escritos del Nuevo Testamento. Y aprovechamos la última etapa de este primer recorrido para centrar nuestra atención en las muchas figuras femeninas que han desempeñado un efectivo y precioso papel en la difusión del Evangelio.

Su testimonio no puede ser olvidado, según lo que el mismo Jesús dijo sobre la mujer que le ungió la cabeza poco antes de la Pasión: «Yo os aseguro: dondequiera que se proclame esta Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya» (Mateo 26, 13; Marcos 14, 9).

El Señor quiere que estos testigos del Evangelio, estas figuras que han dado su contribución para que creciera la fe en Él, sean conocidas y su memoria permanezca viva en la Iglesia. Históricamente podemos distinguir el papel de las mujeres en el cristianismo primitivo, durante la vida terrena de Jesús y durante las vicisitudes de la primera generación cristiana.

Ciertamente, como sabemos, Jesús escogió entre sus discípulos a doce hombres como padres del nuevo Israel, «para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar» (Marcos 3,14-l5). Este hecho es evidente, pero, además de los doce, columnas de la Iglesia, padres del nuevo Pueblo de Dios, fueron también escogidas muchas mujeres en el número de los discípulos.
Sólo puedo mencionar brevemente a aquellas que se encontraron en el camino del mismo Jesús, comenzando por la profetisa Ana (Cf. Lucas 2, 36-38) hasta llegar a la Samaritana (Cf. Juan 4,1-39), la mujer siro-fenicia (Cf. Marcos 7,24-30), la hemorroisa (Cf. Mateo 9,20-22) y la pecadora perdonada (Cf. Lucas 7, 36-50).

También mencionaré a las protagonistas de algunas de sus eficaces parábolas, por ejemplo, a la mujer que hace el pan (Mateo 13, 33), a la mujer que pierde la dracma (Lucas 15, 8-10), a la viuda inoportuna ante el juez (Lucas 18, 1-8).

Para nuestro argumento son más significativas las mujeres que desempeñaron un papel activo en el marco de la misión de Jesús. En primer lugar, el pensamiento se dirige naturalmente a la Virgen María, que con su fe y su obra maternal colaboró de manera única en nuestra Redención, hasta el punto de que Isabel pudo llamarla «bendita entre las mujeres» (Lucas 1, 42), añadiendo: «feliz la que ha creído» (Lucas 1, 45).
Convertida en discípula del Hijo, María manifestó en Caná la confianza total en él (Cf. Juan 2, 5) y le siguió hasta los pies de la Cruz, donde recibió de él una misión maternal para todos sus discípulos de todos los tiempos, representados por Juan (Cf. Juan 19, 25-27).

Hay, además, varias mujeres, que de diferentes maneras gravitaron en torno a la figura de Jesús con funciones de responsabilidad. Son ejemplo elocuente las mujeres que seguían a Jesús para servirle con sus bienes. Lucas nos ofrece algunos nombres: María de Magdala, Juana, Susana, y «otras muchas» (Cf. Lucas 8, 2-3). Después, los Evangelios nos dicen que las mujeres, a diferencia de los Doce, no abandonaron a Jesús en la hora de la Pasión (Cf. Mateo 27, 56.61; Marcos 15, 40). Entre ellas destaca en particular la Magdalena, que no sólo estuvo presente en la Pasión, sino que se convirtió también en la primera testigo y anunciadora del Resucitado (Cf. Juan 20,1.11-18). Precisamente a María de Magdala santo Tomás de Aquino dedica el singular calificativo de «apóstola de los apóstoles» («apostolorum apostola»), dedicándole un bello comentario: «Así como una mujer había anunciado al primer hombre palabras de muerte, así también una mujer fue la primera en anunciar a los apóstoles palabras de vida» («Super Ioannem», editorial Cai, § 2519).

