jueves, 26 de junio de 2014

Del decir al ser

No todo el que dice... sino el que hace, o mejor el que es la voluntad de Dios, entrará en el Reino de los cielos. Decir - hacer - ser son tres pasos de progresivo ahondamiento y crecimiento, desde fuera hacia adentro, o como tres escalones que nos "suben" a nosotros mismos, "bajando". Quien vive en la superficie de sí mismo, solo puede intentar "hacer" cosas de forma inconstante, cosas que alimentan su yo. No puede "ser" la voluntad de Dios, ni la voluntad de cualquier otro, en general. No tiene consistencia, ni fuerza, ni madurez para ello.

Para poder ser una voluntad que no es la mía, es preciso que cultive mi ser interior y supere la pulsión de apropiación, sin la cual tengo la vertiginosa sensación de flotar en el vacío, de quedarme sin suelo bajo los pies, de perderme a mí misma. Y sin embargo, es la única manera de encontrarme a mí misma.
En términos del evangelio de hoy, sería pasar de estar cimentada sobre arena a estar cimentada sobre roca, de ser inconsistente, desestructurada, sin columna vertebral, a ser firme, a ser en Dios.

"En el Paraíso no hay sitio para los yoes, sino que es un modo de existencia donde se pronuncia siempre un tú antes de decir yo" (Javier Melloni, El Cristo interior, p 92).


Foto: Mi instagram


martes, 27 de mayo de 2014

"Me buscaréis y no me encontraréis"

Lectio divina de Juan 7,25-36

ESCUCHA-LEE LA PALABRA

25Decían algunos de los de Jerusalén: “¿No es a ése a quien quieren matar? 26Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades  que este es el Cristo? 27Pero éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es”. 28Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: “Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta, sino que es veraz el que me ha enviado,  pero vosotros no le conocéis. 29Yo le conozco, porque vengo de él y él es el que me ha enviado”.

30Querían pues detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora. 31Y muchos entre la gente creyeron en él y decían: “Cuando venga el Cristo, ¿hará más signos de los que ha hecho éste? 32Se enteraron los fariseos que la gente hacía estos  comentarios acerca de él y enviaron guardias para detenerle. 33Entonces les dijo: “Todavía un poco de tiempo estaré con vosotros,  y me voy al que me ha enviado. 34Me buscaréis y no me encontraréis; y  adónde yo esté, vosotros no podéis venir".
35 Se decían entre sí los judíos: ¿A dónde se irá éste que nosotros no le podemos encontrar¿ ¿Se irá a los que viven dispersos entre los griegos para enseñar a los griegos? 36¿Qué es eso que ha dicho: “Me buscaréis y no me encontraréis, y adonde yo esté vosotros no podéis venir?”

MEDITA LA PALABRA

Sobre el origen de Jesús (vv. 25-31)

Los vv- 25-30: Sobre si Jesús es el Mesías, ellos mismos rechazan tal posibilidad ya que su aparición sería una sorpresa y el cambio sería inmediato. Jesús toma la palabra en el Templo y habla de las dudas que tienen respecto a su origen, aclara que su venida no es por propia decisión sino que hay uno que le ha enviado.
Jesús reacciona ante las creencias de sus contemporáneos que les impiden reconocerle. Esas creencias fueron al principio intentos de entender o explicar el plan de Dios y que ahora se vuelven inamovibles; en nombre de una doctrina, de una tradición dictan a Dios su modo de proceder, su modo de actuar, le planean el futuro. Se elimina la espontaneidad del Espíritu, no se reconoce su voz (3,8). El Espíritu se presenta como don libre de vida fuera de la red tejida por el hombre.
El verdadero Moisés según Jesús no ha de ser reconocido por su lugar de procedencia, como ellos piensan; su autenticidad depende de que sea enviado por Dios,  el portador del Espíritu cuya actitud se reconoce en sus obras: dar libertad al oprimido (5,36; 7,18). Esta es la única condición que puede requerirse, si ellos no lo reconocen en Jesús es por haber subordinado la realidad de Dios y de su plan a los propios prejuicios.  Jesús le conoce porque procede de él, ese es el fundamento de su misión y actividad, expresa su propia experiencia de vivir como el Padre.
vv. 30-31: La multitud está dividida con respecto a Jesús: Unos dicen “extravía a la gente”. Otros dicen “es una persona buena” y lo reconocen como Mesías.
Ante esta doble actitud de la multitud, los sumos sacerdotes y los fariseos mandan guardias a prenderlo.
La aceptación de Jesús como Mesías alarma a las personas pues eso derribaría el sistema legal en que se apoyaban (8,17; 7,19). Tanto los fariseos, como los Sumo Sacerdotes, se alían contra él ya que pone en peligro las bases del poder de ambos. Envían guardas a prenderlo, el pueblo debe someterse a su autoridad.

Anuncio de su partida y llamada a la Sabiduría (Sensatez) (vv. 32-36)

Jesús sabe que no ha llegado su hora; conoce las intenciones de matarlo que abrigan los dirigentes. Mientras están en el mundo se puede optar, la salvación está presente, invita a aprovechar la oportunidad. “Poco tiempo” se opone a “mucho tiempo” que el pueblo lleva oprimido. Jesús puede curar. Invita a tomar una decisión ya que la salvación está a su alcance quizá otro día le busquen y no le encuentren.
El lugar donde está Jesús es la esfera del Padre, ahí estarán también los discípulos (12,26; 14,3; 17,24) con su Muerte y Resurrección reciben el Espíritu Santo. Para estar donde está Jesús hay que dar un paso que los oyentes no quieren dar. Tendrán que cambiar de actitud.
Los dirigentes no han comprendido las palabras de Jesús, Jesús ha hablado del que lo ha enviado, ellos no prestan fe a su misión.  No tienen conciencia del estado crítico de la situación en la que se encuentran, no han prestado atención a la Sabiduría, están tan seguros de sus instituciones que no se enteran.

