viernes, 27 de mayo de 2011

"Verán su Rostro y llevarán su nombre en la frente"


Lectio divina de Apocalipsis 22,1-21

1 Luego (el ángel) me mostró el río de agua de Vida, brillante como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero. 2En medio de la plaza, a una y otra margen del río, hay árboles de Vida, que dan fruto doce veces, una vez cada mes; y sus hojas sirven de medicina para los gentiles. 3 Y no habrá ya maldición alguna; el trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad y los siervos de Dios le darán culto. 4 Verán su rostro y llevarán su nombre en la frente. 5 Noche ya no habrá ; no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios los alumbrará y reinarán por los siglos de los siglos.

 6Luego me dijo: “Estas palabras son ciertas y verdaderas; el Señor Dios, que inspira a los profetas, ha enviado a su Ángel para manifestar a sus siervos lo que ha de suceder pronto. 7Mira, vengo pronto. Dichoso el que guarde las palabras proféticas de este libro”. 8Yo, Juan, fui el que vi y oí esto. Y cuando lo oí y vi, caí a los pies del Ángel que me había mostrado todo esto, para adorarle. 9Pero él me dijo: “No, cuidado; yo soy un siervo como tú y tus hermanos los profetas y los que guardan las palabras de este libro. A Dios tienes que adorar”. 10 Y me dijo: “No selles las palabras proféticas de este libro, porque el tiempo está cerca.

11 Que el injusto siga cometiendo injusticias y el manchado siga manchándose; que el justo siga practicando la justicia y el santo siga santificándose. 12Mira, vengo pronto y traigo mi recompensa conmigo para pagar a cada uno según su obras. 13Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin. 14Dichosos los que laven sus vestiduras, así podrán disponer del árbol de la Vida y entrarán por las puertas en la Ciudad. 15 ¡Fuera los perros, los hechiceros, los impuros, los asesinos, los idólatras, y todo el que ame y practique la mentira!”

16 Yo, Jesús, he enviado a mi Ángel para daros testimonio de lo referente a las Iglesias. Yo soy el Retoño y el descendiente de David, el Lucero radiante del alba. 17 El Espíritu y la Esposa dicen: “¡Ven!” y el que oiga, diga: “¡Ven!” Y el que tenga sed, que se acerque, y el que quiera, reciba gratis agua de vida. 18Yo advierto a todo el que escuche las palabras proféticas de este libro: “Si alguno añade algo sobre esto, Dios echará sobre él las plagas que se describen en este libro. 19 Y si alguno quita algo a las palabras de este libro profético, Dios le quitará su parte en el árbol de la Vida y en la Ciudad Santa, que se describen en este libro”. 20Dice el que da testimonio de todo esto: “Sí, vengo pronto”. ¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!
 21Que la gracia del Señor Jesús sea con todos. ¡Amén!

CUANDO LEAS

En la lectura del texto, sigo a G. Biguzzi, Apocalisse, Milano 2005, 366-380. Este capítulo que cierra el libro del Apocalipsis lo podemos dividir en 4 partes:

Ap 22,1-5: Finaliza la descripción de la Nueva Jerusalén que había comenzado en el capítulo anterior. Añade a esta ciudad con sus calles de oro puro, sus murallas de jaspe y sus puertas de perlas, algunos aspectos naturales. Esta ciudad, nuevo paraíso, nos recuerda el jardín del Edén. Pero, en vez del río que regaba el paraíso, tenemos un río que brota del trono de Dios y del cordero; en vez del árbol del bien y del mal, tenemos árboles de vida con sus hojas medicinales y frutos todo el año; y en vez Dios paseándose a la hora de la brisa, el Señor Dios que  alumbra y que es la luz de la ciudad.

Ap 22,6-10: En esta estrofa se trata de legitimar la veracidad de las palabras dichas en todo el libro pues han sido inspiradas por Dios. La cadena de la inspiración ha sido: Dios que habla al Ángel y éste a Juan que tiene la visión. Proclama dichoso a todo el que  guarde las palabras como ya había dicho en la introducción (Ap 1,3). Para animar al cumplimiento de las profecías muestra la cercanía de la venida de Cristo con la expresión: Mira, vengo pronto. No se trata, pues, de un libro para sellar y guardar sino que sus palabras han de preparar a la Iglesia a la venida de Cristo que está próxima.

Ap 22,11-15: Puesto que la venida de Cristo está cercana, Juan hace una llamada a responder éticamente. Puede parecer que este fragmento anima a cometer injusticias, sin embargo, es una llamada a los cristianos a no mirar con envidia a los que las cometen. Visto desde la perspectiva de la venida escatológica ya próxima, proclama dichosos a los que lavan sus vestidos, es decir, son martirizados, pues su recompensa es la entrada en la ciudad celeste. En cambio, no podrán entrar los pecadores, expresados con 7 nombres que incluye la totalidad de los mismos.

Ap 22,16-21: En esta parte Jesús habla de sí mismo. Él reconoce haber enviado su Ángel para dar testimonio a las Iglesias. Se define a sí mismo como retoño y descendiente de David y como Lucero radiante del alba que recuerda el resucitado la mañana de Pascua (Mc 16,2.9).
Por otro lado, intervienen el Espíritu y la Esposa que representan toda la Iglesia, que animada por el Espíritu Santo, invoca la venida de Jesús diciendo: ¡Ven!. Finaliza el libro con una bendición y una maldición: el que tenga sed, recibirá gratis el agua de la Vida y el que añada algo al libro caerán sobre él las plagas descritas. La expresión de despedida es muy querida también  por S. Pablo en sus cartas: 21Que la gracia del Señor Jesús sea con todos.

CUANDO MEDITES

Algunas preguntas nos servirán de guía:
- ¿Qué árboles de vida necesita nuestro mundo?, ¿qué hojas medicinales ha de tener para curar nuestras enfermedades y las de los demás?
- ¿A los pies de qué ángeles, mediadores de Dios pero que no son Dios, nos postramos y adoramos?
- ¿Con qué actitudes y comportamientos me visto para entrar en la Ciudad Santa?