También en el ámbito de la Iglesia primitiva la presencia femenina no es ni mucho menos secundaria. Es el caso de las cuatro hijas del «diácono» Felipe, cuyo nombre no es mencionado, residentes en Cesarea, dotadas todas ellas, como dice san Lucas, del «don de profecía», es decir, de la facultad de hablar públicamente bajo la acción del Espíritu Santo (Cf. Hechos, 21, 9). La brevedad de la noticia no permite sacar deducciones más precisas.

Debemos a san Pablo una documentación más amplia sobre la dignidad y el papel eclesial de la mujer. Comienza por el principio fundamental, según el cual, para los bautizados «ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer», «ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gálatas 3, 28), es decir, unidos todos en la misma dignidad de fondo, aunque cada uno con funciones específicas (Cf. 1 Corintios 12,27-30).
El apóstol admite como algo normal el que en la comunidad cristiana la mujer pueda «profetizar» (1 Corintios 11, 5), es decir, pronunciarse abiertamente bajo la influencia del Espíritu Santo, a condición de que sea para la edificación de la comunidad y de una manera digna. Por tanto, hay que relativizar la famosa exhortación «las mujeres cállense en las asambleas» (1 Corintios 14, 34).
El problema, sumamente discutido, sobre la relación entre la primera frase -las mujeres pueden profetizar en la asamblea-, y la otra -no pueden hablar-, es decir, la relación entre estas dos indicaciones que aparentemente son contradictorias, se lo dejamos a los exegetas. No es algo que hay que discutir aquí. El miércoles pasado ya nos habíamos encontrado con Prisca o Priscila, esposa de Áquila, quien en dos casos es mencionada sorprendentemente antes del marido (Cf. Hechos 18,18; Romanos 16,3): ambos son calificados explícitamente por Pablo como sus «sun-ergoús», «colaboradores» (Romanos 16, 3).

Hay otras observaciones que no hay que descuidar. Es necesario constatar, por ejemplo, que la breve Carta a Filemón es dirigida por Pablo también a una mujer de nombre «Apfia» (Cf. Filemón 2). Traducciones latinas y sirias del texto griego añaden al nombre «Apfia» el calificativo de «soror carissima» (ibídem), y hay que decir que en la comunidad de Colosas debía ocupar un papel de importancia; en todo caso, es la única mujer mencionada por Pablo entre los destinatarios de una carta suya.

En otros pasajes, el apóstol menciona a una cierta «Febe», a la que llama «diákonos» de la Iglesia en Cencreas, la pequeña ciudad puerto al este de Corinto (Cf. Romanos 16,1-2). Si bien el título, en aquel tiempo, todavía no tenía un valor ministerial específico de carácter jerárquico, expresa un auténtico ejercicio de responsabilidad por parte de esta mujer a favor de esa comunidad cristiana.Pablo pide que sea recibida cordialmente y asistida «en cualquier cosa que necesite de vosotros», y después añade: «pues ella ha sido protectora de muchos, incluso de mí mismo». En el mismo contexto epistolar, el apóstol, con rasgos delicados recuerda otros nombres de mujeres: una cierta María, y después Trifena, Trifosa, y Pérside, «amada», así como a Julia, de las que escribe abiertamente que «se han fatigado por vosotros» o «se han fatigado en el Señor» (Romanos 16, 6.12a. 12b.15), subrayando de este modo su intenso compromiso eclesial.

En la Iglesia de Filipos se distinguían, además, dos mujeres de nombre Evodia y Síntique (Filipenses 4, 2): el llamamiento que Pablo hace a la concordia mutua da a entender que las dos mujeres desempeñaban una función importante dentro de esa comunidad.

En síntesis, la historia del cristianismo hubiera tenido un desarrollo muy diferente si no se hubiera dado la aportación generosa de muchas mujeres. Por este motivo, como escribió mi venerado y querido predecesor, Juan Pablo II, en la carta apostólica «Mulieris dignitatem», «La Iglesia da gracias por todas las mujeres y por cada una… La Iglesia expresa su agradecimiento por todas las manifestaciones del “genio” femenino aparecidas a lo largo de la historia, en medio de los pueblos y de las naciones; da gracias por todos los carismas que el Espíritu Santo otorga a las mujeres en la historia del Pueblo de Dios, por todas las victorias que debe a su fe, esperanza y caridad; manifiesta su gratitud por todos los frutos de santidad femenina» (n. 31).

