viernes, 25 de enero de 2008

El Evangelio del Domingo: Mateo 4,12-25

Esta semana le tocaba a mi hermana Pilar Casarrubios preparar la lectura orante para el grupo de la Universidad de Comillas del jueves, sobre el evangelio de este Domingo III del Tiempo Ordinario. Seguramente sus propuestas de lectura, meditación y oración os resultarán sugerentes.

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Mt, 4,12-25: Predicación y llamada a los primeros discípulos

12 Cuando Jesús oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea. 13 Y dejando Nazaret, vino a residir en Cafarnaún, junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí, 14 para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías:
“15 ¡Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles!
16 El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló!”
17 Desde entonces, comenzó Jesús a predicar y decir: “Convertíos, porque está cerca el Reino de los Cielos”.

18 Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores, 19 y les dice: “Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”. 20 Y ellos, al instante, dejando las redes, le siguieron.
21 Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago el de Zebedeo y a su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los llamó. 22 Y ellos, al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron.

23 Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 24 Su fama llegó a toda Siria; y le trajeron todos los que se encontraban mal con enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos, paralíticos, y los curó. 25 Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán.


CUANDO LEAS
El fragmento mateano al que hoy nos acercamos se divide en tres partes: la retirada de Jesús a Galilea, la llamada a los primeros discípulos y la predicación en esta tierra, después de abandonar Nazaret.
La semejanza del mensaje inicial de Jesús con el de Juan indica que era solidario con el Bautista (cf. 3,2 con 4,17; 3,8 con 7,17-20; 3,12 con 13,30.41; también con Jn 3,22-4,3). En Galilea empieza su ministerio. Se traslada a Cafarnaún, junto al mar, citando a Is 9,1-2 (vv. 14-16), se mencionan los lugares geográficos que conducen a Galilea de los gentiles.
Isaías había dicho de los que habían sido deportados que encontrarían esperanza en un futuro jefe mesiánico que les traería paz y promesas cumplidas (9,5-6). Mateo ha puesto el texto de Isaías en relación más estrecha con la misión de Jesús de representar a Israel (Is 42,1) en cuanto pueblo-alianza, como luz de las naciones (42,6). Así vemos a Jesús comenzando su misión por el lugar al que primero se había hecho la promesa de la luz, conocido como Galilea de los gentiles. Respuesta firme a las objeciones de que el Mesías no podía venir de Galilea.
A pesar de que inicia su ministerio con el mismo mensaje que el Bautista (3,2), mediante la referencia a Galilea de los gentiles, la buena noticia de Jesús, a diferencia de la de Juan, alcanza una dimensión universal desde el principio. Además, la invitación al arrepentimiento no va acompañada de la amenaza de ira manifestada por el Bautista.
El precursor había sido entregado, detenido por Herodes. El verbo “entregar” se usa en el NT a propósito del destino de Jesús, de traición, prendimiento y muerte violenta.
Es en este momento cuando Jesús comienza a reunir a sus primeros discípulos (v.18). Los nombres de los dos hermanos indican la cultura mixta de Galilea. Simón es la forma griega del “Simeón” hebreo, y su hermano tiene nombre griego, Andrés. En contra de lo habitual en un rabí, es Jesús quien escoge a sus discípulos, y no ellos quienes lo eligen a él. Los discípulos le siguen, no simplemente para escuchar y aprender, sino para participar activamente: ser pescadores de hombres (cf. Jr 16, 15-16). Como habían reunido peces en sus redes, son llamados ahora a reunir a los hombres en el Reino de Dios (Is 49,5.6).
A Santiago y Juan (vv. 21-22) se les llama a menudo simplemente “los hijos de Zebedeo”. Esto podría indicar el respaldo del padre a la misión, pues parece que la familia entera estaba comprometida con la causa (20,20; 27,56).
El ministerio de Jesús consiste en enseñar, proclamar y curar. Para Mateo, enseñar es la actividad principal de Jesús. Enseña con autoridad para llamar al pueblo a cumplir su objetivo en cuanto Israel Siervo, como testigo de la gloria de Dios (Is 43, 10-12), y a que tuviera la enseñanza de Dios en su corazón (Is 51,7; Jr 31,31-34).
La proclamación en Mateo tiene como objeto el reino de los cielos (3,1; 4,17.23; 9,35). Proclamar el Evangelio procede de la expresión de Isaías del anuncio de liberación del exilio y la restauración del reinado de Dios.
La tercera expresión, curar, tiene el significado más amplio de “atender, cuidar”. Curar está relacionado con proclamar, y realmente forma parte de la proclamación. Tiene su origen en la promesa de Jeremías del retorno y restauración como curación (Jr 30, 12,17).La buena noticia es lo que trae restauración y curación. Enfermedades y dolencias remite al Israel que sufre en Is 53,3-4. Jesús cura y restaura al pueblo para que cumpla lo que Dios le marca (Mt 8,17). No existe distinción real entre curación espiritual y física.


CUANDO MEDITES

- Galilea de los gentiles. La buena noticia de Jesús es propuesta universal desde el principio de su ministerio. Tal vez tu visión no coincida enteramente y siempre con la del Maestro, ¿qué crees que te lo impide (sentirte superior, hacer acepciones, particularismos, etc)?
- Jesús aparece después de “la entrega” del Bautista. Tu existencia quizás deja algo que desear porque no se desarrolla totalmente en esa clave, como la de ellos; ahonda en ello.
- Jesús escogió, llamó a sus discípulos. Medita si cuidas y renuevas en ti la llamada de Jesús por tu propio nombre y a una misión muy particular e irremplazable.
-Enseñar, proclamar y curar. ¿Sientes vivamente que Jesús es tu Maestro, el único Maestro que tiene Palabras de vida eterna que puede enseñarte todo y orientar y planificar tu existencia? ¿Experimentas que tú también eres llamado a enseñar, a ser buena noticia con palabras y vida, a cuidar a los hermanos con los que te cruzas en el camino? No pierdas nunca de vista tu hermosa vocación de bautizado, hijo en el Hijo.


CUANDO ORES
- Da gracias a Dios por su llamada a seguirle, a vivir cerca de él, a conocerle y amarle. Da gracias de corazón porque confía plenamente en ti y te confía su Palabra y su evangelio para vivirlo y ser testigo de su amor en este mundo.¡Gracias Jesús porque has venido y sigues viniendo a llamar a los pecadores, no a los perfectos y justos!
- Gracias por hacerme libre y profundamente feliz en tu seguimiento.
- Gracias por todos aquellos que has puesto en mi camino y hacen que se confirme una y otra vez la llamada que me haces a vivir el Evangelio de la Vida, la Verdad, el amor y la libertad del Espíritu. ¡Gracias por hacerme testigo del amor que es lo único que vale, llena e importa en esta vida!
- Gracias por la fe de los que me han sostenido cuando la mía vacilaba cual pábilo vacilante. Gracias porque al creer y esperar en ti puedo soñar otro mundo posible.
- María, primera discípula del Maestro, que mi “Sí” se apoye en tu fe sin reservas más allá de toda aparente contradicción. Porque el Dios Padre y Madre tiene sólo proyectos de paz.
- Desde tu corazón, renueva hoy tus ganas de seguirle con palabras de S. Ignacio:
“Toma, Señor, y recibe toda mi libertad,
mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad,
todo mi haber y mi poseer.
Tú me lo diste, a Ti, Señor, lo torno. Todo es tuyo.
Dispón de todo según tu voluntad.
Dame tu amor y tu gracia, que ésta me basta.”