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martes, 15 de mayo de 2012

Eucaristía, vida para todos

Lectio divina de Marcos 8,1-10


1Por aquellos días se reunió otra vez mucha gente. Como no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
2- Me da lástima esta gente. Ya hace tres días que están conmigo y no tienen nada que comer. 3Si los despido y los dejo ir a sus casas en ayunas van a desfallecer por el camino. Y algunos han venido de lejos.
4Los discípulos le contestaron:
- Pero ¿de dónde podrá uno sacar pan para dar de comer a todos estos en este lugar apartado?
5Jesús les pregunto:
- ¿Cuántos panes tenéis?
Ellos contestaron:
- Siete.
6Jesús dispuso que la gente se acomodase sobre la tierra. Luego tomó los siete panes, dio gracias a Dios, los partió y se los fue dando a sus discípulos para que ellos los distribuyeran. Y los discípulos los distribuyeron entre la gente. 7Tenían además unos cuantos peces; Jesús los bendijo y mando que los repartieran. 8Todos comieron hasta quedar satisfechos, y todavía  se recogieron siete espuertas de los trozos sobrantes de pan. 9Luego Jesús despidió a la multitud, que eran unas cuatro mil personas. 10A continuación subió a la barca con sus discípulos y se dirigió a la región de Dalmanuta.


CUANDO LEAS

Si tuviéramos que poner un título a este pasaje, posiblemente sería el Banquete para la comunidad cristiano-pagana, o también la multiplicación de los panes y los peces para la comunidad cristiano-pagana. Creo que esto es importante que lo tengamos en cuenta y sea, además, el marco de nuestra oración. Desde luego que tiene diferencias notables con respecto a la primera multiplicación: «por aquellos días», no aparece en la primera; «hace ya tres días»; «algunos han venido de lejos»; aquí no se habla de ovejas y pastor; se sientan sobre la tierra; aquí los panes son siete y los peces algunos. En el anterior, sobran doce canastos, aquí siete espuertas; en el primero, nos encontramos en la parte occidental del lago, aquí en la oriental; aquí siente compasión de los paganos.
Nos detenemos un poco en estas diferencias, ya que nos pueden ayudar. «Por aquellos días», los días de la entrada de los gentiles en el pueblo escogido y el cumplimiento pleno de la alianza tal como lo anunciaron los profetas. El número siete normalmente en la Sagrada Escritura nos remite al mundo pagano. Los tres días hace referencia a la resurrección por lo que la entrada de los gentiles en la comunidad es una experiencia pascual. «Algunos han venido de lejos», con esta expresión en algunos textos bíblicos se hace referencia a los gentiles (Jos 9,6-9; Is 60,4). El acomodarse sobre la tierra tiene un sentido más universal. También los paganos quedan satisfechos, pues la comunión con Jesús satisface siempre. La palabra espuerta hace referencia al mundo gentil. También señala universalidad el que no se restrinja el número de comensales a los varones.
Tanto en un relato como en otro, la gente, el pueblo está abandonado. En una situación como esta se confían totalmente a Jesús. Y ante esto, Jesús no puede más que compadecerse y manifestar la misericordia divina. Pero, además quiere que sus discípulos se impliquen, «los discípulos los distribuyeron a la gente».
Al final hemos de reconocer que estamos ante una narración de la eucaristía. Este pan está preparando el pan eucarístico, y, al mismo tiempo simboliza el pan de la Palabra.
A pesar de todo, los discípulos parecen no comprender nada.

CUANDO MEDITES
- Vuelve a pasar por tu corazón este relato e imagínate que eres una de aquellas personas que reciben este don de saciarse de pan que nos regala Jesús. Mantente pasivo/a como la gente del relato. Jesús es el protagonista y el que nos hace el regalo. ¿Qué sientes?
- ¿Has tenido alguna vez la experiencia de «ser alimentado/a por Jesús»? Rememora este momento.
- Los discípulos parecen no entender, ¿me ocurre a mí lo mismo?, ¿qué es lo que me impide entender los gestos y la Palabra de Jesús.
- Cuando estés tranquilo/a en casa, puedes ir al texto de la primera multiplicación (6,33-44) y date cuenta de las diferencias entre los dos relatos.

CUANDO ORES

- Da gracias a Dios por el gran don de alimentarte con el pan de la eucaristía y el pan de la Palabra.
- Pídele perdón por las veces que por tu propia negligencia no eres capaz de reconocer los gestos y palabras de Jesús.
- Pide al Señor ser un instrumento en sus manos que le ayude a repartir el pan de la eucaristía y el pan de la Palabra.