VIVE LA PALABRA

- Jesús invita a prestar atención a sus palabras, a ser sensatos… ¿qué valor tiene realmente las palabras de Jesús en mi vida? …
- ¿Qué es para mí la fe? Adhesión a la persona de Cristo,  a unos principios, a unas leyes…

- ¿Me aferro a lo ya sabido, a lo ya conocido? ¿Me siento llamado a romper con antiguas costumbres, tradiciones y dejó que el Espíritu del Resucitado me lleve por caminos nuevos, no conocidos? 

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Lectio divina preparada por Conchi Alonso (Equipo de animación de San Francisco de Borja, Madrid)
Foto: Javier Barquilla Sánchez

lunes, 26 de mayo de 2014

Construirse

Podría ser una paloma de la paz, aunque ni es blanca ni lleva un ramo de olivo en su pico. Lo cierto es que es una paloma que está construyendo su nido, poco a poco, con constancia, con esfuerzo, con deseo de hogar, como yo quiero construirme de modo lento, con consciencia, con lucidez y con constancia. Un hogar interior que sea habitable para mí misma y para otros.

Foto: Mi instagram

miércoles, 21 de mayo de 2014

Pilares

(Escrito el 24 de abril)


La luz del sol es resplandeciente esta mañana entre las nubes. La primavera pasa por la tierra cubriéndola de un manto de color. Infinidad de verdes distintos y de flores rosas, blancas y gualdas. Las amapolas ya despuntan también y la floración es una fiesta para los sentidos. 

Por un amplio ventanal de la biblioteca de la universidad, veo pasear a hombres ancianos que, en otro tiempo, fueron profesores eminentes. Una gran cabeza sostenida en pasos torpes y desacostumbrados al movimiento. Han dejado el legado de huellas interiores en aquellos que les han escuchado. Alguno ha dejado grandes volúmenes que ahora atesoran polvo en las estanterías de algunas bibliotecas, incluida la mía. Alguna vez lo utilicé para consultarlo, pero no se presta al disfrute ni marca pistas para vivir mejor…
Mientras los miro, la misma pregunta de siempre acude a mi mente: ¿qué es lo que hace valioso nuestro trabajo en esta única vida que se nos ha dado?

Algunos alumnos preparan su tesis doctoral. Muchas horas diarias dedicadas a estudiar estudios de otros, realizados sobre investigaciones de otros, para concluir con un escrito de unos cientos de páginas, tras años de búsqueda, que probablemente ni una cincuentena de personas leerá. Pero ellos habrán obtenido un título que les acreditará para enseñar en una universidad y ése será el verdadero premio a su inmolación. ¿Qué es lo que hace valioso nuestro trabajo en esta única vida que se nos ha dado?

Hay personas sin estudios, sin títulos académicos, sin preparación, que alimentan a otros todos los días y llenan vidas de sonrisas y de luz, de optimismo y ánimo, de compañía y cuidado… Hay quienes poseen todas las palabras del mundo y la ciencia en su cabeza, pero no saben acariciar, ni acompañar, ni preparar una comida para nadie. Y hay quienes apenas saben escribir su nombre pero sostienen vidas, como pilares sorprendentes, tiernos e incansables. 



lunes, 19 de mayo de 2014

Ni siquiera sus hermanos creían en él...

Lectio divina de Juan 7, 1-24

ESCUCHA-LEE  LA PALABRA:

“A Dios le escuchamos cuando leemos la Sagrada Escritura” (LG). Escuchar viene de la palabra "obediencia": ob-audientia que significa "escuchar lo que está debajo"; escuchar  la voz de Dios en sentido bíblico significará obedecerle y realizar su voluntad. Los maestros espirituales nos aconsejan que lo más importante de la oración es  la ESCUCHA y efectivamente la Palabra de Dios insiste continuamente sobre la ESCUCHA:
“Escucha Israel amarás al Señor tú Dios…” (Dt 6,4)
Escuchar la palabra es recibir más que palabras,  aunque sean  las palabras que salen de la boca de Jesús, es escucharle a Él que es la Palabra: “la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,4). 
Escuchemos y acojamos lo que Jesús nos quiere decir  a través de este texto de Jn 7, 1-24

7 1Después de esto, Jesús andaba por Galilea; y es que no podía andar por Judea, pues los judíos trataban de matarle. 2Al acercarse la fiesta judía de las Tiendas, 3le dijeron sus hermanos: “Sal de aquí y vete  a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces, 4pues nadie actúa en secreto cuando quiere ser conocido. Si haces  estas cosas, muéstrate al mundo.” 5Es que ni siquiera sus hermanos creían en él. Jesús le replicó: “Todavía no ha llegado mi tiempo; en cambio vuestro tiempo siempre está a mano. 7El mundo no puede odiaros; a mí, sin embargo, me aborrece, porque doy testimonio de que sus obras son perversas. 8Subid vosotros a la fiesta. Yo no subo, pues aún no se ha cumplido mi tiempo. 9Dicho esto se quedó en Galilea. 10Pero después, que sus hermanos subieron a la fiesta, él también subió, aunque no manifiestamente, sino de incógnito. 11Los judíos, durante la fiesta, andaban buscándole, y se preguntaban: “¿Dónde estará ése?”. 12Entre la gente había muchos comentarios acerca de él. Unos decían: “Es bueno”. Otros decían: “Nada de eso; lo que hace  es engañar a la gente.”. 13Pero nadie hablaba de él abiertamente por miedo a los judíos.
Mediada ya la fiesta, subió Jesús al Templo y se puso a enseñar. 15Los judíos decían extrañados: “¿Cómo entiende de letras sin haber estudiado?” 17Jesús les respondió: “Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado. 17Si alguno quiere cumplir su voluntad, verá si mi doctrina es de Dios o hablo yo por mi cuenta. 18El que habla por su cuenta busca su propia gloria; pero el que busca la gloria del que le ha enviado, ése es veraz; y no hay impostura en él. 19¿No es Moisés el que os dio la Ley? Y ninguno de vosotros cumple la Ley. ¿Por qué tratáis de matarme?”. 20 Respondió la gente: “Tienes un demonio. ¿Quién trata de matarte?”. 21Jesús les respondió: “Una sola obra he hecho y todos os maravilláis. 22Moisés os dio la circuncisión (no que provenga de Moisés, sino de los patriarcas), y vosotros circuncidáis a la gente en sábado. 23Si se circuncida un hombre en sábado, para no quebrantar la Ley de Moisés, ¿os irritáis contra mí porque he devuelto la salud plena a un hombre en sábado? 24No juzguéis por apariencias, juzgad con criterio justo”.

