Mostrando entradas con la etiqueta lectio divina de Mateo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lectio divina de Mateo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de febrero de 2014

Sal, luz, huerto, manantial... Imágenes que dan alas

Canto:
Dios es amor. Atrévete a vivir por amor.
Dios es amor. Nada hay que temer.

Isaías 58,7-10
Así dice el Señor: «7 Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que ves desnudo, y no te cierres a tu propia carne. 8 Entonces romperá tu luz como la aurora, en seguida te brotará la carne sana; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor. 9 Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: "Aquí estoy." Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, 10 cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.»
11 Te guiará el Señor continuamente, hartará en los sequedales tu alma, dará vigor a tus huesos, y serás como huerto regado, o como manantial cuyas aguas nunca faltan…


Mateo 5,13-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «13 Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. 14 Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. 15 Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. 16 Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

CUANDO LEAS
1. Busca el contexto de la primera lectura de Isaías. ¿Qué le pide Dios a Isaías que denuncie a gritos? ¿De qué está hablando todo el pasaje? Ver Is 58,1-12.
¿Cuál es el verdadero modo de buscar a Dios? ¿Cuál es el verdadero ayuno que Dios pide?
¿Qué le sucederá a la persona que obra lo que Dios pide?
¿Qué hará Dios con las personas que muestran compasión con otras?
2. Sitúa el evangelio de este domingo dentro del Evangelio de Mateo. ¿Entre qué pasajes está situado y en qué sección del evangelio?
¿Qué dice Jesús que somos los cristianos? ¿Qué imágenes utiliza?
¿Qué sentido tiene la imagen de la sal?
¿En qué consiste ser luz, por lo que puedes deducir de estos versículos? ¿Cómo se es luz?
3. La imagen de la luz habla del modo de ser de Dios. Para enriquecer estas lecturas y su sentido, haz memoria de textos bíblicos en los que se hable de que Dios (o Jesús) es luz y de que nosotros somos luz… A mí se me ocurren las siguientes:
"Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna..." (1 Jn 1,5)
"Yo soy la luz del mundo" (Jn 8,12)
"El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz" (Is 9,1)
"El Señor es mi luz y mi salvación..." (Sal 27/26)
"Ahora sois luz en el Señor. Vivid como hijos de la luz..." (Ef 5, 8)

CUANDO MEDITES
  • En tu vida cotidiana, habitualmente, ¿te sientes una luz o te sientes oscuridad?...
  • Piensa en una persona o en un grupo de personas que sepas que te conocen y te quieren… ¿Crees que ellas piensan que eres luz o eres oscuridad?...
  • ¿Cuáles son las oscuridades que descubres en tu vida que necesitan ser iluminadas por la presencia amorosa y salvadora de Dios?...
  • Date cuenta de todos los dones de bondad, todas las cualidades, todas las posibilidades que Dios te ha dado para ser sal y luz en tu familia, en tu ambiente, en tu trabajo… y da gracias por todo ello…
  • Contempla a Jesús como luz del mundo: luz en su casa de Nazaret, luz en la vida de sus discípulos, luz para los enfermos y los marginados, luz para los últimos y los pequeños; luz para ti en tu vida…
…………………………………………
Lo que quiero contemplar del evangelio de este domingo son sus imágenes tan impactantes, tan positivas, que dan fuerza y dan respiro.
Anselm Grün, en su libro Fluir. Cómo superar el burnout y los bloqueos, recuerda que “son importantes las imágenes que irradian algo, que pueden contagiarnos y con cuya ayuda comprendemos y nos comunicamos… Las imágenes con que topamos pueden liberar en nosotros una dinámica positiva o negativa, según los casos. Pueden oprimirnos y bloquearnos. Pero también pueden darnos alas… Las imágenes son como ventanas que abren el espacio de mi alma a una realidad mayor. Poseen una fuerza emocional… Un antiguo padre de la iglesia se expresaba así: “Sin imágenes no hay futuro”. Las imágenes nos llevan hacia adelante, nos regalan un amplio horizonte… La imagen ve juntas realidad y posibilidad, presencia y posteridad, actualidad y visión…”
Las imágenes que tenemos en nuestra mente y en nuestro espíritu van dándole forma a nuestra vida para bien y para mal. Si yo pienso que un problema es como un pozo del que no puedo salir, no saldré. Si pienso que es una habitación con una ventana abierta a la luz y que algo nuevo es posible, mi emoción cambia y me hago más fuerte y más capaz de superar ese problema.
Lo mismo sucede con la imagen de una tiniebla y una oscuridad inundada por una luz que brota de mí, de mi interior. Es una imagen potentísima que me ayuda a vivir y que contiene salvación.
La imagen del huerto regado y del manantial de aguas que nunca faltan me dice que hay una vida continua en mí, hay fecundidad, hay don y capacidad para sostenerme y alimentarme a mí misma y a otros.
La imagen de la sal me dice que yo tengo algo que aportar al bien y a la alegría de otros…
Dios quiere que yo sea así porque Él es así…
……………………………………………….