Salmo 90

Señor, durante generaciones
tú has sido nuestro refugio.
Antes que se formasen los montes
y la tierra y el orbe surgieran
desde siempre y para siempre tú eres Dios.
Tú haces que el ser humano vuelva al polvo,
diciendo:¡Regresad hijos de Adán!
Porque mil años ante tus ojos
son como un día, como un ayer que ya pasó,
como una vigilia en la noche.

Cólmanos de tu amor por la mañana
para que cantemos alegres toda la vida.

Que descienda sobre nosotros
la gracia del Señor, nuestro Dios.
Afianza la obra de nuestras manos;
sí, afianza la obra de nuestras manos.


(Autor: Pepe Pedregosa, ssp; Equipo de lectio divina de la UPComillas)

miércoles, 21 de marzo de 2012

Sorprendido por su falta de fe

Lectio divina de Marcos 6,1-13


1 Jesús se fue de allí y regresó a su pueblo acompañado de sus discípulos. 2 Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga; y muchos que lo escuchaban no salían de su asombro y se preguntaban: «¿De dónde ha sacado éste todo eso? ¿Quién le ha dado esos conocimientos y de dónde proceden esos milagros que hace? 3 ¿No es este el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no son sus hermanas estas que viven aquí?» Así que estaban desconcertados a causa de Jesús. 4 Por eso les dijo: «Solo en su propia tierra, en su propia casa y entre sus familiares menosprecian a un profeta.»
5 Y no pudo hacer allí ningún milagro, aparte de curar a unos pocos enfermos poniendo las manos sobre ellos. 6 Estaba verdaderamente sorprendido de la falta de fe de aquella gente.

Andaba Jesús enseñando por las aldeas de alrededor, 7 cuando reunió a los doce discípulos y empezó a enviarlos de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus impuros. 8 Les ordenó que no llevaran nada para el camino, excepto un bastón. Ni pan, ni zurrón, ni dinero en el bolsillo; 9 que fueran calzados con sandalias y no llevaran más que lo puesto. 10 Les dio estas instrucciones: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que salgáis del lugar. 11 Y si en algún sitio no quieren recibiros ni escucharos, marchaos de allí y sacudid el polvo pegado a vuestros pies, como testimonio contra esa gente.
12 Los discípulos salieron y proclamaron la necesidad de la conversión. 13 También expulsaron muchos demonios y curaban a muchos enfermos ungiéndolos con aceite.

CUANDO LEAS

El texto con el que oramos hoy podríamos dividirlo en dos partes: el rechazo en la sinagoga de Nazaret (6,1-6a) y el envío a la misión de los discípulos (6,6b-13).
Jesús ha regresado a su tierra seguido por sus discípulos. Podríamos decir que esta frase es como el resumen de todo lo que viene detrás.
Jesús debía estar contento en su tierra. Era allí donde había pasado su niñez y juventud, y donde había desarrollado su oficio de artesano.
Nazaret es una pequeña aldea que nunca es nombrada en el Antiguo Testamento y de la que Natanael dirá "¿De Nazaret puede salir algo bueno?" (Jn 1,46). Como era su costumbre, el sábado va a la sinagoga, donde se puso a enseñar. Lo cual quiere decir que es reconocido como Maestro, e invitado a leer y a dirigir algunas palabras a la asamblea. La gente se maravillaba, lo mismo que ocurrió en Cafarnaun. Del maravillarse pasan a la duda: ¿de dónde le viene esto? No reconocen en Jesús al enviado del Padre. Pero además, ellos estaban seguros de quién era: un artesano, hijo de María; conocían a sus parientes hasta por su nombre propio. De una u otra manera se quedaron encasillados en juicios puramente humanos y se escandalizan de él. Jesús intenta iluminarles: ¿Acaso no puede suscitar Dios profetas donde él quiera? No consigue nada. Sólo algunos tienen fe y puede imponerles las manos para curarlos.

La segunda parte de este texto nos adentra en la misión de los discípulos, que no es otra que la de predicar y expulsar demonios. Hasta este momento, como discípulos, se han limitado a seguirlo y estar con él. Jesús les enseña qué deben hacer, cómo deben presentarse al mundo, cómo comportarse cuando se es acogido y cuando se es rechazado.

