viernes, 8 de marzo de 2013

La parábola del padre misericordioso


Lectura orante de Lucas 15, 1-3.11-32

Oración para disponer el corazón

Dios y Padre Bueno,
quiero contemplar tu misericordia entrañable,
semejante a la compasión de una madre y de un padre:
misericordia que acoge, que abraza,
que perdona, que recrea,
que lo hace todo nuevo.

Quiero contemplar tu paciencia esperanzada,
que no se cansa de aguardar el regreso
del hijo ingrato y perdido.

Quiero contemplar tu Caridad,
que no toma en cuenta el mal,
que mira al pecador con una mirada siempre nueva,
recién estrenada, como la inocente mirada de un niño,
sin juicio, sin condena, sin ira,
colmada de absoluta bondad.

Quiero contemplar tu Amor infinito,
que todo lo excusa, todo lo espera,
todo lo aguanta,
con tal de ver nacer a la Vida
a tus hijos, heridos de muerte por el pecado.

Dios y Padre Bueno,
Tú eres la Caridad perfecta.
Tú eres el amor sin medida.
Tú eres el Perdón sin condiciones:
quiero contemplarte y darte gracias.
Quiero suplicarte que me acojas, que me abraces,
que me perdones y me recrees,
a Ti, que lo haces todo nuevo.
Amén.
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Lucas 15,1-3.11-32

En aquel tiempo 1 se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo. 2 Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos:
- Ése acoge a los pecadores y come con ellos.

3 Jesús les dijo esta parábola:
- 11 Un hombre tenía dos hijos; 12 el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”.
El Padre les repartió los bienes.
13 No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
14 Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
15 Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. 16 Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.
17 Recapacitando entonces se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan mientras yo aquí me muero de hambre. 18Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; 19 ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.
20 Se puso en camino adonde estaba su padre: cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.
21 Su hijo le dijo:
- Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.
 22 Pero el padre dijo a sus criados:
El regreso del hijo pródigo, Sieger Köger
- Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; 23 traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, 24 porque este hijo mío estaba muerto y revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado.
Y empezaron el banquete. 
25 Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, 26 y, llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.
27 Éste le contestó:
- Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.
28 Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. 29 Y él replicó a su padre:
- Mira, en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; 30 y cuando ha venido ese hijo tuyo, que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.
31 El padre le dijo:
- Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: 32 deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado.

CUANDO LEAS

1. La ocasión de la parábola
La parábola del hijo pródigo es una de las tres parábolas conocidas con el nombre de “parábolas de la misericordia”, recogidas en el capítulo 15 del Evangelio de Lucas.
Lo que provoca que Jesús pronuncie estas parábolas es la murmuración de los fariseos y letrados porque Jesús “acoge a los pecadores y come con ellos”. Su actitud es dura, despectiva e inmisericorde. En lugar de alegrarse porque los publicanos y pecadores son acogidos por el Maestro Jesús, los fariseos sienten envidia y critican la actitud misericordiosa del Señor.
Ellos entienden mucho de leyes, pero poco de amor y compasión.
Entonces Jesús les dirige, con dedicatoria personal, tres parábolas: la del buen pastor, la de la dracma perdida y la del hijo perdido. Las tres tienen mucho en común: algo que se pierde (una oveja, una moneda, un hijo), alguien que busca o que espera (el pastor, la mujer, el padre), la constancia y la paciencia en la búsqueda o la espera, la inmensa alegría de reencontrarlos, la fiesta por haberlos recobrado...

2. Los personajes
Cuando leas la parábola, fíjate en cada uno de los personajes principales: el padre, el hijo pequeño y el hijo mayor. ¿Qué actitudes y rasgos caracterizan a cada uno de ellos?

El hijo menor:
- Ingrato y egoísta: sólo piensa en sus deseos de diversión y placer. No le importa herir a su padre con el abandono y el desprecio. No le importa faltarle al respeto y al honor pidiéndole su parte de herencia. Reclamar la herencia era equivalente a considerar al padre muerto para él.
- Derrochador y “vividor”: Derrochó su hacienda con malas mujeres.
- Calculador e interesado: No le mueve a regresar el amor filial sino la necesidad. El que se enalteció y pisoteó el amor y el honor de su padre, después fue humillado por la vida misma: llegó incluso a cuidar cerdos, animales considerados impuros por los judíos.
- Lo positivo de este personaje es que aprende la lección: no vuelve orgullosamente reclamando sus derechos de hijo, sino que se humilla y pide ser tratado como un jornalero más de su padre.

El padre:
- Es un hombre bueno. No sólo bueno. Es la personificación de la caridad: no se irrita cuando su hijo lo desprecia y abandona; no tiene en cuenta el mal y, cuando su hijo regresa, corre a su encuentro, lo abraza, lo besa, lo viste, lo calza, le pone un anillo... y organiza un banquete.
- Lucas dice que el padre, al ver a lo lejos a su hijo despojado de bienes y de su dignidad, sintió compasión, se le conmovieron las entrañas, como a una madre por sus hijos. La compasión es el rostro de este personaje.

El hijo mayor:
- Trabajador, fiel y obediente a su padre. Pero, como el otro hijo, tampoco éste sabe amar. Sirve a su padre como un jornalero más, esperando “la paga”. No se siente verdadero hijo, no ha sabido comprender el amor de su padre, que le dice, perplejo: “Pero, hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo...”. No se parece a su padre ni en la compasión, ni en la generosidad ni en la alegría.

3. ¿De quién está hablando Jesús?
En el contexto de Jesús, el hijo perdido representa a los publicanos, pecadores, prostitutas..., de los que Jesús era amigo y con los que frecuentemente comía. El padre representa a Dios Padre y al mismo Jesús. Y el hijo mayor representa a los fariseos: rígidos, legalistas, más propensos a juzgar que a acoger y perdonar.

