miércoles, 9 de enero de 2008

Tentaciones de Jesús (Mateo 4,1-11)

Son las once y cuarto de la noche.

Mientras cuelgo estas palabras en mis "sabores de Dios", el corazón me late en la cabeza y la congestión me tiene medio mareada. Media gripe se ha apoderado de mí desde hace unos días y ni se va ni se queda definitivamente en mi persona.

A pesar de ello, hoy he estado elaborando una hojita para la lectura orante de la Palabra que me toca animar mañana en la Universidad de Comillas (1). ¿Texto? Las tentaciones de Jesús según Mateo (4,1-11). ¡Qué evangelio más inapropiado para esta época del año litúrgico! No tenemos a Jesús aún crecidito y ya le estamos llevando al desierto y sometiéndole a las encrucijadas propias de los adultos. No ha recibido todavía el bautismo en el que la voz del Padre le revistió de gracia y de fuerza para afrontar todas las pruebas y ya le ponemos ante la prueba mayor que se nos pueda ofrecer: la de si nos fiamos o no de que Dios es Amor y de que somos sus hijos amados.
En Comillas, este año, el grupo animador de la lectio ha decidido seguir la lectura continua del Evangelio de Mateo, propio del ciclo A. La ventaja de esta elección es la profundización orante del evangelio completo. El inconveniente, que el ritmo de lectura no se amolda a los tiempos litúrgicos.

En cualquier caso, siempre viene bien contemplar a Jesús en su debilidad y en su fortaleza que brotaba de la experiencia de saberse amado por el Padre.

Os ofrezco aquí unas pautas para orar con este texto, que la liturgia recogerá el primer domingo de Cuaresma del presente ciclo A.
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Mateo 4,1-11
1 Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. 2 Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al final, sintió hambre.
3 Y el tentador se le acercó y le dijo:
- Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.
4 Pero él le contestó diciendo:
- Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
5 Entonces el diablo lo lleva a la Ciudad Santa, lo pone en el alero del templo y le dice:
- 6 Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Encargará a los ángeles que cuiden de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”.
7 Jesús le dijo:
- También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”.
8 Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y mostrándole todos los reinos del mundo y su esplendor, 9 le dijo:
- Todo esto te daré si te postras y me adoras.
10 Entonces le dijo Jesús:
- Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás, y a él solo darás culto”.

11 Entonces lo dejó el diablo, y se le acercaron los ángeles y lo servían.


Cuando leas
1. Fíjate en las palabras: desierto-tentado (tentación) – cuarenta- hambre, de los vv. 1 y 2. Si un judío leyera estos versículos, inmediatamente le vendría a la memoria toda la gran aventura del éxodo, en el que Israel caminó por el desierto durante cuarenta años, padeció hambre y sed, y experimentó diversas tentaciones: murmurar contra Dios, que lo había liberado de la esclavitud, desear volverse atrás, e incluso fabricarse un Dios hecho de metal (el becerro de oro), desconfiando del Dios Vivo y Verdadero.
Al leer esos versículos, el judío del que hablamos también pensaría en Moisés y en Elías, los dos grandes profetas que permanecieron cuarenta días y cuarenta noches, el uno en el Sinaí (Éx 34,28), y el otro en el desierto de Berseba (2 Re 19,8).
Tanto para Israel como para Moisés y Elías, el desierto es un lugar privilegiado de encuentro personal con Dios y de escucha de la Palabra: “La llevaré al desierto y le hablaré al corazón” (Os 2,16)

2. Mateo nos presenta a Jesús como el nuevo Israel en el desierto. Como verdadero hombre que era (igual en todo a nosotros, excepto en el pecado), experimentó la debilidad de su condición humana (el hambre) y la tentación. Pero su respuesta fue muy diferente a la del pueblo de Israel.

3. Mateo nos cuenta que Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu. Y es que Jesús lo vivió todo en el Espíritu, porque en Él reposaba en plenitud, como se hizo manifiesto en el bautismo.