Lo que deben hacer es predicar la conversión, echar demonios y curar enfermos. Ahora bien  el mensaje no debe ser oscurecido por los bienes y las preocupaciones de este mundo. El apóstol ha de confiar plenamente en la Providencia. El enviado ha de presentarse como uno que no cuenta social ni económicamente. Solo desde la pobreza el misionero puede garantizar la credibilidad y dar testimonio de su confianza en Dios. Y si uno no es acogido, no importa, se sacude el polvo de los pies, poniéndoles frente a su responsabilidad. Ese sacudid el polvo es el testimonio de su rechazo al mensaje de la salvación. Aunque a los discípulos no les fue tan mal como a Jesús.

CUANDO MEDITES

- Cuando Jesús realiza alguna acción en mi favor soy de los que piensan: ¡De dónde le viene esto?
- ¿Cuál es mi reacción ante la Palabra de Jesús?
- Me veo enviado/a a la misión, ¿qué sentimientos despierta esto en mí?
- ¿Estoy dispuesto a pasar «todo tipo de calamidades» en el cumplimiento de la misión que Jesús me ha encomendado?

CUANDO ORES
Tú llamas a seguirte y arrancas al hombre de los suyos.
Tú llamas a seguirte y pides vender todo y darlo por nada.
Tú llamas a seguirte y exiges perder la vida, perderla toda.
Tú llamas a seguirte, cargando con la cruz como revolucionario
del amor entre los hombres. Tu llamada es radical.

 Tú llamas por el nombre y haces tuyo al hombre para siempre.
Tú llamas porque has amado primero y el amor es comunión.
Tú llamas porque eres bueno, porque tu corazón es fiesta.
Tú llamas y abres al hombre la voluntad del Padre.
Tú llamas y quieres hombres libres que te sigan.
Aquí estoy, Señor, quiero seguirte con mi corazón roto.
Aquí estoy, Señor del alba, quiero cambiar haciendo seguimiento.
Aquí estoy, Señor Jesús, da ritmo a mi proceso.
Aquí estoy, Señor, porque me has llamado, gracias.

(Autor: José Ignacio Pedregosa. Equipo de Lectio Divina de la U.P. Comillas)  

lunes, 23 de enero de 2012

La madre y los hermanos de Jesús

Lectio divina de Marcos 3, 22-35

22 Los maestros de la ley, que había venido de Jerusalén, decían: «¡Tiene a Belcebú!»; y también: «¡Echa a los demonios con el poder del príncipe de los demonios!» 23 Jesús entonces los llamó y les dijo en parábolas: 24 «¿Cómo puede ser que Satanás eche a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. 25 Y si en una casa está dividida contra sí misma esa casa no puede subsistir. 26 Si Satanás se alza contra sí mismo, está dividido y no puede subsistir, toca a su fin. 27 Por otra parte, nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y arrebatarle sus cosas si antes no lo ata; sólo así podrá saquear su casa». 28 «Os aseguro que a los hombres se les perdonarán todos los pecados y blasfemias que digan; 29 pero quien blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás y cargará con su pecado eternamente». 30 Y es que a los maestros de la ley decían: «Tiene un espíritu inmundo».
"¡Estos son mi madre y mis hermanos!"
31 Llegaron la madre y los hermanos de Jesús; se quedaron fuera y lo mandaron llamar. 32 La gente estaba sentada a su alrededor cuando le dijeron: «Mira, ahí afuera te buscan tu madre y tus hermanos y hermanas». 33 El respondió: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?» 34 Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: «¡Estos son mi madre y mis hermanos! 35 Porque el que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