4. Tres lecturas, desde diversos ojos
Sumérgete ahora en la historia de esta familia. Sitúate allí, en la casa de aquel hombre que tenía dos hijos y trata de relatar los hechos con tus palabras adoptando, cada vez, un personaje distinto:

- Si es el padre quien lo narra: “Yo tenía dos hijos. El más pequeño me dijo un día... Con dolor, le repartí los bienes y al poco tiempo se marchó de casa... Lo que sentí... Cada día esperaba su regreso... Cuando lo vi de lejos, se me conmovieron las entrañas, corrí a él y lo llené de besos...”
- Si es el hijo pequeño: “No sé por qué, deseé recorrer mundo, experimentar mi libertad, no tener que depender de mi padre para darme a la buena vida. Le pedí la parte de mi herencia y le abandoné a él y a mi hermano mayor...”.
- Si es el hijo mayor: “Siempre fui fiel a mi padre. Por eso no podía dar crédito a lo que allí estaba pasando: mi padre nunca me dio una fiesta, a pesar de haberle servido siempre como si fuera uno de sus criados. Pero llegó mi hermano, sinvergüenza y perdido, y mi padre le preparó una fiesta como a su hijo favorito... Cuando oí la música y las danzas, las risas y el bullicio sentí...”.

CUANDO MEDITES

1. ¿Con qué personaje de la parábola me identifico más y por qué?
2. Imagina la continuación de la parábola:
¿Cómo te sentirías tú, si fueras el hijo pequeño, después de ser recibido con tanto amor? ¿Cómo actuarías después, en la casa de tu padre? ¿Comenzarías a amar mucho, porque tu padre te ha perdonado mucho?...
Y si fueras el hijo mayor, ¿cambiaría algo en ti al escuchar las palabras de tu padre: “Tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo...”? ¿Abrazarías a tu padre y entrarías en la fiesta? ¿Acogerías a tu hermano y le preguntarías por su vida...?
3. La parábola tiene una doble llamada para ti:
Te invita a sentirte y ser verdadero hijo amado de Dios.
Te invita a parecerte al Padre en tus relaciones con los demás: siendo paciente, compasivo, generoso, alegre... En definitiva, amando con el Amor del Padre.
¿Cómo puedes responder de un modo más auténtico y fiel a esa doble llamada?
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Canto: Nadie te ama como yo

¡Cuánto he esperado este momento!
 ¡Cuánto he esperado que estuvieras así!
¡Cuánto he esperado que me hablaras!
¡Cuánto he esperado que vinieras a mí!

Yo sé bien lo que has vivido,
sé también por qué has llorado.
Yo sé bien lo que has sufrido,
pues de tu lado no me he ido.

Pues nadie te ama como yo.
Pues nadie te ama como yo.
Mira la cruz,
esa es mi más grande prueba,
Nadie te ama como yo.
Pues nadie te ama como yo.
Pues nadie te ama como yo.
Mira la cruz, fue por ti,
fue porque te amo,
Nadie te ama como yo.

Yo sé bien lo que me dices
aunque a veces no me hables.
Yo sé bien lo que en ti sientes,
aunque nunca lo compartes.

A tu lado he caminado,
Junto a ti yo siempre he ido.
Aun a veces te he cargado,
yo he sido tu mejor amigo.


CUANDO ORES

- Pídele perdón a Dios por tu pecado, tu infidelidad, tu inconsciencia o tu alejamiento en muchos momentos... Pídele la gracia de volver a Él siempre que te alejes, con confianza, sin miedo, con corazón humilde y agradecido.

- Haz memoria de episodios significativos de tu vida en los que hayas experimentado el amor de Dios y el amor de otras personas que han sido para ti su sacramento. Dale gracias por su amor y por estas personas que ha puesto y pone en tu vida.

- Suplícale por todos sus hijos “perdidos”, equivocados, alejados...

- Pídele por todos los cristianos y por la Iglesia, para que seamos un espejo de su caridad para el mundo.

- O quédate en silencio, contemplando agradecidamente su amor para con todas su criaturas.

- Salmo de la ternura de Dios (Salmo 104/103 adaptado)

Bendito seas, Jesús, Dios de misericordia infinita,
imagen del Padre, encarnación de su bondad.
Desde el fondo de mi ser te bendigo, Señor,
y recuerdo siempre tus muchos beneficios.

Bendito seas Tú, que perdonas todas mis culpas
y sanas todas mis enfermedades.
Bendito seas Tú, que rescatas mi vida de la infelicidad,
del desánimo y la desesperanza,
y saturas de bienes mi existencia.

Bendito seas, Jesús, misericordioso y cercano.
Como se alzan los cielos por encima de la tierra,
así de alto e inmenso es tu amor para con nosotros.
Tan lejos como está el oriente del ocaso,
así alejas de nosotros todas nuestras rebeldías.

Como un padre y una madre sienten ternura por sus hijos,
así sientes ternura por nosotros,
porque Tú nos conoces enteramente,
y sabes que somos tan frágiles como el barro.

Bendito seas, Jesús, que nos recreas y nos haces de nuevo.
Como a los hijos pródigos de la parábola,
tiras de mí, atrayéndome con tu llamada amorosa,
para que abandone mis intereses y ambiciones
y me abra a la fraternidad, la generosidad y el compartir.

Bendito seas, Jesús, el Amigo de los niños y de los pobres,
de las mujeres, de los enfermos y de los extranjeros,
de los extraviados y pecadores:
dame un corazón lleno de hospitalidad
para que pueda ofrecer a otros
el mismo amor que Tú derrochas conmigo.

Bendito seas Tú, Jesús, por sentarnos en la mesa nueva de tu Reino,
en la que todos somos hijos del mismo Dios y Padre, iguales y hermanos.
Bendito seas Tú, por darnos a comer tu pan partido
y a beber el vino de tu sangre derramada
para que todos seamos colmados de vida y de sentido.

Gracias por hacernos una sola cosa contigo y entre nosotros,
al comer tu Pan Eucarístico.
Gracias por hacernos pan bendecido, roto y entregado como Tú,
para que a todos llegue el don de tu amor inagotable
a través de nuestra vida ofrecida y dispuesta a dejarse comer,
y a través de nuestro rostro radiante y esperanzado
por la buena noticia de tu perdón y de tu misericordia.

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jueves, 7 de marzo de 2013

Amor eterno

Sólo hay un amor que no dice
hoy sí y mañana no.
Sólo hay unos ojos
que merecen una pérdida.
Sólo hay un abrazo
que estará siempre ahí:
el de tu Cuerpo
abierto y traspasado.

