miércoles, 21 de marzo de 2012

Sorprendido por su falta de fe

Lectio divina de Marcos 6,1-13


1 Jesús se fue de allí y regresó a su pueblo acompañado de sus discípulos. 2 Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga; y muchos que lo escuchaban no salían de su asombro y se preguntaban: «¿De dónde ha sacado éste todo eso? ¿Quién le ha dado esos conocimientos y de dónde proceden esos milagros que hace? 3 ¿No es este el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no son sus hermanas estas que viven aquí?» Así que estaban desconcertados a causa de Jesús. 4 Por eso les dijo: «Solo en su propia tierra, en su propia casa y entre sus familiares menosprecian a un profeta.»
5 Y no pudo hacer allí ningún milagro, aparte de curar a unos pocos enfermos poniendo las manos sobre ellos. 6 Estaba verdaderamente sorprendido de la falta de fe de aquella gente.

Andaba Jesús enseñando por las aldeas de alrededor, 7 cuando reunió a los doce discípulos y empezó a enviarlos de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus impuros. 8 Les ordenó que no llevaran nada para el camino, excepto un bastón. Ni pan, ni zurrón, ni dinero en el bolsillo; 9 que fueran calzados con sandalias y no llevaran más que lo puesto. 10 Les dio estas instrucciones: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que salgáis del lugar. 11 Y si en algún sitio no quieren recibiros ni escucharos, marchaos de allí y sacudid el polvo pegado a vuestros pies, como testimonio contra esa gente.
12 Los discípulos salieron y proclamaron la necesidad de la conversión. 13 También expulsaron muchos demonios y curaban a muchos enfermos ungiéndolos con aceite.

CUANDO LEAS

El texto con el que oramos hoy podríamos dividirlo en dos partes: el rechazo en la sinagoga de Nazaret (6,1-6a) y el envío a la misión de los discípulos (6,6b-13).
Jesús ha regresado a su tierra seguido por sus discípulos. Podríamos decir que esta frase es como el resumen de todo lo que viene detrás.
Jesús debía estar contento en su tierra. Era allí donde había pasado su niñez y juventud, y donde había desarrollado su oficio de artesano.
Nazaret es una pequeña aldea que nunca es nombrada en el Antiguo Testamento y de la que Natanael dirá "¿De Nazaret puede salir algo bueno?" (Jn 1,46). Como era su costumbre, el sábado va a la sinagoga, donde se puso a enseñar. Lo cual quiere decir que es reconocido como Maestro, e invitado a leer y a dirigir algunas palabras a la asamblea. La gente se maravillaba, lo mismo que ocurrió en Cafarnaun. Del maravillarse pasan a la duda: ¿de dónde le viene esto? No reconocen en Jesús al enviado del Padre. Pero además, ellos estaban seguros de quién era: un artesano, hijo de María; conocían a sus parientes hasta por su nombre propio. De una u otra manera se quedaron encasillados en juicios puramente humanos y se escandalizan de él. Jesús intenta iluminarles: ¿Acaso no puede suscitar Dios profetas donde él quiera? No consigue nada. Sólo algunos tienen fe y puede imponerles las manos para curarlos.

La segunda parte de este texto nos adentra en la misión de los discípulos, que no es otra que la de predicar y expulsar demonios. Hasta este momento, como discípulos, se han limitado a seguirlo y estar con él. Jesús les enseña qué deben hacer, cómo deben presentarse al mundo, cómo comportarse cuando se es acogido y cuando se es rechazado.

Lo que deben hacer es predicar la conversión, echar demonios y curar enfermos. Ahora bien  el mensaje no debe ser oscurecido por los bienes y las preocupaciones de este mundo. El apóstol ha de confiar plenamente en la Providencia. El enviado ha de presentarse como uno que no cuenta social ni económicamente. Solo desde la pobreza el misionero puede garantizar la credibilidad y dar testimonio de su confianza en Dios. Y si uno no es acogido, no importa, se sacude el polvo de los pies, poniéndoles frente a su responsabilidad. Ese sacudid el polvo es el testimonio de su rechazo al mensaje de la salvación. Aunque a los discípulos no les fue tan mal como a Jesús.

CUANDO MEDITES

- Cuando Jesús realiza alguna acción en mi favor soy de los que piensan: ¡De dónde le viene esto?
- ¿Cuál es mi reacción ante la Palabra de Jesús?
- Me veo enviado/a a la misión, ¿qué sentimientos despierta esto en mí?
- ¿Estoy dispuesto a pasar «todo tipo de calamidades» en el cumplimiento de la misión que Jesús me ha encomendado?

CUANDO ORES
Tú llamas a seguirte y arrancas al hombre de los suyos.
Tú llamas a seguirte y pides vender todo y darlo por nada.
Tú llamas a seguirte y exiges perder la vida, perderla toda.
Tú llamas a seguirte, cargando con la cruz como revolucionario
del amor entre los hombres. Tu llamada es radical.

 Tú llamas por el nombre y haces tuyo al hombre para siempre.
Tú llamas porque has amado primero y el amor es comunión.
Tú llamas porque eres bueno, porque tu corazón es fiesta.
Tú llamas y abres al hombre la voluntad del Padre.
Tú llamas y quieres hombres libres que te sigan.
Aquí estoy, Señor, quiero seguirte con mi corazón roto.
Aquí estoy, Señor del alba, quiero cambiar haciendo seguimiento.
Aquí estoy, Señor Jesús, da ritmo a mi proceso.
Aquí estoy, Señor, porque me has llamado, gracias.

(Autor: José Ignacio Pedregosa. Equipo de Lectio Divina de la U.P. Comillas)  

2 comentarios:

Noemi dijo...

Bendiciones, les saludo desde El Salvador, les invito a mi blog www.creeenjesusyserassalvo.blogspot.com
DOY MI TESTUIMONIO DE SANIDAD DE CANCER INVASIVO PARA LA GLORIA DE DIOS.

Conchi dijo...

Gracias por tu testimonio, Noemí.
Que el Señor te siga bendiciendo a ti también.
¡Feliz Pascua!