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lunes, 27 de mayo de 2013

El anuncio de María Magdalena y el encargo de Jesús a los discípulos

Lectio divina de Marcos 16,9-20

9Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonios. 10Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban. 11Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.
12Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado. 13Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco los creyeron.
14Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado.

15Después les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Noticia a toda la creación. 16El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará. 17Estos signos que acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; 18podrán coger a las serpientes con sus manos, y aunque beban veneno no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán».
 19Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. 20Ellos salieron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los signos que la acompañaban. 

CUANDO LEAS

- La segunda conclusión del evangelio de Marcos (Mc 16,9-20) está escrita por un autor distinto al del conjunto de la obra. En muchas Biblias aparece bajo el epígrafe Epílogo. En realidad constituye un resumen de los relatos de aparición más relevantes para la tradición cristiana y una síntesis de lo que es e implica la experiencia de la resurrección y las dificultades para comprenderla.

- El relato comienza con la narración de la aparición a María Magdalena, primera destinataria de las apariciones (9-11). De esa narración destaca la afirmación de que ella transmite la experiencia del encuentro y que quienes habían acompañado a Jesús estaban “afligidos y lloraban”. El dolor por la ausencia del Maestro impide considerar las palabras de María e implica que no la crean.

- La incapacidad para acoger la resurrección se expresa también en el siguiente encuentro con dos discípulos (12). Esta aparición, recreada por Lucas en el pasaje del camino a Emaús (Lc 24,13-35), aporta dos elementos: el primero, que Jesús aparece bajo otra forma y el segundo, que tampoco son creídos.

- La tercera aparición, esta vez al grupo de los once, habla del reproche de Jesús. Aunque nuestra sensibilidad nos lleva habitualmente a quedarnos en él, lo que hay detrás es un importante diálogo y una nueva muestra de la confianza que ha depositado en sus discípulos. Pese a no haber creído a través de los dos anuncios anteriores, Él sigue intentando hacerse ver y reconocer por los suyos.

- Esta confianza se explicita con la renovación de la llamada a anunciar la Buena noticia. Como todo relato de envío va acompañado por los signos de autoridad: arrojar demonios, hablar nuevas lenguas, coger serpientes, ser inmune al veneno y

sanar a los enfermos. Son acciones relacionadas no solo con la actividad sino con la capacidad de discernimiento entre lo bueno y lo malo, de diálogo con los diferentes, de valentía ante la dificultad y de caridad con los más necesitados.

El final de la obra es una síntesis positiva de lo que significa la resurrección: la experiencia de la Buena Noticia, que debe ser anunciada y la certeza de la presencia constante de Jesús: “el Señor los asistía y confirmaba su palabra”. 

CUANDO MEDITES

Toda la primera parte maneja la dicotomía entre la realidad del encuentro con Jesús y la dificultad para acogerlo. También expresa de distintos modos lo difícil que es creer a los mediadores (María Magdalena y los dos discípulos) y cambiar de idea cuando se tiene la certeza de cómo han sucedido los acontecimientos (aunque esta sea errónea).
Esta sección muestra también cómo Jesús tiene múltiples formas de encuentro y modos de comunicarse y ello invita a estar abiertos y a no creer que su mensaje siempre se expresa de la misma manera y con iguales condiciones.

La segunda parte del relato implica la llamada al anuncio y constituye una paradoja con lo anterior. Jesús sigue confiando a sus seguidores la transmisión de su palabra, pese a haberse encontrado con incrédulos, con personas que no perciben su presencia, con tristes y afligidos o con aquellos que no se fían de quienes anuncian la resurrección. Y no solo eso, sino que los capacita para realizar acciones que reflejan valentía, capacidad para transformar las situaciones, lenguajes nuevos y la victoria del bien (arrojarán demonios). El relato invita a acoger la vulnerabilidad y fragilidad del creyente y a entender que Jesús no elige a personas “perfectas” sino plenamente humanas, con sus aciertos, errores y negaciones.

El final del evangelio invita a contemplar con esperanza el futuro, creyendo que la transformación es posible siempre con la participación del ser humano.

CUANDO ORES

- Agradece a Dios todas aquellas personas o situaciones que te han permitido ver que donde sólo parecía haber muerte, dolor, apatía o derrotismo, también resurgía la vida.
- Pide poder descubrir los signos de vida, de resurrección que nos rodean cada día.
- Expresa aquellas situaciones en las que has sentido cómo desde Jesús has podido ofrecer palabras o “lenguas” distintas que han servido para cambiar lo negativo en positivo, el desaliento en esperanza.
- Agradece sentir la presencia y asistencia de Jesús en aquello que realizas y ofrece aquellos hechos que  no habrían sido posibles sin su ayuda o inspiración.

-  Tras dos años orando semanalmente con el Evangelio de Marcos, agradece los momentos de encuentro, las sorpresas que su lectura ha deparado, la constante invitación a la sencillez y la llamada a profundizar en el mensaje de la Buena Noticia.

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Autora: Carmen Yebra, equipo de Lectio Divina de la UPComillas 

jueves, 16 de mayo de 2013

Anuncio de la resurrección

Lectio divina de Marcos 16,1-8 

16 1Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron perfumes para  ir a  embalsamar a Jesús. 2El primer día de la semana, muy de madrugada, a la salida del sol, fueron al sepulcro. 3Iban comentando:
- ¿Quién nos correrá la losa de la entrada del sepulcro?
4Pero, al mirar, observaron que la losa había sido ya corrida, y eso que era muy grande. 5Cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca. Ellas se quedaron completamente desconcertadas. 6Pero el joven les dijo:
- No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? Ha resucitado; no está aquí. Mirad el lugar donde lo pusieron. 7Y ahora, marchaos. Id a decir a sus discípulos y a Pedro: “El va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis, como os había dicho”.
8Ellas salieron huyendo del sepulcro, del susto y el temblor que les entró, y no dijeron nada a nadie por el miedo que tenían. 