ORA LA PALABRA

Jesús se halla en Galilea, los dirigentes judíos le buscan para matarle… y la causa de su muerte es haber dado la vida plena a un hombre.
Desde el inicio su vida está en riesgo, pero él no ha venido para morir sino para realizar la misión que el Padre le ha encomendado, por ello actúa con prudencia.
Jesús no acude a la fiesta de los Tabernáculos con sus hermanos, representan un mesianismo con el que Jesús no está de acuerdo, no tienen ninguna intención de adherirse a las palabras de Jesús,  más bien le ven como un fracasado, en Jn 6,66 muchos le han abandonado y quieren que haga una demostración pública para recuperar su fama. Ante esta situación Jesús no retrocede, es consciente de que el mundo (dirigentes judíos) le odia,  porque con su palabra y su vida denuncia el comportamiento de los dirigentes.
Aparece posteriormente enseñando en el Templo hablando no en nombre propio sino en nombre de Dios, no por su cuenta, por su “propia gloria”; la propia gloria es exterior, constatable, por ello su búsqueda o la renuncia a ella puede servir de criterio para juzgar la procedencia de una doctrina. La búsqueda del propio prestigio delata que la doctrina que se propone no procede de Dios sino del hombre. En definitiva las palabras revelan la actitud del que la enseña, son expresión de su persona.
Las palabras de Jesús llevan detrás su propia vida, y denuncian la forma de interpretar la Ley  y cuestionan la forma de actuar de los dirigentes, por eso buscan a Jesús para matarlo. El texto acaba con una paradoja: vosotros circuncidáis a un hombre en sábado (circuncisión es curación de un miembro), y queréis  matar a Aquel que no ha curado un miembro sino que ha  dado la vida plena a un hombre  revelando el verdadero sentido de las palabras y de la vida de Jesús “dar la vida al hombre”. “He venido para que tengan vida y vida abundante”. 

ASIMILA LA PALABRA

Jesús no propone una doctrina abstracta, pues él es la verdad, las palabras y obras de Jesús expresan lo que él es. Sus obras dan sentido a sus palabras y sus palabras se comprenden en relación con sus obras.
La Palabra comunica la presencia de Dios y su acción por ello “son espíritu y vida” (Jn 6,63) Quien con su palabra no pretende comunicar vida sino su propio prestigio, ese no conoce a Dios ni tiene experiencia de Él. Más aún falsifica a Dios. No se puede hablar de Dios distanciándose de él, porque no es una fórmula, sino una persona.
De Dios solo podemos hablar cuando lo hemos experimentado, cuando vivimos con él, cuando le escuchamos y tratamos de obedecer las palabras que él nos comunica. Cuando salimos de esta relación, la palabra se torna vacía, hueca, no tiene sonido, no trasmite nada.
El que no busca su gloria, trasmite y manifiesta la gloria de Dios, su amor leal al hombre, es de fiar. No manipula la ley, ni explota al hombre. Sus palabras son creíbles, es digno de fe.

VIVE LA PALABRA

La vida de Jesús está en peligro porque es coherente con las palabras que escucha del Padre y las vive con toda la radicalidad aún a sabiendas de que caerán mal, e indignarán a sus oyentes. Él es consciente que solo así el hombre recibe la vida divina.
¿Cuido que mi oración esté fundamentada en la Palabra,  sabiendo que solo de ella procede la vida divina?
¿En qué medida trato de ser  coherente con lo que escucho de Dios y mi vida cotidiana?

¿Hasta dónde estoy dispuesto a arriesgar, no de mis cosas, sino de mi persona por ser fiel a las intuiciones que despierta la Palabra de Dios en mí?

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Lectio divina preparada por Conchi Alonso (Equipo de animación de San Francisco de Borja, Madrid)