Como se ve, el elogio se refiere a las mujeres en al transcurso de la historia de la Iglesia y es expresado en nombre de toda la comunidad eclesial. Nosotros también nos unimos a este aprecio, dando gracias al Señor porque Él conduce a su Iglesia, de generación en generación, sirviéndose indistintamente de hombres y mujeres, que saben hacer fecunda su fe y su bautismo para el bien de todo el Cuerpo eclesial para mayor gloria de Dios.


[© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]
Nota: La negrita es mía.

sábado, 11 de octubre de 2008

¡Hasta pronto, Benalúa, y gracias!

Con una Eucaristía final y una merienda preparada por muchas participantes, concluimos ayer el curso bíblico que ha ocupado nuestro tiempo, nuestra atención y gran parte de los comentarios cotidianos de las mujeres, en las tiendas de Benalúa.

Fue una tarde, la última, un tanto "accidentada", con una pequeña pero poco agradable confrontación en torno a la figura de María Magdalena (ya decía yo hace unos días en este mismo blog que María sigue siendo una figura controvertida y que muchos varones de Iglesia se resisten a que pierda su fama de mujer pecadorísima...), con un corte de luz que nos oscureció misa y merienda, y con una inoportuna lipotimia que me dejó "fuera de combate" durante quince minutos... A pesar de estos inconvenientes, nada nos detuvo, y hablamos de los Hechos de los Apóstoles y de las cartas de Pablo, en sus líneas fundamentales, iluminadas por el fuego del Espíritu que, en cierto modo, también a nosotras nos abrasaba y nos urgía, como a los primeros cristianos en Pentecostés.

Hablamos de la extensión del Evangelio desde Jerusalén hasta los confines del mundo... Hablamos de los rasgos de los primeros cristianos: la valentía y la alegría profunda de la fe. Explicamos la dificultad que tuvieron los judeocristianos para aceptar y acoger a los paganos en la Iglesia, y recordamos las tribulaciones que sufrieron los apóstoles y Pablo en su misión.

Hablamos del Evangelio de Pablo: el evangelio de la fe, de la gracia, de la libertad y de la alegría. Y hablamos del resto del N.T. y de su final esperanzado y deseante de la venida del Señor: "¡Ven pronto!¡Ven, Señor Jesús!"

Tras la charla, hubo entrega de diplomas para las y los asistentes al curso (preparados por el concejal de cultura, Enrique), Eucaristía con renovación de promesas bautismales en la oscuridad de una noche alumbrada por el cirio pascual, y merienda a la luz de las velas.

En la Eucaristía, María (conocida en Benalúa como "la Mari, la ramona") leyó una oración de acción de gracias compuesta por ella, que reproduzco aquí, con pudor por lo que a mí me toca, pero uniéndome a su agradecimiento por esta semana hermosa que hemos compartido juntos.

(Mari es la segunda por la derecha)

Acción de gracias

Te damos gracias, Señor, por estas cinco tardes tan maravillosas que hemos pasado.

Han sido nada más diez horas, poquito tiempo, pero muy bien aprovechado.
Ese repaso de la Santa Biblia que con tanta gracia y saber nos ha dado Conchi, nuestra hermana paulina... El recorrido por Tierra Santa... ¡Yo creo que si vamos allí, no lo vemos mejor de lo que lo hemos visto, ni con mejor guía que ella!

Gracias, Señor, por tan buena discípula. Envía muchas discípulas como ella para que sigan llevando tu Evangelio por todo el mundo. Ha sido la primera vez, pero esperamos que no sea la última para poder tener otra convivencia tan bonita como ésta, con todos los pueblos cercanos. Gracias por acompañarnos y compartir con nosotros esta rica experiencia.