CUANDO LEAS

Los misterios de la Pascua de Jesús, centrados en su resurrección, constituyen el centro y el nervio de la fe cristiana. Todos los evangelios terminan con el relato de los acontecimientos pascuales, si bien su  forma de narrarlos es distinta. En Marcos encontramos, como primer evangelio que es, el relato de Pascua  más antiguo de todo el Nuevo Testamento, escrito alrededor de 35-40 años después de los sucesos. Es cierto que San Pablo, que escribe una década antes, se refiere a la resurrección de Jesús, pero no es un relato: la primera narración de Pascua procede del evangelio de Marcos. Pero no hay ningún escrito o tradición neotestamentaria, que no tenga como fundamento la fe pascual: todos desde Pablo al Apocalipsis fueron redactados a la luz de Pascua. “La creencia en la Resurrección, que germinó después del Viernes santo, ejerció una influencia difícil de precisar y extraordinariamente creativa”
 El relato de Marcos sorprende por:
*Ser muy breve, sólo ocho versículos, frente a Mateo con veinte, Lucas con cincuenta y tres y Juan con cincuenta y seis, divididos en dos capítulos.
* NO referir  aparición  alguna de Jesús resucitado. Los otros evangelios, SÍ.
* Concluir de forma abrupta, que los evangelistas posteriores reformarán.
* El importante papel que juegan las mujeres

* PERSONAJES: las mujeres, y el joven (ángel) del sepulcro, y, en cierto modo, el sepulcro vacío.

* Mujeres: Ellas determinan la unidad del relato, son sujeto de numerosas acciones: salen a comprar aromas, van al sepulcro, reflexionan por el camino, constatan que la piedra ha sido corrida, entran en el sepulcro, tienen miedo, escuchan al joven, salen, huyen, se callan: pierden su capacidad de actuar.

Marcos presta a las mujeres una atención particular en su relato, atención  que se materializa en el conjunto de escenas de las que son protagonistas, seis en total: tres en la primera parte en la que  están identificadas por sus acciones, enfermedad, etc. no por su nombre, y  tres en la segunda, en la que sí reciben nombre: Mª Magdalena, Mª la de Cleofás, Mª la madre de Santiago el Menor y de José, Salomé. Y la mujer de Betania que unge a Jesús será recordada precisamente por esa acción y así constará  siempre.

La identificación de personajes es peculiar en Marcos. Hasta el cap. 8 el único “personaje secundario positivo” que identifica por su nombre es Jairo ¿en razón de su importancia social?, mientras  en los episodios de Jerusalén identifica a todos: Bartimeo, Simón el Leproso, Simón el Cirineo, José de Arimatea y las mujeres como hemos visto. Con la identificación de estos personajes, Marcos enfatiza el que la gente adquiere su total identidad en actos de servicio.

* Joven (ángel) del sepulcro: La presencia del mensajero celestial y su anuncio será una segunda sorpresa, la primera fue la piedra corrida. Se trata de una teofanía según el modelo de las teofanías del Antiguo Testamento, y, como en aquellas, el encuentro con la manifestación de lo divino, suscita  temor, asombro, miedo. Las mujeres iban preparadas para llorar al amigo y maestro muerto, no para escuchar que Dios ha intervenido y ha resucitado al crucificado. De ahí su desorientación, su incomprensión invencible. Frente a esta actitud de las mujeres está la confianza del Dios del Resucitado que pone en sus manos, precisamente, su mensaje y su promesa: "Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro … a Galilea… lo verán, como él les dijo”.

* El sepulcro vacío. El relato sobre el sepulcro abierto y vacío, es el único relato de Pascua compartido por los tres sinópticos. En Marcos tenemos la narración que unifica las tradiciones previas e independientes del sepulcro vacío procedentes de Jerusalén, y las apariciones de Jesús procedentes de Jerusalén. El hallazgo del sepulcro vacío no funda la fe en la Resurrección de Jesús, ya que, por sí mismo, tiene un valor ambiguo.

CUANDO MEDITES

*Actualiza dentro de ti: Únicamente la acogida atenta y continua en nuestro interior de la Palabra, leída y releída,  puede conseguir la conversión del corazón. El contacto personal con la Palabra no puede ser sustituido por ningún comentario, aunque éstos ayuden a la comprensión del texto y faciliten su entendimiento.
* La conversión al Dios que resucitó al Crucificado fracasado, nos exige un compromiso a favor de nuestros semejantes en la medida en que sea posible. Sin este compromiso ¿cómo puede ser creíble nuestro discurso sobre la resurrección de Jesús.
* Volver a Galilea. Galilea es el lugar donde comenzó Jesús el camino de la Buena Noticia que culminó en Jerusalén. Nuestro Galilea significa hacer nuestro su camino, o, ¿acaso me despisté en el camino y por eso no hay encuentro con  el Resucitado?
*Comprender y vivir el misterio de vida y muerte de Jesús NO es posible si no estamos abiertos a la fraternidad y al servicio, porque la relación sencilla con la gente, los gestos de fraternidad y el clima de servicio, son lugares especialmente adecuados para captar el asombro de la Pascua de Jesús.

CUANDO ORES

* Da gracias por la resurrección de Jesús, porque desvela la intervención amorosa de un Dios que se sitúa más allá de la muerte, en la vida; la resurrección anuncia que “el amor es más fuerte que la muerte”.
* Da gracias por tu propia resurrección porque es promesa y esperanza.
* Tratemos de aprender de Jesús, crucificado y resucitado, a abandonarnos más allá de nuestras fuerzas en los brazos de un Dios con rostro de Padre, un “Dios que es siempre amor otorgado… desde la lógica del exceso y del don”.