CUANDO LEAS
La perícopa con la que hoy vamos a orar podríamos dividirla en dos partes: la llegada de los maestros de la ley de Jerusalén y la llegada de sus parientes.
Jerusalén es para Marcos la ciudad hostil, en la que Jesús será ajusticiado. Los maestros de la ley son los adversarios de Jesús. Por tanto, decir los maestros de ley venidos de Jerusalén equivalía a decir los enemigos más acérrimos de Jesús. En lugar de enfrentarse abiertamente a ello, los llamó, al igual que había hecho anteriormente con sus discípulos y para que entiendan completamente la misión de Jesús les cuenta tres parábolas. La primera y la segunda se refieren a la situación sociopolítica. Cuando un pueblo está dividido se destruyen entre ellos mismos. Incide aún más en esto con la segunda parábola dedicada a la familia, la cual si está en lucha, los vínculos familiares se rompen y la familia deja de existir. Con la tercera parábola, entra en el meollo de la cuestión, suponiendo que Satanás expulsa a Satanás. Es decir, supongamos que los demonios están en guerra contra ellos mismos, quiere decir que el «reino de Satanás» está llegando a su fin, por lo cual ha llegado la salvación. Y la salvación es obra de Dios. Al mundo, en el cual hasta ahora ha dominado Satanás, ha llegado uno que es más fuerte, el cual ha atado a aquel, para liberar a la humanidad del mal y ofrecerles la salvación.
El problema está en que algunos no quieren acoger dicha salvación: los que pecan contra el Espíritu Santo. O sea, aquellos que niegan que Jesús expulse a los demonios bajo la acción del Espíritu Santo. Atribuir al demonio lo que es signo del Espíritu Santo es un pecado imperdonable. Es rechazar de pleno la actuación y la presencia de Dios en la historia del ser humano. Esto lo hacen los maestros de la ley llegados de Jerusalén que son, precisamente, los encargados de mostrar a sus contemporáneos el paso de Dios por la historia. De nada sirve que recordemos lo portentos de Dios en la antigüedad, si no somos capaces de verlo en nuestro acontecer diario.
Nos adentramos ahora en la segunda parte del pasaje que nos ocupa. Llegan su madre y sus hermanos. Dicha expresión se refiere a la familia en sentido extenso. Es curioso que no intentan llegar hasta él, sino que se quedan fuera y lo mandan llamar. Se encuentran en el espacio opuesto al que se encuentra Jesús, la multitud por su parte está sentada alrededor en actitud de escucha. Sus familiares, por el contrario, lo que quieren es hacer oír sus voces, quieren hacer valer sus derechos ante Jesús. Con su actuación está dañando la reputación de la familia, y es mejor llevárselo a casa.
Con una expresión aparentemente bastante dura, Jesús quieres mostrarnos quién pertenece a su verdadera familia: los que cumplen la voluntad de Dios. Para ello, es necesario, en primer lugar, que nos pongamos en actitud de escucha, lo cual están haciendo los que se encuentran alrededor de Jesús. Pero, además, es poner en práctica lo que se ha escuchado. Esos son la madre, y la hermana y el hermano de Jesús.


CUANDO MEDITES


- ¿Cómo acojo yo la Palabra y al misión de Jesús?
- ¿Soy vehículo de comunión en mi familia, mi comunidad, con aquellos que me rodean? ¿O, por el contrario, promuevo la discordia, «la guerra civil»?
- Ante Jesús, ¿me pongo en actitud de escucha?
- ¿Intento en mi vida cotidiana cumplir la voluntad de Dios?


CUANDO ORES


Salmo 142


(1) Señor, escucha mi oración;
tú, que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú, que eres justo, escúchame.
(2) No llames a juicio a tu siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.
(3) El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya olvidados.
(4) Mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está yerto.
(5) Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos
(6) y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.
(7) Escúchame enseguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.
(8) En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en ti.
Indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a ti.
(9) Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
(10) Enséñame a cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno,
me guíe por tierra llana.
(11) Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame de la angustia.

(Autor: José Ignacio Pedregosa, ssp. Equipo de animación de lectio divina de la U.P. Comillas)

jueves, 27 de octubre de 2011

Enseñaba con autoridad y no como los escribas

Lectio divina de Marcos 1, 21-28


21 Se dirigieron a Cafarnaún y, cuando llegó el sábado, Jesús entró en la Sinagoga y se puso a enseñar. 22 Todos quedaban impresionados por sus enseñanzas, porque los enseñaba como quien tiene autoridad y no como los maestros de la ley. 23 Estaba allí, en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu impuro, que gritaba: 24 «¡Jesús de Nazaret, déjanos en paz! ¿Has venido a destruirnos? ¡Te conozco bien: tú eres el Santo de Dios!» 25 Jesús lo increpó, diciéndole: «¡Cállate y sal de él!» 26 El espíritu impuro, sacudiéndolo violentamente y dando un gran alarido, salió de él. 27 Todos quedaron asombrados hasta el punto de preguntarse unos a otros: «¿Qué está pasando aquí? Es una nueva enseñanza, llena de autoridad. Además, este hombre da órdenes a los espíritus impuros, y le obedecen.» 28 Y muy pronto se extendió la fama de Jesús por todas partes en la región entera de Galilea.

CUANDO LEAS (1)

Nos encontramos con la primera actuación milagrosa de Jesús en el evangelio de Marcos. En ella, el gran protagonista es Jesús, pues sus discípulos, que están presentes, únicamente le acompañan.