Por eso amamos el amor
que nos es dado
con el desapego de quien sabe
de lo frágil y lo efímero,
aunque amándolo, eso sí,
como fuera a ser eterno.


Jesús, despojado de sus vestiduras, Teresa Peña
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"El Hijo de Dios, Cristo Jesús... no fue sí y no; en él no hubo más que sí. Pues todas las promesas de Dios han tenido su sí en Él" (2 Cor 1,19-20)
“Con amor eterno te he amado… mi amor no se apartará de tu lado…” (Is 54,8.10)

Estando él en casa de Simón el leproso, vino una mujer...

Lectio divina de Marcos 14, 1-20

1 Faltaban dos días para la Pascua y los Ázimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo prenderle con engaño y matarle. 2 Pues decían: “Durante la fiesta no, no sea que haya alboroto del pueblo.
3 Estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, recostado a la mesa, vino una mujer que traía un frasco de alabastro con perfume puro de nardo, de mucho precio: quebró el frasco y lo derramó sobre su cabeza.  4 Había algunos que se decían entre sí indignados: “¿Para qué este despilfarro de perfume? 5 Se podía haber vendido este perfume por más de trescientos denarios y habérselo dado a los pobres.” Y refunfuñaban contra ella. 6 Mas Jesús dijo: “Dejadla. ¿Por qué la molestáis? Ha hecho una obra buena en mí. 7 Porque pobres tendréis siempre con vosotros y podréis hacerles bien cuando queráis; pero a mí no me tendréis siempre. 8 Ha hecho lo que ha podido. Se ha anticipado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. 9 Yo os aseguro: dondequiera que se proclame la Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya.”
10 Entonces, Judas Iscariote, uno de los Doce, se fue donde los sumos sacerdotes para entregárselo. 11 Al oírlo ellos, se alegraron y prometieron darle dinero. Y él andaba buscando cómo le entregaría en momento oportuno.   
12 El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: “¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?” 13 Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: “Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle 14 y allí donde entre, decid al dueño de la casa:”El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?” 15 Él os enseñará en la planta superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para nosotros.” 16 Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.
17 Y al atardecer, llega él con los Doce. 18 Y mientras comían recostados, Jesús dijo: “Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará, el que come conmigo.”  19 Ellos empezaron a entristecerse y a decirle uno tras otro: “¿Acaso soy yo?”  20 Él les dijo: “Uno de los Doce que moja conmigo en el mismo plato.  21 Porque el Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!”

CUANDO LEAS

Con el texto que oramos hoy iniciamos la quinta y última parte del Evangelio de Marcos: la Pasión y la Resurrección de Jesús. En concreto en los capítulos 14-15 se nos narra la muerte del Mesías. Marcos llega al punto en que Jesús se hace encarnación de la buena noticia. Es un momento frecuentemente anticipado en los 13 capítulos previos, con claras predicciones de la pasión y resurrección (8,31; 9,31; 10,33-34; 9,12; y en el relato de la pasión: 14,3-9.21.27.41), con dichos que interpretan la muerte de Jesús en función de su significado salvífico. La narración de este evangelio ha ido señalando este desenlace como inevitable. Es indudable que en todo el evangelio de Marcos la parte en que se narra la pasión y la resurrección domina completamente la dedicada a hablar de la buena noticia y de su proclamación por Jesús. Como ocurre en el resto de del evangelio, esta última parte presenta importantes imágenes y motivos procedentes del Antiguo Testamento, especialmente de los salmos 22 y 69 y, quizá, del “otro” relato de la pasión (Is 52,13-53,12 “Como cordero llevado al matadero”).
El relato de la pasión se inicia con tres unidades que tratan de “preparativos” para la muerte de Jesús, captándose perfectamente la dinámica del drama que está a punto de desarrollarse. En medio de los preparativos hostiles del exterior (los jefes de los sacerdotes y los escribas: 14, 1-2) y del interior (Judas, Uno de los Doce: 14, 10-11), una mujer realiza un acto de amor que Jesús interpreta como preparación para su muerte y sepultura.                
La acción de la mujer tiene lugar fuera de Jerusalén, en casa de un leproso del que no se indica si había sido curado. Se afirma que Jesús morirá y no habrá más unción de su cuerpo hasta que se halle en el sepulcro (narrativamente, porque no había tiempo; teológicamente, porque con la Resurrección no tenía sentido; históricamente, porque Jesús fue ejecutado como un criminal). Considerando que la mujer “ha hecho lo que ha podido”, Jesús la alaba. No es posible salvarlo de la muerte pero sí tener un gesto de amor que le ayude a afrontarla. Así como el acto amoroso era apropiado para ese momento, los gestos de amor  hacia los pobres son siempre apropiados. Ese acto de amor realizado tan abiertamente  de cara a la cercana muerte es tan singular que Jesús vincula a la mujer y su actuación con la proclamación del evangelio.
Luego, dos discípulos preparan para la cena de Pascua en casa de un hombre que reconoce a Jesús como “el maestro” y que tiene una habitación de invitados a disposición de él (“mi habitación”). Resulta evidente que en el relato de la última cena Jesús es el anfitrión.
La cena propiamente dicha es descrita en dos escenas. En la primera (recogida en los últimos versículos que hoy tratamos) Jesús anuncia solemnemente que uno de los que está comiendo con él lo va a “entregar”. La segunda escena desarrollada en torno a la mesa (orada la próxima semana, 14, 22-25) ha permitido experimentar; desde los comienzos del cristianismo, el más profundo misterio y la más luminosa revelación. Tanto en los versículos 18 y 20 de nuestra perícopa el lenguaje subraya la proximidad e intimidad del traidor con respecto a Jesús (“uno de vosotros”/”uno de los Doce”; “cenando conmigo”/”mojando pan conmigo en la fuente”; cf., Sal 41,9). La traición se relaciona siempre con Judas (3,19; 14, 10.41), ésta es parte de las terribles consecuencias de su conducta, porque como indica el v.21, aunque el Hijo del hombre va a la muerte en conformidad con la voluntad de Dios, el que lo ha traicionado cargará con todas las consecuencias de su acto.