 ORACIÓN:   Salmo 139, 1-14

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Autora: Trinidad Brunet, equipo de Lectio Divina de la UPComillas

lunes, 6 de mayo de 2013

Jesús muere en la cruz

Lectio divina de Mc 15,33-47

33 Al mediodía se oscureció todo el territorio hasta media tarde. 34 A esa hora Jesús gritó con voz potente: ---Eloi, eloi, lema sabactani, que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? 35 Algunos de los presentes, al oírlo, comentaban: ---Está llamando a Elías. 36 Uno empapó una esponja en vinagre, la sujetó a una caña y le ofreció de beber diciendo: -¡Quietos! A ver si viene Elías a librarlo. 37Pero Jesús, lanzando un grito, expiró. 38 El velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo. 39 El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo expiró, dijo: -Realmente este hombre era Hijo de Dios.
40 Estaban allí mirando a distancia unas mujeres, entre ellas María Magdalena, María, madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé, 41 quienes, cuando estaba en Galilea, le habían seguido y servido; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén. 42 Ya anochecía; y como era el día de la preparación, víspera de sábado, 43José de Arimatea, consejero respetado, que esperaba el reinado de Dios, tuvo la osadía de presentarse a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. 44 Pilato se extrañó de que ya hubiera muerto. Llamó al centurión y le preguntó si ya había muerto. 45 Informado por el centurión, le concedió el cuerpo a José. 46 Éste compró una sábana, lo bajó de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca. Después hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. 47 María Magdalena y María de José observaban dónde lo habían puesto.

CUANDO LEAS

1.- Muerte de Jesús:

Tinieblas: A mediodía, cuando el sol está en lo más alto, todo se llena de tinieblas que duran hasta media tarde. Nada ocurre durante este tiempo. Las tinieblas eran uno de los signos que anuncian el día del Señor (Am 5,18-20; Am 8,9).
Sucederá aquel día, oráculo del Señor- que en pleno día yo haré ponerse el sol y cubriré la tierra de tinieblas en la luz del día. Trocaré en duelo vuestras fiestas…; lo haré como duelo de hijo único. (Am 8,9-10)
Oración de Jesús: Marcos pone en labios de Jesús el salmo 22. Aunque sólo cita el primer verso todo el salmo estaría en la boca o el corazón de Jesús. Jesús como el salmista reza a Dios y quiere permanecer unido a Él justo en el momento en que lo siente más lejano. La oración de Jesús viene interpretada por sus enemigos como invocación de ayuda a Elías, gran intercesor para el pueblo de Israel en situaciones imposibles.
Exhala el Espíritu: El Espíritu que ha guiado a Jesús durante toda su vida es entregado en el momento de la muerte. El Espíritu Santo que bajó sobre Él en el Bautismo y le empujó al desierto (Mc 1,10.12) es entregado al Padre. Así concluye el camino de Jesús en la tierra.
Velo del templo:  El velo del templo ha sido desgarrado, acción que se atribuye a Dios. Aquí se confirma la autoridad de Jesús sobre el templo, autoridad por la cual había sido acusado ante el sanedrín:  Le hemos oído decir: destruiré este templo, hecho por manos humanas, y en tres días construiré otro no hecho por manos humanas. (Mc 14,58).
Confesión del centurión:  Un centurión, soldado pagano, confiesa la identidad de Jesús como el Hijo de Dios. Este es el título que el evangelista da a Jesús desde el principio (Mc 1,1: comienzo del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios). Que Dios Padre también da a Jesús en el Bautismo (Mc 1,11: Este es mi Hijo amado, en ti me complazco) y en la Transfiguración (Mc  9,7: Este es mi Hijo amado, escuchadle). Aquí aparece, por primera vez, este título, en boca de un hombre, y además, extranjero.
Mujeres mirando: Este grupo de mujeres, de las cuales sólo se nombra a tres, resumen toda la actividad de Jesús en Galilea (Mc 1, 14-8,26) y el camino hacia Jerusalén (Mc 8,27-10,52). La presencia de las mujeres hace todavía más evidente la no presencia de los discípulos.

2.- Descendimiento y sepultura de Jesús:

José de Arimatea pide el cuerpo de Jesús a Pilato y le da sepultura. Pilato, después de asegurarse por el centurión de que estaba muerto, se lo entrega. El último gesto que Jesús recibe de los hombres no es la tortura y crucifixión sino este servicio de amor al enterrarlo. Las mujeres presentes ante la tumba de Jesús serán un signo de resurrección.

CUANDO MEDITES

- Nos situamos junto a las mujeres,  ¿cómo contemplamos a Jesús?, ¿cómo ha sido nuestro seguimiento y servicio?, ¿qué significaba subir con Jesús a Jerusalén?
- ¿Con quién te identificas más: con el centurión pagano, con José de Arimatea o con las mujeres?, ¿Por qué?

CUANDO ORES

1-2 ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?, te queda lejos mi clamor, el rugido de mis palabras.3Dios mío, te llamo de día y no respondes, de noche, y no me doy tregua;4aunque tú habitas en el santuario, alabanza de Israel.5En ti confiaban nuestros padres, confiaban y los ponías a salvo; 6a ti gritaban y quedaban libres, en ti confiaban y no los defraudabas. 7Pero yo soy un gusano, no un hombre: afrenta de la gente, despreciado del pueblo; 8al verme se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza: 9Acudió al Señor, que lo ponga a salvo, que lo libre si tanto lo quiere.10Fuiste tú quien me sacó del vientre, me tenías confiado a los pechos de mi madre;11desde el seno me arrojaron a ti desde el vientre materno tú eres mi Dios.12No te quedes lejos, que el peligro está cerca y nadie me socorre.  (Salm 22, 1-12).



C.f. K. STOCK, Marco Comento contestuale al secondo Vangelo. Roma 22010. 342-349 .

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Autora: Azucena Fernández, equipo de Lectio Divina de la UPComillas

viernes, 3 de mayo de 2013

Era media mañana cuando lo crucificaron

Lectio divina de Mc 15, 16-32 

Los soldados se lo llevaron al interior del palacio –es decir, a la residencia del gobernador- y convocaron a toda la compañía; lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espino, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo: ‘¡Salud, rey de los judíos!’ Le golpeaban la cabeza con una caña y le escupían, y, arrodillándose, le rendían homenaje. Terminada la burla, le quitaron la púrpura, le pusieron su ropa y lo sacaron para crucificarlo. Pasaba por allí de vuelta del campo un tal Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, y lo forzaron a llevar la cruz. Condujeron a Jesús al Gólgota (que significa ‘La Calavera’) y le ofrecieron vino con mirra, pero él no lo tomó. Lo crucificaron y se repartieron su ropa, echándola a suertes para ver lo que se llevaba cada uno.

Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero estaba escrita la causa de su condena: EL REY DE LOS JUDÍOS. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y el otro a la izquierda. Los que pasaban lo injuriaban, y decían meneando la cabeza: ‘¡Vaya! Tú que destruías el santuario y lo reconstruías en tres días: baja de la cruz y sálvate’. Así también los sumos sacerdotes, en compañía de los letrados, bromeaban entre ellos: ‘Ha salvado a otros y él no se puede salvar. ¡El Mesías, el rey de Israel! ¡Que baje ahora de la cruz para que lo veamos y creamos!’ También los que estaban crucificados con él lo insultaban.

CUANDO LEAS

Estas semanas estamos escuchando y rumiando en el corazón la pasión según Marcos. El relato evangélico que primero se escribió y el que más vívidos recuerdos dejó en la memoria de los testigos. Un relato muy fiel a lo sucedido, aunque no deje de escribirse a la luz de la fe pascual. Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero estaba escrita la causa de su condena: EL REY DE LOS JUDÍOS. Estos detalles son el núcleo de los versículos que se nos ha propuesto para escuchar hoy. Nos dan la causa de la condena y la consiguiente crucifixión de Jesús. ¿Qué significaba para aquellas gentes de Judea del siglo I la palabra rey? El rey era la cumbre de la pirámide social. Un hombre entre el cielo y la tierra, al que sostenía un dios que se había mostrado más fuerte que todos los demás dioses. O bien era descendiente de una casta de reyes o había subido al trono porque había demostrado más astucia, más poder económico o militar, más falta de escrúpulos que otros pretendientes. Su patrimonio se sostenía y se incrementaba gracias a unos impuestos muchas veces cobrados a punta de espada y por los que el contribuyente apenas si obtenía alguna prestación. Él dictaba la ley y era la más alta instancia judicial. Sus súbditos le respetaban hasta el temor y le obedecían sin cuestionar sus deseos. El pueblo entiende al rey como salvador, el garante de su independencia, de la paz, de su bienestar.

Jesús, el rey de los judíos, aparece en nuestro texto en el interior de un palacio, que era del gobernador. Viste la púrpura real y lleva una corona, no de oro sino de espino. Sus súbditos le rodean y le rinden homenaje, saludándole como a un rey, al tiempo que le golpean y le escupen. Marcos nos aclara que esta escena es una burla, e incorpora nuevos personajes al drama. Dos bandidos que crucifican con él. Los curiosos que pasan delante de él meneando la cabeza. Los sumos sacerdotes y los letrados. Unos lo insultan. Otros lo injurian. Otros bromean a su costa. Todos se suman a la burla de los soldados. ¿Por qué?

Jesús, según Marcos, nunca se había presentado como rey. El siempre habló del hijo del hombre para referirse a sí mismo. Es verdad que nunca negó que fuera el Mesías de Israel, el heredero de David, cuando así le llamaban otros (cf. Mc 8, 29; 11, 7-10). La cuestión es ¿qué querían decir esos otros cuando se referían a él con semejantes títulos? Lo hemos dicho antes: poder absoluto, sin consideración alguna hacia la dignidad, los derechos o las necesidades de los súbditos, que obedecían servilmente al rey e intentaban tenerlo a su favor con todo tipo de intrigas y adulaciones. Jesús se apoya en un Dios Padre universal, que reconoce y ama a cada ser humano como a un hijo y atiende sus necesidades. Jesús realiza muchos actos poderosos, pero jamás tienen como objeto su propio interés, sino la liberación radical de los demás. Jesús vive desde el Padre al servicio de todos los hombres y mujeres que se cruzan con él. Si Jesús es rey, lo es, precisamente, porque se muestra libre para reconocerse hijo -¡Abba! ¡Padre!: todo es posible para ti, aparta de mí este trago, pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú, Mc 14, 36- y sirve con libertad a todos, sin hacer distinciones, hasta dar la vida -Esta es mi sangre, la sangre de la alianza que se derrama por todos, Mc 14, 24-.

Jesús defrauda a sacerdotes, levitas y a todo buen israelita. Los soldados y los bandidos se burlan porque, si ese Jesús es rey, no lo parece en absoluto. Nosotros predicamos un Mesías crucificado, para los judíos un escándalo, para los paganos una locura; en cambio, para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Mesías que es portento de Dios y saber de Dios: porque la locura de Dios es más sabia que los hombres y la debilidad de Dios más potente que los hombres, 1Co 1, 23-25.  
       
CUANDO MEDITES

El texto de Marcos es muy plástico. Reléelo despacio, contemplando a los diversos personajes, siguiendo sus acciones, escuchando lo que dicen. Incorpórate al drama. ¿Qué sentimientos se despiertan en ti? Tú eres un discípulo, un seguidor de Jesús, ¿es el rey que esperabas? ¿Vives en obediencia al Padre y sirves a todos generosamente?

CUANDO ORES

Deja que el Espíritu ore en ti con tu cuerpo, tus sentimientos, tus palabras. ¿Te postras en adoración? ¿Te arrodillas? ¿Te sientas? ¿Alzas las manos? ¿Estás en pie? ¿Susurras? ¿Gimes? ¿Lloras? ¿Le alabas? ¿Le agradeces? ¿Le suplicas? ¿Le cuentas cómo te sientes? ¿Desahogas tus preocupaciones ante él? ¿Le confías tus inquietudes y proyectos? ¿Le hablas del sufrimiento de tantos? ¿Le preguntas? ¿Te abandonas a su amor y a su voluntad?
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Autor: Rafael Chavarría, equipo de Lectio Divina de la UPComillas