CUANDO ORES

Encontramos en esto texto resonancias de los salmos que nos pueden ayudar en la oración:
- En la nueva Jerusalén los siervos verán el  rostro de Dios :
Oigo en mi corazón: buscad mi rostro, tu rostro buscaré Señor, no me escondas tu rostro (Salm 27,8-9)
- En la nueva Jerusalén no habrá necesidad de luz porque el Señor Dios los alumbrará pues El es el Lucero radiante del alba:
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?... (Salm 27,1 )
El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros… (Salm 66,2)
¡Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve! (Salm 80,4.8.20)
- La sed de Dios será saciada pues el que tenga sed, que se acerque:
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo, ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? (Salm 42,3 )
Oh Dios, tu eres mi Dios, yo te busco, mi alma está sedienta de ti, mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua (Salm 62,2).

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Autora: Azucena Fernández. Equipo de Lectio Divina de la UPComillas.

jueves, 26 de mayo de 2011

"Vi un cielo nuevo y una tierra nueva..."


Lectio divina de Apocalipsis 21, 1 - 27

Nuevo cielo nueva tierra

1Y vi un cielo nuevo, y una tierra nueva; pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe. 2Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios, preparada como una esposa que se ha adornado para su esposo. 3Y oí una gran voz desde el trono que decía: “He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos; y ellos serán su pueblo, y el “Dios con ellos” será su Dios”. 4Y enjugará toda lágrima de sus ojos; y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor, porque lo primero ha desaparecido. 5Y dijo el que está sentado en el trono: “Mira, hago nuevas todas las cosas”. Y dijo: “Escribe: estas palabras son fieles y verdaderas. 6Y me dijo: “Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tenga sed, yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente. 7El vencedor heredará esto; yo seré Dios para él, y él será para mi hijo. 8Pero los cobardes, incrédulos, abominables, asesinos, impuros, hechiceros, idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

La nueva Jerusalén

9Y vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete últimas plagas, y me habló, diciendo: “Mira, te mostraré la novia, la esposa del Cordero. 10Y me llevó en Espíritu a un monte grande y elevado, y me mostró la ciudad santa de  Jerusalén, que descendía del cielo de parte Dios, 11y tenía la gloria de Dios; y su resplandor era semejante a una piedra muy preciosa, como piedra de jaspe cristalino.

12Tenía un muralla grande y elevada, tenía doce puertas y sobre las puertas doce ángeles y nombres grabados que son las doce tribus de Israel. 13Al oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, al poniente tres puertas. 14 Y la muralla de la ciudad tenía doce cimientos y sobre ellos los nombres de los doce apóstoles del Cordero. 15Y el que hablaba conmigo usaba como medida una caña de oro, para medir la ciudad, sus puertas, y su muralla. 16La ciudad se asienta sobre un cuadrado; su longitud es igual a su anchura. Y midió la ciudad con la caña: doce mil estadios; su longitud, altura y anchura son iguales. 17Y midió su muralla: ciento cuarenta y cuatro codos, con medida humana que era la de ángel. 18Y el material de su muralla es de jaspe y la ciudad es de oro puro semejante al vidrio puro. 19Y los cimientos de la muralla de la ciudad están adornados con toda clase de piedras preciosas: el primero es de jaspe, el segundo de zafiro, el tercero de calcedonia, el cuarto de esmeralda, 20el quinto de sardónica, el sexto de cornalina, el séptimo de crisólito, el octavo de berilo, el noveno de topacio, el décimo de ágata, el undécimo de jacinto, el duodécimo de amatista. 21Y las doce puertas son doce perlas, cada una cada una de las puertas era de una sola perla. Y la plaza de la ciudad era de oro puro como vidrio translúcido. 22Y en ella no vi santuario, pues el Señor, Dios todopoderoso, es su santuario, y también el Cordero. 23Y la ciudad no necesita del sol ni de la luna que la alumbre, pues la gloria del Señor la ilumina, y su lámpara es el Cordero. 24Y las naciones caminarán a su luz, y los reyes de la tierra traerán su gloria hasta ella; 25sus puertas no cerrarán pues allí no habrá noche, 26y llevarán hasta ella la gloria y el honor de las naciones. 27Y no entrará en ella nada profano, ni el que comete abominación y mentira, sino solo los inscritos en el libro de la vida del Cordero.

CUANDO LEAS

Dios, sentado en el trono, hace nueva la realidad. Es un nuevo Génesis: Ya está
hecho… Se afirma y se describe la nueva creación y la celebración de la boda del
Cordero. El universo nuevo se caracteriza por la ausencia de males y la presencia de bienes. La novia es Jerusalén, mujer y ciudad, hermosa y feliz. El autor enfatiza la descripción de la nueva Jerusalén como ciudad pero el lector no puede olvidar el contexto de amor conyugal (Isaías 40-66).
La ciudad es un cubo perfecto de unos 1.200 kms.de lado, es el Sancta sanctorum celeste como el camarín del Templo era también un cubo perfecto de unos diez metros de lado y revestido de oro puro. En la ciudad se repite el número 12, tribus y apóstoles, piedras preciosas, ángeles…
En el nuevo universo lo humano predomina sobre lo cósmico: el centro es la nueva humanidad. El mar desaparece porque es el “océano primordial” caótico y rebelde (Salmo 74, 13-14; Salmo 93, 3-4).

CUANDO MEDITES

- Por el amor del Cordero a la nueva Jerusalén Dios mora entre los hombres y los hombres con él. Dios instaura una alianza universal.
- Es un canto a la alegría (Is 35, 1-10: “ni muerte ni lágrimas…” y, además, el
universo se renueva: v. 5: “mira, renuevo el universo (cfr. 2 Cor 5,17).
- La gran afirmación del v.6: “Yo soy el alfa…” el alfabeto entero, todas las palabras
de lo que se puede nombrar. El autor une apretadamente el “da a beber de balde” (Is 55,1) pidiendo solamente que se tenga sed del manantial de la vida (Juan 7,37).
- Y, de forma similar en el v.7: herencia y filiación.
- 21,9-22,5: descripción de la novia-ciudad inspirada en Ez 40-48, que baja del cielo porque es creación de Dios (v.10), no tiene resplandor propio, lo recibe de la gloria de Dios. Culminación del libro, aspiración de la aventura humana.
- vv.22-23: la ciudad no necesita templo porque la llena la presencia de Dios y de Jesucristo… Y su lámpara es el Cordero, no necesita “luz de lámpara” (Ex 25, 31-40) ni de las lumbreras de la creación (Is 60,1-3; 9-10). A su luz caminarán las naciones…
- v.27 recuerda las liturgias de entrada (cfr. los salmos 15 y 24). Los pueblos acuden en busca de luz (Is 60, 3.5.7), la única luz que brilla dentro de la Iglesia es la presencia viva de Dios.