jueves, 15 de mayo de 2014

Señor, tú tienes palabras de vida eterna

Lectura orante de Juan 6,60-71

60Muchos de sus discípulos, al oírlo, dijeron: «Esto que dice es inadmisible. ¿Quién puede admitirlo?» 61Jesús, conociendo que sus discípulos le hacían esas críticas, les dijo: «¿Esto os escandaliza? 62¡Pues si vierais al hijo del hombre subir adonde estaba antes! 63El espíritu es el que da vida. La carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. 64Pero entre vosotros hay algunos que no creen» (Jesús ya sabía desde el principio quienes eran los que no creían y lo iban a traicionar.) 65Y añadió: «Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no le es dado por el Padre». 66Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y no andaban con él.
67Jesús preguntó a los doce: “¿También vosotros queréis iros?” 68Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69Nosotros creemos y sabemos que tú eres el santo de Dios». 70Jesús le respondió: «¿No os elegí yo a los doce? Y, sin embargo, uno de vosotros es un diablo». 71Hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote; pues éste lo iba a traicionar, y era uno de los doce. 
CUANDO LEAS
Estamos ante uno de esos momentos de crisis por los que cualquier persona y cualquier comunidad pasa en algún momento de su existencia. La crisis, en sí misma, no es mala; puede ayudarnos a crecer. Aunque en la mayoría de las ocasiones, pueda parecer lo contrario, y tiramos la toalla.
En el pasaje evangélico que nos ocupa observamos cómo Jesús acaba de poner ante sus discípulos una serie de condiciones (Jn 6,41-59) a las que muchos no son capaces de hacer frente o no quieren. Jesús no nos propone ser los primeros ministros de un reino, ni acabar con aquellos que nos hacen sombra o nos caen mal. La propuesta de Jesús es renunciar a toda ambición de poder y dar la vida por los otros; seguir a Jesús no consiste únicamente en dar los bienes, sino que, aquel que quiera ir tras de él tiene que darse a sí mismo. Ésta es una condición indispensable para ser discípulo de Jesús. Ni a nosotros, ni a sus contemporáneos nos convence esto mucho. ¿Verdad?
Pero, Jesús quiere hacernos entender que dar la vida no significa conclusión, no significa muerte; al contrario, esta máxima expresión del amor genera vida.

Para entender esto es indispensable que acojamos la acción del Espíritu Santo, el único capaz de comunicarnos la Vida. Es necesario pensar, sentir y actuar como Jesús. Es indispensable que nos dejemos formar por el Espíritu, que Él nos transforme según la forma del hombre ideal: Jesús.
Si no nos dejamos hacer por el Espíritu, las palabras de Jesús nos resultarán escandalosas y entraremos en crisis. Incluso si nos dejamos llevar por nuestros propios intereses o por los de la sociedad que nos rodea podemos llegar a traicionar a Jesús. La llamada no nos hace invulnerables.
En esta difícil situación, Jesús se dirige a los más cercanos a él, a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?» Él no está dispuesto a renunciar a su misión. ¿Y ellos? Simón Pedro, reacciona: «¿A quién vamos a ir?... Tú eres el Santo de Dios». Pero la adhesión de Pedro no garantiza la unión de todos los demás a Jesús. Simón Pedro se opone a Judas, hijo de Simón Iscariote. Existen dos clases de discípulos: el que está dispuesto a afrontar la crisis, aunque le niegue, como Pedro y el que tira la toalla, porque el programa de Jesús es inadmisible, como Judas.
Solo aquel que esté dispuesto a luchar y entregar su vida por los demás puede contarse entre los discípulos de Jesús. 

CUANDO MEDITES

- ¿Cómo afronto yo los momentos de crisis que pueden llegar a mi vida? Sobre todo, los momentos de crisis espiritual o de mi propia existencia como discípulo de Jesús.
- ¿Estoy dispuesto/a a asumir las condiciones del seguimiento de Jesús?
- ¿Estoy dispuesto/a a aceptar que entregar la vida como máxima expresión del amor es generar vida?
- ¿Acojo la llamada de Jesús y asumo el dejarme transformar por el Espíritu Santo?
- ¿Recibo a Jesús como mi Mesías, como «el Santo de Dios»? 

CUANDO ORES
La oración de Abandono de Carlos de Foucauld nos puede ayudar para afrontar los momentos de crisis, te invito a que oremos juntos con ella.

Padre mío,
me abandono a Ti.
Haz de mí lo que quieras.
Lo que hagas de mí te lo agradezco,
estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo.
Con tal que Tu voluntad se haga en mí
y en todas tus criaturas,
no deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi vida en Tus manos. 
Te la doy, Dios mío,
con todo el amor de mi corazón,
porque te amo,
y porque para mí amarte es darme,
entregarme en Tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre.

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Lectio divina preparada por Pepe Pedregosa, ssp (Equipo de animación de San Francisco de Borja, Madrid)

miércoles, 14 de mayo de 2014

La caricia

Una rosa para acompañar el deseo de que os procuréis un buen día.

Abro, al azar, uno de los libros que están sobre mi mesa: "La expresión por excelencia de la ternura es la caricia. La caricia es un tipo de contacto donde se pone de relieve la proximidad ética y el respeto al otro... La caricia es una forma excepcional para expresar la cercanía y el cuidado solícito".
(Francesc Torralba, Antropología del cuidar, Madrid 2005)

¿Ya has acariciado hoy?




Foto: Mi instagram

martes, 13 de mayo de 2014

Cosas que me gustan (I)

(Elogio de la vida sencilla)


Gotas de agua de lluvia suave en el rostro.
Mirar el atardecer de frente, en campo abierto.
Respirar profundamente mientras camino deprisa.
Pasear de noche, en silencio y soledad,
o en compañía amiga.

El olor a hierba recién cortada.
El olor a tierra recién mojada.
El primer color verde de la primavera.
Los campos sembrados de amapolas.
Las puestas de sol entre las nubes.
Los días de tormenta y sus relámpagos.

La mirada de ojos verdes.
La risa y la sonrisa.
Las manos duras y fuertes de mi madre.
Las manos callosas, deformadas, trabajadas, de mi padre.
Mis labios heredados.
La forma almendrada de mis ojos oscuros.

Viajar, explorar lugares nuevos con el asombro de una niña.
Contemplar lugares antiguos con ojos recién estrenados.
Conducir con suavidad y llegar a alguna parte.