miércoles, 1 de mayo de 2013

Jesús es condenado a muerte

Lectio divina  de Marcos 15,1-15


1 Al amanecer, celebraron consejo los sumos sacerdotes, los ancianos y los maestros de la ley, es decir, todo el tribunal supremo. Ataron a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilatos.
2  Pilatos le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Y él respondió: «Tú lo dices». 3 Y los sumos sacerdotes le acusaban de muchas cosas. 4 Pilatos le preguntó de nuevo: «¿No respondes nada? Mira de cuantas cosas te acusan» 5 Pero Jesús no respondió nada, hasta el punto de que Pilatos quedó muy extrañado.
6 Por la fiesta concedía la libertad a un preso, el que ellos quisieran. 7 Había entonces un preso, llamado Barrabás, junto con los sediciosos que en un motín habían cometido un homicidio; 8 llegó la gente y se puso a pedirle la gracia que solía concederles. 9 Pilatos le dijo: «¿Queréis que os ponga en libertad al rey de los judíos?» 10 Pilatos sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. 11 Pero los sumos sacerdotes azuzaron al pueblo para que pidieran que les pusieran en libertad a Barrabás. 12 Pilatos les dijo: «¿Qué queréis que haga con el que llamáis rey de los judíos?». 13 Ellos gritaron: «¡Crucifícalo!» 14 Pilatos replicó: «Pero, ¿qué mal ha hecho?» Y ellos gritaba más alto: «¡Crucifícalo!». 15 Pilatos, entonces, queriendo satisfacer a la gente, les puso en libertad a Barrabas y les entregó a Jesús para que lo azotaran y lo crucificaran.

Cuando leas

Nos encontramos ante el juicio contra Jesús. Aunque a Marcos, no le interesa relatarnos detalladamente dicho proceso, sino que más bien quiere ofrecernos un relato teológico de los acontecimientos. Tal es así, que en el primer versículo podemos descubrir cierta relación con la parábola de los agricultores asesinos, narrada por el evangelista en el capítulo 12 y con otros pasajes de su evangelio. ¿La entrega a Pilatos no es acaso una expulsión de Jesús de la viña que es Israel? ¿No  es acaso la realización de lo que Jesús dijo en el tercer anuncio de la pasión: lo entregarán a los paganos? Situándonos en este contexto podemos descubrir como la entrega a Pilatos marca el momento, en la historia en el que comienza el paso de la viña a otras manos, momento en el que Jesús comienza a ser la piedra angular rechazada de un nuevo edificio, del nuevo pueblo de Dios (12,10), y todo esto es obra del Señor (12,11). Por tanto, lo que nos va a narrar Marcos es historia de salvación.
El mutismo de Jesús nos hace recordar y releer estos acontecimientos a la luz del cuarto Canto del Siervo. Pero, la extrañeza de Pilatos, también nos hace interpretar el relato dentro del género literario del martirio. En el cual, el mártir, testigo de Dios, con su forma de sufrir, suscita asombro incluso entre sus perseguidores.
La acusación a Jesús es de carácter decididamente político: ¿Eres tú el rey de los judíos? Para los romanos, dicha acusación es más que suficiente para condenarlo a muerte. Pero Jesús no responde. Por lo tanto, no contamos con la confesión del reo. Pilatos no tiene la certeza de su culpabilidad. Los sumos sacerdotes insisten en sus acusaciones. Pilatos espera salvar a Jesús apelando al pueblo. Sin embargo, éste es una marioneta en mano de sus dirigentes. Pilatos sucumbe ante la manipulación de pueblo, que a su vez es manipulado.
Toda la escena de los versículos 6 al 15 se enmarca dentro de la obligación, o costumbre, de la autoridad romana de liberar a un preso aquel día de la fiesta. Nos encontramos con los dos presos: Barrabas, un asesino, y Jesús, el rey de los judíos. Marcos nos detalla la «ficha policial» de cada uno. El primero, un homicida, el segundo un inocente. Barrabas, un «golpista», que ha actuado en contra del estado y, por tanto, según el derecho romano, merece la muerte; y el segundo un inocente que para los jefes judíos es reo de muerte; Barrabas es hijo (=Bar) del Padre  (=Abbá) y Jesús un pretendiente a ser rey de los judíos. Barrabas ha demostrado querer ser un libertador, mientras que Jesús no. La gente se decide por Barrabas, mientras que Jesús, el inocente, el que no había cometido delito alguno, se convierte, al caminar hacia la muerte, en liberación de no que es culpable. Teológicamente, el inocente muere para salvar a los culpables.
Pilatos lo entrega para que lo crucifique. La autoridad romana ha claudicado ante las pretensiones judías; pero esto no lo hace menos inocentes que los jefes del pueblo.
Ahora sabemos quiénes son los pecadores, los paganos y los judíos (14,41), es decir, toda la humanidad que rechaza al único que puede salvar y que ahora es conducido hacia la muerte y una muerte de cruz.

(Mario Galizzi, Evangelio según san Marcos. Comentario exegético-espiritual, San Pablo, Madrid 2007, págs. 310-313).

Cuando medites

- Trata de rememorar el relato como si de una película se tratara, intentando involucrarte dentro de ella, como si fueras una de las personas que están entre la muchedumbre. ¿Qué sentimientos se despiertan en ti?
- Imagínate que estás siendo increpado y acusado por ser seguidor de Jesús de Nazaret, no necesariamente en un juicio, sino en tu vida cotidiana. ¿Cuál sería tu actitud? ¿Te defenderías “con uñas y dientes” o adoptarías la postura del «siervo sufriente»?
- No todos estamos llamados al martirio de sangre, pero sí que sufrimos lo que podríamos llamar «pequeños martirios» en nuestra vida cotidiana. ¿Estás dispuesto a aceptar esos pequeños martirios por amor a Jesús y a los hermanos?
- Tómale el pulso a tu vida con respecto a tu ser testigo de Jesús y su evangelio.

Cuando ores

- Pide a Jesús perdón por las veces que no has sabido ser testigo fiel del evangelio.
- Pide al Padre las gracias necesarias para ser un testigo fiel de Jesús y para saber afrontar el sufrimiento por el Reino.
- Da gracias a Dios por las veces que es tu fortaleza en los momentos de peligro, y te da la energía suficiente para ser su testigo ante los demás.

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Autor: Pepe Pedregosa, ssp, equipo de Lectio Divina de la UPComillas 

lunes, 8 de abril de 2013

Antes de que el gallo cante...