4. En el desierto, Jesús fue tentado tres veces por el diablo. Si nos fijamos bien, en el fondo se trata de una única tentación: “Demuestra que realmente eres el Hijo de Dios; demuestra que Dios es tu Padre y te ama...”

a) Primera tentación: el hambre y el pan - En qué consiste ser Hijo

Éxodo 16 nos cuenta que cuando los israelitas sintieron hambre en el desierto, murmuraron contra Moisés y Aarón diciendo: “Nos habéis traído a este desierto para matarnos de hambre”.
Cuando Jesús siente hambre, el tentador intenta que se aproveche de su condición de Hijo y utilice su poder en su beneficio, convirtiendo las piedras en panes.
Pero, para Jesús, ser Hijo no tiene nada que ver con demostrar su poder. Ser Hijo es fiarse de Dios y de su Palabra incondicionalmente, saberse amado y en buenas manos. En el evangelio de Juan 4,34, Jesús les dice a sus discípulos: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y realizar su obra”. Es decir, no le alimenta alardear ni hacer valer sus derechos. No “le engorda” ser poderoso.
Las palabras con las que, en nuestro evangelio responde a la tentación están tomadas del Deuteronomio 8,3: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

b) Segunda tentación: el agua y la sed – Poner a prueba al Padre.

La segunda tentación no tiene como escenario el desierto sino el Templo de Jerusalén. De nuevo, la voz del tentador le toca a Jesús la fibra más sensible: “Si eres Hijo de Dios...”. En el bautismo, Jesús había escuchado estas Palabras del Padre: “Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco”. El amor del Padre y su voluntad es lo único importante para Jesús pero, a lo largo de su vida, tuvo que escuchar muchas voces que ponían en duda su identidad de Hijo, sobre todo al final, en la cruz: “¡Sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!... Ha puesto su confianza en Dios; que lo salve ahora, si es que de verdad le quiere, ya que dijo: Soy Hijo de Dios” (Mt 27,40.43).
En el Templo de Jerusalén, Jesús siente la tentación de pedirle al Padre una prueba de su amor y protección. Sin embargo, vence esa tentación respondiendo con las palabras del Dt 6,16: “No tentarás al Señor, tu Dios”. Estas palabras evocan el episodio de Massá y Meribá, cuando los israelitas sintieron sed en el desierto y Dios hizo brotar para ellos agua de la roca. En aquella ocasión, tanto los israelitas como Moisés y Aarón desconfiaron del Señor (cf. Nm 20,1-13; Éx 17,12 ss). Jesús, por el contrario, expresa su confianza radical en el Padre.

c) Tercera tentación: la soberbia y el poder – Sólo Dios es digno de adoración

El tentador no consigue hacer mella en la confianza filial de Jesús, así es que tantea el hambre de poder y la ambición de riquezas que se esconden en todo corazón humano, para ver si puede hacerle tropezar. Lo lleva a un monte alto (los montes elevados, en algunos profetas, designan la soberbia y la altanería) y le ofrece los reinos del mundo a cambio de que se postre y lo adore. El tentador es, como dice San Juan, el mentiroso. En este caso la mentira es, además, una blasfemia, porque la misma maldad se hace igual a Dios y pretende que Jesús reconozca esa falsa divinidad a cambio de unas riquezas que él no puede otorgar, porque sólo Dios es el dueño de todo.
Jesús desenmascara esa mentira y responde con palabras del Dt 6,13-14: “Al Señor tu Dios temerás, a él servirás... No vayas detrás de otros dioses...”.

5. El episodio descansa en un desenlace apacible: el diablo se da por vencido y Jesús es confortado por los ángeles, como confortado y alentado fue Elías en el desierto hasta llegar al Horeb.


Cuando medites
- Cae en la cuenta de las tentaciones que te invaden a veces: la tentación del poder o del tener, de hacer alarde de tu fuerza, inteligencia o situación privilegiada, de buscar la fama y la aprobación de los demás, de comprar y llenarte de cosas que no necesitas, tan sólo movido por el impulso irrefrenable a acumular, de creerte más y mejor que los demás… ¿Qué haces en esas ocasiones? ¿Cómo respondes? ¿Vives la tentación en Dios y en su Espíritu o abandonado a tus fuerzas?
- Mira a Jesús:
¿Te pareces a Él? ¿Tienes su modo de sentir, de pensar, de elegir, de actuar?
¿Qué alimenta tu vida y te hace crecer más como persona y como creyente? ¿Escuchas asiduamente la Palabra de Dios?
Ante las tentaciones y tribulaciones de la vida, ¿dudas de Dios?, ¿dudas de su amor incondicional y eterno?