Lidia, gracias por acordarte de nosotros. El Señor esté siempre contigo; que sigas los pasos de tan buena “maestra” como tienes.

Gracias a nuestro párroco, D. José Luis, por acompañarnos todas las tardes celebrando la Eucaristía y preparando esas meriendillas para todos.

Virgen Santísima, acompáñanos siempre. Sé nuestro faro, guía e intercede ante tu hijo, Jesús, para que envíe el Espíritu Santo y derrame sus dones sobre todos nosotros. AMÉN

Mari Martínez


(Publicado por Lidia Troya)

jueves, 9 de octubre de 2008

Peregrinación virtual a Tierra Santa

La sesión de ayer fue un recorrido por los lugares en los que transcurrió la vida de Jesús, desde su Encarnación hasta su ascensión.
Hasta el último momento dudé entre proyectar las fotografías que hice en mi peregrinación del año 2006 y los power point que había preparado para los cursos bíblicos anuales que imparto, antes de mi visita a Israel. Finalmente, me decidí por los power point, realizados con fotos escaneadas y recogidas de internet. Por lo demás, mis fotos podréis encontrarlas aquí, en mis álbumes picasa, en próximos días, y ya se pueden ver en la web http://www.discipulasdm.org/.
"La cosa empezó en Galilea" y allí, en Nazaret, visitamos la Basílica de la Anunciación, el único lugar en el que podemos leer: "El Verbo se hizo carne AQUÍ", gracias al consentimiento de María.
Desde Nazaret, nos dirigimos, como hizo la adolescente María, a visitar Eim Karem, el lugar donde vivían su prima Isabel y Zacarías, que ya esperaban un hijo tras la esterilidad que habían sufrido largos años.
De ese "lugar de las montañas", nos dirigimos a Belén, el pueblo del rey David, donde, desde antiguo, los profetas habían anunciado que nacería el Mesías. Y allí, tal y como nos indica el evangelista Lucas, nació Jesús. La basílica de la Natividad tiene una entrada llamativa: una puerta muy pequeña por la que sólo puedes entrar si te agachas, como diciendo que El Misterio de la Encarnación sólo se puede acoger si uno se hace como un niño.
Y de Belén, de nuevo a Nazaret, donde Jesús vivió la mayor parte de su vida en el anonimato más total, bajo la autoridad de sus padres.
Unos treinta años después, Jesús sale de su pueblo y comienza a enseñar y a curar entre la gente de Galilea, de Judea y de los alrededores. El Jordán es su punto de partida, donde recibe el bautismo de manos de Juan Bautista, y escucha la voz del Padre que le dice: Éste es mi hijo amado. Tras el bautismo, los lugares de la tentación: el monte de la cuarentena y el pináculo del templo, en Jerusalén.
Y, por fin, Cafarnaúm, donde, según Marcos, Jesús llama a sus primeros discípulos y comienza a enseñar con autoridad, a curar y a expulsar demonios. Allí tenía su casa, la casa de Pedro, de la que se conservan las ruinas en la antigua ciudad. Según Juan, es Caná el lugar donde Jesús comenzó sus signos, y allí nos traladamos también.
Otros lugares visitados en nuestra peregrinación virtual fueron Jericó (pueblo de Bartimeo y de Zaqueo), el monte Tabor, Qumram y las grandes fortalezas herodianas de Masada y el Herodion.
Y así subimos con Jesús a Jerusalén: las siete puertas de la ciudad, el monte de los olivos, la capilla del Dominus flevit, la Basílica de las Naciones, la iglesia del Padre Nuestro, la explanada del templo, el litóstrotos y la Basílica del Santo Sepulcro. Todo, como si hubiéramos subido con Él, como si hubiéramos estado allí, como si hubiéramos pisado el mismo suelo que pisó el Señor.
La gente escuchaba y miraba atenta e incluso entusiasmada. La voz corrió y el número de asistentes fue en aumento, de tal manera que ayer estuvimos más de cien, porque se nos unieron hermanos y hermanas de Deifontes, entre los que se encontraba el vicario de los Montes Orientales, Francisco Javier.
A pesar del grupo tan numeroso, hay un clima de mucha familiaridad, cercanía y simpatía. Pasamos una horas divertidas, dentro de la "seriedad" del estudio que nos ocupa. Pero en la Palabra de Dios hay también mucho humor, y mi intento es que ninguno de los que escuchan se "desenganche", o se pierda porque no entiende, o se duerma de puro aburrimiento. Por eso procuro que en mis cursos la gente se lo pase bien. El humor no está reñido con la profundidad y el respeto a lo sagrado. Incluso hay alguna alumna de mis cursos de Madrid que me dice que viene a los cursos por "el buen rato que pasa, y lo que se ríe"... ¡Bienvenida sea, sea cual sea la motivación! El caso es que, estando allí, puede que alguna Palabra la alcance y la ayude a vivir.