Lectura orante de Marcos 14,66-72

66 Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llega una criada del sumo sacerdote, 67 ve a Pedro calentándose, lo mira fijamente y dice:
–También tú estabas con el Nazareno, con Jesús.
68 Él lo negó diciendo:
–Ni sé ni entiendo lo que dices.
Salió fuera al zaguán y un gallo cantó. 69 La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:
–Este es uno de ellos.
70 Pero él de nuevo lo negaba. Al poco rato, también los presentes decían a Pedro:
–Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo.
71 Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:
No conozco a ese hombre del que habláis.
72 Y enseguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: «Antes de que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.

CUANDO LEAS

- Date cuenta de cómo la escena se imbrica en el relato evangélico haciendo referencia a pasajes anteriores narrados por el evangelista:
Es continuación de lo dicho en 14,53-54: «Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los escribas y los ancianos. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del patio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse».
En ella se cumple lo anunciado por Jesús en 14,30 (tras la cena y antes de llegar al huerto de los Olivos): «En verdad te digo que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres».
- Fíjate en cómo el evangelista plantea un doble interrogatorio y en la diversidad de respuestas y actitudes:
Jesús es interrogado por el sumo sacerdote, supuestamente en el piso de arriba, y su testimonio es afirmativo: «¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito… Yo soy…» (14,61-62);

Pedro es interrogado por los criados del sumo sacerdote «abajo, en el patio», y su testimonio es negativo.
- Repara en que se trata del «pecado» del primero de los discípulos en ser llamado (1,16) y del primero del grupo de los Doce (3,16), el que había confesado a Jesús en Cesarea como el Mesías (8,29), pero también el mismo del cual el evangelista dice durante la transfiguración: «No sabía lo que decía» (9,6) (aquí Pedro no dice lo que sabe).
- Observa la graduación in crescendo en la reacción de Pedro: primero se desentiende, luego niega y finalmente maldice y jura. (Jesús podría hacer suyos en este momento los sentimientos de Job: «Mis hermanos se alejan de mí, mis conocidos me abandonan», Job 19,13.) Pedro, que ha empezado la escena «abajo», efectivamente ha tocado fondo.
- Date cuenta de que, en este evangelio, la triple negación de Pedro no encuentra la correspondiente triple afirmación del amor de Pedro a Jesús (y el consiguiente triple encargo de la tarea de apacentar el rebaño, cf. Jn 21,15-18).
- Fíjate que, en la primera negación, Pedro niega a la criada que estuviera con Jesús. Pero es precisamente para eso para lo que Jesús llama a los Doce: «Instituyó a doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar» (Mc 3,14).
- «Los presentes» (vv. 69-70) son los criados de la casa del sumo sacerdote, que aparecen al final del episodio anterior (enlazando así con este). Deducen que Pedro es del grupo de
Jesús porque también es galileo, probablemente debido a diferencias entre el arameo hablado en Judea y en Galilea.
- Observa que, en la tercera negación, la respuesta de Pedro: «No conozco a ese hombre del que habláis», recuerda en cierto modo la que da Adán a Dios en el Edén: «La mujer que me diste por compañera me ofreció el fruto del árbol, y comí» (Gn 3,12): en ninguna de las dos hay mención de nombre propio (Jesús o Eva) y sí un intento de zafarse de la propia responsabilidad.

CUANDO MEDITES

- Piensa en el doble interrogatorio que plantea la escena. También a nosotros se nos ofrece muchas veces la oportunidad de dar testimonio de Jesús. ¿Qué decimos en esas ocasiones? ¿Sabemos decir con valentía (aunque sin prepotencia) que Jesús es el Mesías, el Hijo de Bendito, o, por el contrario, afirmamos no conocer a «ese hombre»? ¿De qué forma afirmamos o negamos?
- Medita en el hecho de que hasta el a veces llamado «príncipe de los apóstoles» es capaz de renegar de Jesús. Eso significa que todos nosotros, naturalmente, lo hacemos también (y aquí no vale consolarse con lo de «mal de muchos…»). Más bien habría que recapacitar en nuestra adhesión a Cristo y en los motivos y ocasiones de nuestras negaciones.
- Reflexiona sobre el hecho de que, como señala el evangelista Juan, Jesús resucitado confía precisamente a ese discípulo que le ha negado la tarea de apacentar su rebaño (porque el rebaño es y seguirá siendo siempre suyo). ¿Somos conscientes de que, en cierta medida, en Pedro estamos representados todos, que somos acogidos a pesar de nuestras negaciones?

CUANDO ORES

- Pide al Señor que no nos suelte de su mano y, tal como pedimos cuando rezamos el Padrenuestro, no nos deje caer en la tentación de negar a su Hijo (por comodidad, por cobardía…) y lleguemos así a lo más bajo que puede caer un discípulo de Jesús.
- Da gracias a Dios porque, al igual que a los Doce, el Señor Jesús nos ha elegido también a nosotros y nos sigue llamando para «estar con él». Y eso a pesar de todas nuestras debilidades y pecados.
- Alaba a Dios por Jesús, que ha venido para salvar al mundo, no a condenarlo, y cuya vida entregada por nosotros nos alcanza una vida abundante y plena.

El canto del gallo ha servido siempre como anunciador del día que viene, es decir, como despertador. Por eso vamos a terminar nuestra oración con la recitación del Salmo 51, verdadero despertador de nuestra conciencia de pecado y, por tanto, el primer paso de nuestra conversión (aunque estemos en Pascua).

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Autor: Pedro Barrado, equipo de Lectio Divina de la UPComillas

martes, 26 de marzo de 2013

La entrega de Judas y la condena del Sanedrín

Lectio divina de Marcos 14,43-65
43 Todavía estaba hablando, cuando de pronto se presenta Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas  y palos, de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y de los ancianos.
44 El que le iba a entregar les había dado esta contraseña: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es, prendedle y llevadle con cautela.» 45 Nada más llegar, se acerca a él y le dice: «Rabbí», y le dio un beso.
46 Ellos le echaron mano y le prendieron.
47 Uno de los presentes, sacando la espada, hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le llevó la oreja.
48 Y tomando la palabra Jesús, les dijo: «¿Como contra un salteador habéis salido a prenderme con espadas y palos? 49 Todos los días estaba junto a vosotros enseñando en el Templo, y no me detuvisteis. Pero es para que se cumplan  las Escrituras.»
50 Y abandonándole huyeron todos.
51 Un joven le seguía cubierto sólo de un lienzo; y le detienen. 52 Pero él, dejando el lienzo, se escapó desnudo.