CUANDO ORES

- Sentimiento agradecido ante la culminación de la esperanza. Pablo en 2 Cor 5, 17 dirá: si estamos en Cristo somos criaturas nuevas “lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo”. Reposar en esta realidad que nos esponja el corazón y entonar un canto de alegría y alabanza. “Y enjugará toda lágrima…”. Enviados a enjugar las lágrimas, a consolar todo sufrimiento humano…
- Saborear la descripción de la nueva Jerusalén, ciudad sacerdotal, toda ella rebosante de la luz de la gloria de Dios, cimentada en Dios y consagrada a la adoración. Reflectir…
- Agradecer que mi lámpara sea el Cordero que guía mis pasos…


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Autor: Quique Climent, sj. Equipo de Lectio Divina de la UPComillas

miércoles, 25 de mayo de 2011

La adhesión a Cristo nos capacita para vencer al mal


Lectio divina de Apocalipsis, 20,1-1


1Luego vi que un Ángel descendía del cielo, llevando en su mano la llave del Abismo y una enorme cadena. 2El capturó al Dragón, la antigua Serpiente –que es el Diablo o Satanás– y lo encadenó por mil años. 3Después lo arrojó al Abismo, lo cerró con llave y lo selló, para que el Dragón no pudiera seducir a los pueblos paganos hasta que se cumplieran los mil años. Transcurridos esos mil años, será soltado por un breve tiempo.
 4Entonces vi unos tronos, y los que se sentaron en ellos recibieron autoridad para juzgar. También vi las almas de los que habían sido decapitados a causa del testimonio de Jesús y de la Palabra de Dios, y a todos los que no habían adorado a la Bestia ni a su imagen, ni habían recibido su marca en la frente o en la mano. Ellos revivieron y reinaron con Cristo durante mil años. 5Esta es la primera resurrección. Y los demás muertos no pudieron revivir hasta el cumplimiento de esos mil años. 6¡Felices y santos, los que participan de la primera resurrección! La segunda muerte no tiene poder sobre ellos: serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él durante mil años.
7Y cuando se cumplan esos mil años, Satanás será liberado de su prisión. 8Saldrá para seducir a los pueblos que están en los cuatro extremos de la tierra, a Gog y Magog, a fin de reunirlos para la batalla. Su número será tan grande como las arenas del mar, 9y marcharán sobre toda la extensión de la tierra, para rodear el campamento de los santos, la Ciudad muy amada. Pero caerá fuego del cielo y los consumirá. 10El Diablo, que los había seducido, será arrojado al estanque de azufre ardiente donde están también la Bestia y el falso profeta. Allí serán torturados día y noche por los siglos de los siglos.
11Después vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él. Ante su presencia, el cielo y la tierra desaparecieron sin dejar rastros. 12Y vi a los que habían muerto, grandes y pequeños, de pie delante del trono. Fueron abiertos los libros, y también fue abierto el Libro de la Vida; y los que habían muerto fueron juzgados de acuerdo con el contenido de los libros; cada uno según sus obras. 13El mar devolvió a los muertos que guardaba: la Muerte y el Abismo hicieron lo mismo, y cada uno fue juzgado según sus obras. 14Entonces la Muerte y el Abismo fueron arrojados al estanque de fuego, que es la segunda muerte. 15Y los que no estaban inscritos en el Libro de la Vida fueron arrojados al estanque de fuego.

CUANDO LEAS

Este texto inicia la conclusión del Libro del Apocalipsis y abre a los siguientes capítulos con la llegada de la Nueva Creación, el cielo nuevo, la nueva tierra, la nueva Jerusalén. Tiene, por tanto, un carácter muy positivo, pese a las muchas interpretaciones milenaristas que ha suscitado.
La narración se articula, como en pasajes anteriores, en torno al verbo VER y a la utilización de fuertes contrastes y repeticiones. Temáticamente se puede dividir en dos secciones: la primera, v. 1-10, en la que con un lenguaje simbólico se explica la constante presencia de Dios y, la segunda, v. 11-15, en la que se presenta una escena de juicio. Hay una gran parábola, von fuertes resonancias de otros pasajes bíblicos (Gn, Re, Ez, Dan, Sof, Hch, Cor, Rom,…)  en la que se juega con segmentos temporales y con las categorías de totalidad y parcialidad
La correcta interpretación de la expresión “mil años”, repetida en siete ocasiones, es lo que posibilita la comprensión de todo el relato. Parece una clave temporal pero, en realidad, es mucho más que eso. Mil años es el tiempo, el espacio, la expresión de la presencia activa de Dios. Cuando Dios está presente nada, ni nadie le puede hacer frente. Se opone a la idea de “breve tiempo” momento de la posibilidad de acción del mal, de todo aquello que se opone a Dios.
El relato comienza con la acción del Ángel que impide la seducción del Dragón, al ponerlo bajo cerrojo. Con la expresión “hasta que se cumplieran los mil años”, se alarga la participación salvífica en el tiempo.
En el v.4 comienza una nueva visión en la que se ve a “quienes tiene autoridad para juzgar” y a las almas de los que han sido decapitados, clara alusión al martirio. En la primera parte de la visión se presenta a los que son seguidores de Cristo a quienes la muerte no puede alcanzar. Son una minoría, pero la minoría fiel, lo que no habían adorado a la bestia. Ellos participan de la vida y la vinculación explicita a Cristo y son “felices y santos”, un macarismo con el que se manifiesta la opción clara por Dios.
A partir del versículo 7, se plantea el contraste con la primera visión. Satanás será liberado y se producirá la seducción que se había evitado durante mil años. Satanás es, sin duda, una alusión al Imperio que se extiende por todo el orbe conocido y bajo yugo se someten muchos pueblos. Sin embargo, una minoría se opondrá. La liberación del mal y su acción son efímeras y contrastan claramente con el tiempo de acción de Dios. Todo el pasaje conduce a la desaparición de de Satán, una vez que había desaparecido al primera y la segunda bestia.
La destrucción viene sucedida por la presencia del gran trono blanco….y se produce la apertura positiva. Ya no hace falta encerrar, sino que con Dios presente todo se abre. Se abren los libros y se continúa la posibilidad de vida. Es la escena del juicio en la que lo importante es la desaparición activa del mal: la muerte y el abismo pues ellos mismos son arrojados en el estaque del fuego. La llave con la que se cerraba el Abismo abría para dar salida a los monstruos (9,1) ahora los encarcela. La insistencia sobre la neutralización del demonio “durante mil años” indica la presencia activa y totalizadora, capaz de reducir a la impotencia al antagonista.
Todo lo que el pasaje intenta es mostrar la oposición entre el  poder de Cristo y de todo aquello que no es él, como Satanás. La adhesión a Cristo posibilita la victoria sobre el mal, pues ya gozan con Cristo de la primera Resurrección, la presencia junto a él.