martes, 7 de octubre de 2008

Lo que Dios hace

Estoy en la parroquia de la Encarnación, en Benalúa de las Villas.
Hemos rezado Laudes y nos hemos dispuesto a orar una hora con el evangelio del próximo domingo (Mt 22,1-14), pero hace más de treinta minutos que han llegado un arquitecto, su ayudante y el párroco, y no dejan de hablar y hacer ruido continuamente, probablemente proyectando futuras obras en el templo.

Mientras tanto, hubiera querido presentar ante el Señor a todos y cada uno de los asistentes al curso: ayer fueron unos noventa los presentes. En los cinco años que llevo dedicándome plenamente a la pastoral bíblica, nunca había visto una respuesta tan entusiasta. Te buscan, Señor. Tu pueblo tiene hambre y sed de tu Palabra. Para mí, esto es un signo que me habla a voces. Signos como éste deberían interpelar a toda la Iglesia y a sus "pastores" (obispos, sacerdotes, religiosos/as y agentes de pastoral).

Desde el día 5 al 18 de este mes se está celebrando el Sínodo de Obispos sobre la "Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia". Es providencial la coincidencia de este sínodo con nuestro curso. Me dice que lo que estamos haciendo es cosa de Dios, que Él lo quiere, y quiere que sigamos por este camino, que es el camino de la Iglesia.

Hace años, encontrándome con otra hermana, solas las dos, atendiendo una casa de religiosos y sacerdotes, principalmente ancianos y enfermos, cuando iba a rezar a la capilla vacía y exponía el Santísimo para mi hora y media de adoración, "soñaba" que un día daría el pan de la Eucaristía y de la Palabra a mucha gente. No sé explicar de qué manera me invadía la certeza de que algún día estaría junto a una gran asamblea, orando con la Palabra de Dios, animando su oración o explicando la Palabra.

Han pasado diez años, y lo que voy viendo con asombro es que aquello no era una imaginación mía, sino que, sin que yo sepa cómo, se va haciendo. En esta ocasión, Dios me ha traído aquí a través de la mediación de una amistad que también surgió "por casualidad" (= clarísimo deseo expreso de Dios y Providencia suya), y que está trayendo muchas cosas buenas, como la de este curso. Se trata de la amistad de Lidia y de su familia, que siempre me ha acogido con alegría y generosidad, como si fuera la mía, y que ha posibilitado que se realice este curso, en el que participa gente de cuatro pueblos (Benalúa de las Villas, Montillana, Campotejar y Colomera). Doy gracias al Señor por esta Providencia suya.

En las zonas rurales hay muy poca gente formada que quiera "perderse" por esos caminos para llevar la Palabra. Pero yo, que tengo vocación de "monja callejera" estilo Santa Teresa (salvando, claro está, el abismo de santidad que nos separa), iría con nuestro viejo citroén-saxo "hasta los confines del mundo"... Sé que estoy hecha para eso. Y me compensa ver, con asombro, lo que Dios hace en las personas más humildes.

A veces temo que la Palabra sea de difícil comprensión para hombres y mujeres sencillos. Pero Dios me demuestra que es verdad lo que dijo Jesús: que Él revela sus cosas a la gente humilde, mientras que los sabios, entendidos y altaneros permanecen impermeables a su Palabra.