Meditamos con José Antonio Pagola

Jesús da a conocer con dos imágenes audaces y sorprendentes lo que piensa y espera de sus seguidores. No han de vivir pensando siempre en sus propios intereses, su prestigio o su poder. Aunque son un grupo pequeño en medio del vasto Imperio de Roma, han de ser la “sal” que necesita la tierra y la “luz” que le hace falta al mundo. (…)
Las dos metáforas coinciden en algo muy importante. Si permanece aislada en un recipiente, la sal no sirve para nada. Solo cuando entra en contacto con los alimentos y se disuelve con la comida, puede dar sabor a lo que comemos. Lo mismo sucede con la luz. Si permanece encerrada y oculta, no puede alumbrar a nadie. Solo cuando está en medio de las tinieblas puede iluminar y orientar. Una Iglesia aislada del mundo no puede ser ni sal ni luz.
El Papa Francisco ha visto que la Iglesia vive hoy encerrada en sí misma, paralizada por los miedos, y demasiado alejada de los problemas y sufrimientos como para dar sabor a la vida moderna y para ofrecerle la luz genuina del Evangelio. Su reacción ha sido inmediata: “Hemos de salir hacia las periferias”.
El Papa insiste una y otra vez: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrase a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termina clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos”.
La llamada de Francisco está dirigida a todos los cristianos: “No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos”. “El Evangelios nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro”. El Papa quiere introducir en la Iglesia lo que él llama “la cultura del encuentro”. Está convencido de que “lo que necesita hoy la iglesia es capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones”.
………………………………………

Canto:
Que sea mi vida la sal; que sea mi vida la luz.
Sal que sala, luz que brilla. Sal y fuego que es Jesús.

CUANDO ORES
  1. Dale gracias a Dios por ser tu luz, por estar contigo, por guiarte y conducirte hacia la vida…
  2. Pídele a Dios que convierta tu tiniebla en luz, porque ni la noche es oscura para él; la noche es clara como el día” (cf. Salmo 139)…
  3. Puedes terminar orando el salmo 111, 4-5.6-7.8a.9: El justo brilla en las tinieblas como una luz.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo. 
Dichoso el que se apiada y presta, 
y administra rectamente sus asuntos. 
El justo jamás vacilará, 
su recuerdo será perpetuo. 
No temerá las malas noticias, 
su corazón está firme en el Señor.

Su corazón está seguro, sin temor. 
Reparte limosna a los pobres; 
su caridad es constante, sin falta, 
y alzará la frente con dignidad. 
............................

martes, 17 de diciembre de 2013

Tú le pondrás por nombre Jesús

Lectio Divina de Mateo 1,18-24

Invocación al Espíritu
Espíritu de Dios, que haces nuevas todas las cosas,
que nos creas, sostienes, conduces,
nos llenas de vida y de alegría,
siembra en nosotros el Evangelio,
haz  nacer en nosotros a Jesús.

Siémbralo en nosotros como lo sembraste en el seno de María
y  en el corazón de José.
Que Él nazca en nuestras vidas, en nuestras casas,
en nuestras familias, en la Iglesia y en la calle...
Que sea Salvador y Dios con nosotros,
Dios en nosotros, Dios a través de nosotros,
el Emmanuel.

Mateo 1,18-24
1 Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán:
2 Abrahán engendró a Isaac,
Isaac engendró a Jacob,
Jacob engendró a Judá y a sus hermanos (…)
16 y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo (…)

18 El origen de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. 19 José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. 
20 Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. 21 Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.» 
22 Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta:
«23 Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros" 
24 Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