CUANDO MEDITES

- El texto plantea claramente la victoria de la vida, de lo positivo sobre lo negativo. El tiempo extenso frente al tiempo breve, la presencia de Dios continua, frente a la acción puntual de la seducción maligna y el engaño. Medita en los momentos en los que te dejas vencer por el desánimo al contemplar la realidad económica, social, política, familiar y no permites la victoria de Dios al no reconocer los signos de la resurrección.
- El relato invita a pensar en la importancia de la fidelidad a Dios, independientemente del número de seguidores. Lo relevante es la vinculación, la centralidad en Cristo y la esperanza puesta en él. Toma conciencia de cuándo en tu propia vida y en la Iglesia te apoyas en el número y la relevancia social en lugar de en Jesús y su proyecto.
- El pasaje pone en guardia al cristiano, por un lado, respecto a la vivencia de un pesimismo inerte o de la ilusión de un paraíso en la tierra y, por otro, le pide asumir la responsabilidad de una fe fuerte, consciente de colaborar con un Cristo siempre presente y activo.
- La narración recuerda a aquello que se esfuerzan por dar cada día lo mejor de sí, pero sin pretender controlar el resultado, independientemente de las consecuencias que ello pueda acarrear (martirio/muerte).
- En el encuentro con Aquel que es más que el cielo y la tierra no importa ser grande o pequeño. La invitación es universal. Todos estamos convocados. Ese será el momento de la exclusión, no ahora.

CUANDO ORES

- Agradece la presencia constante de Dios, de un Dios que muestra su acción durante “mil años” y que valora a los pequeños y a los grandes.
- Pide lucidez para ser capaz de descubrir todo aquello que necesita ser puesto bajo cerrojo
- Presenta a Dios a todos aquellos “decapitados”, a todos los que sufren por el seguimiento de Cristo, por las condiciones adversas de una sociedad, por el olvido de las instancias de gobierno.
- Da gracias por todas las personas seguidoras que te han ayudado en tu camino, en tu proceso, que se han mantenido fieles en el seguimiento.
- Recita lentamente el salmo 89:

Baje a nosotros la bondad del Señor.
Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.

Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: "retornad, hijos de Adán".
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vela nocturna.

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Autora: Carmen Yebra, equipo de Lectio Divina de la UPComillas

martes, 24 de mayo de 2011

¡Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero!


Lectio divina de Apocalipsis, 19, 1-21

 
1  Después de esto, oí algo como la voz potente de una inmensa muchedumbre que cantaba:
 - ¡Aleluya!  La  salvación, la gloria y el poder
 pertenecen a nuestro Dios,
2  que juzga  con verdad y con justicia.
 El ha condenado a la gran prostituta,
la que corrompía la tierra con sus prostituciones,     
y ha vengado en ella la sangre de sus siervos.

3 Y por segunda vez cantaban:  -  ¡Aleluya!  
El humo de su incendio sigue subiendo
por los siglos de los siglos.
4 Cayeron entonces rostro a tierra los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes y adoraron a Dios que está sentado en el trono, diciendo:  - ¡Amén!  ¡Aleluya!
 5 Y salió del trono una voz que decía:
 - Alabad a nuestro Dios, 
todos cuantos le servís y veneráis,
humildes  y poderosos.

6  Oí luego algo así como la voz de una inmensa muchedumbre, como la voz de aguas caudalosas, como la voz de truenos potentes. Y decían:  
- ¡Aleluya!  El Señor Dios nuestro, el todopoderoso,
 ha comenzado a reinar.
7 Alegrémonos, regocijémonos y démosle gloria,
porque han llegado las bodas del Cordero.
Está engalanada la esposa,
8 vestida de lino puro, brillante.
El lino que representa las buenas acciones de los fieles.

9 Entonces, alguien me dijo: - Escribe: “Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero.” 
Y añadió: - “Palabras verdaderas de Dios son éstas.”
10 Yo caí a sus pies para adorarlo, pero él me dijo: -
No hagas eso, que yo soy un simple servidor de Dios como tú y tus hermanos, esos que se mantienen como fieles testigos de Jesús. Sólo a Dios debes adorar. Y es que dar testimonio de Jesús y tener espíritu profético es lo mismo”

11 Ví luego el cielo abierto y apareció un caballo blanco. Su jinete, llamado el Fidedigno y el Veraz, juzga y combate con justicia. 12 Sus ojos son como llamas de fuego y múltiples diademas adornan su cabeza. Lleva escrito un nombre que sólo él sabe descifrar. 13 Va envuelto en un manto empapado en sangre y su nombre es Palabra de Dios. 14 Los ejércitos del cielo, con sus jinetes vestidos de lino blanco purísimo, galopan tras sus huellas sobre blancos caballos. 15 De su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones a las que va a gobernara con vara de hierro. El es quien pisa el lagar donde destila el vino de la ardiente ira del Dios todopoderoso.16 Y sobre su manto y su muslo lleva escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores.