Recitar poesía.
Acompasar la música de las palabras con la voz enamorada.
Que la música vibre en mi cuerpo como en una catedral elevada.

Que me sorprenda el arcoíris en día de tormenta.
Que me sorprenda el abrazo en días de desolación.
Que me sorprenda el perdón en momentos de miseria.
Que se me abra una senda cuando se me cierran todos los caminos.

Susurrar palabras al oído de quien amo.
Susurrar una oración en el corazón de mi Dios.
Acariciar la piel para tocar el alma.
Buscar poemas para decir el amor.



Foto: Mi instagram

sábado, 10 de mayo de 2014

La vida es bella

Más o menos estoy en la mitad de lo que se considera una vida normal, para una mujer occidental europea, aunque a veces siento que son cien años los que llevo ya almacenados en el peso de mi memoria, y otras veces creo que apenas he comenzado a vivir. En todo caso, estoy viva y ese es un hecho por el que estoy agradecida.

Mi vida es agraciada. No es una vida solitaria y sin propósito. Es una vida llena de rostros, de nombres, de personas que me aman y a las que amo. Es una vida con una tarea. Mi vida es privilegiada. No carezco de nada necesario e incluso reboso de muchas posesiones superfluas, perfectamente prescindibles…

Y, a pesar de todos estos datos favorables, siento profundamente que tengo una deuda con la vida, en la que participo a menudo con tanta insatisfacción, con queja, con inconsciencia, sin la alegría y la gratitud que los incontables dones cotidianos merecen como respuesta.

Estoy segura de que si pudiera vivir la vida más despierta, dándome cuenta de la belleza y la ternura que encierran las personas y los acontecimientos, todo se llenaría de luz y de sentido, todo se revelaría en su ligereza, en su frescura, en su ausencia de peso y pesadumbre.

Si pudiera darme cuenta, también, de la ternura que me habita, más allá de mi timidez, de mi rigidez, de mi dureza, de ese caparazón insensible a todo reconocimiento positivo de mi propia bondad, esa única vida que se me ha dado vivir transcurriría de un modo muy diferente.

La vida es bella. Lo pienso así, a pesar de todas sus desdichas. A pesar de las injusticias atroces que causamos los seres humanos. A pesar de los millones de personas amenazadas de muerte, de escasez, de pobreza extrema, de violencia. La vida es bella incluso si considero todos sus componentes “indeseables”: la enfermedad, el envejecimiento, las pérdidas, los accidentes absurdos que nos arrebatan vidas sin las cuales pensábamos que no podríamos sobrevivir.

La vida es bella como es. Es bello tener ojos, y manos, y percibir los mil aromas diferentes, y los colores, y la luz… Es bello poder caminar, y sentir el viento en la piel, y los rayos de sol abrazando el cuerpo. Es bello contemplar paisajes hermosos y obras humanas espléndidas. Es bello abrazar, y besar, y sentir que eres un hogar para alguien y que alguien lo es para ti. Es bello servir y sentir que tu vida es útil para alguien. Y es bello también sentir la vida desde la limitación de una cama de hospital, o desde las carencias y privaciones que impone una enfermedad y que nunca serán límites si tú así lo crees…

La vida es bella en la guerra y en la paz. Así lo han afirmado muchas personas que la vivieron desde el corazón de la tragedia.

La vida es bella. Somos privilegiadas con todo lo que tenemos. Solo que a menudo nuestra gratitud no está lo suficientemente despierta.



Foto: Mi instagram

lunes, 28 de abril de 2014

Elogio del vacío


Tengo mi cuarto lleno de libros. Libros que no leeré aunque viva diez vidas de cien años cada una. ¿Para qué tengo todos esos libros inundando mi paisaje, cubriéndose de polvo, haciendo pesada la estancia en la que habito? Poseo cosas que no me aprovechan. Lo que no me sirve me estorba, y tengo mi lugar lleno de estorbos que me impiden un respiro limpio, fresco, profundo.

Tengo mi cuarto lleno de cables y aparatos electrónicos. La belleza del silencio, del vacío, de lo natural no puebla mis espacios dotándoles de apacibilidad y libertad. Necesito que esa belleza me recuerde que la vida tiene peso por sí misma, en su desnudez tan vacía y tan llena. Lo que está lleno de un ruido incesante cae en la estrepitosa desesperación de la nada cuando el ruido cesa. Cuando agitada y compulsivamente busco llenar todos mis tiempos, sin pausa, llego a creerme que soy lo que me ocupa: las tareas que me llenan, las personas que me llenan, las palabras que me llenan… Pero todo eso está paradójicamente fuera de mí, aunque las que tocan el amor y el corazón aparentemente estén dentro, en el profundo centro. Cuando todo eso que me llena no está, puedo llegar a pensar, equivocadamente, que se me ha ido el sentido y el sostén de mis días.

El silencio es hermoso y necesario. La soledad es una soledad habitada. Los espacios vacíos hablan de cómo es mejor que camine el ser humano: libre y vacío, rico y consistente en la aparente pobreza y debilidad de la desposesión. Es ahí, en ese silencio, donde una descubre que no está hueca por dentro, y que todos los tesoros exteriores existen ya en un lugar del corazón.


Foto: MCMonroy

jueves, 24 de abril de 2014

A Paula, con profunda gratitud

En ocasiones viví de su fe en mí, cuando yo desesperaba de mí misma.
En ocasiones me sostuvo su apoyo incondicional y su cariño.
Tenía mirada de ojos verdes, vivos y profundos,
y voz como de quien recita poesías en grandes certámenes.
Voz recia, hermosa y áspera, parecida a la arcilla de una vasija sin esmaltar.
Cuando inicié esta vida, siendo casi adolescente, ella fue mi madre y mi padre,
mi indicadora de caminos y mi sostén.
Me enseñó a cocinar, me enseñó a rezar, (quiso enseñarme a no batallar...),
me enseñó a abrazar, me enseñó que era bueno amarse a una misma,
me enseñó a confiar en mí, me enseñó a resistir,
me enseñó a considerar la bondad de las demás...