CUANDO LEAS

El evangelio de Mateo comienza con dos capítulos dedicados a la infancia de Jesús, narrados desde la perspectiva de José. El primer pasaje de ese “evangelio de la infancia” es una genealogía de Jesús que comienza así: “Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán”. Se trata de una genealogía en la que Jesús queda incorporado a la historia de la salvación, historia de las promesas, de la alianza y de la espera mesiánica. Una historia que empieza en Abrahán.
Esa genealogía está dividida en tres partes de catorce generaciones cada una: de Abrahán a David, de David al destierro, y desde el destierro hasta Jesús. Es una genealogía patriarcal. Aparecen los nombres de los varones que engendran a hijos varones. Solo cinco mujeres hacen su aparición: Tamar, Rajab, Rut, la mujer de Urías y María. Si leemos la genealogía, veremos que la expresión constante ‘X engendró a X’ se rompe al llegar a José: “Y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo”. Es el primer atisbo de que la concepción de Jesús ha sido excepcional, extraordinaria y atípica.
s El evangelio de este domingo da razón de cómo fue ese origen no corriente de Jesús.
En el texto distinguimos tres partes principales:
  1. vv. 18-19: La descripción de la situación con la presentación de los personajes, María y José.
  2. vv. 20-23: El anuncio a José.
  3. v. 24: Conclusión.
1. vv. 18-19: Como hemos explicado ya en otras ocasiones, al hablar del relato de la anunciación de Lucas 1, 26-38, María está desposada con José cuando recibe la visita del ángel y el anuncio de que ha sido elegida para ser madre de Jesús. Las fuentes rabínicas informan de que la promesa de matrimonio se hacía temprano, a los 13 ó 14 años de edad. Antes del matrimonio no había vida en común de la pareja, aunque la mujer ya era considerada como “esposa” y el hombre como “marido”, con un compromiso jurídico, de modo que, en caso de adulterio, la mujer podía ser despedida con un acta de repudio (cf. Dt 22,13-29).
Mateo inmediatamente nos informa de que el embarazo de María es obra del Espíritu Santo. La identidad de Jesús no deriva de las genealogías. Éstas solo testimonian que Jesús desciende de David, como se esperaba del Mesías de Israel, pero no explican que Jesús es Dios con nosotros. Esto solo depende de la acción de Dios por medio de su Espíritu Creador.
San Pablo, en la carta a los Romanos, dice que el Evangelio se refiere (o más bien ES) a su Hijo, quien según la carne procede de la estirpe de David (a través de su padre legal, José), y según el Espíritu ha sido constituido Hijo de Dios.
De José se dice que es un hombre justo. Justo quiere decir que cumple la torah y significa también aquel que hace la voluntad de Dios. Cuando José se entera de que María está encinta, no quiere hacerlo público y decide abandonarla privadamente. Así se puede entender el v. 19. Entenderlo en sentido jurídico: “no quería denunciarla y decidió repudiarla en secreto” no hubiera sido posible. El repudio era un acto legal público por naturaleza. “Según esto, el relato afirma que José es uno de los que han tenido conocimiento del embarazo de su esposa debido a la acción de Dios. Ante esto, decide colaborar con el plan de Dios y cree que lo mejor es abandonar a su mujer en secreto, quitándose de en medio. Cuando proyecta este plan, Dios interviene… y ordena a José continuar con María asumiendo el papel de padre legal…” (Antonio Rodríguez Carmona).
2. vv.20-23: En el anuncio a José se le confirma que todo es obra del Espíritu Santo que, con su poder, crea de la nada y saca vida de donde no la hay. María, a la que se caracteriza aquí como mujer de José, se sitúa en continuidad con otras mujeres incapaces de concebir la vida, a las que Dios hace fecundas porque para Dios nada hay imposible.
José le pondrá el nombre Jesús, del hebreo Iesu’a, de la raíz ys’ que significa “salvar”, Dios salva. La salvación que trae Jesús no es una liberación política o humana (enfermedades, dolencias, muerte…), sino una liberación de raíz, una liberación de todo el mal que oprime al ser humano. Todo lo que Jesús dijo e hizo, hasta su entrega final, fue un signo de la victoria sobre el pecado, la muerte y el mal. En la última cena, Jesús dirá:”… ésta es mi sangre de la Alianza que es derramada por muchos para perdón de los pecados” (cf. Mt 26,28).
Los vv. 22-23 enmarcan el mensaje del ángel dentro del plan de Dios manifestado en la Escritura, en este caso, en la profecía de Isaías 7,14: el anuncio del Emmanuel. Ese texto de Isaías, en aquel momento concreto (siglo VIII) a.C. se refería a la esposa del rey Acaz, que concebiría a su hijo Ezequías, cuyo nacimiento mostraría que Dios no había abandonado a la dinastía davídica. Por ello su nombre será Emmanuel, Dios con  nosotros. Pero Mateo ha visto un nuevo sentido a aquella palabra profética y ve en ella el anuncio de la concepción virginal del Mesías Jesús.
El nombre Emmanuel referido a Jesús es importante en el evangelio de Mateo, que comienza con este anuncio y termina con las palabras de Jesús: Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Jesús es el Rostro de Dios en medio de nosotros. Quien le ve a Él ve al Padre. Jesús es Dios que asume nuestra carne y vive como uno de tantos para que creamos y, creyendo, tengamos vida en su Nombre.
3. Conclusión, v.24. José no dice nada. No pone objeciones. No dice hágase con palabras, pero lo dice con obras que resultan más elocuentes que las palabras. José hace. Él responde con la obediencia de la fe, haciendo lo que se le ha dicho y abandonándose al misterio de Dios y de su voluntad.
CUANDO MEDITES
1. Fíjate en lo que Mateo y la primera comunidad cristiana dicen a través de los nombres de Jesús sobre su identidad: Jesús = Dios salva; Emmanuel = Dios con nosotros.
Es una confesión de fe en Jesús como la encarnación de Dios que viene a darnos vida. ¿Cómo experimentas tú que eres acompañado por Dios, que Dios está contigo? ¿Cómo experimentas que la fe es cauce de liberación y salvación para ti ¿Dónde y en quién buscas salvación, ayuda, luz, liberación…?
2. A José se le anuncia que la maternidad de María es obra del Espíritu Santo, que obra lo aparentemente imposible. ¿Tienes experiencia de realidades que parecían imposibles y se han realizado en virtud de una maravillosa fuerza que viene de lo alto? ¿Crees realmente que para Dios nada hay imposible?
3. José es modelo de discípulo que escucha y actúa, con una voluntad rendida a la de Dios. ¿Cómo vives la fe-obediencia al evangelio de Jesús?
………………………….