Cafarnaún era la ciudad judía más importante de Galilea; ciudad de residencia de Pedro, se convertirá en cierto modo en "centro de operaciones" de Jesús y sus discípulos. En esta ciudad, Jesús entró en la sinagoga que era el lugar en el que se exponía y se daba a conocer la Ley, un sábado. El sábado era, para todo judío piadoso, el día consagrado al Señor y el día de descanso; en ese día además estaba dedicado a escuchar la Palabra de Dios y la oración, actos que se realizaban en la sinagoga. Se leía un pasaje de la Torá (el Pentateuco) o de los Profetas. Después, un maestro de la ley explicaba dicho pasaje, aunque existía una costumbre, que era la de invitar a realizar esta explicación a alguien que estuviera de paso, y fuese considerado capaz de ello. En este día el invitado es Jesús.

En la sinagoga se encuentra un endemoniado, un hombre poseído por un espíritu inmundo, opuesto al Espíritu que ha poseído a Jesús en el bautismo. El espíritu inmundo, paradójicamente, habla en singular y en plural. Habla en plural asumiendo la enseñanza de los escribas. Y además en singular porque no ha tenido problemas con la doctrina de la sinagoga, lo cual es como decir que la sinagoga está poseída por un espíritu inmundo. Por lo tanto, la primera acción de Jesús es purificar la sinagoga. Jesús va a entroncar con lo más puro del A.T., pero para darle su justo cumplimiento. Las enseñanzas sinagogales, en muchos caso,s estaban plagadas de autoridades, de maestros en la ley y de tradiciones que eclipsaban la frescura del texto bíblico. La ley se había ido ocultando en las mil y una interpretaciones de los maestros del rabinismo. Los escribas ayudaban a entender el pasado, intentando mantener despierta la espera. Jesús lee el Antiguo Testamento y lo declara cumplido. Marcos no nos dice qué enseñó, en aquel momento, Jesús; sólo nos refiere la admiración de los oyentes.

Detengámonos ahora, por un momento, en las palabras usadas por el endemoniado en el diálogo con Jesús. Al llamarlo Nazareno, identifica al Mesías con la expectación que de él tenía la sinagoga, comprendida desde una dimensión totalmente mundana: aquel que sometería a las naciones a Israel. Relacionarle con la cruz es totalmente incompatible con la visión que ellos tenían. No se nos dice qué predica Jesús, simplemente que la gente se queda estupefacta. Pero de este hecho podemos deducir que a quien el endemoniado confiesa Mesías, no respondía a sus expectativas.

De ahí su extrañeza: "¿Has venido a destruirnos?" Jesús aparece como Señor (en sentido pascual. Cf. Flp 2,6-11) por su enseñanza, por el miedo que infunde al espíritu impuro y por la autoridad con que manda: "Cállate y sal de él". Cállate es el mismo verbo que usa la antigua Biblia griega cuando habla dios, que vence la furia del mar (2Sam 22,14), calla a los soberbios (Sal 119,21) y al mismo Satanás (Zac 3,2). Jesús no necesita recurrir a exorcismos complicados, es suficiente su palabra y el demonio escapa: "Salió de él". El Reino está presente. Aunque todo queda en asombro y miedo ante la gran autoridad de Jesús: "Una nueva enseñanza, llena de autoridad. Da órdenes a los espíritus inmundos y le obedecen." Pero hay algo positivo: Su fama se extendió por la región entera de Galilea.

CUANDO MEDITES
- Jesús vive la vida cotidiana de su pueblo y la de un judío piadoso, yendo a la sinagoga para santificar el sábado. ¿Cómo cumplo yo con mis obligaciones religiosas y sociales según mi estado?
- ¿Soy capaz de reconocer al Jesús en su paso por mi vida cotidiana? ¿Estoy atento a su Palabra y dispuesto a reconocerle como el «Mesías» o Señor de mi vida?
- ¿Estoy dispuesto a dejarme purificar por Jesús y, por tanto, a cambiar de vida?
- Ahora sólo me queda anunciar las maravillas que Jesús ha realizado en mi vida allí donde me encuentre.

CUANDO ORES

Enséñame tu camino, Señor,
y andaré en tu luz,
dame un corazón entregado a ti para honrarte, oh Dios.
Purifícame, límpiame, Señor,
y líbrame de lo que impida el fluir.
Purifícame, límpiame, Señor,
y líbrame de lo que impida el fluir de tu amor.