17 Vi también un ángel que, de pie sobre el sol, gritaba con voz potente a todas las aves que volaban por lo más alto del cielo: -
“¡Venid, acudid al gran banquete preparado por Dios! 18 Comeréis carne de reyes, de generales y de valientes guerreros; carne de caballos y de sus jinetes; carne de toda clase de hombres: libres y esclavos, humildes y poderosos.

19 Y vi entonces cómo la bestia y los reyes de la tierra reunían sus ejércitos  para hacer la guerra al que montaba sobre el caballo y a su ejército. 20 Pero la bestia fue apresada y con ella el falso profeta, el que, a fuerza de prodigios realizados a favor de la bestia, sedujo a cuantos se dejaron grabar la marca de la bestia y adoraron su estatua. Los dos fueron arrojados vivos al estanque ardiente de fuego y azufre. 21 Los demás fueron exterminados por la espada del que montaba a caballo –la espada que salía de su boca- y todas las aves se hartaron de sus carnes.

CUANDO LEAS

- (19,1) “Después de estas cosas”: de esta forma aséptica, quedan interrumpidas las lamentaciones que cerraban el capítulo 18, para escribir sencillamente“oí algo como la voz  potente una inmensa muchedumbre que cantaba”, dando paso al texto del himno. Esta liturgia celestial se desarrolla en dos tiempos: (1-4) y (5-8) y está relacionada con otras precedentes (4,8-11; 5,8-14; 7,10-12; 11,15-18; 12,10-12); todas ellas celebran el triunfo de Dios sobre sus enemigos. Estos cánticos sirven de transición, en distintos momentos del libro, entre las visiones tenebrosas y las visiones llenas de luz. Y es probable que sean un eco de oraciones cristianas primitivas.

- El himno empieza y concluye con la solemne exclamación litúrgica hebrea aleluya, que significa: “Alabad a Jahvé”. Este es el único sitio en el NT en que aparece esta palabra proveniente del AT, de los llamados salmos aleluyales; también aparece en el libro de Tobías. Su “sonoridad” le valió llegar a ser la máxima expresión de alegría y triunfo, con la que se atribuye a Dios todo éxito y toda victoria. Pronto los primeros cristianos acostumbraron a intercalarla en sus cantos y oraciones. Por eso Juan no la traduce, la supone sobradamente conocida.

- Dos son los cantos de la gran coral (19,1-8). El primero mira hacia atrás, al juicio de Dios y es de acción de gracias por el castigo de la Babilonia simbólica (1-4). La postración de los veinticuatro ancianos y los cuatro vivientes ante Dios que está en el trono, aprobando con amén el canto del coro culmina el solemne momento. La segunda acción litúrgica mira hacia adelante, a las próximas bodas del Cordero (6-8). Los esponsales eran un lugar común profético para representar la unión de Dios con su pueblo. Hay que notar el carácter plural y extensivo del anuncio: “alegrémonos, regocijémonos y démosle gloria porque han llegado las bodas del Cordero”. Estas bodas  tienen un alcance colectivo, de ahí las palabras del ángel: “Escribe: dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero” reforzando los plurales anteriores y para señalar su valor, el ángel añade: “Son palabras verdaderas de Dios”, palabras auténticas, por tanto“objeto de fe, principio de esperanza” y que admiran a Juan que hace gesto de arrodillarse ante el ángel que, rechazándolo, subraya: “sólo a Dios has de adorar”. Tanto el ángel como Juan, como los demás profetas, son siervos de Dios, compañeros de servicio. Sólo Dios tiene derecho a la adoración.

- (19,11-21). “Esperábamos bodas y nos encontramos con una escena de guerra”, el combate decisivo, la victoria de Dios sobre el mal. En esta densa narración, que recuerda numerosas palabras proféticas, el relato muestra a Cristo, como juez y vencedor, y reseña un combate en cuyo triunfo Cristo vencedor se ve acompañado por la presencia de los fieles. El campo de batalla es grandioso: “vi luego el cielo abierto” en el que aparece Cristo adornado con multitud de símbolos que insisten en su carácter beligerante y divino,  que porta un título que sólo a Dios se tributa: Rey de reyes y Señor de señores.
- El combate no es relatado, sino que se inmediatamente por concluido con un veredicto de victoria. En un banquete donde se dan a comer las mismas carnes de los vencidos se consuma la derrota de los aliados. Las dos bestias, engendros y representantes  del gran dragón, arrojadas al gran estanque consumándose así su aniquilación.

CUANDO MEDITES

- En el primer paso, la lectura-escucha, el alimento de la Palabra llega a nuestra inteligencia. Ahora, por la meditación, el alimento se desmenuza, se intenta desentrañar su contenido profundo. Es decir, ¿qué me dice a mí el texto? Por una parte, me percibo leído por la Palabra. Por otra, puedo encontrar orientaciones para la vida, alimenta mi fe, esperanza y amor, debe orientar mi caminar cristiano.

CUANDO ORES

- Dirígete directamente a Aquel cuya Palabra has escuchado y acogido en tu corazón. Deja que se despierte tu espíritu orante a través de la súplica, la alabanza, la intercesión.
- Ábrete a la realidad eclesial, a la vida del mundo que te rodea: sus anhelos son también tuyos. Pero sobre todo, haz silencio en tu corazón para poder escuchar al Espíritu
- Al final podemos rezar juntos el gran canto de alegría de los salvados. Como no cabe en esta hoja podemos hacerlo leyendo las palabras en negrita del texto del Apocalipsis.