Entre los hebreos no se le ponía al recién nacido un nombre cualquiera, de forma arbitraria, pues el “nombre”, como en casi todas las culturas antiguas, indica el ser de la persona, su verdadera identidad, lo que se espera de ella.
Por eso el evangelista Mateo tiene tanto interés en explicar desde el comienzo a sus lectores el significado profundo del nombre de quien va a ser el protagonista de su relato. El nombre de ese niño que todavía no ha nacido es “Jesús”, que significa “Dios salva”. Se llamará así porque “salvará a su pueblo de los pecados”.
En el año 70, Vespasiano, designado como nuevo emperador mientras estaba sofocando la rebelión judía, marcha hacia Roma, donde es recibido y aclamado con dos nombres: “Salvador” y “Benefactor”. El evangelista Mateo quiere dejar las cosas claras. El “salvador” que necesita el mundo no es Vespasiano, sino Jesús.
La salvación no nos llegará de ningún emperador, ni de ninguna victoria de un pueblo sobre otro. La humanidad necesita ser salvada del mal, de las injusticias y de la violencia; necesita ser perdonada y reorientada hacia una vida más digna del ser humano. Esta es la salvación que se nos ofrece en Jesús.
Mateo le asigna además otro nombre: “Emmanuel”. Sabe que nadie ha sido llamado así a lo largo de la historia. Es un nombre chocante, absolutamente nuevo, que significa “Dios con nosotros”. Un nombre que le atribuimos a Jesús los que creemos que, en él y desde él, Dios nos acompaña, nos bendice y nos salva.
Las primeras generaciones cristianas llevaban el nombre de Jesús grabado en su corazón. Lo repetían una y otra vez. Se bautizaban en su nombre, se reunían a orar en su nombre. Para Mateo, el nombre de Jesús es una síntesis de su fe. Para Pablo, nada hay más grande. Según uno de los primeros himnos cristianos, “ante el nombre de Jesús se ha de doblar toda rodilla” (Filp 2,10). Y Hechos 4,12 dice: “No se nos ha dado otro nombre bajo el cielo capaz de salvarnos”.
Después de veinte siglos, los cristianos hemos de aprender a pronunciar el nombre de Jesús de manera nueva: con cariño y amor, con fe renovada y en actitud de conversión.

(José Antonio Pagola)
…………………………………………………………………………….
CUANDO ORES
1. Siéntate en silencio, en un lugar tranquilo en el que no seas molestado, cierra los ojos y pronuncia interiormente, al ritmo de tu respiración, el Nombre de Jesús durante unos minutos, con paz, con gratitud, con alegría, con apertura a su presencia… Dios está contigo.

2. Que ya estabas aquí  (Oración de José María Olaizola, sj)
Dicen que vienes,
y siempre es tiempo,
pues te esperamos
en la tierra sedienta de milagros,
en la duda que nos muerde,
en el sollozo ajeno
que estremece
e inquieta.
Te esperamos en el fracaso
que nos derriba,
y en el triunfo,
en el perdón que se nos escapa,
en la calma que no alcanzamos.
Te acercas
en el vendaval que a veces nos sacude,
en el arrumaco que nos aquieta.
Te nos llegas, sorprendente.
Desbordas
nuestra espera de palabras nuevas
con respuesta eterna.
Y estás muy dentro
y muy fuera.
Vienes volviéndolo todo del revés,
puerta imprevista
a un cielo de pobres y pequeños,
hombro en que se recuestan
los heridos, los culpables,
y los enfermos.
Ya, Señor,
Dios-con-nosotros,
Dios nuestro.
.....................................