Enséñame tu camino, Señor,
y andaré en tu luz,
dame un corazón entregado a ti para honrarte, oh Dios.

Purifícame, límpiame, Señor,
y líbrame de lo que impida el fluir,
Purifícame, límpiame, Señor,
y líbrame de lo que impida el fluir de tu amor.
Es tu amor el que yo deseo en mi vida, Señor Jesús.

Purifícame, límpiame, Señor,
y líbrame de lo que impida el fluir, mi Dios,
Purifícame, límpiame, Señor,
y líbrame de lo que impida el fluir de tu amor.

Marcos Witt
__________________

(1) Cf. Secundino Castro Sánchez, El sorprendente Jesús de Marcos. El evangelio de Marcos por dentro, Universidad Pontificia Comillas – Desclée De Brouwer, 2007, págs. 66-69. Mario Galizzi, Evangelio según Marcos. Comentario exegético-espiritual, San Pablo, Madrid 2007, págs. 34-38.


(Autor: José Ignacio Pedregosa, ssp, equipo de lectio divina de la U.P. Comillas)

jueves, 7 de abril de 2011

Las siete copas

Lectio divina de Apocalipsis 16,1-21

1 Oí una voz que salía del templo y decía a los siete ángeles: «Id y verted sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios».
2 El primero fue y vertió su copa sobre la tierra, y una úlcera cruel y maligna sobrevino a los hombres que tenían la marca de la bestia y adoraban su estatua.
3 El segundo vertió su copa sobre el mar, que hizo como sangre de un muerto, y perecieron todos los seres vivientes del mar.
4 El tercero vertió su copa sobre los ríos y sobre las fuentes de las aguas, que se hicieron sangre. 5Y oí al ángel de las aguas que decía:
Tú eres justo;
tú, el que es, el que era;
tú el santo,
al haber castigado así.
6 Ellos han derramado la sangre
de los santos y de los profetas,
y tú les has dado a beber sangre:
se lo merecía.
7 Y oí al altar que decía: Sí, Señor, Dios Todopoderoso, tus sentencias son objetivas y justas.
8 El cuarto vertió su copa sobre el sol al que le dieron poder para quemar a los hombres con el fuego. 9 Los hombres fueron quemados con terrible quemaduras, y blasfemaron contra el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, en vez de arrepentirse para darle gloria.
10 El quinto vertió su copa sobre el trono de la bestia; su reino quedó sumergido en las tinieblas; las gentes se mordían la lengua de dolor, y 11blasfemaban contra el Dios del cielo por los dolores de sus úlceras en vez de arrepentirse de sus obras.
12 El sexto vertió su copa sobre el río grande, el Eufrates, y sus aguas se secaron, dejando paso libre a los reyes del oriente. 13 Después vi salir de la boca del dragón, de la bestia y de la del falso profeta tres espíritus inmundos, como ranas: 14 los espíritus de demonios que hacen prodigios y van ha reunir a los reyes de toda la tierra para la guerra del gran día del Dios todopoderoso. 15 «Mirad, vengo como un ladrón. ¡Dichoso el que está dispuesto y con la ropa puesta, para no tener que andar desnudo y dejar ver sus vergüenzas!» 16 Y los reunieron en el lugar llamado en hebreo: «Harmagedón».
17 El último vertió su copa en el aire, y salió del templo una voz potente que venía del trono: «Está hecho». 18 Y hubo relámpagos, voces y truenos, con un gran terremoto, como no lo hubo nunca de violento desde que el hombre está sobre la tierra. 19 La gran ciudad se despedazó en tres partes, y las ciudades de las naciones se hundieron. Y Dios se acordó de Babilonia la grande, para darle el cáliz del vino de su ardiente ira. 20 Huyeron todas las islas, y desaparecieron las montañas. 21 Granizos enormes -como adoquines- cayeron sobre los hombres, que blasfemaron contra Dios por la plaga de granizo, porque esta plaga era muy grande.