CUANDO MEDITES

Sólo “faltaban dos días para la Pascua” y Jesús no ignora su destino. Acompáñalo; valiente pero no por ello sin miedo ni incertidumbres. Un hombre coherente e impulsado por la libertad que sólo da el Espíritu.                 
Con plena confianza en el Abba pero con la necesidad de una mano amiga, humana
“Estando en Betania, en casa de un leproso, recostado vino una mujer” ¡Cuantos gestos humanos necesitamos, cuanta sed de cariño en nuestro mundo con lo poco que cuesta a veces! Y viene a su encuentro una mujer con la ternura que precisa su corazón roto para sin medidas ni hacer cuentas embriagarlo con el perfume del alivio, de la presencia convirtiendo aquello en una fiesta; ajena a la ruindad de tantos corazones que la juzgaban. ¡El anfitrión leproso seguro que se alegró! porque “sólo necesitan médico los enfermos y pecadores. Betania, ciudad de amigos, donde puede retirarse y encontrar sosiego, fiesta, calor.
“El Maestro” celebrando la pascua con sus discípulos y discípulas; misterio de amor cuando se aproxima la Hora, mojando en la misma fuente consciente de la cercanía del que lo va a “entregar”. ¡Deseo y quiero cenar siempre contigo y poder recostarme sobre tu pecho para afrontar mi destino, mi día a día.
¡QUIERO QUEBRAR CADA DÍA MIS FRASCOS,
MIS DEBILIDADES,  MIS GESTOS MÁS COTIDIANOS Y PONERLOS A TUS PIES;
QUE MI VIDA SE DERRAME Y ENTREGUE COMO LA TUYA HASTA EL FINAL!

CUANDO ORES
                  
La mujer del perfume  

Había observado tu rostro resuelto y amenazado.
El rumor de la muerte se movía a ráfagas
de palabras entrecortadas por las calles de Jerusalén…
Faltaban dos días para celebrar la Pascua.
Su intuición femenina tan cercana al dolor,
sintió  intensas la certeza de tu muerte y la alegría de tu vida.

Buscó su mejor perfume, quebró el frasco,
derramó la esencia de nardo sobre tu cabeza tensa,
y ungió con sus dedos suaves la angustia de tu futuro.
El perfume tan fino llenó la casa de fiesta.

Ajenos a tu encrucijada, con mezquina contabilidad los varones se indignaron
invocando a los pobres y criticando el derroche.
Nunca tuviste donde reclinar tu cabeza ungida.
Pero defendiste la ternura que anticipaba tu pascua,
 el frasco en pedazos como tu cuerpo roto,
y la fragancia de nardo aroma de resucitado por todo el universo.

Al sostener a un pobre que se hunde en el abismo,
una vida que se aleja hacia la muerte, angustia ciudadana,
Siempre tenemos en las manos tu cabeza
para ser ungida con perfume festivo.
¡Este evangelio de la pascua humana debe anunciarse
en todos los idiomas por los siglos de los siglos!  
           
(Benjamín González Buelta, SJ)
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Autora: Mª del Pilar Casarrubios Lucas, equipo de Lectio Divina de la UPComillas

viernes, 1 de marzo de 2013

Yo estaré contigo... Yo te envío


Lectura orante de Éxodo 3,1-8a.13-15

Canto: Yo soy el que Soy (Ain Karem)

- Si ellos me preguntan cuál es tu Nombre,
¿qué les responderé?
- Yo soy el que soy.
Yo soy el Dios de tus padres,
el Dios  de Abrahán, de Isaac y Jacob.
He visto el dolor de mi pueblo, he oído su clamor.
Conozco su angustia.
VOY A LIBERAR A MI PUEBLO…

Oración inicial: Seis peticiones a Moisés, amigo de Dios

Moisés, amigo de Dios, con el que hablabas cara a cara,
enséñanos a acudir a su cita todos los días.

Moisés, contagiado por la compasión de Dios,
enséñanos a ser compasivos y solidarios con quienes nos rodean.

Moisés, profeta de Dios,
enséñanos a escuchar su Palabra, a rumiarla en el corazón
y a anunciarla con nuestras obras.

Moisés, nodriza de tu pueblo,
enséñanos a hacernos responsables de aquellos a quienes Dios
ha encomendado a nuestro cuidado.

Moisés, mediador de la liberación de Dios,
enséñanos a ser libres y a liberar a quienes sufren cualquier tipo de esclavitud.

Moisés, humilde y fiel,
enséñanos a permanecer fieles a Dios hasta el fin.
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Éxodo 3,1-8a.13-15

1 Moisés era pastor del rebaño de Jetró su suegro, sacerdote de Madián. Una vez llevó las ovejas más allá del desierto; y llegó hasta Horeb, la montaña de Dios. 2 El ángel de Yahveh se le apareció en forma de llama de fuego, en medio de una zarza. Vio que la zarza estaba ardiendo, pero que la zarza no se consumía.
3 Dijo, pues, Moisés: «Voy a acercarme para ver este extraño caso: por qué no se consume la zarza.»
4 Cuando vio Yahveh que Moisés se acercaba para mirar, le llamó de en medio de la zarza, diciendo: «¡Moisés, Moisés!» El respondió: «Heme aquí.»

5 Le dijo: «No te acerques aquí; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada.»
6 Y añadió: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.» Moisés se cubrió el rostro, porque temía ver a Dios.
7 Dijo Yahveh: «Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he escuchado su clamor en presencia de sus  opresores; pues ya conozco sus sufrimientos. 8 He bajado para librarle de la mano de los egipcios y para subirle de esta tierra a una tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche y miel.
9 Así pues, el clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto además la opresión con que los egipcios los  oprimen.
10 Ahora, pues, ve; yo te envío a Faraón, para que saques a mi pueblo, los israelitas, de Egipto.»
11 Dijo Moisés a Dios: ¿Quién soy yo para ir a Faraón y sacar de Egipto a los israelitas?»
12 Respondió: «Yo estaré contigo y esta será para ti la señal de que yo te envío: Cuando hayas sacado al pueblo de Egipto daréis culto a Dios en este monte.»
13 Dijo Moisés a Dios: «Si voy a los israelitas y les digo: "El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros"; cuando me pregunten: "¿Cuál es su nombre?", ¿qué les responderé?»
14 Dijo Dios a Moisés: «Yo soy el que soy.» Y añadió: «Así dirás a los israelitas: "Yo soy" me ha enviado a vosotros.»
15 Siguió Dios diciendo a Moisés: «Así dirás a los israelitas: El Señor, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre, por él seré invocado de generación en generación.»