sábado, 7 de diciembre de 2013

Convertíos... el Reino de los cielos está cerca

Lectio divina de Mateo 3,1-12

Oración inicial

“¡Cielos, lloved vuestra justicia,
ábrete, tierra,
haz germinar al Salvador!”
El cielo y la tierra se han unido en Jesús,
Hijo del eterno Padre e Hijo de María.
La omnipotencia de Dios está en Él
unida a la debilidad de nuestra condición humana.
La infinitud y la inmensidad
habitan en la pequeñez de nuestra carne.
Fortaleza y debilidad se abrazan en Jesús,
divinidad y humanidad se unen.
El Dios eterno cabe en una cuna
y prueba lo que es ser humano en su Hijo amado,
Emmanuel.
El Dios eterno se mete en nuestra piel
y quiere que nos metamos en la suya:
que probemos qué es ser uno con Él.
Preparemos nuestra tierra para que en ella
brote el Salvador.

Leemos Mateo 3,1-12

Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.»
Éste es el que anunció el profeta Isaías, diciendo: «Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos."» 
Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán. 
Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizará, les dijo: «¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: "Abrahán es nuestro padre", pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego.
Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.»

CUANDO LEAS

- Fíjate en los personajes que aparecen en el texto (Juan Bautista, Isaías, la gente, los fariseos  y saduceos, Jesús…), en los lugares (el desierto, el Jordán), en los diálogos (¿qué transmiten: paz, inquietud, alegría, miedo, deseo de conversión…?-…

- El evangelio de Mateo comienza con dos capítulos denominados “evangelio de la infancia” en los que aparece una genealogía de Jesús y el relato del anuncio a José y su misión de custodiar al Hijo de Dios desde su nacimiento. Tras esos capítulos, el evangelio prosigue narrando el comienzo de la vida pública de Jesús, precedida por un precursor que entra en escena para “preparar el camino al Señor”. Ese precursor es Juan Bautista.
En el evangelio de Lucas se nos presenta esta figura con más detalle: su nacimiento extraordinario es anunciado a su padre Zacarías. Su madre Isabel, pariente de María, es una mujer anciana y estéril. Juan será un niño que traerá gozo y alegría, no solo a sus padres sino a todo Israel, por la misión especial a la que será llamado. Cuando María visita a Isabel, él salta de alegría en el seno de su madre. Lo que Lucas nos dice es que Juan será el precursor gozoso del Mesías Jesús. Él será el amigo del novio que se alegra con la voz del novio, en ese banquete de bodas que es el Reino de Dios.
Juan Bautista es de familia sacerdotal. No sabemos si ejerció ese oficio pero lo cierto es que recibió una vocación profética que lo condujo al desierto de Judea, donde vivió de modo austero y donde proclamó este anuncio: “Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos”.
Es el mismo anuncio que Marcos pone en boca de Jesús cuando comienza su vida pública: “El Reino de Dios ha llegado a vosotros. Convertíos y creed en el evangelio” (Mc 1,15).

¿Qué significa convertirse?
En griego se emplea el verbo metanoeo. La “nous” es el pensamiento, nuestro modo de ver las cosas, nuestra programación sobre cómo debería ser el mundo, las cosas, yo mismo…  La metanoia, la conversión es ir más allá de esos modos aprendidos de pensamiento, es transformarse por la renovación de la mente, como dice Pablo en Rom 12,3.
La psicología, sobre todo la psicología cognitiva, tiene algo que decirnos al respecto. Ella sostiene la convicción de que si cambiamos nuestro pensamiento podemos cambiar nuestra vida. Pero también la Palabra es iluminadora al respecto: “Tened los mismos sentimientos-pensamientos de Cristo Jesús…” (Filp 2,5), “nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Cor 2,16). Convertirse es darse cuenta de que mi modo de pensar a menudo está lleno de ego, de autoafirmación sobre los demás, de vanidad, de narcisismo, de ambición, de juicio… La “mente” de Dios no es así. Él es Amor.