Cuando ores (cuando respondas a Dios con tu oración)

- Dale gracias a Jesús por compartir con nosotros nuestra condición humana, nuestras debilidades y tentaciones, por comprendernos. “Él modeló cada corazón y conoce todas sus acciones” (Sal 33,15)
- Pídele la gracia, en todo momento pero especialmente en la prueba, de poner tu mirada en el Rostro del Padre y a confiar en Él con absoluto abandono.
- Puedes concluir orando el salmo 131:

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.
Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.

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(1) La sede de la UPCO está en Alberto Aguilera, Madrid. Todos los jueves, de 8 a 9, un grupo reza con el método de la lectio divina. Una vez al mes, en lugar de la lectio, se ofrece una conferencia bíblica impartida por los profesores de Sagrada Escritura de la Universidad.

2 comentarios:

Quique Fernández dijo...

Feliz año a todos. Y sí, desde luego que se hace raro que el recién nacido en dos días nos esté haciendo la "mili". De por sí, una de las cadenas que acompañan a los animadores bíblicos, litúrgicos, etc... y en general a todo el que organiza o coordina en nuestras comunidades, es que mientras el resto goza de la Navidad, tú ya estás preparando la cuaresma, para que cuando vivan la cuaresma ya estar preparando la pascua...es como estar permanentemente en la maquina del tiempo.
Pero vamos ya con las tentaciones a Jesús. Lo primero permitidme que os diga que algunos animadores bíblicos somos un poco "asquerosillos" (por supuesto que esto no va por Conchi, va por mí) y tenemos nuestras manías. Una de mis manías es no llamar a las tentaciones "de Jesús" sinó "a Jesús". Repito, simplemente manía. Bueno, pues vinculando el tema de los que organizamos demasiado con el tema de las tentaciones a Jesús, es más que evidente que existe la tentación de programar sin contar con Jesús, de pensar que el exito es de uno ( y de ahío tomarse demasiado a pecho los fracasos), la tentación de hincharse hasta reventar y morir (espiritualmente) de exito.
Pero también a nivel comunitario, incluso como Iglesia nos hemos de preguntar todos (no sólo la jerarquía pero también ella) por nuestra respuesta a las tentaciones: cierto gusto al poder (aún con la excusa del bien que se puede hacer desde él), cierta tendencia a los atajos (no habíamos quedado que el fin no justifica los medios), cierta dependencia de las "audiencias" (radiofónicas), y en general, la crisis de los números que nos hace buscar la efectividad y no el fructificar (si podéis leed "Muchos o pocos" de Carlos G. Valles en ed. Sal Terrae).
Conchi, envía la gripe al desierto, a ver si noquea al tentador.
Quique (Barcelona)

Conchi dijo...

Gracias, Quique.
Desde luego, estoy mucho mejor, con la cabeza y la garganta despejadas ya casi totalmente. Falta me hacía, porque esta tarde tenía cuatro horas de guitarra en la parroquia, que no hubiera podido aguantar si hubiera tenido en mi cabeza, ojos y oídos, el concierto de instrumentos desafinados que me invadían en días pasados.

Ahora bien, creo que al tentador no lo noquea ni una bomba de 200 kilotones... Aunque, paradójicamente, quizá se pueda hacer algo con unas migajas de confianza, de abandono en Dios y de amor.

Quiero añadir todavía un parrafillo sobre las tentaciones del libro de Dolores Aleixandre, Contar a Jesús:
"Frente al ídolo del poder y del tener, él se mantiene en pie; frente al deseo de utilizar su condición de Hijo en su propio beneficio, elige el camino de la obediencia; frente al discurso del éxito y la fama, él elige el camino del servicio. No ha venido para que lo lleven en volandas los ángeles, sino para cargar sobre sus hombros a la oveja perdida (Mt 15,5); no va a convertir las piedras en panes, sino a entregarse él mismo como Pan de vida (Jn 6,51); sus manos no se van a cerrar con avidez sobre las riquezas porque las necesita libres para levantar caídos, sanar heridos o lavar pies cansados del camino; no va a cambiar la perla preciosa del Reino que le ha confiado el Padre por los otros reinos que el tentador le muestra desde el monte".