53 Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote, y se reúnen todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas. 54 También Pedro le siguió de lejos, hasta dentro del palacio del Sumo Sacerdote, y estaba sentado con los criados, calentándose al fuego.
55 Los sumos sacerdotes y el Sanedrín entero andaban buscando contra Jesús un testimonio para darle muerte; pero no lo encontraban.
56 Pues muchos daban falso testimonio contra él, pero los testimonios no coincidían. 57 Algunos, levantándose, dieron contra él este falso testimonio: 58 «Nosotros le oímos decir: Yo destruiré este Santuario hecho por hombres y en tres días edificaré otro no hecho  por hombres.» 59 Y tampoco en este caso coincidía su testimonio.
60 Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y poniéndose en medio, preguntó a Jesús: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que éstos atestiguan contra ti?»
61 Pero él seguía callado y no respondía nada. El Sumo Sacerdote le preguntó de nuevo: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?»
62 Y dijo Jesús: «Sí, yo soy, y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir entre las nubes  del cielo.»
63 El Sumo Sacerdote se rasga las túnicas y dice: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? 64 Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?» Todos juzgaron que era reo de muerte.
65 Algunos se pusieron a escupirle, le cubrían la cara y le daban bofetadas, mientras le decían: «Adivina», y los  criados le recibieron a golpes.
CUANDO LEAS
1. El relato del prendimiento de Jesús de Marcos tiene dos partes: la primera presenta la carga emotiva de un beso que, según el texto, es traidoramente efusivo, y nos presenta también la vergonzosa nocturnidad de la policía del Templo ante un profeta que ha hablado a la luz, cada día, en el mismo Templo. Y la segunda nos presenta la reacción de protesta de Jesús –única vez en toda la pasión de Marcos- ante la violencia de la nocturnidad y de las formas (con espadas y palos). Nos presenta también la bochornosa huída de los discípulos, que lo habían seguido durante su vida pública, cuando parecía que el éxito y la fama de Jesús les acompañaban.
La escena del prendimiento conecta con la de Getsemaní, pues mientras todavía estaba hablando Jesús, se presenta Judas, del que se resalta que era uno de los doce. En Marcos, éste es el “sobrenombre” de Judas Iscariote: “el que lo entregó” (cf. Mc 3,19; 14,44). El grupo viene de parte del Sanedrín, sumos sacerdotes, escribas y ancianos. Estos pertenecen al partido saduceo y son los responsables más inmediatos de la muerte de Jesús. Se trata de una turba informal, pues vienen con espadas y palos como para detenerlo como a un ladrón cualquiera.
La contraseña que elige Judas para la entrega es un beso (muestra de amistad), que, según el texto, parece ser un beso cariñoso, efusivo, para dar tiempo a que los enemigos de Jesús se fijaran y lo identificaran.
Cuando Jesús es detenido, uno de los presentes (Pedro, según Jn 18,10) sacó la espada y le cortó la oreja al siervo del sumo sacerdote, una acción indigna de un seguidor ideal de Jesús, pero propia de sus seguidores reales, hombres rudos y violentos, como deja entrever el texto de la elección de los 12 en los sinópticos, cf. Mc 3,13-19: Simón, Pedro (= piedra de tropiezo), Judas Iscariote (=sicario, “el que lo entregó”), Santiago y Juan (=”los hijos del Trueno”) o Simón el Zelote (Lc 6,15).
Jesús se queja de que vengan a detenerle como a un ladrón, a escondidas, en la noche. Él enseñaba todos los días en el templo, como un maestro con autoridad, y allí no se atrevieron a echarle mano por temor a la gente (Mc 12,12). Se afirma que esto sucedió así “para que se cumplieran las Escrituras”, expresión rara en Marcos y más propia de Mateo. ¿Qué pasaje concreto de la Escritura se cumple en la entrega de Jesús en la noche? Quizá la expresión del cumplimiento se refiere a “y abandonándole, huyeron todos”. Hay muchos pasajes en la Escritura en los que se puede leer el abandono que experimenta el hombre justo (Sal 27,10; 31,12; 38,12; 41,10, 69,9). En el Talmud se lee: “A la puerta del comerciante de aceite hay muchos hermanos y amigos; a la puerta de la cárcel, no hay ni hermanos ni amigos”. Probablemente Marcos se refiere a aquellos textos bíblicos que hablan del justo perseguido (en Jeremías, el Siervo de Yahveh, o al justo traspasado de Zacarías).
El abandono de “todos” está lleno de ironía y de fuerza. Se cumplen así sus palabras: “Todos os vais a escandalizar” (14,27). Todos, menos un joven que, en principio, le sigue y que termina escapando desnudo. ¿Es un dato autobiográfico del propio Marcos? ¿Es un discípulo cualquiera? ¿Es una referencia al profeta Amós: “El más esforzado entre los bravos huirá desnudo el día aquel” (2,16)?...
2. Jesús, conducido al Sumo Sacerdote, es confrontado con representantes de tres facciones del sanedrín: los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas.
Pedro sigue a Jesús, pero le sigue “de lejos”. Para que el seguimiento sea verdadero es necesario estar dispuesto a asumir la suerte del maestro e ir con Jesús hasta la cruz. Con la alusión a Pedro se introduce también el relato de la  negación.
Cuando se habla de “todo el sanedrín”, se habla la reunión plenaria de las supremas autoridades judiciales, que constaba de 70 miembros a los que se sumaba el sumo sacerdote en el cargo. La finalidad de la reunión es encontrar un testimonio contra Jesús para eliminarlo, y esa intención de matar hace que el juicio aparezca como ilegal. Esta intención de dar muerte a Jesús cierra un proceso iniciado en 3,6.
Para el narrador, los testimonios son falsos (cf. Sal 27,12; 35,11). Sus testimonios no sirven porque son contradictorios. La acusación gira en torno a las afirmaciones de Jesús respecto al templo: “Yo destruiré este Santuario…” Quizá Jesús nunca dijo esas palabras, pero su actitud de fondo era ésa. Hay un nuevo templo, un nuevo santuario, un nuevo modo de aproximarse a Dios… Jesús es el nuevo santuario de Dios en el que es posible encontrarse con el Padre, conocer su Rostro, encontrar la vida... “Él hablaba del templo de su cuerpo”… (Jn 2,21).
Viene a continuación el interrogatorio del acusado, realizada por el sumo sacerdote, que se sitúa en el centro. La primera pregunta se refiere al silencio de Jesús. La segunda exige que Jesús tome postura respecto a sus acusadores. Pero Jesús calla, como calla el justo perseguido del salterio (sal 38,14-16) o el Siervo de Yahveh (Is 53,7). Pero cuando el sumo sacerdote le interroga sobre el mesianismo, él hace una confesión mesiánica con unas palabras que dejan traslucir su trascendencia divina: “Sí, yo soy”, expresión que oculta una referencia al nombre de divino (“Yo soy el que soy”). La respuesta de Jesús remite al Salmo 110,1 y a Daniel 7,13. La blasfemia de Jesús, para muchos autores, consiste en que Jesús se coloca en el lugar perteneciente a Dios. Para los judíos, el confesar a Jesús crucificado como Mesías e Hijo de Dios (=Hijo del Bendito) era blasfemia.
El proceso se cierra con el escarnio de Jesús, en el que toman parte algunos miembros del sanedrín y los servidores. No se nos dice nada de la reacción de Jesús. Él permite, indefenso y en silencio, que caiga sobre él esta deshonra.