¿Qué significa que el Reino de los cielos está cerca?
Mateo habla del Reino de los cielos porque no quiere nombrar a Dios para salvaguardar su trascendencia. El Reino de los cielos es el Reino de Dios, que es Dios mismo y el modo de vivir deseado por Él: una vida en la justicia, la paz, la bendición, el cuidado especial de los últimos. El modo de vivir de Jesús.
No es un reino socio-político sino un “reinado” que está “dentro” de nosotros y que se expresa en modos de pensar, de actuar, de organizar la sociedad y las relaciones entre los pueblos. El Reino de Dios es un estilo de vida con unos principios, unos valores y unos modos de actuar derivados del Evangelio. Comienza aquí y ahora y se prolonga en un tiempo sin tiempo, en la trascendencia de la vida en Dios.
Con Jesús ese Reino está cerca porque él es la encarnación del Reino en el mundo. Por cierto que Juan esperaba a un Jesús muy distinto del que llegó. Esperaba a alguien con un hacha en la mano que cortara los árboles sin fruto, y vino alguien que pedía, con paciencia amorosa, un año más para el árbol estéril; lo esperaba con el bieldo que separara buenos de malos, y vino a llamar a los pecadores y a sanar a los que están mal… De ahí el desconcierto de Juan y su pregunta: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”.  Quizá Juan, que no comía ni bebía, también tuvo que convertirse para poder acoger al “comilón y borracho, amigo de pecadores y prostitutas” (cf. Mt 11, 18-19)
Para acoger a Jesús hay que transformar la mente: para amar a los enemigos, hay que cambiar algo en nosotros; para compartir los bienes hay que cambiar algo…; para perdonar setenta veces siete hay que cambiar algo…; para no juzgar y aprender a bendecir incluso a nuestro enemigos políticos hay que cambiar algo…; para decir “Padre nuestro” sin excluir a nadie, hay que cambiar algo…
Convertirse es ya preparar caminos para que el Señor venga a habitar en nuestra tierra, en nuestra casa, en nuestras relaciones, en nuestras elecciones.
¡Ven, Señor Jesús!

CUANDO MEDITES

- “Convertíos”… ¿Qué necesito cambiar en mi mentalidad, en mi programación, en mis ideas sobre la vida, el mundo, yo mismo, mis límites y mis posibilidades? ¿Cuáles son mis juicios y mis prejuicios? ¿Cuáles son mis autolimitaciones?...  

- “Está cerca el Reino de los cielos”… Jesús está cerca, Dios nos  habita… ¿Cómo puedo colaborar con el proyecto del Reino? ¿Qué está a mi alcance aportar, construir o denunciar para que el modo de vivir de Jesús se extienda en nuestra tierra?

- “Preparad el camino del Señor…” “Después de veinte siglos, el Papa Francisco nos está gritando el mismo mensaje a los cristianos: Abrid caminos a Dios, volved a Jesús, acoged el Evangelio. Su propósito es claro: “Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos”. No será fácil. Hemos vivido estos últimos años paralizados por el miedo. El Papa no se sorprende: “La novedad nos da siempre un poco de miedo porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida”. Y nos hace una pregunta a la que hemos de responder: “¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido capacidad de respuesta?“ (…) El mismo Francisco nos está indicando todos los días los cambios de actitudes que necesitamos. Señalaré algunos de gran importancia. Poner a Jesús en el centro de la Iglesia: “una Iglesia que no lleva a Jesús es una Iglesia muerta”. No vivir en una Iglesia cerrada y autorreferencial: “una Iglesia que se encierra en el pasado, traiciona su propia identidad”. Actuar siempre movidos por la misericordia de Dios hacia todos sus hijos: no cultivar “un cristianismo restauracionista y legalista que lo quiere todo claro y seguro, y no halla nada”. “Buscar una Iglesia pobre y de los pobres”. Anclar nuestra vida en la esperanza, no “en nuestras reglas, nuestros comportamientos eclesiásticos, nuestros clericalismos”. (José Antonio Pagola)

PARA ORAR

- Esperaré

Esperaré a que crezca el árbol
y me dé sombra.
Pero abonaré la espera con mis hojas secas.
Esperaré a que brote el manantial
y me dé agua.
Pero despejaré mi cauce
de memorias enlodadas.

Esperaré a que apunte
la aurora y me ilumine.
Pero sacudiré mi noche
de postraciones y sudarios
Esperaré a que llegue
lo que no sé y me sorprenda
Pero vaciaré mi casa de todo lo enquistado.

Y al abonar el árbol,
despejar el cauce,
sacudir la noche
y vaciar la casa,
la tierra y el lamento se abrirán a la esperanza.


Benjamín González Buelta, sj
.........................................................

viernes, 18 de febrero de 2011

Un exceso de amor

En torno a Mateo 5,38-48

- Meditando

¿Cómo vive Jesús la ley de su pueblo, la ley de Moisés?

Hoy, el Evangelio nos pone delante la actitud de Jesús frente a dos mandamientos: la ley del talión y el mandamiento del amor al prójimo.
Los dos mandamientos son superados y plenificados por el exceso: un exceso de bondad, de generosidad, de desprendimiento del yo.