CUANDO LEAS

Todos los acontecimientos que ahora se avecinan ya estaban anunciados en 15,1. Ahora se van a cumplir. Conviene que los analicemos detenidamente.
Las plagas. Están dirigidas a los adoradores de la bestia (ver. 2). Las cuatro primeras plagas (16,2-9). En ellas se repite el mismo esquema que en las cuatro primeras trompetas (8,6-13). Afectan a la tierra, al mar, a los ríos y fuentes, y por fin al sol. Toda la tierra se ve afectada por la plaga, al contrario del caso de las trompetas. Además siguen el mismo esquema que las plagas de Egipto al oponerse a la voluntad de Dios. De ellas, las tres primeras son castigos por acciones blasfemas, por oponerse a los que confiesan a Dios, y además derraman la sangre de los santos y los profetas. Es signo de la justicia de Dios a favor del oprimido. Sus malas acciones no pueden permanecer sin consecuencias, sino que repercuten duramente sobre ellos. La cuarta y quinta plaga son otras manifestaciones del poder de Dios (16,8-11). Ellas les deberían conducir al arrepentimiento y a la conversión. Sin embargo, no se convierten. Son obstinados. La repuesta a estas plagas sigue siendo la blasfemia (16,11). Y ante la sexta plaga, ocurre lo mismo, los hombres siguen blasfemando contra Dios. Después de ésta, el Éufrates aparece seco. Las milicias se reúnen en Harmagedón, palabra hebrea que significa monte de Maguedón, haciendo referencia a la ciudad de Meguidó, la cual en la época veterotestamentaria, se llevaron a cabo algunas batallas. Al derramarse la séptima copa, con la correspondiente plaga, son destruidas la ciudad de Babilonia y las ciudades paganas.

El significado de estas siete plagas no es otro que mostrar como los que blasfeman contra Dios y persiguen a los creyentes comenzarán a sentir el poder de Dios. Dios puede crear siempre un espacio para su pueblo, haciendo que los perseguidores tengan que experimentar sensiblemente sus propios límites, aunque sean solo los límites de la enfermedad, del dolor y de la muerte. Ante ellos, los perseguidores deberían verse impulsados a convertirse, a reconocer a Dios y dejar de perseguir a los creyentes. Sin embargo, esto no ocurre. También cuando experimentan su propia debilidad blasfeman contra Dios. Mientras tienen poder y capacidad para hacerlo sentir sobre los creyentes, se mofan de Dios que no interviene. Y ahora que les sobreviene el sufrimiento, se lamentan de Dios, el cual según ellos se habría equivocado en su creación.

A pesar de todo, en medio de esta situación tan desesperada, se oye un mensaje de esperanza: «¡Dichoso el que está dispuesto y con la ropa puesta, para no tener que andar desnudo y dejar ver sus vergüenzas!» Se está refiriendo a todos aquellos que se mantienen en vigilancia a la espera de la próxima venida de Jesús.

CUANDO MEDITES

- Piensa en las plagas de nuestro tiempo. Ponles nombre.
- Ante estas plagas, ¿cuál es tu actitud? ¿la de los adoradores de la bestia o la de discípulo de Jesús?
- ¿Qué sientes que te dicen para tu vida estas palabras: «Mirad, vengo como un ladrón. ¡Dichoso el que está dispuesto y con la ropa puesta, para no tener que andar desnudo y dejar ver sus vergüenzas!»?
- «El mal nunca podrá prevalecer sobre el bien».

CUANDO ORES

- Oración por los cristianos perseguidos, tomada del Misal Romano.
«Dios nuestro,

que en tu misteriosa Providencia
has querido asociar tu Iglesia
a los sufrimientos de tu Hijo,
concede a los fieles
que sufren persecución
a causa de tu Nombre,

el don de la paciencia y de la caridad,
para que puedan dar testimonio fiel
y creíble de tus promesas.
Por nuestro Señor Jesucristo. Amén»

(José Ignacio Pedregosa, ssp, Equipo de Lectio Divina de la U.P.Comillas)

miércoles, 16 de marzo de 2011

La séptima trompeta

Lectio divina de Apocalipsis 11,14-19


14 El segundo ¡Ay! Pasó; he aquí que el tercer ¡Ay! Viene pronto. 15 El séptimo ángel tocó la trompeta y sonaron en el cielo fuertes voces, que decían: «Los reinos del mundo son de nuestro Dios y de su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos.» 16 Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios diciendo 17 «Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y el que eras, porque has asumido tu inmenso poder para establecer tu reinado. 18 Las naciones se habían encolerizado; pero ha llegado tu ira y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, pequeños y grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.» 19 Y se abrió el Templo de Dios en el cielo, y el arca de su alianza se apareció en el Templo. Y hubo relámpagos, voces y truenos y temblor de tierra y fuerte granizada.