CUANDO LEAS

- En las primeras lecturas de los domingos de Cuaresma, vamos contemplando a personajes relevantes de la historia de la salvación. El primer domingo, contemplamos a Israel como pueblo salvado por el Señor. Se trata del pasaje en el que Israel confiesa su credo histórico:
“Mi padre era una arameo errante, que bajó a Egipto, y se estableció allí, con unas pocas personas. Pero luego creció, hasta convertirse en una raza grande, potente y numerosa. Los egipcios nos maltrataron y nos oprimieron, y nos impusieron una dura esclavitud. Entonces clamamos al  Señor, Dios de nuestros padres; y el Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia. El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido… con signos y prodigios. Nos introdujo en este lugar, y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel…” (Dt 26,4-10)
El segundo domingo, contemplamos a Abrahán y su alianza con Dios (Gn 15). El tercer domingo, a Moisés, la experiencia de la zarza ardiente y de la revelación del Nombre divino. El cuarto domingo, Josué, el encargado de introducir al pueblo en la tierra prometida, atravesando el Jordán. Y el quinto domingo, una lectura de Isaías.
En este tercer domingo, como decimos, la primera lectura nos presenta la teofanía de la zarza ardiente en el Sinaí y la revelación del Nombre de Yahveh. El pasaje que vamos a orar tiene tres partes:
1. Éx 3,1-6: La visión de la zarza
2. Éx 3,7-12: El encargo que le hace Dios a Moisés de sacar a su pueblo de Egipto
3. Éx 3,13-15: La revelación del nombre de Yahveh

1. Visión de la zarza (Ex 3,1-6): lo que comenzó siendo un día normal en la vida de Moisés, se convirtió en una experiencia transformadora que cambió su vida radicalmente. El foco de atención se concentra en la zarza, un lugar de manifestación de la presencia de Dios, cuya santidad el pastor Moisés desconocía, como también Jacob desconocía la posibilidad de que cualquier lugar en la noche se convirtiera en Betel, en casa de Dios (Gn 28.11-22).
La experiencia de Moisés es una visión; de ahí la repetición del verbo ver. Su objeto es la presencia divina, el ángel o mensajero del Señor. El fuego ni consume la zarza ni de ella depende: está ahí. La visión de la zarza atrae la atención; una vez cumplida su función desaparece; pero quedó ligada al Dios que en ella se reveló: el que habita en la zarza (Dt 33,16). En el monte divino, Moisés descubre a Dios en la zarza y Dios le sale al encuentro por su palabra; del ver se pasa al oír, la teofanía se hace diálogo. Dios llama a Moisés y éste responde: Aquí estoy. Le llama como a tantos otros personajes de la historia: A Abrahán, cuando le pidió sacrificar a su hijo único, el amado (Gn 22,1), a Samuel, cuando lo llamó en medio de la noche (1 Sam 3), a Isaías, en la teofanía del templo (Is 6,8)…
A la orden de descalzarse, Moisés obedece; por su cuenta se cubre el rostro. Son medidas de seguridad ritual. De los pies -sandalias- a la cabeza -cara- todo el hombre espera en silencio. Oculta su rostro, pero atiende. El encuentro con Dios es un riesgo y un acontecimiento salvador que llama a una vida nueva (véase Gn 28,17; 32,2-33; Ex 19, 21; 33,20; Nm 4,20; Dt 5, 24-25; Jue 6,22-23; 13,22; Is 6,5. La misma sensación tienen los que contemplan la gloria de Jesús: Mt 12,6; 28,4; Mc 1,27; 2,12; 4,41; 5,15.42; 6,49-51; 16,5-8; y paralelos).

2. Misión de Moisés (Ex 3,7-12). Quien se revela no es un desconocido, sino el Dios paterno, ligado a una historia de amor y comprometido con unas promesas. Dios toma la iniciativa y entra en la historia para rescatar a los suyos. La situación del pueblo oprimido la constata el mismo Dios con tres verbos: he visto, he oído, conozco. Sigue la decisión con otros tres: voy a bajar / para librarlo / y lo subiré a una tierra alabada también con tres adjetivos: buena, espaciosa y fértil. Las objeciones de Moisés y las respuestas de Dios toman la forma de un diálogo; las dudas de Moisés son viscerales: es incapaz, teme a lo desconocido, sabe que su pueblo es duro. Dios responde a cada duda con una mirada al futuro y urgiendo a la acción. A base de repeticiones, se articulan la resistencia humana, la insistencia divina y la promesa de asistencia de quien quiere llevar adelante su proyecto.
El pastor Moisés es consciente de la propia incapacidad: ¿Quién soy yo? (véase Jr 1,6; 1 Sm 9,21; Jue 6,15). Un huido de la justicia, un pobre hebreo marginado, un pastor, despreciable para los egipcios, ¿va a ir al faraón y conseguir librar a los explotados? La respuesta divina consiste en una promesa de ayuda continuada y un signo que mira al futuro: Yo estaré contigo, una invitación a abandonarse en manos de quien estará a tu lado, a creer en la misión. A la pregunta: ¿Quién soy yo?, Dios parece responderle: "Seré yo, no tú el que estará y realizará la tarea". Garantiza su misión el hecho de que un día, libres ya, se encontrarán con Dios y formarán una comunidad que dará culto en el monte donde se desarrolla la escena. La liberación se orienta a la alianza.