El "no hacer frente al que te agravia", o "no resistir al mal" necesita una buena dosis de negación de los propios impulsos agresivos para la autodefensa, e incluso de la negación del instinto de conservación. Pero nosotros no somos seres meramente reactivos, condicionados por nuestros instintos y nuestros impulsos automáticos ante provocaciones o estímulos externos. Somos personas libres y tocadas por la gracia, de modo que podemos superar las inercias reactivas de siempre con la fuerza decisiva de la gracia que nos hace obrar desde la compasión, o desde el perdón.

El "a quien te pide, dale", y "a quien te pida prestado, no se lo reclames", "al que te pida que lo acompañes una milla, vete con él dos..." reclama de nosotros estar muy llenos por dentro para poder ofrecer con derroche, sin medida, y multiplicar con generosidad lo que ofrecemos. En general, somos celosos de nuestro tiempo (por no decir que "no tenemos tiempo") y de nuestras cosas... hasta el punto de que preferimos que se nos estropeen por falta de uso antes de repartirlas a quien las necesita, o prestarlas a quien se puede servir de ellas.


El amar a los enemigos y orar por quienes nos calumnian supone el soporte interior de una espiritualidad bien trabajada, una psicología madura, una humanidad dilatada..., y, de nuevo, la gracia vertida en nosotros.


¿Se necesita ser una persona extraordinaria para vivir "la nueva ley del exceso de amor" de Jesús?
Se necesita sólo ser lo que somos: ser hijas e hijos de Dios Padre-Madre, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Se necesita sólo vivir conforme a nuestra naturaleza de hijos de un Dios que es cariñoso con todas sus criaturas. Ser cariñosos con todos es una tarea nada sencilla. Incluso diría que el cariño, la ternura, el cuidado, no es algo que solemos prodigar todos los días con "los nuestros", los de casa, con aquellos a los que se supone que amamos. Por no hablar del cuidado y el cariño hacia nosotros mismos.


Nuestros ritmos de vida, a menudo, son un obstáculo para la ternura, sobre todo hacia los más débiles y necesitados. La prisa, la hiperactividad, la "productividad" (que no fecundidad), hace que no podamos acompasar nuestros pasos al ritmo del último.


Sin embargo, el secreto de la transformación de una persona, un pueblo o una sociedad es el exceso de amor, posibilitado por la gracia.
Así era y así actuó Jesús.
Así actuaron los santos.
La perfección de Dios no consiste en una cualidad imposible e inasequible para nosotros, sino en su misma misericordia derramada en nosotros para que nosotros podamos vivir, desde ella, todas nuestras relaciones.

- Orando

Señor Jesús, siempre digo que el sermón del monte es la descripción perfecta de cómo tú eres:

el que no hace frente al agravio,
el que no devuelve el insulto,
el que da mucho más de lo que se le pide,
el que ama a sus enemigos,
el que ora por ellos,
el que bendice a quienes le maldicen y calumnian,
Aquel que ama.
Una de las cosas más hermosas que un discípulo dijo de ti es que eres "Aquel que nos ama".
¡Que esas palabras puedan también, algún día, decirse de mí: "la que nos ama"!
¡Que vaya viviendo cada día con más verdad mi identidad de "compasiva hija de Dios"!


------------------


Tú conoces mi corazón rácano, Jesús.
Tú sabes cómo funciona mi memoria,
y la cuenta que lleva de los fallos que le hacen...
Límpiame de todo recuerdo de aquello que me hicieron.


Regálame, Señor, una memoria sana.
Ayúdame a olvidar y no permitas
que mi rencor me deje llevar cuenta de nada.

Líbrame Tú de la vanidad exigente
que me hace regañarme y no aceptarme.


Susúrrame que los fallos son oportunidades para crecer.
Me exijo, y exijo demasiado a los demás.
Dame, Señor, un corazón tolerante para mí y para los otros.
Enséñame a perdonar a tu manera: sin fin.


Jesús, pongo ante Ti los nombres
de todos aquellos que me hicieron algún daño.
Quiero perdonarlos contigo,
y quedarme con el corazón limpio de memorias dolientes.


Dame amnesia, Señor, que olvide todo,
vacía mi mente de todos los rencores,
que no me quede ni un detalle de dolor,
que acepte todo lo que me dolió como parte de mi historia,
como semilla de lo que hoy soy,
de lo que Tú y la vida habéis hecho conmigo.


Me perdono contigo por mis fallos, mis desaciertos,
mis prisas, mis malos humores, mi falta de risa.
Siento, Señor, que eres perdón y que me envuelves.