CUANDO LEAS

Ya había anunciado el ángel los tres ayes (o tres lamentaciones) sobre los hombres (Ap 8,13). El primero lo encontramos en los acontecimientos contados con motivo de la quinta trompeta (Ap 9,1-11). El segundo se produjo como consecuencia del toque de la sexta trompeta (9,13-21). Ahora nos encontramos con el tercero.
Los toques de trompeta no anuncian otra cosa, sino los juicios divinos sobre los moradores de la tierra. Además del ¡Ay!, el ángel anuncia el sonido de la séptima y última trompeta, que traerá como consecuencia el derramarse sobre la tierra de las siete copas de la ira de Dios. Con ello, se cumple el tiempo de espera que precederá a la segunda venida de Jesucristo a la tierra y, en ese tiempo, se alcanzará también la manifestación de la ira de Dios sobre los impíos en la tierra. Pero veamos algunas de las escenas que nos presenta el texto.

a) Proclamación del reinado de Dios y de Cristo. El primer himno (v. 15), cantado por los coros angélicos, celebra y canta por el hecho de que el dominio del mundo ha pasado a manos de Dios y de su Cristo. Es un reinado sobre el mundo, sobre la humanidad histórica y trae consigo el juicio: la salvación de los fieles y la condenación de los seguidores de la Bestia. Dicho reinado será eterno.

b) La adoración de los Ancianos y segundo himno de adoración (11,16-18). En este himno, los ancianos agradecen a Dios haber hecho uso de su gran poder, haciendo de este modo efectiva su soberanía. Esta soberanía es reconocida por los ancianos en el gesto de levantarse, postrarse sobre sus rostros y adorar a Dios. El motivo de la acción de gracias no es otro que la instauración del reinado de Dios. Para esto, Dios ha desplegado su inmenso poder. Ante la rebelión de las naciones contra el pueblo de Dios, contra su Iglesia, el Todopoderoso interviene.

c) Los otros signos (11,19). La apertura del Santuario en el cielo y la aparición del arca de la alianza y los relámpagos, las voces, los truenos, el temblor de tierra y la fuerte granizada, son signos de la inminente intervención divina. Se abre ante el vidente el Templo del cielo y se hace visible el Arca de la Alianza. Ésta se encontraba en el Templo de Jerusalén, era considerada el lugar de la presencia de Dios, pero permanecía oculta a los ojos del pueblo. Desde ahora, con el establecimiento del Reinado de Dios, éste no seguirá más oculto, en una lejanía inaccesible, sino que estará siempre presente en medio de su pueblo. Los fenómenos naturales con que se cierra esta perícopa son un anuncio de los juicios que están por cumplirse.

CUANDO MEDITES

- Los ancianos celebran y cantan el hecho del paso del dominio de este mundo a las manos de Dios. ¿De qué forma doy gracias y celebro la venida del Reino de Dios que cada día pido en el Padrenuestro?
- Los ancianos sobre todo agradecen y adoran; éstas deberían ser las actitudes principales de la oración del cristiano. ¿Con qué actitud me pongo delante de Dios para orar? Cuando oro, ¿primeramente agradezco y adoro o, por el contrario, simplemente pido? ¿De qué forma reconozco la soberanía de Dios?
- ¿Estoy atento/a a los signos de los tiempos o a los signos con los que Dios se me manifiesta?
- Después de la lectura de esta perícopa, nos queda la certeza de que el mal ha sido vencido por el bien. ¿De qué manera contribuyo yo a ello?
CUANDO ORES

• Da gracias a Dios y adóralo por todos los beneficios que cada día te regala.
• Pidamos juntos a Dios que Él mismo nos enseñe a dar gracias y a adorarlo:

Enséñame, Señor a decir: ¡Gracias!

Gracias en distintos idiomas,
gracias a las distintas personas
pero, sobre todo, Señor,
gracias porque... ¡existes!

Gracias por tu Eucaristía,
gracias por tu Madre,
gracias por todos y cada uno de tus hijos, mis hermanos,
que día a día colocas junto a mí.
Gracias, en fin, por haberme enseñado

a darte y a dar las gracias.

Junto con todas tus criaturas,
las que te las hayan dado antes que yo
las que no sepan no contesten a tu amor
o las que ni siquiera se hayan enterado.

Deseo desde ahora que mis palabras
sean simple y sencillamente éstas:
¡Gracias! ¡A todos! ¡A Tí, Señor!

(José Ignacio Pedregosa, ssp, Equipo de Lectio Divina de la U.P.Comillas)