3. Revelación del nombre divino (Ex 3,13-15). 'Eyeh 'aser 'eyeh es un juego de palabras con el verbo hayah=ser. Gramaticalmente, es un futuro "seré el que seré", o como el anterior "Yo estaré". Como expresión verbal dinámica (el sustantivo es estático), "ser" no es verbo de esencia o estado, sino de acción, de presencia real y efectiva: "ser así, llegar a ser, manifestarse como uno es". Sus hechos explicarán su nombre. Como si dijera: Yo soy el que estoy y estará contigo para librarte…

CUANDO MEDITES

- Desde ese primer encuentro de Moisés con Dios en la zarza ardiente, su vida recibió la fuerza y la luz de sus continuos encuentros con Él en la tienda del encuentro. Moisés hablaba con Dios cara a cara, como habla alguien con su amigo (cf. Éx 33,11).
Contempla la siguiente escena: “Cuando Moisés bajó del monte Sinaí… no sabía que tenía el rostro radiante de haber hablado con el Señor… Cuando Moisés acudía al Señor para hablar con él, se quitaba el velo hasta la salida. Cuando salía los israelitas veían la cara radiante, y Moisés se volvía a echar el velo por la cara, hasta que volvía a hablar con Dios” (cf. Éx 34,29-35).
- Cuando Moisés es llamado, responde con disponibilidad: “Aquí estoy”… ¿Cómo es tu disponibilidad y abandono ante Dios? ¿Cómo te ofreces a Él para colaborar con su obra?...
- Una zarza en un monte puede ser lugar de la manifestación de Dios, lugar sagrado donde quitarse las sandalias, lugar de encuentro… ¿Cuáles son tus zarzas ardientes en tu vida cotidiana?
- Dios llama a personas concretas siempre para una misión a favor de su pueblo. En el caso de Moisés, tendrá que cargar la carga de Israel, liberar y conducir, ser mediador entre Dios y ellos, ser su nodriza que ayuda a alumbrar una nueva identidad… ¿A qué misión te llama y envía Dios?
-Dios revela su Nombre: Yo soy el que soy… ¿Qué te dice este Nombre sobre Dios? ¿Con qué nombre te gusta nombrarle según la experiencia que tienes de Él?...

CUANDO ORES

* Una zarza en un monte…

Una zarza en un monte
puede ser el lugar ideal para encontrarte.

Un momento de cansancio
puede ser el espacio de irrupción de tu descanso.

Un agitado tren de vida imparable
puede convertirse en calma y en silencio habitados.

El estrés que nos rompe el alma y quebranta el cuerpo
puede ser el espacio en que tus manos nos sosiegan
y tus brazos nos toman y nos serenan.

Dos ancianos tomados de la mano, caminando juntos en equilibrio inestable,
puede ser lugar de revelación de tu ternura obstinada
y de un sentido de la vida inquebrantable, firme como una roca.

Las miradas de muchos rostros
pueden transparentar tu atenta, penetrante y única mirada.

El loco primer amor enamorado de quien estrena la vida
puede hablarnos de tu amor loco, excesivo y sin medida.

El descenso y las pérdidas de quienes en un tiempo fueron fuertes y capaces
pueden ser revelación de ti, Inmenso y Poderoso Dios, que desciendes
y te haces nada por amor a nosotros.

Jacob te encontró durante una noche en que huía, asustado, del odio de su hermano.
Te encontró en un lugar desierto, despojado de todo,
con la única posesión de una piedra para reclinar la cabeza.
Allí estabas Tú, y él no lo sabía.
Allí te encontró y llamó a aquel lugar oscuro “casa de Dios y puerta del cielo”.
Elías te esperaba en el fuego abrasador,
en la manifestación imponente del Dios único.
Pero te halló en el silencio de una brisa semejante a un leve soplo.

Un lugar vacío, el silencio de una brisa, una zarza en un monte,
o cualquier otro lugar inesperado,
pueden convertirse
en el lugar ideal para encontrarte. 
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martes, 26 de febrero de 2013

Estad atentos y vigilad... No sabéis cuándo viene...

Lectio divina de Marcos 13,24-37
24 En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, 25 las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.
26 Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad;              27 enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
28 Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; 29 pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. 30 Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. 31 El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, 32 aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.
33 Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento.
34 Al igual que un hombre que se ausenta: deja su casa, da atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, y ordena al portero que vele; 35 velad, por tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al cantar del gallo, o de madrugada. 36 No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. 37 Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!»

CUANDO LEAS

- El evangelio forma parte del “discurso escatológico” de Marcos, llamado también “discurso sobre la parusía” o “apocalipsis sinóptico” (13,1-37). “El material de que se compone son predicciones coloreadas apocalípticamente, que tienen numerosos paralelos en la literatura apocalíptica contemporánea suya, logia del Señor, tanto provenientes de Jesús como puestos en boca suya, las dos parábolas de la higuera y la del guardián a la puerta” (J. Gnilka). “El Su objetivo es animar la fe de la comunidad desconcertada y asustada por los acontecimientos sucedidos en Judea durante los años 70 d.C. (opresión romana, destrucción del templo y persecución de la comunidad cristiana).
El discurso escatológico se divide, a grandes rasgos, y tras una introducción que sitúa el escenario (vv. 1-4), en tres partes: a) 5b-23; b) 24-27; c) 28-37. Para nuestra oración de hoy, seleccionamos las dos últimas secciones.
-El tema central del pasaje es la venida del Hijo del hombre, la venida de Jesús. Los vv. 24-25 presentan una escena de conmoción del universo ante la venida del Señor. “No es que el Hijo del hombre llegue a través de la calamidad, sino que su llegada trastorna el mundo viejo. Su esplendor lo anula; ya no hay astros que iluminen ante su luz. En los Apocalipsis judíos llegaba el juez a condenar. Aquí no hay juicio de condenación, sino la aparición de la salvación, el inicio del mundo nuevo. El texto no pretende atemorizar sino dar esperanza” (F. Riera).
En efecto, esa conmoción cósmica era presentada ya en oráculos proféticos (Is 13,10; Ez 31,19) como un recurso literario para anunciar el nacimiento de un mundo nuevo. “Lo viejo ha pasado; todo es nuevo” (2 Cor 5,17), “He aquí que yo hago nuevas todas las cosas” (Ap 21,5).
-La venida de Jesús es presentada, en los vv. 26-27 al estilo como la describe Daniel 7,13-14, con imágenes de la apocalíptica judía de la época. En esencia, lo que se nos quiere decir que es, en la parusía del Señor (la palabra griega parusía significa venida), el mundo viejo pasará y Dios salvará a sus elegidos, sus hijos amados, por medio de su Hijo Jesús.
-Con parábola de la higuera, vv. 28-29, se nos quiere enseñar a mirar los acontecimientos que se mencionan anteriormente como un signo de que el Señor está cerca, a la puerta. La expresión “está cerca, a la puerta” hace alusión al juicio, a la salvación y al juez. En el mismo contexto aparece en otros textos neotestamentarios:
“Tened, pues, paciencia, hermanos, hasta la Venida del Señor. Mirad: el labrador espera el fruto precioso de la tierra aguardándolo con paciencia… Tened también vosotros paciencia; fortaleced vuestros corazones, porque la Venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos de otros para no ser juzgados; mirad que el Juez está a las puertas…” (San 5,7-9)
“… Yo, a los que amo, los reprendo y los corrijo. Sé, pues, ferviente y arrepiéntete. Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3,19-20)
-En nuestro pasaje, siguen tres dichos: sobre cuándo sucederá todo eso (v.30), sobre el valor permanente de la palabra de Cristo (v.31; aquí Jesús habla con el lenguaje de Is 40,8, para subrayar la autoridad divina de su enseñanza: “La Palabra de nuestro Dios permanece para siempre”) y sobre el secreto del momento de la venida de Jesús (v.32). Este último dicho “habría nacido en una situación de apasionada e inminente espera de la parusía y habría pretendido servir de corrección de tal espera” (J. Gnilka). Por otra parte, la idea de que sólo Dios conoce el tiempo definitivo es típica en el judaísmo (Zac 14,7, “Será un día único, conocido sólo de Yahveh…”).
- Los vv. 33-37 presentan una segunda parábola, la del portero. Compara la vigilancia sobre el reino con la vigilancia que ha de tener un portero cuyo señor se ha ido de viaje. Puesto que no se conoce el momento exacto de su venida, se requiere una vigilancia constante. “Velad” es la exhortación que se repite tres veces.