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Autora: Trinidad Brunet, equipo de Lectio Divina de la UPComillas

lunes, 23 de mayo de 2011

La caída de Babilonia

Lectio divina de Apocalipsis 18, 1-24


1 Después de esto vi bajar del cielo a otro Ángel, que tenía gran poder, y la tierra quedó iluminada con su resplandor. 2 Gritó con potente voz diciendo: «¡Cayó, cayó la Gran Babilonia! Se ha convertido en morada de demonios, en guarida de toda clase de espíritus inmundos, en guarida de toda clase de aves inmundas y detestables. 3 Porque del vino de sus prostituciones han bebido todas las naciones, y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con su lujo desenfrenado.”
4 Luego oí otra voz que decía desde el cielo: “Salid de ella, pueblo mío, no sea que os hagáis cómplices de sus pecados y os alcancen sus plagas. 5 Porque sus pecados se han amontonado hasta el cielo y Dios se ha acordado de sus iniquidades. 6 Dadle como ella ha dado, dobladle la medida conforme a sus obras, en la copa que ella preparó preparadle el doble.

7 En proporción a su jactancia y a su lujo, dadle tormentos y llantos. Pues dice en su corazón: Estoy sentada como reina, y no soy viuda y no he de conocer el llanto...
8 Por eso, en un solo día llegarán sus plagas: peste, llanto y hambre, y será consumida por el fuego. Porque poderoso es el Señor Dios que la ha condenado.”
9 Llorarán, harán duelo por ella los reyes de la tierra, los que con ella fornicaron y se dieron al lujo, cuando vean la humareda de sus llamas; 10 se quedarán a distancia horrorizados ante su suplicio, y dirán:
«¡Ay, ay, la Gran Ciudad! ¡Babilonia, ciudad poderosa,
que en una hora ha llegado tu juicio!»
11 Lloran y se lamentan por ella los mercaderes de la tierra, porque nadie compra ya sus cargamentos: 12 cargamentos de oro y plata, piedras preciosas y perlas, lino y púrpura, seda y escarlata, toda clase de maderas olorosas y toda clase de objetos de marfil, toda clase de objetos de madera preciosa, de bronce, de hierro y de mármol; 13 cinamomo, amomo, perfumes, mirra, incienso, vino, aceite, harina, trigo, bestias de carga, ovejas, caballos y carros; esclavos y mercancía humana. 14 Y los frutos en sazón que codiciaba tu alma, se han alejado de ti; y toda magnificencia y esplendor se han terminado para ti, y nunca jamás aparecerán.
15 Los mercaderes de estas cosas, los que a costa de ella se habían enriquecido, se quedarán a distancia horrorizados ante su suplicio, llorando y lamentándose:
16 «¡Ay, ay, la Gran Ciudad, vestida de lino, púrpura y escarlata,
resplandeciente de oro, piedras preciosas y perlas,
17 que en una hora ha sido arruinada tanta riqueza!»

Todos los capitanes, oficiales de barco y los marineros, y cuantos se ocupan en trabajos del mar, se quedaron a distancia 18 y gritaban al ver la humareda de sus llamas:
«¿Quién como la Gran Ciudad?»
19 Y echando polvo sobre sus cabezas, gritaban llorando y lamentándose:
«¡Ay, ay, la Gran Ciudad, con cuya opulencia se enriquecieron
cuantos tenían las naves en el mar; que en una hora ha sido asolada!»
20 Alégrate por ella, cielo, y vosotros, los santos, los apóstoles y los profetas, porque al condenarla a ella, Dios ha juzgado vuestra causa.
21 Un Ángel poderoso alzó entonces una piedra, como una gran rueda de molino, y la arrojó al mar diciendo: «Así, de golpe, será arrojada Babilonia, la Gran Ciudad, y no aparecerá ya más...»
22 Y la música de los citaristas y cantores, de los flautistas y trompetas, no se oirá más en ti; artífice de arte alguna no se hallará más en ti; la voz de la rueda de molino no se oirá más en ti; 23 La luz de la lámpara no lucirá más en ti; la voz del novio y de la novia no se oirá más en ti.
Porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra, porque con tus hechicerías se extraviaron todas las naciones; 24 y en ella fue hallada la sangre de los profetas y de los santos y de todos los degollados de la tierra.

CUANDO LEAS

- El capítulo 18 pertenece a la sección que narra la caída de Babilonia (Ap 17,1-19,8). En el capítulo 18, compuesto en forma de tríptico, se presenta el juicio y la ejecución de la sentencia en contra de la ciudad pecadora. Dos proclamaciones de Juicio al inicio y al final del capítulo, en Ap 18,1-8 y Ap 18,21-24, sirven de marco a una serie de lamentos (Ap 18,9-19) ante la ruina de la "gran prostituta". Tres grupos de personas (reyes, mercaderes y navegantes), los centros del poder político y económico, contemplan y lamentan el desastre repentino y total de la ciudad imperial.

- Todo este pasaje, que recuerda los grandes oráculos proféticos del Antiguo Testamento, se inspira en Ez 26-28 (lamentaciones por la caí¬da de la ciudad de Tiro). Aparecen aquí tres grupos representativos, tres sectores político-económicos que se ven comprometidos en esta denuncia: los reyes de la tierra (poder político: Ap 18,9-10), los merca¬deres de la tierra (poder económico: Ap 18,11-17) y los mercaderes del mar (poder comercial: Ap 18,17-19). Los tres grupos actúan según el mismo esquema: lloran, se lamentan con ayes doloridos, pero se man¬tienen a lo lejos para que no les envuelva el desastre.

- Todos estos versículos conforman un discurso de denuncia frente al poder económico del Imperio y de su expresión por vía del comercio que Roma realiza con sus socios que se encuentran dispersos por todas sus fronteras. El texto habla por sí mismo y no necesita mayor explicación. Es importante, sin embargo, profundizar en el lamento central, el de los mercaderes de la tierra (Ap 18,11-17). Ellos se lamentan, en el colmo de su interés, de que sus mercancías ya no se venden. Sorprende la larga oferta de productos; y esta enumeración detallada vale como una condena de su actividad, inspirada bíblicamente en Ezequiel (Ez 27) e históricamente en el comercio de Roma: metales y piedras preciosas; vestidos de lujo, y objetos refinados (el autor escoge lo mejor de lo mejor de aquel tiempo). Pero sobre todo, esclavos y seres humanos. Ambiciona con tanta codicia su riqueza que no respeta el valor sagrado de la vida.