CUANDO MEDITES

- “Es un amigo de confianza quien traiciona a Jesús, y con un beso. La forma en que Jesús afrontó la violencia contiene un mensaje para nuestros tiempos. La violencia es suicida —dice a Pedro— y no se vence con más violencia, sino con una energía espiritual superior, que se extiende a los demás en forma de amor sanador. Jesús toca al siervo del sumo sacerdote y lo cura. El hombre violento puede tener necesidad también hoy de un gesto sanador, que brota de un amor que trasciende las cuestiones inmediatas.
En tiempos de conflictos entre personas, grupos étnicos y religiosos, naciones, intereses económicos y políticos, Jesús dice que la respuesta no es el enfrentamiento y la violencia, sino el amor, la persuasión y la reconciliación. Incluso cuando parece que no logramos nada con estos esfuerzos, plantamos semillas de paz, que traerán fruto a su debido tiempo. La justicia de nuestra causa es nuestra fuerza”.

- “Traición y abandono por parte de aquellos que había elegido como Apóstoles, a los que había confiado los secretos del Reino y en los que había puesto toda su confianza. Un rotundo fracaso. 
La traición sorprende, sobre todo si se refiere a los pastores del rebaño. ¿Cómo pudieron hacerle esto a él? El espíritu es fuerte, pero la carne es débil. Las tentaciones, las amenazas y chantajes, doblegan la voluntad. 
No nos escandalicemos. Las defecciones nunca han faltado en las persecuciones. Y después se han producido con frecuencia los regresos. En aquel joven, que arrojó la sábana y huyó desnudo (cf. Mc 14, 51-52), intérpretes autorizados han visto al futuro evangelista san Marcos”.

- “Esa traición y ese beso, a lo largo de los siglos, se han transformado en el símbolo de todas las infidelidades, de todas las apostasías, de todos los engaños. Cristo, por tanto, afronta otra prueba, la de la traición que engendra abandono y aislamiento. No es la soledad que tanto amaba, cuando se retiraba a los montes a orar; no es la soledad interior, fuente de paz y de serenidad porque con ella nos asomamos al misterio del alma y de Dios. Es, por el contrario, la experiencia dolorosa de tantas personas que también en esta hora en que nos encontramos aquí reunidos, al igual que en otros momentos del día, están solas en una habitación, ante una pared desnuda o ante un teléfono mudo, olvidados por todos por ser viejos, enfermos, extranjeros o extraños. Jesús bebe con ellos también este cáliz que contiene el veneno del abandono, de la soledad, de la hostilidad.”

- “Conocemos bien esta escena de condena: ¡es la crónica de todos los días! Pero nos queman en el alma unas preguntas: ¿Por qué es posible condenar a Dios? ¿Por qué Dios, que es omnipotente, se presenta revestido de debilidad? ¿Por qué Dios se deja avasallar por el orgullo de la arrogancia humana? ¿Por qué Dios calla?
Nuestro tormento es el silencio de Dios, es nuestra prueba. Pero es también la purificación de nuestra prisa, es la cura de nuestro deseo de venganza.
El silencio de Dios es la tierra donde muere nuestro orgullo y brota la verdadera fe, la fe humilde, la fe que no hace preguntas a Dios, sino que se entrega a él con la confianza de un niño.”
CUANDO ORES
Te sentirás solo, sin testigos.
Te encontrarás aislado, sin puentes.
Te abrumará el silencio, sin palabras.
Te dolerá el olvido, sin aplausos.
Te inquietará la duda, sin respuestas.
Te pesará la carga, sin ayudas.
Te asustará el compromiso, sin seguridades.
Te verás desnudo, sin mentiras.
Y Yo seré tu testigo, tu puente y tu palabra.
Yo seré tu aplauso, tu respuesta y tu apoyo.
Yo seré tu refugio y amaré tu desnudez
y te enseñaré a vivir de verdad.

(José Mª Rodríguez Olaizola, sj)

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Autora: Conchi López, pddm, equipo de Lectio Divina de la UPComillas
Nota: Los comentarios están tomados de Secundino Castro y de J. Gnilka; las propuestas de meditación, de diversos Via Crucis del Viernes Santo, en el Coliseo.