La amé y la admiré en esa paciencia tan inacabable, parecida a un agujero negro
en el que entraban todo tipo de episodios desagradables sin que jamás hubiera fondo.
Ella callaba. Y dejaba pasar.
La admiré en su sencillez y en su entrega a fondo perdido
sin reclamar nunca una pizca de nuestra gratitud y correspondencia.
La amo y la echo de menos, como si hubiera formado parte de mi otra vida,
de una vida tan lejana que parece otra.



Hace tiempo encontré una hoja con un texto fotocopiado y unas palabras finales escritas a mano por ella, a modo de dedicatoria. No tiene fecha, pero fue enviada entre el año dos mil y el dos mil tres, cuando ella estaba en Bilbao y yo en Madrid.
El texto es luminoso y un tesoro para mí. Como una herencia suya... y quiero compartirlo con vosotros hoy.
No sé por qué, hoy estoy con el corazón en ascuas y con el recuerdo en esos ojos verdes que siempre me miraron con tanto amor, con tanta compasión y con tanta esperanza.
¡Gracias, amada Paula!
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"Quisiera estar segura de haberte enseñado...

A disfrutar del amor,
a confiar en tu fuerza,
a enfrentar tus miedos,
a entusiasmarte con la vida,
a pedir ayuda cuando la necesites,
a permitir que te consuelen cuando sufres,
a tomar tus propias decisiones,
a hacer valer tus elecciones,
a ser amiga de ti misma,
a no tenerle miedo al ridículo,
a darte cuenta de que mereces ser querida,
a hablar a los demás cariñosamente,

a decir o callar según tu conveniencia,
a quedarte con el provecho de tus éxitos,
a amar y a cuidar la pequeña niña que hay en ti,
a no absorber las responsabilidades de todos,
a ser consciente de tus sentimientos y actuar en consecuencia,
a no perseguir el aplauso sino tu satisfacción con lo hecho,
a dar porque quieres, nunca porque creas que es tu obligación,
a exigir que se te pague adecuadamente por tu trabajo,
a aceptar tus limitaciones y tu vulnerabilidad sin decepción,

a no imponer tu criterio ni permitir que te impongan el de otro,
a decir que sí solo cuando quieras y a decir que no sin culpa,
a vivir en el presente y no tener expectativas,
a tomar más riesgos,
a aceptar el cambio y revisar tus ideologías,
a trabajar para curar tus heridas viejas y actuales,
a planear para el futuro pero no vivir en él,
a valorar tu intuición,
a celebrar las diferencias,
a desarrollar relaciones sanas y de apoyo mutuo,
a hacer de la comprensión y del perdón tus prioridades,

a aceptarte así como eres,
a no mirar atrás para ver quién te sigue,
a crecer aprendiendo de los desencuentros y de los fracasos,
a permitirte reír a carcajadas por la calle sin ninguna razón,
a no idolatrar a nadie, y a mí, menos que a nadie".

Esta foto nos la hicimos en un "fotomatón" del metro.
Llevo el velo de novicia y las dos, unas gafas del tiempo... :))



martes, 22 de abril de 2014

Donde hay amor, allí hay visión

Presento aquí unos textos para orar en este primer domingo de Pascua, en el que el evangelio nos ofrece varias escenas de los encuentros de Jesús Resucitado con sus discípulos.
Tras la ejecución en cruz de aquel al que habían seguido y amado, los discípulos están en un lugar de puertas cerradas. Les habita el miedo y la angustia. Y Jesús se pone en medio de ellos y les desea con insistencia la paz. El lugar que ocupaba el miedo, ahora lo ocupa él, con su aire fresco de libertad y respiro. Paz y alegría es lo que llena ahora a aquellos que estaban invadidos por el desencanto. 
Tomás, uno de ellos, no está allí, y no le basta el testimonio de sus amigos. Necesita tocar con sus manos, ver con sus ojos. La fe de otros, la fe heredada, la fe sociológica, no sostiene una vida. La vida la sostiene el encuentro personal con Jesús, que sigue vivo. De todos modos, Jesús proclama felices a aquellos que creen "sin ver"... El evangelio se refiere ahora a aquellos cristianos que no vivieron con él, ni vieron sus gestos, ni oyeron sus palabras, ni tocaron algo de su presencia divinizante; a esos discípulos y discípulas de generaciones posteriores, a nosotras.
La fe da ojos. Donde está el amor, allí van los ojos. Donde hay amor, allí hay visión (Ubi amor, ibi oculus). La ciencia no puede garantizar ni demostrar la resurrección. Los dogmas no son demostración de nada, ni la tumba vacía tampoco lo fue. Es el amor, es la fe las que dan testimonio de que Jesús está vivo. La resurrección y el don del Espíritu se notan por sus efectos: donde había miedo, hay confianza; donde había angustia, hay paz; donde había ruptura de fraternidad, abandono, traición, hay perdón; donde había puertas cerradas, hay puertas abiertas, salida valiente hacia el mundo, y acogida del otro... Jesús, en nuestro centro, es quien actúa esa transformación en nosotros. 
¡Dejémonos resucitar y conducir de las tinieblas a la luz!
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"Cristo, te amo
no porque bajaste de una estrella
sino porque me descubriste
que el hombre tiene sangre,
lágrimas, congojas...
¡llaves, herramientas!
para abrir las puertas cerradas de la luz...."