- La gran Babilonia representa, en primer lugar, a Roma, la capital del imperio. Pero el sím¬bolo bíblico se refiere a toda ciudad secu¬lar y autosuficiente; a saber, a toda ciudad que construya en su interior un sistema ce¬rrado, de consumo y lujo desenfrenado, don¬de ni la vida humana se respeta. El autor pretende hacer una llamada a la comunidad cristiana para que ésta sepa detectar en la historia esos centros de poder, no se deje atrapar por el fatuo brillo de sus riquezas, y no participe en su comercio inmoral.

- El autor invita también a la comunidad a no ren¬dirse ante el poder del Imperio, a defender los valores del Evangelio, porque Dios finalmente vencerá. Lo anuncia el último versículo del pasaje que hemos leído (Ap 18,20): Dios ha condenado y destruido Roma, ha defendido la causa de los creyentes, los apóstoles y los pro¬fetas y esto es motivo de alegría y celebración.

CUANDO MEDITES

- ¿Qué me dice esta Palabra sobre la realidad social que me rodea y sobre mí mismo?
- ¿Qué me dice de mi actitud ante el afán de poder y de poseer, ante el lujo desenfrenado y la opulencia?
- Reconoce a tu alrededor las pretensiones idolátricas de los poderosos de la tierra y la injusticia social que generan la acumulación y el comercio injusto, hasta el punto de considerar las vidas humanas una mercancía en vistas al propio provecho.
- El Señor invita a su pueblo a “salir”, a no hacerse cómplices de esa injusticia, a vivir de otro modo, como un pueblo pobre y humilde que confía en el Señor (Sof 3,12). ¿Cómo realizas tú ese éxodo continuo hacia actitudes más evangélicas?

CUANDO ORES

- Agradece esta Palabra, que es promesa de liberación para los pobres, los oprimidos y los perseguidos por causa de la justicia o de su fe.
- Contempla la realidad con los ojos el evangelio: los que están arriba, los poderosos, están abajo, mientras que los pobres, los perseguidos, los que lloran… son ensalzados y proclamados dichosos. Laten aquí las bienaventuranzas y el espíritu del Magnificat. Acoge, con fe y gratitud, esta promesa de Dios.
- Con corazón compasivo, suplica también por quienes viven esclavos de la codicia, la ambición y sólo buscan su propio interés, para que salgan de su esclavitud y descubran la dicha del compartir.
- Podemos terminar orando el salmo 131: “Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad, sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en el regazo materno. Mi deseo no supera al de un niño. Espera, Israel, en el Señor, ahora y por siempre”.

(Conchi López, pddm, Equipo de Lectio Divina de la U.P.Comillas)

jueves, 19 de mayo de 2011

El juicio de la gran prostituta

Lectio divina de Apocalipsis 17, 1-18

1 Y vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo, diciendo:
“Ven, que te voy a mostrar el juicio de la gran prostituta, la que está sentada sobre muchas aguas, 2 con la que han fornicado los reyes de la tierra, la que ha emborrachado a los habitantes de la tierra con el vino de su prostitución”. 3 Y fui arrebatado en espíritu a un desierto. Vi allí una mujer sentada sobre una bestia de color escarlata, cubierta de títulos blasfemos que tenía siete cabezas y diez cuernos. 4 La mujer iba vestida de púrpura y escarlata, y enjoyada con oro, piedras preciosas y perlas. Tenía en su mano una copa de oro lleno de abominaciones y de las impurezas de su fornicación; 5en la frente llevaba escrito un nombre misterioso: “La gran Babilonia, madre de las prostitutas y de las abominaciones de la tierra”. 6 Y vi a la mujer borracha de la sangre de los santos, y de la sangre de los testigos de Jesús.

Al verla, me quedé muy asombrado. 7 El ángel me dijo: “¿Por qué te has asombrado? Yo te explicaré el misterio de la mujer, y de la bestia que la lleva: la de las siete cabezas y los diez cuernos. 8 La bestia que has visto era pero no es, va a subir del abismo para ir a su ruina. Los habitantes de la tierra, cuyos nombres no están escritos desde la creación del mundo en el libro de la vida se sorprenderán al ver que la bestia que era y no es se presenta de nuevo. 9 ¡Aquí se requiere inteligencia y sabiduría! Las siete cabezas son siete colinas donde está sentada la mujer, y siete reyes: 10cinco cayeron, uno es, el otro aun no ha llegado todavía y cuando llegue durará poco tiempo. 11 La bestia que era y no es, aunque aparece como octavo, es al mismo tiempo uno de los siete, y va a su ruina. 12 Los diez cuernos que has visto son también diez reyes, los cuales no han recibido todavía el reino pero recibirán autoridad por breve tiempo, asociados a la bestia. 13 Estos se han puesto de acuerdo para entregar su poder y autoridad a la bestia. 14 Combatirán contra el Cordero, pero el Cordero los vencerá, porque es Señor de señores, y Rey de reyes, y con él los llamados, elegidos, y fieles”.
15 Y añadió: “Las aguas donde has visto sentada a la prostituta, son pueblos y muchedumbres y naciones y lenguas. 16 Y los diez cuernos que has visto, y la bestia, éstos aborrecerán á la prostituta y la dejarán asolada y desnuda; se comerán su carne, y la destruirán con fuego. 17 Dios les ha puesto en el corazón ejecutar su designio divino, ponerse de acuerdo para entregar su reino a la bestia hasta que se cumplan las palabras de Dios. 18 Y la mujer que has visto, es la gran ciudad, emperatriz de los reyes de la tierra.

