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jueves, 1 de marzo de 2012

Restaurar el silencio

No sería poco, y quizá fuera una tarea más que suficiente para una vida, dedicarse enteramente a restaurar el silencio violentado por la avalancha de palabras y actuaciones que sólo conducen a la confusión y al caos, e impiden que brote la verdadera humanidad y la verdad de las cosas.
Silencio en el ruido interior, en lo personal. Silencio en lo familiar. Silencio en lo social.
Un poco de silencio que nos devuelva la verdad y acalle nuestro ego.

"Con el corazón en lo esencial" (Isabel Guerra)

lunes, 17 de enero de 2011

Agradecer lo ordinario

Después de un largo paréntesis, reemprendo este diario de viaje. Ante mí, un nuevo año: el 2011 (¡ya!). Trescientos sesenta y cinco días para estrenar vida nueva en cada uno de ellos.
Y es que me pasa que necesito estrenar vida nueva. No sé vosotros. Necesito y quiero cambiar y mejorar muchas cosas.

Nuestro fundador, Santiago Alberione, hombre hiperactivo donde los haya, y también hombre orante como pocos, consideraba, siguiendo a San Pablo, que la meta de la vida es que Cristo se forme en nosotros. Pablo se lo decía a los cristianos de Galacia con gran vehemencia: "¡Hijitos míos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto hasta ver a Cristo formado en vosotros!" (Gál 4,19). Y Alberione trazó un itinerario en tres etapas para alcanzar esta meta, a modo de ejercicios espirituales para la Familia Paulina que estaba fundando. El libro se llamó así: "Donec formetur Christus in vobis" ("Hasta que Cristo se forme en vosotros"), y pretendía ser una "guía de cristificación" tanto para un curso de ejercicios como para un año de noviciado o, incluso, para toda una vida.

Pintura: Isabel Guerra
Para mí, el "Donec formetur" a seguir es el Evangelio, preferentemente leído y vivido según el camino que nos traza el año litúrgico que va de Adviento a Adviento, pasando por Navidad, el tiempo ordinario, la cuaresma, la Pascua, y, de nuevo, el tiempo ordinario.

Desde el domingo del Bautismo del Señor hemos entrado en este tiempo, el ordinario. Tendremos ahora ocho semanas por delante sin nada "extraordinario" que celebrar salvo... el mero hecho de estar vivos y de poder hacer cosas tan ordinarias como levantarnos, vestirnos, asearnos, comer, trabajar, amar, cuidar a otros, leer, pasear y cosas por el estilo.
Cuando el poder hacer lo habitual y trivial no se da por descontado, el más pequeño acto de la existencia siempre resulta admirable y extraordinario.

En mi agenda, para el mes de enero, he escrito en rojo y en mayúscula, una recomendación que no quiero olvidar:
"AGRADECE TODOS LOS DÍAS EL HECHO DE ESTAR VIVA".

martes, 2 de octubre de 2007

EL SILENCIO NECESARIO

"Las palabras crean ídolos de Dios,
sólo el silencio intuye algo"
(Parafraseando a San Gregorio de Nisa)


Haciéndome al silencio de Buenafuente; 23.9.2007



El silencio de mi habitación es tan rotundo como la NADA.
Un silencio que taladra mis oídos con su sorda vaciedad, provocándoles dolor. Un silencio que causa el mismo efecto que la sed en la boca, o que el hambre en el estómago:hambre y sed de los sonidos del devenir humano, de las voces hermosas que ponen nombre a la realidad, de la música sin la cual esta vida sería visiblemente defectuosa...
La cadencia suave, martilleante y rítmica de un reloj en la capilla marca el compás en que transcurre el tiempo de este silencio eterno e inamovible. Estoy aquí sentada, y anhelo los rostros y las voces, el enjambre bullicioso de las gentes en la ciudad.
No podría prescindir de todo eso y sumergirme para siempre en este estático silencio roto, tan sólo, por la rítmica cadencia, eternamente igual, de las agujas de ese reloj de pared.
¿Resuena tu Voz mejor aquí que en las voces vivaces de aquellos a quienes amas? ¿Estás más presente "lejos del mundanal ruido" que en el ruidoso mundo que Tú mismo has creado, alumbrándolo, como una madre? ¿Eres más fácil de encontrar en estos montes quietos y deshabitados que en el cáncer de Gloria, en los dolores de mi madre, en la fraternidad de mi comunidad, en las gentes de mi parroquia, en los hambrientos de tu Palabra, en el agitado devenir de los coches, en la risa desatada de "mis locas bajitas", en las ondas de una emisora de radio humilde...?
Quizá este silencio sólo pretende gritar, con el estridente retumbar de su vacío, que Dios está llenando todo este mundo bullicioso del que, aparentemente, está ausente y despreocupado.
Y, si es así, este silencio es absolutamente necesario, tan necesario como el aliento para tener vida. Porque nos es necesario saber que no duermes, que velas eternamente cada uno de nuestros pasos, que nos amas con mayor densidad y hondura que este silencio que nos envuelve.
Tengo aún cinco días para intentar que me hable tu silencio. Este silencio que hace daño a mis oídos como el tañer de mil campanas desatadas.