(León Felipe)
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Como Tomás,
también dudo y pido pruebas.
También creo en  lo que veo.
Quiero gestos. Tengo miedo.
Solicito garantías.
Pongo mucha cabeza y poco corazón.
Pregunto, aunque el corazón me dice: “Él vive”.
No me lanzo al camino sin saber a dónde va.
Quítame el miedo y el cálculo.
Quítame la zozobra y la lógica.
Quítame el gesto y la exigencia.
Dame tu espíritu, y que al descubrirte,
en el rostro y el hermano, 
susurre, ya convertido: 
“Señor mío y Dios mío”.

(José Mª Rodríguez Olaizola, sj)


Foto: Javier Barquilla Sánchez


sábado, 19 de abril de 2014

En el silencio

"... En el silencio se descubre que no estamos huecos por dentro,
y que todos los tesoros exteriores existen ya en un lugar del corazón".


Foto: MCMonroy


miércoles, 16 de abril de 2014

El lugar de nuestras raíces

"No todas las raíces van al suelo".

Así ha titulado su foto un joven cacereño cuyo lugar de instagram conocí hace poco gracias a una amiga.
Su foto me ha ayudado a vivir hoy un momento profundo de interioridad...
No todas nuestras raíces están hundidas en la tierra, pegadas a lo que vemos, a lo que tocamos, a aquello a lo que accedemos por nuestros sentidos o por la razón. 

El corazón tiene razones que la razón desconoce. Mis raíces más hondas están hundidas en el cielo, en algún lugar del Trascendente, en un corazón cuyo latido sostiene mi latido y me hace vivir.


Foto: Javier Barquilla Sánchez

miércoles, 9 de abril de 2014

Dios sí, pero ¿qué Dios?

"El Hijo de Dios encarnado nos invitó a la revolución de la ternura" (EG 88)

A vueltas con la ternura para un curso de fin de semana, y con algo que alguien me dijo ayer:
- "Yo creo. Pero no puedo creer en un Dios así."

El caso es que no hablábamos de esas caricaturas de Dios que a veces se hacen en ciertas predicaciones y discursos sobre él. Hablábamos de algo "razonable" y casi que aceptable respecto a Dios... 
Está bien poner en cuestión seriamente nuestras creencias de vez en cuando, aunque ese cuestionamiento nos desestabilice e incluso llegue a desarraigar de nosotros lo que creíamos pilares irrenunciables durante años. Dios no se va a molestar por ello.

Yo he elegido vivir una vida desde Dios y en Dios. Mi vida se define por esta búsqueda, siguiendo a Jesús. A medida que pasan los años, me doy cuenta de la osadía que supone decir que Dios es esto o aquello, de este modo o de aquel; que su voluntad es ésta y que ya le conozco como si estuviera dentro de su Misterio insondable.

"Creo en Dios, pero no así..."
Es como decir... Dios es así, pero no así.
Dios se parece a esto, pero es distinto.
Dios no puede entretenerse en pormenores tan ridículos de nuestra vida corriente y cotidiana como a veces podemos creer...

Alguien me llama por teléfono y me pregunta de qué manera puede vivir la Semana Santa de forma más "intensa". Por intensidad entiende una especie de "autoinmolación" y renuncia de todo lo que le resulta agradable hacer. Le digo que si esas cosas que piensa hacer le dan paz y le acercan más a Dios de alguna forma, adelante, que lo haga. Pero... no puedo dejar de decirle, sinceramente, que no creo que Dios quiera eso de nosotros... Dios es amor, y vida, y alegría, y salud, y bondad, y generosidad, y ternura, y justicia... y muchas otras cosas luminosas que, creo, no tienen nada que ver con nuestras autoaniquilaciones. Causarnos daño no puede agradar a Dios. Y el Dios que ha creado la inmensidad de un universo tan milagroso, bello y maravilloso, no puede detenerse en reclamos tan mezquinos como que nos privemos de cosas que podrían hacernos bien durante una semana o dos, o incluso durante toda la vida. Si esas privaciones nos hacen sentir mejor por el motivo que sea, hagámoslo. Es cosa nuestra. Pero no lo hagamos en nombre de Dios. 

Dios sí, pero ¿qué Dios? ¿Cuáles son mis creencias al respecto? 
¿Qué creencias tienen que ver con lo que Jesús dice de él, y qué creencias son solo proyecciones de nuestra raquítica humanidad, tan poco magnánima y generosa en ocasiones?


"... el Dios que ha creado la inmensidad de un universo tan milagroso,
bello y maravilloso, no puede detenerse en reclamos tan mezquinos..."

(Foto: Javier Barquilla Sánchez)

miércoles, 26 de marzo de 2014

"El que me come vivirá por mí"

Lectio divina de Juan 6,41-59

41Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo
42Y decían: «¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo
43 Jesús les respondió: «No murmuréis entre vosotros.
44«Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día.
45Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.
46No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre.
47En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna.
48Yo soy el pan de la vida.
49Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; 50 este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera.
51aYo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre;
51by el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.»
52Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

53Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.
55 Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.
56 El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí,  y yo en él.
57 Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí.
58 Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.»         
59Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.
CUANDO LEAS