CUANDO MEDITES

Los textos “escatológicos” de los evangelios nos cuestionan sobre las razones de nuestra esperanza, sobre nuestras actitudes y nuestro modo de vivir el momento presente, y sobre nuestro modo de encarar el sufrimiento (lo que en los textos aparece como “tribulaciones”) y la muerte.
- “Él está cerca, a la puerta”
- La razón de nuestra esperanza no es sólo ni principalmente que el Señor vendrá, que el Señor resucitó y nos resucitará, que hay vida eterna… La razón de nuestra esperanza no está en el futuro, sino en el presente. En realidad, sólo existe el presente, y Dios está en él. Dios está siempre cerca, viene siempre, está dentro, nos habita y, si consentimos, si le abrimos la puerta de nuestra casa, si tenemos fe, Él llena nuestro presente de Vida abundante, de sentido, de proyecto, de Presencia…
- La razón de nuestra esperanza es que Dios es Amor. Se define como “Aquel que nos ama” (Ap 1,5; Rom 8,37); nada puede separarnos de su amor… Y eso es lo más real de nuestra existencia.
Los pasajes escatológicos pretenden despertarnos a esa verdad: vigilad, estad atentos, daos cuenta…
-“Estad atentos y vigilad… velad…”
- “Vosotros, hermanos, no vivís en la oscuridad… pues todos sois hijos de la luz e hijos del día. Nosotros no somos de la noche ni de las tinieblas. Así pues, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios…” (1 Tes 5, 4ss)
- “Mirad atentamente cómo vivís; no seáis necios, sino sabios” (Ef 5,15): Esta es la actitud cristiana: vivir en la luz, vivir en el amor, con intensidad, en comunión con Dios y con los otros… Vivir atentamente y con profundidad el tiempo… Vivir de un modo “espiritual”. “Espiritual” no es lo contrario de “material”, sino lo contrario de “superficial”. Es espiritual quien es consciente de su identidad más profunda y vive desde ella, en compromiso con las realidades del mundo. “La esperanza cristiana es una esperanza que ama la tierra”.
- “Entonces verán venir al Hijo del hombre… para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos…”
- Nuestro “futuro” tras la muerte es “estar siempre con Él” (1 Tes 4,17). No sabemos cómo. Sabemos que será así. Pero en realidad, si comenzamos a vivir esa comunión aquí y ahora, no importa demasiado el “después”. Esa pregunta deja de tener sentido, así como el miedo a la muerte y a lo que pasará tras ella… Los santos han experimentado, mejor que nadie, esta verdad: “Para mí la vida es Cristo y la muerte, una ganancia… Mi deseo es partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho, lo mejor…” (Filp 1,21-23)

CUANDO ORES
1) Con el Salmo 15/16, puedes expresarle a Dios tu confianza en que, al final de la vida
y al final de la historia, Él no nos entregará a la muerte sino que nos seguirá llenando de vida y de dicha en su Presencia.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha, no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena:
porque no me entregarás a la muerte
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

2) Ora al Señor constantemente: “¡Ven, Señor Jesús!”

3) Él viene, viene siempre

¿No oíste sus pasos silenciosos?
El viene, viene, viene siempre.

En cada instante y en cada edad,
todos los días y todas las noches,
él viene, viene, viene siempre.

He cantado muchas canciones
y de mil maneras;
pero siempre decían sus notas:
"El viene, viene, viene siempre".

En los días fragantes del soleado abril,
por la vereda del bosque,
él viene, viene, viene siempre.

En la oscura angustia lluviosa
de las noches de julio,
sobre el carro atronador de las nubes,
él viene, viene, viene siempre.

De pena en pena mía,
son sus pasos los que estremecen mi corazón,
y el dorado roce de sus pies
es lo que hace brillar mi alegría.

 (Tagore)
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Autora: Conchi López, discípula del Divino Maestro, equipo de Lectio Divina de la UPComillas

viernes, 22 de febrero de 2013

Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón...

Lectio divina de Mc 12, 28-44 

Un letrado que oyó la discusión y apreció lo acertado de la respuesta, se acercó y le preguntó: “¿Cuál es el mandamiento más importante?”. Respondió Jesús: “El más importante es: Escucha Israel, el Señor nuestro Dios es uno solo. Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás al prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que estos”. El letrado le respondió: “Muy bien, maestro; es verdad lo que dices: que es uno solo y no hay otro fuera de él. Que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”. Viendo Jesús que había respondido cuerdamente, le dijo: “No estás lejos del reino de Dios”. Y nadie se atrevió a dirigirle más preguntas.