Ayer pasamos la tarde conociendo y contemplando figuras de grandes creyentes bíblicos que tienen mucho que enseñarnos (Moisés, Gedeón, Gefté, Samuel y David), historias como las de Rut y Job, y poemas preciosos como El Cantar de los Cantares.

En el grupo hay nueras y suegras, matrimonios, gente que ha experimentado grandes sufrimientos como Job, gente que se siente incapaz y débil... pero dichosa por sentirse predilecta de Dios. Irremediablemente, sentimos que la historia de esos personajes es nuestra historia, y que Dios quiere hacer con nosotros algo parecido a lo que hace con ellos.

lunes, 6 de octubre de 2008

Curso de introducción a la Biblia en Benalúa de las Villas

En los últimos días hubiera querido escribir sobre varios acontecimientos significativos para mí y para la Familia Paulina: los cursos de formación permanente de septiembre, sobre el "tema estrella" del año, San Pablo, y el retiro del mes que nos prepara a la fiesta de Jesús Maestro, celebrado el pasado sábado, día 4. Pero de estas cosas hablaré otro día.

Hoy estoy en Benalúa de las Villas, un pueblecito de Granada.

El día ha sido muy intenso.
Esta mañana salimos pronto Lidia y yo hacia Benalúa. Lidia es natural de aquí, y había pasado un par de semanas en nuestra comunidad de Toledo a la que, si Dios quiere, se incorporará en meses próximos. Cuando veníamos de camino, rezando Laudes, me sentí como los discípulos del evangelio, enviados por Jesús de dos en dos a preparar los lugares a donde pensaba ir Él (Lc 10,1).

Sí, venía enviada por Jesús y llamada a anunciar su Palabra, que es para lo que vivo y para lo que deseo gastar toda mi vida. El párroco, José Luis, me había pedido hace meses un curso de introducción a la Biblia y, finalmente, hemos podido concretar la fecha: del 6 al 10 de octubre.
Durante mi estancia en Benalúa, me hospedo en casa de Lidia, donde siempre experimento la excepcional hospitalidad de sus padres, Encarni y Luis, y el cariño de toda su familia. Este calor humano y cercanía cristiana me ayudan en mi tarea evangelizadora, así como la colaboración de Lidia en la preparación de materiales. Esta situación me hace experimentar de cerca algo de lo que los apóstoles de la primera iglesia experimentaron en sus correrías apostólicas, tal y como lo leemos en los apasionantes relatos del libro de los Hechos de los Apóstoles. Incluso Lidia tiene "su réplica" en el libro de los Hechos: la famosa Lidia, vendedora de púrpura, que dio hospitalidad a Pablo en Filipos(Hch 16,11-15.40) y en cuya casa se reunían los hermanos.

El curso ha comenzado puntualmente a las 5 de la tarde. Me ha sorprendido el interés y la respuesta tan numerosa a la invitación del párroco, José Luis, a participar en el curso. También Encarni ha contribuido a una eficaz publicidad del mismo, repartiendo carteles en lugares concurridos de la localidad. Al menos 77 han sido los asistentes.
En la sesión de esta tarde hemos tratado de responder a las siguientes preguntas:

¿Qué es la Biblia?
¿Cuántos libros la componen?
¿Cómo se escribió?
¿Quién la escribió?
¿Cuándo se escribió?
¿Dónde se escribió?
¿Por qué se escribió?
¿Qué es el canon de la Escritura?
¿Qué son los géneros literarios?

A continuación, hemos comenzado a esbozar un recorrido por la historia de la salvación, desde Abrahán hasta Jesús. Las dos horas de la tarde han transcurrido rápidamente. Cuando hablo de la Biblia, se me para el tiempo. Los protagonistas de la segunda parte de la tarde han sido Abrahán, Sara y el Dios de la promesa y la bendición, el Dios para el que nada, absolutamente nada, es imposible.