- Haz memoria del contexto pascual en el que se encuentra nuestro evangelio: Juan 6, con los relatos de la multiplicación de los panes, Jesús caminando por el mar, y el diálogo de Jesús con la gente, a orillas del mar, sobre el maná del desierto, a partir del salmo 78,24: “Les dio a comer pan del cielo”.
Jesús hace, entonces, una relectura de ese versículo y se aplica a sí mismo las tres características del maná: Lo da el Padre, ha bajado del cielo y da la vida al mundo (v.33).
A partir de aquí, comienza el discurso de Jesús en el que se revela a sí mismo como “Yo soy el pan de vida… he bajado del cielo” (vv.35.38). Y la voluntad de Dios es que creamos en su Hijo y tengamos vida eterna (v.40). Es la finalidad del evangelio de Juan, según su primer epílogo: el evangelio ha sido escrito “para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su  nombre” (Jn 21,30).
- En nuestro evangelio de hoy, retomamos el discurso en el v.41. La reacción de los judíos ante las palabras de Jesús es la murmuración, el escándalo, la incredulidad; una murmuración que, en contexto pascual, evoca la murmuración del pueblo en el desierto por la falta de alimento (Éx 16,2.7.8.12). En esta ocasión murmuran porque no pueden aceptar la encarnación. ¿Cómo puede decir que desciende del cielo aquel galileo cuyo padre y madre conocemos? Los sinópticos refieren también este escándalo, referido a los paisanos de Jesús en Nazaret: “¿No es éste el carpintero, el hijo de María…?” (Mc 6,1-6). Y dice Marcos que no pudo hacer allí ningún milagro por su falta de fe.
- Jesús les pide que no murmuren. La actitud ante Jesús ha de ser venir a él y creer en él (vv. 44.45.47), expresiones que son equivalentes. Podemos venir a Jesús porque el Padre nos atrae a él. Citando a Is 54,13, Dios mismo nos enseña a ir a Jesús. Quien escucha a Dios y aprende de Él, va a Jesús, imagen de Dios invisible (Jn 12,45; 14,7-9; Col 1,15). Como apunta el relato de la transfiguración, el Padre tira de nosotros hacia Jesús, a escucharlo y creer en él: “Éste es mi Hijo amado, escuchadlo” (Mc 9,7).
- El que cree, tiene vida eterna (v.47), una vida abundante que comienza ya en el presente y que se prolongará en la vida de resucitados. La vida eterna, según Jn 17,3, es conocer al Padre y a su enviado, Jesucristo. Conocer al Padre y al Hijo es amar  (1 Jn 4,7), permanecer en él por el amor (1 Jn 4,12.16), vivir como vivió Jesús (1Jn 2,6), vivir nuestra filiación divina, que es nuestra identidad más profunda (1Jn 3,1).
- En esta primera parte del discurso, Jesús como pan de vida (vv.35.48) que sacia el hambre y la sed de quien cree en él (v.35) evoca la Sabiduría del A.T. Allí se habla de comer el banquete de la Sabiduría (Prov 9,5s; Sir 24,18-25; Is 55,1-5), el pan de inteligencia (Eclo 15,3). E incluso se habla de comer el rollo de la Palabra (Ez 3,3). Jesús es la Palabra-Sabiduría del Padre hecha carne para que comamos-creamos en ella.
- En la segunda parte del discurso (vv.51b-58), los términos claves son dar (entregar), carne, comer (masticar) y beber. Hay una clara alusión a la Eucaristía y a la muerte de Jesús, a Jesús que se entrega a sí mismo por la vida del mundo (1 Cor 11,24; Lc 22,19 y paralelos).
- La invitación de Jesús a comer su “carne” (sarx, no soma-cuerpo, para subrayar la verdadera encarnación) provoca, no solo la murmuración de los judíos, sino una discusión en torno a cómo puede ser esto. Jesús responde, hablando con autoridad (“amén, amén”): hay que comer (masticar) su carne y beber su sangre para tener vida en nosotros; hay que entrar en comunión con su persona, hacerse uno con él, como él es uno con el Padre. Al participar de la eucaristía, permanecemos en él como el sarmiento está unido a la vid (Jn 15,4-7). Lo mismo que Jesús vive por el Padre, al que Juan llama “el que vive”, “el que tiene la vida”, la fuente de la vida (cf.5,26), así también quien “come” a Jesús tendrá su misma vida (v.57)

CUANDO MEDITES

1. Los judíos murmuraban… Se escandalizaban de Jesús… Discutían cómo puede darnos a comer su carne… Jesús pide que creamos en Él, que nos alimentemos de él, que permanezcamos en él, que vivamos como vivió él, con sus actitudes, sus preferencias, su fe en el Padre… ¿Puedes decir que permaneces en Jesús y que Él vive en ti (cf. Gál 2,20)?
2. Fíjate en las veces que aparece el término vida. ¿De qué vida habla Jesús? ¿Cómo sientes que participas tú, en el presente, de esa vida abundante de Dios?
3. Jesús es Palabra-Sabiduría. ¿Escuchas a Jesús? ¿Es él tu único Maestro?...  Jesús es Pan-Eucaristía. Es pan tomado, bendecido, partido y entregado para la vida del mundo… ¿Reconoces que tu vida es, como la suya, pan que se parte y se entrega a los demás? ¿Vives las celebraciones eucarísticas con el deseo de que Jesús te transforme en aquello que recibes?
CUANDO ORES

- Da gracias a Jesús por ser el pan que se entrega para la vida del mundo…, por ser tu alimento en  la Palabra, en la Eucaristía y en su continua presencia en los otros, en el mundo, en la historia…
- Pídele que te transforme en aquello que recibes para que puedas ser, también tú, pan para otros…
- Puedes terminar rezando el siguiente poema-oración de Pedro Casaldáliga: Eucaristía
Mis manos, esas manos y Tus manos
hacemos este gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
Las vidas en Tu Muerte y en Tu Vida.
Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de Dios, Ciudad de los Humanos.
Comiéndote sabremos ser comida.

El vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu Memoria,
marchamos hacia el Reino haciendo historia,

fraterna y subversiva Eucaristía. 
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Lectio divina preparada por Conchi López, pddm (Equipo de animación de San Francisco de Borja, Madrid)