CUANDO LEAS

1.- Lectio: Lee entendiendo: Un especialista en la interpretación de la Torá pregunta a Jesús por el mandamiento más importante. La Torá escrita recogía varios códigos legales: el de la Alianza en el Exodo, el de Santidad en el Levítico, el Deuteronómico en el quinto libro del Pentateuco. Además se reconocía que había una Torá oral que Dios habría revelado también a Moisés. Demasiados preceptos. El letrado pregunta por lo esencial para vivir la Alianza, expresar la pertenencia a Israel y ser testigo ante los pueblos del poder de Dios. Jesús responde con la misma Torá, con Dt 6, 5, un versículo que los judíos recitan diariamente: Amarás al Señor tu Dios… Y añade un segundo mandamiento, tomado de Lv 19, 18: Amarás al prójimo como a ti mismo.

La respuesta de Jesús suscita, al menos, dos preguntas. ¿Qué es el amor? ¿Por qué une Jesús el mandamiento del amor a Dios con el del amor al prójimo? La Torá (Ex 3, 7-10)  revela a un Dios que se asoma al mundo, ve y oye el sufrimiento de Israel en Egipto y sufre una conmoción: He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Dios toma la decisión de librar al pueblo de la esclavitud y conducirlo a una tierra fértil y espaciosa. Desciende al Sinaí y hace de Moisés su mano liberadora: Y ahora, anda, que te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo. Israel afirma que Dios le ama por haber vivido este acontecimiento. Recapitulemos: Dios sale de sí, percibe la realidad del pueblo tal y como es, se conmueve, toma una decisión y actúa. El amor de Dios se consuma cuando Israel experimenta la liberación, la reconoce  como obra del amor divino, se siente conmovido y rinde culto al que le ha amado. Recordemos las palabras que Moisés al faraón una y otra vez: El Señor, Dios de los hebreos, me ha enviado a ti con este encargo: deja salir a mi pueblo para que me rinda culto en el desierto, Ex 7, 16. El amor es un diálogo entre Dios y su pueblo.

Este amoroso diálogo se prolonga en la historia. El culto que rinde Israel a Dios en el Sinaí es respuesta agradecida al Dios que le ha mostrado su amor, pero también un compromiso de fidelidad perpetua, una alianza. Dios seguirá mostrando su amor salvando a los israelitas y estos le responderán reconociéndole como su Señor mediante el cumplimiento de los mandamientos relativos al culto y a las relaciones sociales. El israelita debe amar a los hijos de su pueblo porque Dios sacó a todos sin distinción e hizo de ellos un pueblo de hombres libres e iguales. Cumpliendo este deber, el israelita responde con amor al Dios que le amó primero. 

El letrado comprende bien a Jesús: Muy bien, maestro; es verdad lo que dices. Y Jesús le dice: No estás lejos del reino de Dios. ¿Por qué no reconoce sencilla y llanamente que, si vive conforme a esos mandamientos, es ya un ciudadano del reino? Porque una cosa le falta, acoger el misterio de Jesús: En esto se hizo visible entre nosotros el amor de Dios: en que envió al mundo a su Hijo único para que nos diera vida, 1Jn 4, 9. Si Dios nos ha amado tanto, es deber nuestro amarnos unos a otros, 1Jn 4, 11. A primera vista, se trata del mismo diálogo revelado en la Torá con la salvedad de que el acontecimiento por el que Dios manifiesta su amor es el misterio pascual de Jesús. Pero la revelación en Jesús cumple la antigua economía superándola. Veamos algunas novedades que desbordan las expectativas del Antiguo Testamento. Dios es amor, 1Jn 4, 8. Existe en el seno del Dios del Sinaí una distinción. El Único es Padre e Hijo en mutua donación eterna de vida. El hombre Jesús, su ser y su biografía, son el amor de Dios actuando en favor nuestro. Los destinatarios del amor de Dios manifestado en Jesús son todos los seres humanos, no solo Israel. El Espíritu nos hace capaces de amar a Dios reconociéndole como Padre, confesando a Jesús como el Hijo venido en la carne y amando a todos los hombres. Amar a los otros, especialmente al más necesitado, es amar al mismo Jesús, que se identifica con cada ser humano: Cada vez que lo hicisteis con un hermano mío de esos más humildes, lo hicisteis conmigo, Mt 25, 40.     

CUANDO MEDITES

2.- Meditatio: Confronta tu vida con la Palabra: Recuerda aquellos momentos en que fuiste consciente del amor de Dios. ¿Reconoces en Jesús crucificado y resucitado la máxima expresión del amor de Dios a ti? ¿Tu vida es una continua respuesta de amor al que te ama? ¿Reconoces en todos la presencia viva de Jesús?

CUANDO ORES 

3.- Oratio: Responde al que te ha hablado.
La oración es toda respuesta al Dios que te ha hablado. Deja que el Espíritu ore en ti con tu cuerpo, tus sentimientos, tus palabras. ¿Te postras en adoración? ¿Te arrodillas? ¿Te sientas? ¿Alzas las manos? ¿Estás en pie? ¿Bailas? ¿Cantas? ¿Susurras? ¿Lloras? ¿Le alabas? ¿Le agradeces? ¿Le suplicas? ¿Le cuentas cómo te sientes? ¿Desahogas tus preocupaciones ante él? ¿Le confías tus inquietudes y proyectos? ¿Le hablas del sufrimiento de tantos? ¿Le preguntas? ¿Te comprometes con él? 

4.- Contemplatio: Disfruta de la divina presencia.

Has respondido a la Palabra. ¿Sientes el amor de Dios? Déjate amar. No digas nada. Sumérgete en el amoroso silencio que te envuelve. Déjate convertir. Deja que el Espíritu abra tus ojos para que veas el mundo,  la historia y a los más cercanos a ti como los ve él. Deja que transforme tu corazón de piedra en un corazón de carne, que se conmueva con todo dolor, desgracia e injusticia, como se conmueve el corazón de Dios. Déjate fortalecer para que tu vida, animada por el Espíritu y obediente a él, sea  testimonio, servicio y evangelización.

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Autor: Rafael Chavarría, equipo de Lectio Divina de la UPComillas