CUANDO LEAS

El autor del Apocalipsis muestra en los capítulos 17 y 18 el recorrido que siguen los personajes hostiles a Dios: etapa de poder, derrota, a veces otro tiempo de autoridad y la derrota definitiva: así, el dragón y la gran prostituta. Babilonia que arrasa Jerusalén, la Roma de la vida impía, toda ella hecha de ostentación, la opulencia y el lujo, la Roma del culto imperial que persigue a los cristianos. La Roma pagana que genera fuerzas poderosas que atraen y engañan a los pueblos vecinos, embriagados con el vino de su prostitución. En sentido amplio cualquier poder, ciudad o época que persigue a los cristianos.
Juan recibe la invitación a mirar por parte de uno de los siete ángeles de las copas. El lugar de la visión es el desierto (v.3) como lugar de la intimidad de Dios, lugar de la tentación (como a Jesús) lugar inhabitable, morada de fieras. El vidente debe mirar “el juicio de la gran prostituta” (17,1) pero antes debe contemplar la aparición de la mujer en figura de lujo suntuoso con los colores imperiales: la gran Babilonia es Roma manchada por la sangre de las persecuciones. Babilonia-Roma será para Juan la antítesis de la esposa del Cordero (Ap 17,1-3 y 21, 9-10) que desciende del cielo como la Jerusalén celeste en comunión y fidelidad con el Señor Jesucristo.
La prostitución significa en la Biblia la seducción del comercio (la ciudad de Tiro) o del poder y de la falsa alabanza (Nínive) que incita y lleva a la idolatría del pueblo (cfr. Nah 3,4; Is 23,16). La prostituta, la bestia y la gran ciudad serán emblemas de la hostilidad demoníaca contra Dios y la Iglesia. La bestia, era y no es, señala la debilidad temporal de este poder del mal. Dios es el que es, el que era y ha de venir (1,4).
Se discute si las siete colinas (Roma), los siete reyes (se puede aludir a los emperadores) desde Calígula hasta Domiciano, en cuya época se escribe el Apocalipsis. Ante Domiciano aclamado como “Dios y Señor nuestro” se presenta Cristo, verdadero César y Emperador, para los creyentes. Se invita a la Comunidad cristiana a la fidelidad que resiste y a una valiente confesión de fe: Jesucristo es nuestro Rey y Señor.

CUANDO MEDITES

- Se nos invita a una reflexión sapiencial para ver las oscuras raíces del mal. La metamorfosis del mal que no cesa: es una mujer, es una bestia, es una ciudad…
- La imagen de la mujer, el color escarlata, las joyas, la copa de oro… todo aquello que se encuentra en la creación no se usa para la gloria de Dios sino para su propia ostentación, para enajenar, deslumbrar… hasta el Vidente queda muy asombrado (17, 6). De todas las fuerzas enemigas de Dios esta imagen, que representa la vida blasfema e impía, es la menos monstruosa y la más seductora. San Ignacio diría “reflitiendo en mí mismo, sacar algún provecho (EE. 115)”.
- Los versículos de nuestro texto son tremendos: la bestia y los poderes personificados en ella se vuelven contra la mujer y la despedazan, aparecen como instrumentos del designio de Dios que llevan a cabo su juicio sobre la prostituta.
- Reflexiona cómo la libertad desenfrenada respecto a Dios lleva a la ausencia de ataduras en las relaciones humanas. Género de vida que no tiene futuro y conduce a la propia ruina.

CUANDO ORES

Ponernos delante de Dios…
- Pedirle al Señor la actitud vigilante del que sabe mirar la realidad con criterios de discernimiento… ni dramatizar la negatividad real, ni dejarse llevar del desaliento ambiental
- para tomar conciencia como comunidad cristiana de la tremenda vitalidad del mal y, a la vez, de su carácter efímero
- para pedirle que nos de confianza, consuelo y fuerza en su victoria final. Sentirnos invitados a una confesión de fe: sólo Cristo es el Rey, a él únicamente se le debe adoración: El es nuestro único Señor.

(Quique Climent, sj, Equipo de Lectio divina de la U.P.Comillas)

domingo, 15 de mayo de 2011

Prisión y fuga de un poeta. La noche oscura de San Juan de la Cruz en Toledo

Hoy ha sido un día intenso.
Es la jornada mundial de oración por las vocaciones, y esta tarde nos hemos reunido en el monasterio de Santa Clara un buen grupo de religiosas, religiosos, laicos y seminaristas para orar por esta intención.
En la mañana también hubo un evento especial: Santiago Sastre, el esposo de una de nuestras amigas del coro parroquial, ha sido nombrado académico y tenía una ponencia con un título hermoso y sugerente: "Prisión y fuga de un poeta. La noche oscura de San Juan de la Cruz en Toledo". Su enfoque ha sido más el de un historiador y un cronista, obviando la experiencia mística de San Juan durante su cautiverio, urdimbre en la que se gestó, por ejemplo, su cántico espiritual.
A su ponencia, siguió la contestación de uno de los académicos quien sí evidenció esa experiencia de noche radiante más que el día. ¿Qué es lo que hace que un hombre, cautivo durante meses en un reducido espacio, sometido a todo tipo de privaciones, maltrato psicológico y físico, etc, pueda transformar la fealdad de lo real en fuente de belleza, fortaleza, consuelo y amor? Así, su mínima estancia se convirtió en "bosques y espesuras, plantadas por la mano del amado"; su celda tenebrosa alcanzada por un leve rayo de luz, en "cristalinas fuentes" cuyos "semblantes plateados" habrán de formar, de repente, "los ojos deseados que llevo en mis entrañas dibujados"...
No era esa estancia lo que Juan veía todos los días. Sino esos ojos, esa presencia, ese encuentro, ese descanso, "el cuello reclinado, sobre los dulces brazos del amado".
Es el amor.
Es sólo y siempre el amor el que hace nuevas todas las cosas. 

jueves, 5 de mayo de 2011

Consentimiento

A menudo pienso que las personas de carácter apacible, procedentes de familias con padres apacibles e historias sin sobresaltos tienen una gran ventaja de cara a vivir la confianza, la esperanza, la paz y la alegría. Las de carácter inquieto e historias "trágicas" hemos de hacer un esfuerzo sobreañadido. O quizá no... Quizá sólo baste, en uno y otro caso, un absoluto abandono y consentimiento para que el Dios para el que nada es imposible, en un instante, en un segundo de iluminación y amor, obre el milagro de transformarnos en hijas e hijos suyos absolutamente esperanzados.