(Oración de Mari Patxi Ayerra)

domingo, 23 de enero de 2011

Jesús, nuestra luz, nuestra alegría

Lectio divina de Mt 4,12-23
III Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo A)


Oración inicial:

Amado Dios,
Tú que eres Luz sin tiniebla alguna,
ilumina los ojos de nuestro corazón
para que podamos contemplar, conocer,
amar y seguir a Jesús
cada día más intensamente.

Leemos el evangelio: Mt 4,12-23

12 Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea. 13 Y dejando Nazará, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí; 14 para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías:

15 ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles!
16 El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz;
a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido.
17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: "Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado."


18 Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores, 19 y les dice: "Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres." 20 Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron.
21 Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los llamó. 22 Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron.


23 Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 24 Su fama llegó a toda Siria; y le trajeron todos los que se encontraban mal con enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curó. 25 Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán.



CUANDO LEAS

Comenzamos, en este tercer domingo del tiempo ordinario, a hacer la lectura continua del evangelio de Mateo, que es el correspondiente al ciclo A.
Los dos primeros capítulos de Mateo (evangelio de la infancia) ya los hemos leído en Navidad, y el primer episodio del Bautismo lo hemos meditado hace dos domingos. Así es que seguimos hoy con el comienzo de la vida pública de Jesús como "misionero itinerante del Padre".

En el pasaje de hoy podemos descubrir tres partes:
1. El anuncio del Reino y la llamada a la conversión.
2. La llamada de los primeros discípulos al seguimiento.
3. Un resumen o sumario de la actividad de Jesús en Galilea.

1. Con motivo del encarcelamiento de Juan (prototipo del destino martirial de todo profeta y anticipo del destino de Jesús), Jesús se retira a Galilea, se establece en Cafarnaúm y allí comienza a anunciar: "Convertíos porque está cerca el Reino de los cielos".
El Reino de Dios viene con Jesús y necesita un cambio del corazón, una transformación interior para poder acogerlo, porque a menudo supone una subversión total de nuestros "valores" y criterios mundanos. Jesús mismo es el Reino.

Lo que más me llama la atención de esta primera parte del evangelio es la presentación de Jesús como Luz que ilumina las tinieblas del mundo. Y si leemos el texto más amplio de Isaías, citado por Mateo para decir que todo eso se cumple en Jesús, Jesús es también nuestra alegría y la liberación de todas nuestras opresiones (Is 8,23b-93: "... Aumentaste la alegría, acreciste el gozo. Se alegran en tu presencia como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín; porque la vara del opresor, el yugo de carga, el bastónd e su hombro, has roto...").
"Donde está Jesús hay una concentración de gente contenta por km2", decía una conocida biblista en una conferencia sobre "la felicidad en la biblia".
Así es Jesús: luz, alegría y liberación.

2. El relato de vocación de los primeros cuatro discípulos subraya la inmediatez y radicalidad de la llamada. No hay ningún otro valor por encima del tesoro escondido o la perla preciosa que los discípulos han encontrado al encontrarse con Jesús: ni profesión, ni familia, ni casa, ni seguridades. Todo lo dejan para ir detrás de Jesús como misioneros itinerantes, también ellos, sin lugar fijo de residencia y con una nueva familia: la comunidad de discípulos y discípulas que viven con Jesús.

3. La descripción de la actividad de Jesús, que recorría Galilea enseñando, predicando y curando. Mateo subraya, más que otros evangelistas, la tarea sanadora de Jesús.

CUANDO MEDITES

Fíjate en los "nombres" de Jesús que aparecen en este evangelio:
- Jesús es Luz. ¿Cómo lo es para mí? ¿Cómo torno yo en luz los aspectos oscuros de la vida?
- Jesús es Alegría. Alguien ha dicho que el setenta y cinco por ciento de las conversaciones cotidianas son negativas: nos quejamos del tiempo, del tráfico, del cansancio, de los otros... Incluso nos quejamos de aquellos a quienes amamos y les hacemos la vida fastidiosa y pesada. ¿Podemos hacer un pequeño (o gran) esfuerzo para pasar de la queja y el lamento al agradecimiento y la alegría?
- Jesús es Maestro: ¿De quién aprendo? ¿A quién sigo? ¿Qué valores son esenciales para mi vida? ¿Son los de Jesús?
- Jesús es Sanador: ¿Acudo a Él para que sane mis heridas?

CUANDO ORES

Gracias, Jesús.
Tú me has dado una vida hermosa.
La iluminas con tu Presencia y con muchas presencias de hermanos y hermanas
que me ayudan a vivir.
La guías con tus Palabras y tu ejemplo.
La alegras con tus dones y con tanto bien que encuentro a mi alrededor.
La sanas con la presencia consoladora de tu Espíritu.

Transforma mi vida para que desprenda luz, sanación y alegría para los demás.